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viernes, 31 de julio de 2015

Puerto Rico y el quinto jinete del Apocalipsis

 
La crisis griega nos ha ocultado otra tragedia de naturaleza similar que está aconteciendo al otro lado del charco, en un país que, por razones históricas y culturales, es muy cercano a España: Puerto Rico.

 Quizá por su pequeño tamaño, o porque directamente lo percibimos como parte de Estados Unidos, casi nadie se ha hecho eco de su fulminante bancarrota. Lo cierto es que Puerto Rico forma parte de los Estados Unidos pero no del todo. Visto lo visto es poco probable que en un futuro cercano se incorpore como Estado de la Unión. Y esto es solo el principio de un complejo rompecabezas que en la madre patria no hemos llegado a entender muy bien.

El estatus político de la isla caribeña es extraño, un caso único en el concierto internacional. Pero los problemas de la que antaño fue muy noble y muy leal isla de Puerto Rico no son, en principio, de índole política. La isla, con una superficie parecida a la de Navarra, es una democracia estable, con sus partidos políticos, sus elecciones, su Tribunal Supremo y hasta una Constitución inspirada en la de EEUU y aprobada en referéndum hace más de 60 años. Puerto Rico es, casi con toda seguridad, el país hispano con el historial político más aburrido de todo el siglo XX. Una gota de agua pura en una ciénaga de caudillatos, golpes de Estado, revoluciones y guerrillas.

A la estabilidad política puertorriqueña nunca fue ajeno el hecho de permanecer durante un siglo como colonia yanqui. Puerto Rico carece de moneda propia, de representaciones exteriores y de ejército. Pero sus ciudadanos, aunque son de nacionalidad estadounidense, no pueden votar en las elecciones federales, capacidad de sufragio que, sin embargo, adquieren automáticamente según se empadronan en cualquiera de los 50 Estados. Más peculiaridades. Los puertorriqueños eligen cada cuatro años a un representante que envían al Congreso, pero una vez allí dispone de voz, pero no de voto. Esta es la razón por la que no le llaman representante, sino comisionado residente. Residente en el DC, se entiende. La cosa se enreda aún más si vamos a la soberanía, que no reside en sus habitantes, sino en el Congreso de Estados Unidos. En resumen, que la Casa Blanca no gobierna en Puerto Rico, sino la Cámara de Representantes a través de una cláusula territorial que se añadió a la Constitución norteamericana a principios del siglo pasado.



En Puerto Rico, como puede verse, nada es lo que parece. A pesar de la omnipresente presencia gringa, que se extiende ya por 115 años, y la relativa proximidad de la metrópoli, los puertorriqueños siguen hablando español de un modo contumaz. Un estudio que la Universidad de Puerto Rico hizo en 2009 concluyó que el 95% de la población sigue empleando el español como primera lengua. Los yanquis ocuparon la isla, pero no el corazón de sus pobladores, hasta el punto de que algunos de los principales cantantes en lengua española provienen de esta pequeña isla.

La singularidad boricua se extiende a la economía. Es el único país plenamente desarrollado de toda la América hispana. No es un milagro, simplemente la aplastante lógica de disponer durante tanto tiempo de acceso preferente a un mercado tan grande como el norteamericano y de gozar de una institucionalidad que, a grandes rasgos, invita a la creación de riqueza. Con todo, los puertorriqueños son sensiblemente más pobres que los yanquis. Hay, de hecho, muchos más boricuas en el continente que en la isla, la mayor parte de ellos llegados en las sucesivas olas migratorias de la posguerra. Su población lleva 30 años estancada y desde hace 15 en franco retroceso. Durante 2014 la sangría se cuantificó: cada semana aproximadamente unos mil habitantes emigraba sin intención de retornar. En un país de 3,5 millones de habitantes es un desagüe por el que, para colmo de males, se están yendo los más capaces. Para un puertorriqueño –bilingües en su mayoría– lo fácil es hacer la maleta y largarse a Nueva York o a la Florida, donde grandes oportunidades de desarrollo profesional le aguardan.

