Tasa de interés en Marx y otra crítica equivocada

En notas anteriores he respondido críticas que me ha dirigido el economista Fabian Amico en el grupo Economistas de Izquierda. La idea central de Amico es que las crisis no son fenómenos objetivos del sistema capitalista, y que en cualquier caso, una vez desatadas, es posible salir de ellas mediante la intervención del Estado. Es que el Estado podría aumentar la demanda mediante el gasto fiscal, que sería cubierto sin inconvenientes emitiendo dinero, o aumentando la deuda pública. En notas anteriores he tratado la emisión monetaria. En esta nota me detengo en la tasa de interés en Marx, y su tratamiento por Amico. Amico escribe:
“RA (Rolando Astarita) dice: “el aumento del déficit fiscal lleva al aumento de las tasas de interés y a la inestabilidad de los mercados financieros en muchos países. Primero fue Dubai, luego Grecia, después Hungría, ahora Irlanda, España y Portugal. Y el riesgo es que el incendio se extienda a todo el sistema financiero mundial”. Acá RA mezcla dos cosas. Por un lado, dice que el déficit fiscal va a llevar a una suba de las tasas, en un mecanismo tipo crowding out (desplazamiento). Esto solo puede sostenerse sobre la base de la teoría de “fondos prestables” de Wicksell. Y es falso. La tasa de interés es una variable exógena. Como diría Marx, la tasa de interés promedio en un país “es una magnitud determinada por circunstancias socio económicas e institucionales, no vinculadas con fuerzas reales” y agrega: “no existe tal cosa como una tasa natural de interés ni existe ley general que determine la tasa de interés” (El Capital, Vol.III). Por ello, la tasa de interés no tiene por qué subir en función del déficit público. De hecho, no existe correlación alguna entre ambas variables, ya sea la tasa de interés real o nominal, ni en Argentina ni en otros países del mundo”.
Precisemos que en economía cuando se habla de una variable “exógena”, se hace referencia a una variable que no está determinada por las fuerzas económicas, sino por decisiones políticas o por factores institucionales. Por ejemplo, los monetaristas sostienen que la oferta monetaria es una variable “exógena” porque piensan que puede ser establecida a voluntad por el Banco Central. Amico sostiene entonces que, según Marx, la tasa de interés sería una variable “exógena”. En su apoyo cita los pasajes donde Marx explica que no existe una tasa de interés natural, y que la tasa de interés no está determinada por una ley económica. Es por este motivo, según Amico, que el aumento del déficit y del endeudamiento del Estado no afectaría a la tasa de interés (al pasar, es la idea que tenían los economistas que rodeaban a Bush, y que defiende también Barro, pero esto lo trataré en otra nota).
La tasa de interés en Marx
Según Marx, el interés constituye la parte de la plusvalía (a veces Marx se refiere también a la ganancia bruta) que remunera al capitalista dinerario, en tanto éste encarna la propiedad privada de los medios de producción, frente al capitalista empresario, que encarna al capital en funciones, y es remunerado por la ganancia (a veces también se la conoce como la ganancia empresaria). Se plantea entonces qué determina esta división de la plusvalía entre interés y ganancia del empresario. Es aquí donde Marx dice que el nivel del interés no está determinado por una ley interna, económica, y que no existe una tasa de interés “natural”. Con esto Marx está significando que existe una diferencia sustancial entre la determinación de los precios de las mercancías, o de los salarios, y la tasa de interés. Es que en lo que respecta a las mercancías, la oferta y la demanda generan fluctuaciones en torno a los precios de producción (precios “naturales” en la visión de Ricardo), que están regulados “por las propias leyes inmanentes del modo de producción” (Marx, 1999, p. 455, t. 3). Lo mismo sucede con el salario. Pero no con la tasa de interés. En este caso la oferta y la demanda no determinan divergencias en torno a un nivel que haya sido establecido por alguna ley económica, sino la misma tasa de interés. Por eso Marx afirma que “por tasa natural de interés se entiende la fijada por la libre competencia” (ídem, p. 455). Marx está diciendo entonces que existen fuerzas económicas que operan en la determinación de la tasa de interés, ya que la competencia, la oferta y la demanda, son variables económicas. ¿Por qué Amico piensa que la oferta y la demanda no son fuerzas “reales” y “económicas”?
En segundo término, Marx precisa que la tasa de interés no puede tomar cualquier valor, ya que en el mediano o largo plazo tiene un límite máximo, que está dado por la tasa de ganancia; “… cabe considerar a la tasa media de ganancia como el límite máximo que en definitiva determina el interés” (Marx, 1999, p. 459, t. 3). Por eso la tasa de interés oscila entre cero y ese máximo, y no puede ser arbitrariamente alta. ¿No es ese límite máximo también un factor económico?