El descalabro demográfico ha venido parejo al irresponsable manejo de las cuentas públicas del Gobierno insular, presidido por un gobernador electo democráticamente cada cuatro años. Durante años el país ha estado encadenando déficits gigantescos, del orden del 6% y el 7%, para mantener en funcionamiento una administración elefantiásica que, al menos sobre el papel, ofrece un amplio abanico de servicios que poco tienen que envidiar a los estados del bienestar europeos. Los recursos en manos del gobernador son cuantiosos. Aparte de la recaudación ordinaria (los puertorriqueños no pagan el impuesto de la renta en EEUU), Washington derrama todos los años miles de millones de dólares en forma de programas asistenciales, que van desde la construcción de viviendas sociales a un remedo isleño de los célebres cupones para alimentos que se asignan en los barrios pobres de las ciudades estadounidenses.

Estos incentivos perversos, introducidos en la isla por la misma metrópoli, han ido poco a poco devastando la economía local. A muchos boricuas no les compensa trabajar, especialmente a los encuadrados dentro del sector informal. En Puerto Rico, a poco que uno se lo proponga seriamente, puede obtener la casa y la comida gratis total. Los más preparados y ambiciosos, por su parte, huyen de la mediocridad general buscando mejores salarios en Miami, una ciudad casi tan hispana como San Juan y en la que se hacen espléndidos negocios. El clásico círculo vicioso socialdemócrata que premia la pereza y penaliza el esfuerzo. En Europa sabemos mucho de eso.

Al suministro continuo de dólares gratis se unió hace poco más de una década la adicción del Gobierno local por la deuda. En cierto modo no le quedaba otro remedio ya que la base de receptores de rentas se ampliaba mientras que los grandes contribuyentes se iban. Y aquí entra de nuevo el Capitolio y sus miopes políticos. Gracias a una ley dictada al efecto, los títulos de deuda puertorriqueños cuentan con un subsidio en la sombra. Cualquier tenedor de deuda emitida por el Gobierno insular disfruta de la llamada “triple tax exemption” (exención fiscal triple), que exonera del pago de intereses federales, estatales y locales. Un chollo al que no tardaron en acudir los fondos en los que la clase media americana confía el dinero de su jubilación.

Una deuda tan apetitosa no podía sino multiplicarse. Pronto los municipios de la isla empezaron a pedir dinero, que afluía sin cortapisas desde el continente. Para este menester el Gobierno de la isla llegó a crear una agencia especial, la Agencia para el Financiamiento Municipal de Puerto Rico, que se encargaba de intermediar colocando títulos en el mercado. Así, un oficinista de Dallas terminaba confiando sus ahorros a la capacidad de repago de un alcalde de un municipio del interior de Puerto Rico, cuya población se había acostumbrado a un nivel de servicios muy por encima de lo que el municipio en sí podía permitirse con sus propios medios. Porque las dos espirales en las que ha entrado Puerto Rico en los últimos años están íntimamente relacionadas hasta conformar juntas un quinto jinete del Apocalipsis que los ha llevado de cabeza a la quiebra. Por un lado el hecho mismo de pedir como si no hubiese mañana, llegando al extremo de remunerar intereses de préstamos anteriores con nuevos préstamos. Por otro la espiral fiscal, la de tener que subir más y más los impuestos, pero no para aumentar la cartera pública de servicios, sino para mantener el tamaño del Estado o devolver lo que antes se había pedido… para mantener el tamaño del Estado. A ningún contribuyente le apetece vivir en un país con impuestos suecos y servicios africanos, y a eso mismo es a lo que conducen estas dos espirales.

Tanto el Gobierno isleño como los alcaldes no se gastaron esa cantidad desorbitada (72.000 millones de dólares, el equivalente a ocho veces el presupuesto anual de la isla) en promover proyectos que atrajesen capital e inversionistas de fuera, como, por ejemplo han hecho los tigres asiáticos durante décadas. Nada de eso. Los sucesivos gobernadores de Puerto Rico han empleado todo ese dinero en sueldos públicos, en programas sociales y en mantener una jugosa nómina de empresas estatales ruinosas y mal administradas, algunas operando incluso en régimen de monopolio como la AEE (Autoridad de la Energía Eléctrica), lo que no impide que los puertorriqueños paguen por la luz el doble que los norteamericanos continentales. Todo, en suma, típico gasto político cortoplacista, keynesianismo de baratillo en manos de unos insensatos cuya única solución práctica era seguir dándole hilo a la cometa año tras año… hasta que se ha acabado el hilo.

A estas alturas el panorama que enfrenta el Gobierno puertorriqueño es aterrador. No puede devolver lo que debe a no ser que los acreedores tengan la clemencia de reestructurar toda esa deuda. Esto es un proceso largo y tedioso que vendrá salpicado de infinidad de litigios en los tribunales estadounidenses. Cuando el proceso de reestructuración concluya, al Estado no le va a quedar otra que hacer las reformas que lleva tantos años aplazando, reformas dolorosas en un cuerpo social ya muy tocado. Eso significa coste político a la vista, en ese coste habremos de incluir la irrupción de ideas de casquero como las que ahora triunfan en Grecia. Puerto Rico es un país colonizado por una potencia extranjera. Así lo entiende la ONU, que ha solicitado a Washington que deje decidir a los puertorriqueños que quieren ser. Hasta el momento la opción de mantenerse como Estado Libre Asociado (ese insólito estatus del que hablábamos más arriba) es la mayoritaria, pero la opinión pública es voluble, especialmente cuando le aprietan las tuercas. Y ahora viene lo bueno, a pesar de la intensa norteamericanización de la que ha sido objeto durante décadas, Puerto Rico sigue siendo un país hispano, enteramente hispano, no muy diferente en cuanto a cultura y mentalidad a sus vecinos de la República Dominicana y Venezuela. Haga usted sus cálculos. Quizá el quinto jinete del Apocalipsis, el de la deuda, no haya hecho más que pregonar la llegada de los otros cuatro.

Economistas ideólogos

 
Un dirigente de Podemos, en un debate en la Complutense, desdeñó el liberalismo como "ideología". Reprodujo la vieja patraña marxista según la cual las ideas de los comunistas son ideas, teorías o incluso, pásmese usted, ciencia, pero las ideas de los demás son ideología, que es una combinación de error y de intereses espurios e inconfesables. Se comprende que las dictaduras socialistas hayan reprimido a tantas personas sólo por su forma de pensar.

Lo recordé al leer una declaración de doña Laura D'Andrea Tyson, expresidenta del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de EEUU y profesora en la Universidad de California en Berkeley, que rechazó la antinomia entre Estado y mercado por ser una "cuestión ideológica" que pone el énfasis en la oposición entre política y libertad, y añadió:
La pregunta equivocada es: ¿cuán grande debe ser el Estado? La pregunta correcta es: ¿[hay que] desarrollar programas públicos eficientes para ofrecer bienes y servicios públicos que ni el sector sin ánimo de lucro ni el mercado pueden suministrar?
Se podría argumentar que la teoría de los fallos del mercado, sustento de semejante fantasía, es insatisfactoria, como se han ocupado de destacar Ronald Coase y otros, que refutaron el supuesto aval científico de quienes aseguran saber lo que el mercado puede hacer o no.