En tercer lugar, Marx señala que por lo general la tasa de interés tiene un movimiento procíclico. “Si se consideran los ciclos de rotación dentro de los cuales se mueve la industria moderna -estado de reposo, creciente animación, prosperidad, sobreproducción, crisis catastrófica, estancamiento, estado de reposo, etc- … se descubrirá que mayormente un bajo nivel del interés corresponde a los períodos de prosperidad o de ganancias extraordinarias, el ascenso del interés corresponde a la línea divisoria entre la prosperidad y su trastocamiento, mientras que el máximo del interés hasta el nivel extremo de la usura corresponde a la crisis” (ídem, p. 460). Como podemos ver, existen ciertas regularidades (aunque aproximadas). Es que si el interés depende de la oferta y demanda de dinero, se puede entender que en los períodos de prosperidad, cuando las mercancías se realizan rápidamente y el reflujo del dinero que se ha dado a crédito se desarrolla fácilmente, las tasas de interés permanezcan bajas. Pero las tasas de interés aumentan cuando la reproducción del capital comienza a trabarse, cuando “los reflujos crediticios sustituyen los reflujos reales” y “los bancos comienzan a tomarle mal olor a la cosa” porque sus clientes están depositando mayor cantidad de letras de cambio que dinero (ídem, p. 578). Este carácter procíclico de la tasa de interés ha sido confirmado por estudios empíricos; por ejemplo, Sherman (1991). ¿Por qué dice Amico que éstas no son fuerzas económicas, y que no son “reales”? Si según Marx la tasa de interés depende de la competencia, ¿cómo se puede pensar que no va a estar afectada por el ciclo económico y las condiciones de reproducción del capital?
Pero las fuerzas económicas también operaban en las tendencias de largo plazo que Marx preveía para la tasa de interés. Pensaba que en el largo plazo la tasa de interés caía porque crecía la clase de rentistas, y porque el desarrollo del sistema de crédito y la concentración del crédito aumentaban la oferta de fondos. ¿Cómo se puede pensar que Marx consideraba a la tasa de interés una variable “exógena”, a la luz de todos estos pasajes? Siempre está presente la misma idea: la oferta y la demanda actúan y determinan la tasa de interés. Es sobre este trasfondo que Marx da importancia a los factores institucionales (y el sistema bancario es uno de ellos, y fundamental), así como a las costumbres y factores legales; y al mercado mundial. La crítica a la idea de una tasa de interés “natural”, no debe llevarnos a la falsa conclusión de que la tasa de interés es, para Marx, una variable exógena a lo económico. Aunque no lo puedo desarrollar aquí, la tesis de que la tasa de interés es una variable exógena es más propia de una de las corrientes poskeynesianas, los llamados “horizontalistas”.
Fondos prestables y keynesianismo
Como ya ha hecho con otros argumentos, Fabián Amico agita el espantapájaro de la “coincidencia con la derecha” para desacreditar las ideas que critica (en realidad, que critica sin entenderlas). Esta vez le ha tocado el turno a los “fondos prestables”, una teoría que han defendido algunos autores neoclásicos. Según Amico, sostener que la tasa de interés está determinada por la oferta y demanda de créditos, es caer en la teoría de los fondos prestables, y por lo tanto equivale a equivocarse (otra coincidencia de Astarita con la derecha neoliberal). Pues bien, para aclarar el asunto, explico brevemente en qué consistió esta teoría, la polémica que se desarrolló con los keynesianos, y qué puntos de coincidencias y diferencias tiene con la visión de Marx (esta cuestión la tomo de mi libro Keynes, poskeynesianos y keynesianos neoclásicos).
Empiezo señalando que en la Teoría General Keynes puso mucho énfasis en señalar que la determinación de la tasa de interés era un fenómeno monetario, no real, como sostenían los neoclásicos. Los neoclásicos afirmaban que la tasa de interés estaba determinada por la oferta de ahorro y la demanda de inversión, y que medía las preferencias intertemporales del consumo (esto es, qué prima hay que pagar a alguien para que renuncie el consumo presente y opte por el consumo futuro). Keynes sostuvo que la tasa de interés era un fenómeno estrictamente monetario, ya que medía la resistencia a desprenderse de liquidez; y que no estaba determinada por los flujos de ahorro e inversión, sino por la preferencia por la liquidez, y la oferta monetaria (que era exógena, y determinada por el Banco Central). Por eso sostuvo que la tasa de interés se fijaba a partir del equilibrio entre stocks, no entre flujos. En una polémica que sostuvo en 1937 con el economista sueco Ohlin (véase Keynes 1937a y 1937b), subrayó que sostener que la tasa de interés está determinada por la oferta y demanda de crédito significaba volver a la vieja teoría de considerar al interés un factor “real”. Por eso insistía en que el interés era un fenómeno monetario. Sin embargo, ese mismo año Keynes había admitido que existía una demanda de dinero que había omitido señalar en la Teoría General, pero era importante, que se debía a las necesidades de financiamiento de las empresas (la demanda por financiamiento fue borrada de la literatura mainstream). Pero al admitir Keynes que existía esta demanda por financiamiento, y como lo destacó Tsiang (1991), se deslizaba a un enfoque de flujos. El propio Keynes, dice Tsiang, planteó que el financiamiento es un “fondo que da vueltas”, que la demanda para financiar inversiones pone presión alcista en la tasa de interés, y que la tasa también está influenciada por la oferta de ahorros, atesorados o corrientes.