Sin embargo, lo más escalofriante es que para doña Laura Tyson, y para tantos intoxicados por la fatal arrogancia neoclásica, el tamaño del Estado no importa, es decir, la libertad de los ciudadanos no importa, y podrá ser quebrantada sin un límite preciso, porque en realidad es sólo un problema técnico. Así, se juntarán los expertos más avezados, como por ejemplo ella misma, que no por nada es doctora en Economía por el MIT, nada menos, y determinarán en qué grado vamos ser libres.

Para que no queden dudas, añadió que el Estado debe convertirse en "inversor de capital riesgo" y, sobre todo, dedicarse a la propaganda, dado que, asombrosamente, hay muchas personas que están hasta las narices de la opresión fiscal, económica, política y legislativa que padecen a manos de los gobernantes. Esto es algo peligroso, advierte alarmadísima la doctora Tyson, que hay que remediar mediante las convenientes campañas de propaganda que ayuden a "restablecer la confianza del público en el propio Estado".

¿Qué es una Quita? El caso de Grecia

por Mikel Aguirre en Unión Europea

 
Todos hemos visto películas de mafiosos en las que la persona o firma que ha contraído una deuda ve como esta no deja de crecer debido a los altos tipos de interés que el prestamista pone sobre la misma. Sin embargo en el mundo real, no de celuloide, hay un mecanismo que trata de reducir la deuda contraída para lograr que el importe debido sea algo manejable por el deudor y no se convierta en una cantidad que no pase de generación en generación. Este mecanismo se denomina Quita (Loss en inglés, ya que es una pérdida definitiva para el acreedor).

¿Por qué una empresa suspende pagos? Normalmente, y si no se trata de un fraude, el pasivo a corto de la firma es mayor que el activo a corto de la misma. Esto quiere decir que tiene Fondo de Maniobra negativo. En primera instancia la empresa tratará de renegociar su deuda a corto plazo con sus acreedores alargando el plazo de la misma o tratará de vender Activos a Largo para incrementar la liquidez a corto. Si estar medidas no funcionan, la empresa suspenderá en pagos /hará “default”. Se reunirá a continuación con sus acreedores y les solicitará una quita o pérdida definitiva sobre la deuda .Se suele fijar en un 15-20% de la deuda. Este importe, puede variar, es el margen de la transacción. El objetivo es que el acreedor recupere, por lo menos el precio de coste de los bienes vendidos y el deudor acabe con una deuda menor, más manejable y acorde con su situación financiera.

Si alguna vez tenemos un amigo, conocido o firma que nos debe dinero ¿no es más lógico fijar una cantidad menor que pueda ser devuelta que tener un importe en la cuenta de Clientes que sospechamos que nunca vamos a cobrar? En vez de actuar como prestamistas de películas de mafiosos, acreedor y deudor se sientan para establecer una nueva deuda y un calendario de pagos que sea real. Si alguien te debe dinero y simplemente le das más tiempo, manteniéndose el resto de las variables inalteradas, al vencimiento de la nueva prórroga nos encontraremos un poco mayores pero con el mismo importe de deuda.

No quiero que el lector de estas líneas saque la impresión que suspender pagos es una situación óptima en la que conseguimos que nos condonen un porcentaje de nuestra deuda. Vivimos en un mundo en el que la confianza es un valor muy importante de las relaciones personales y mercantiles. Si una empresa suspende pagos, sus proveedores ya no le venderán a crédito, las entidades financieras pedirán garantías sobre cualquier nuevo préstamo que se solicite etc. Si una firma ha tenido la mala suerte de entrar en suspensión de pagos, debido, por ejemplo a una caída de la demanda del mercado, su objetivo es tras refinanciar su deuda salir de esta situación para volver al mercado como un actor más y no cómo una firma que todos señalan con el dedo.

¿Todo esto nos suena familiar con la situación de las últimas semanas en Grecia? Los países se comportan exactamente igual que las empresas, con el gran matiz, que una firma, por grande que sea, e.g. Arthur Andersen puede desaparecer, mientras que los países si desaparecen, e,g, Yugoslavia no es por motivos económicos sino políticos. Grecia no tiene liquidez y lo que los acreedores le están ofreciendo es más tiempo. ¿No es mejor fijar un importe de deuda menor que dar una patada hacia adelante sabiendo que dentro de un plazo no muy largo el deudor se va a volver a encontrar en la misma situación de insolvencia? Señalar , por parte del deudor, que cuando un país acude a entidades multilaterales (FMI, Banco Mundial o Banco Central Europeo) es porque la banca comercial ya no le prestaba o lo hacía a tipos de interés muy elevados. Los préstamos de organismos multilaterales se llaman concesionales, quiere decir que su interés está por debajo del de mercado. Recapitulando, una quita daría a Grecia un importe más real en base a su capacidad financiera para realizar pagos pero no podemos caer en la simpleza de acusar al bombero de iniciar el fuego. Solo con buena voluntad y trabajo por las dos partes, se puede salir de la situación actual. Del caso de Corea del Sur y otros países del sudeste asiático que suspendieron pagos en los noventa y hoy en día encabezan el crecimiento mundial hay mucho que aprender: diferente geografía, diferente cultura pero mismos problemas.
 
 

El Banco Central de Rusia aumenta en 800.000 onzas sus reservas de oro en junio 2015

 
Reservas Oficiales Oro
 
(OroyFinanzas.com) – El Banco Central de Rusia amplió en junio sus reservas de oro en 800.000 onzas o 25 toneladas métricas, y los analistas creen que durante los próximos meses el país seguirá aumentando sus reservas del metal.
 
El total de las reservas de oro del Banco Central de Rusia ascienden a 41 millones de onzas, lo que equivale a alrededor de 1.275 toneladas métricas, con un valor actual de casi 48.000 millones de dólares. Las reservas de divisas totales de Rusia son 362.000 millones de dólares, de las cuales el oro sería el 13%. En mayo 2015, Banco Central de Rusia aumentó en 100.000 onzas sus reservas de oro.
 
La proporción de oro en las reservas rusas de divisas sitúa al país en el sexto lugar a nivel mundial, por detrás de EE.UU., Alemania, Italia, Francia y China. EE.UU., que ocupa el primer puesto, se estima que tiene 8.400 toneladas métricas de oro y no posee reservas de divisas.
 
2014 fue el año en el que Rusia compró más oro desde la desintegración de la Unión Soviética en 1990. El país adquirió más de 173 toneladas métricas, según cifras del Consejo Mundial del Oro. La diversificación de las reservas rusas se intensificó a partir de abril 2014, alcanzando una media de casi 20 toneladas por mes.
 
Gran parte del oro comprado por el banco central ruso ha podido venir de la producción interna de oro, que actualmente alcanza las 25 toneladas métricas mensuales. En 2014, Rusia fue el tercer productor minero de oro del mundo, con 266,2 toneladas, superado únicamente por Australia y China.
 
Los datos muestran cómo a lo largo de la crisis financiera de 2014, Rusia ha continuado aumentando sus reservas de oro. En diciembre 2014, cuando el rublo se estrelló hasta los 68,5 rublos por dólar, frente a los 43 rublos de seis semanas antes, el Banco Central de Rusia intervino con la venta de 2.000 millones de las reservas de divisas para apoyar el rublo. Sin embargo, a pesar de la magnitud de la crisis en Rusia, o quizás debido a ella, el banco central ruso no vendía nada de oro. De hecho, desde principios de 2007 solo se ha vendido oro en dos ocasiones en 2012 y por cantidades relativamente pequeñas.
 
A medida que la presión sobre la economía rusa empezó a estabilizarse el banco central se ha abstenido de añadir oro a sus reservas, y durante enero y febrero 2015 no compró nada. En marzo 2015, el banco central ruso volvió a entrar en el mercado y llevó a cabo la segunda mayor compra en casi cinco años.
 