A partir de aquí se siguió desarrollando una larga polémica entre los keynesianos que sostenían que la tasa de interés es un fenómeno de stock, y los partidarios de la teoría de los fondos prestables, que decían que se determinaba por flujos. Con el tiempo, sin embargo, esta polémica perdió fuerza, al punto que hoy prácticamente no se la menciona en los manuales. Digamos también de pasada que en los manuales de macroeconomía habituales la tasa de interés se fija por stocks (demanda y oferta de dinero). Lo importante para lo que nos ocupa es que desde el punto de vista de la teoría de Marx es posible evitar algunas de las aporías en que han caído tanto neoclásicos como keynesianos de diversos matices en torno a la tasa de interés. Por ejemplo, la tasa de interés para Marx es un fenómeno “real” ya que es una parte del valor generado por el trabajo no pagado. En Keynes y en los neoclásicos, en cambio, la tasa de interés está anclada en factores psicológicos. Por otra parte, en Marx el dinero es tanto stock (permanentemente hay atesoramiento; los bancos no pueden funcionar sin encajes, etc.), como flujo, porque también hay creación de dinero endógeno, que refluye a los bancos una vez cancelados los créditos. La discusión sobre si el dinero es solo flujo, porque está ligado al circuito del capital, o stock, pierde sentido. Montos de dinero constantemente vuelven a la forma líquida, y se constituyen en stock, para volver a lanzarse a la circulación.
Fondos prestables y teoría de Marx
Aclaradas estas cuestiones, no hay inconvenientes en admitir que la teoría de los fondos prestables tiene coincidencias, en lo que atañe a la descripción de cómo funcionan los mercados de crédito, con el enfoque de Marx. La teoría de los fondos prestables sostiene que la tasa de interés se determina por la oferta y demanda de créditos, y que la tasa es afectada solo cuando el dinero se dirige al mercado monetario, sea a partir del ahorro, o del desatesoramiento; o a la inversa, cuando bajan los flujos de ahorro y aumenta el atesoramiento. Sin embargo, sostiene que la tasa de interés no puede ser afectada por un stock en la medida en que éste no intervenga en el mercado, lo cual parece lógico. Por eso la teoría de los fondos prestables señala que permanentemente se demanda fondos para financiar inversiones, o para mantener balances ociosos, y por otra parte se ofrecen fondos provenientes de los ahorros corrientes, del desatesoramiento, de la depreciación del capital fijo y de la creación de dinero adicional por los bancos. Son estos flujos de conjunto los que determinan la tasa de interés, pero en la cual intervienen los cambios en los niveles de stocks. Toda esta descripción tiene similitudes entonces con la descripción que hace Marx de cómo se fija la tasa de interés. Sin embargo hay diferencias en varios aspectos esenciales.
En primer lugar, en Marx el interés es parte de la plusvalía, su origen es el trabajo explotado. La teoría de los fondos prestables se basa en las habituales nociones neoclásicas (preferencias intertemporales, etc.). En segundo término, en Marx el eje es la circulación del dinero en cuanto capital; en los fondos prestables es la circulación del dinero como medio de cambio y de pago. En tercer lugar, en la teoría de Marx los ahorros corrientes no provienen centralmente de los individuos que optimizan entre el consumo presente y futuro, sino de las decisiones de las empresas de acumular. Y de toda forma de capital dinero que es centralizado por el sistema financiero. En cuarto lugar, los stocks de atesoramiento en la teoría de los fondos prestables es un fenómeno más o menos regular y estable, de manera que no contempla un corrimiento acelerado hacia el atesoramiento, como sucede en la teoría de Marx (cuando se desata la crisis hay atesoramiento general). Por último, insisto en el tema de la oposición entre la concepción de la tasa de interés como fenómeno “real” o “monetario”. Mi crítico piensa que está diciendo algo muy profundo cuando toma partido en esta disputa entre neoclásicos tradicionales y keynesianos (muchos de ellos también neoclásicos) y sostiene que la tasa de interés “no está vinculada a fuerzas reales”. De hecho, en Marx la tasa de interés es tanto un fenómeno “real”, porque está vinculada a la producción de plusvalía, como “monetario”, porque ni el capital, ni el dinero, pueden concebirse haciendo abstracción del dinero. La economía capitalista siempre es monetaria, y el interés está vinculado orgánicamente al capital dinerario. Por supuesto, no se puede entender los problemas del déficit público, y su financiamiento mediante deuda, si no se ha comprendido el ABC de qué es tasa de interés. Cuestiones que trataremos en otras notas.
Bibliografía
Keynes, J. M. (1937a): “The General Theory of Employment”, Quarterly Journal of Economics, vol. 51, pp. 209-23.
Keynes, J. M. (1937b): “Alternative Theories of the Rate of Interest”, Economic Journal, vol. 47, pp. 241-52.
Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI.
Sherman, H. J. (1991): The Business Cycle, Princeton University Press.
Tsiang, S.C. (1991): “Loanable Funds”, en J. Eatwell, M. Milgate y P. Newman (eds.), The New Palgrave. A Dictionary of Economics, Londres, Nueva York, vol. 3, pp. 219-21.
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