La gestión exitosa por parte del gobierno ruso de la crisis, a pesar de las sanciones, ha llevado a muchos inversores encuestados por Bloomberg a ver en Rusia un buen destino para la inversión. Lo cierto es que mientras que sus reservas de oro no alcanzan las de las naciones occidentales, tampoco lo hace su deuda. La deuda pública de Rusia en relación a su PIB es inferior al 18%, mientras que la de EE.UU. Y Reino Unido alcanzan el 101% y 82% respectivamente. Y muchos países europeos tienen niveles de deuda mucho más altos. Esto hace que Rusia sea menos vulnerable que otras economías occidentales ante una nueva crisis de la deuda global o crisis monetaria internacional.

Mitos y mentiras sobre los rescates

Daniel Lacalle
 
“You´ve gone too far ‘cause you know it don’t matter anyway” Daryl Hall.
 
Algunas de las frases más repetidas sobre los rescates a Grecia –y otros- son “el dinero no se ha ido al pueblo, sino a los bancos” y “se ha beneficiado a la banca alemana y francesa”. Como es ya habitual, dichas frases demuestran un profundo desconocimiento de lo que es un rescate y de los mecanismos de crédito.
 
¿Qué es un rescate?
 
Un país pide un rescate ante la decisión de que no puede atender a sus vencimientos de deuda. La razón por la que lo pide en vez de hacer impago es porque percibe –con razón- que dicho impago mermaría de manera irreparable sus posibilidades de mantener un mínimo de gasto público y acceder a los mercados internacionales. Lean “Las Consecuencias Reales de un Impago”. De la misma manera, un rescate como el que se ha hecho a las cajas públicas en España, es una ayuda para cubrir un agujero patrimonial, no un regalo. Si no se cumple, las condiciones son muy duras. Esto se tiende a olvidar.
 
Un rescate no es una donación. Es un préstamo.
 
Todos los rescates en toda la historia se usan para pagar vencimientos actuales y refinanciarse más barato. Todos. No existe un solo caso que no sea así.
 
¿Se convierte deuda privada en deuda pública?
 
No. Hay muchos errores en la afirmación “se rescató a los bancos alemanes”.
 
Grecia tenía contraídos préstamos con la banca francesa y alemana en 2011 de 138.000 millones de euros. Esos créditos tenían para Grecia un coste alto y una corta madurez (periodo de vencimiento) fruto del alto riesgo de la economía griega.
 
Ante el rescate, Grecia decide repagar esos préstamos “caros” ya que se le concede por parte del FMI, el BCE y la UE un dinero a menor coste y mayor periodo de madurez. Como el estado griego es deficitario (gasta más de lo que ingresa), el dinero cubre las necesidades de refinanciación, no se reparte como aguinaldo.
 
Un rescate es una ayuda para cubrir un agujero patrimonial, no un regalo
 
Grecia, así, tras una quita y una reestructuración, pasó a tener un coste inferior a la media de las Unión Europea (2,4% del PIB en intereses) y el periodo de repago –maduración- más alto (15,6 años) de los socios.
 
¿Los estados europeos se quedaron con los bonos de los malvados bancos alemanes?
 
No se cambia de tenedor privado a público. Es un error enorme. Se cancelan préstamos y, como el estado pretende seguir gastando más de lo que ingresa “para crecer” se renegocian nuevos con entidades internacionales (FMI, BCE, UE) con términos más favorables que los de mercado.
 
Los bancos franceses y alemanes no solo sufrieron la quita de los bonos griegos (un 70% a bonistas privados) sino que el repago ni recapitaliza a dichos bancos ni les supone un beneficio (en el mejor de los casos, si no hubieran asumido la quita, cero). No tiene usted más que ver el impacto en los resultados publicados de los bancos de las provisiones (realización de pérdidas). Sólo entre 2011 y 2012 los principales bancos alemanes elevaron a pérdidas hasta el 50% de su cartera de bonos griegos.
 
Por supuesto, ante una quita y un gobierno poco fiable, pocos bonistas privados iban a financiar al estado griego. Por eso los mayores acreedores son el BCE, el FMI y los socios de la UE. No es que “se convierta deuda privada en pública” es que no te presta nadie más que los organismos socios.
 
La deuda griega, además, no supone mayor deuda pública para los países que decidieron unilateralmente participar en el rescate. Para el que presta es un activo, una inversión, y solo sería deuda pública si Grecia hace impago.
 
Los principales bancos alemanes elevaron a pérdidas hasta el 50% de su cartera de bonos griegos
¿Quién se beneficia del rescate?
 
El país rescatado. Que se financia más barato, a más largo plazo. Ese es el gran beneficiado. No existe beneficio para un banco que sufre una quita en sus bonos ni para los estados, FMI o BCE que ayudan a Grecia, o al país que sea, con condiciones mucho mejores a las que tendría si hiciese impago.
 
Un rescate, por lo tanto, no es un plan de estímulo, es una ayuda para cubrir necesidades de financiación con mayor crédito.
 
¿Por qué sube la deuda tras una quita y un rescate?
 
Si un estado sigue tirando de déficits –más deuda- anuales del 7-8% la bola vuelve a aumentar. Si no se reforma y se mantiene el estado hipertrofiado, el crédito generado por el rescate se usa para cubrir gastos corrientes. Si no se incentiva el crecimiento, entonces la deuda se dispara igualmente.
Es curioso que se acuse a la austeridad del aumento de la deuda. Es como acusar a la dieta de que engorde. Lo que ha hecho que el agujero griego volviese a máximos en pocos años es una reducción de gasto insuficiente y cosmética que no ha atacado los problemas de competitividad, intervencionismo y dificultad para crear empresas, que es lo que impide crecer a Grecia.
 
¿Si son insolventes por qué se les presta? Alguien ganará algo…
 
Esta es la pregunta del millón. Es una decisión política y de solidaridad, pero efectivamente muestra el incentivo perverso del rescate. El que lo hace mal recibe una ayuda, mientras que el que lo hace bien se ve forzado a prestarle.
 
Esa es la razón por la que la UE o tantos otros acreedores, ante un rescate, exige condiciones adicionales como venta de activos.
 
Por supuesto que el estado puede decidir soberanamente no aceptar ni el rescate ni las condiciones… Y salir al mercado a ver a qué tipo y qué plazo se financia… Si accede.
 
¿Y el rescate a las personas?
 
Esta frase es mi favorita. Esas personas no entienden que en estos rescates las personas son las más beneficiadas. Sin el FMI y el BCE la seguridad social y las pensiones griegas habrían quebrado hace mucho tiempo. En un rescate precisamente se valora el impacto sobre las personas del desastre que viene tras el impago. Por eso se solicita crédito.
 
El concepto de que un rescate es un chollo para los acreedores es simplemente falso. Les recomiendo el artículo de The Economist “More On Debt and Democracy”.
 
El problema es que nuestra progresía manirrota equipara los conceptos democracia y dignidad, con déficit y crédito. Y no lo son. Precisamente si lo que quieren es “no depender de los mercados” y liberarse del “yugo de los bancos” lo que deberían defender es la austeridad. Pero no, aquí estamos para que nos presten mucho y baratito y si no queremos, declaramos la deuda odiosa y no pagamos. Pero que nos presten más. La solidaridad con el dinero de los demás.
 
La solidaridad y el apoyo existen. Las donaciones eternas, no.
 

Los límites y defectos de la democracia

por Juan Ramón Rallo

 
Mi compañera de columnas y de debates ideológicos en el Instituto Juan de Mariana, María Blanco, replica a uno de mis recientes artículos donde critico el imperialismo democrático poniendo de manifiesto los problemas de coordinación que son consustanciales a este sistema. María, siempre atenta a cualquier error o entuerto intelectual, entra en la polémica haciendo una serie de apreciaciones que, precisamente por su relevancia, merecen de una aclaración.
  1. El significado de democracia es ambiguo y puede dar lugar a malos entendidos

De acuerdo con María, “[muchos libertarios] agarran el bazooka y bombardean grandes palabras que no significan lo mismo para ellos que para mucha gente. En este caso, la palabra (y el concepto que hay detrás), democracia. Porque para muchas personas, especialmente en España, democracia es lo que vino después de la dictadura, la que Rallo no vivió, donde las libertades económicas, políticas y sociales fueron casi un chiste”.
 
En efecto, democracia es un concepto esencialmente controvertido que para personas diversas puede evocar ideas muy distintas. Esta dificultad de partida no debería, sin embargo, constituir un obstáculo para reflexionar sobre las ideas y los prejuicios que se esconden detrás de semejante etiqueta. A la propia María, de hecho, no le tembló el pulso hace unos años para realizar el mismo ejercicio que efectúo yo en el artículo que ahora critica: “Tal vez sería necesario desmitificar el concepto [de democracia], y perfilar su contenido, ser cauto con su uso, o aceptar que no es sinónimo de nada. Es decir, Franco no habría sido diferente como gobernante si hubiera salido elegido en unas urnas. ¿Es, por tanto, de alguna utilidad reclamar democracia como garantía de liberación de los pueblos?”.
 
Democracia en su más elemental significado es gobierno del pueblo a través de alguna regla de agregación de voluntades: pasar de un conjunto de voluntades individuales y descentralizadas a una sola voluntad orgánica. El liberalismo, en su más elemental significado, propugna el respeto a los proyectos vitales de cada persona a través del reconocimiento de un conjunto de libertades básicas para cada persona: es decir, el liberalismo rechaza la existencia de una voluntad comunal orgánica con preponderencia sobre las individuales. Tal como resume magistralmente el filósofo Chandran Kukathas:
 
El término liberalismo se identifica con un paradigma político que responde a la diversidad humana defendiendo instituciones que permitan la coexistencia de distintas creencias y modos de vida; el liberalismo acepta la pluralidad de modos de vida (la multiplicidad de valores religiosos y morales en el mundo moderno) y promueve la tolerancia. El liberalismo se diferencia de otras filosofías políticas en que rechaza la idea de un orden social orgánico y espiritualmente unificado, dentro del cual los intereses de los individuos se alineen en perfecta armonía con los intereses de la comunidad. Los individuos poseen fines distintos y no existe un único objetivo común que deba ser compartido por todos.
 
Hace décadas, el Premio Nobel Arrow ya demostró que toda regla de agregación de voluntades reviste un carácter arbitrario y, en consecuencia, que la voluntad del pueblo no existe objetivamente al margen de la regla electoral arbitraria que escojamos. A partir de ahí, lo lógico sería pasar a respetar en la teoría y en la práctica a las personas que sí tienen planes vitales específicos que desean promover a lo largo de su existencia: es decir, lo lógico sería defender un sistema jurídico como el propugnado por el liberalismo y rechazar la hiperlegitimidad de cualquier mayoría política para laminar los derechos de las minorías.
 
Por supuesto, nada de lo anterior implica que la democracia carezca de toda relevancia dentro de un orden social liberal: al contrario, el liberalismo es perfectamente compatible con una democracia que respete las libertades básicas de las personas, esto es, una democracia que respete la libertad de asociación individual a la comunidad política (bien podríamos denominarla “democracia liberal”, aunque este último también sea un término esencialmente controvertido). De hecho, muchos de los valores positivos que solemos asociar con la democracia —libertad de asociación, libertad de expresión, libertad religiosa, libertad de movimientos, etc.— no son más que valores liberales que informan y condicionan las formas que adoptan nuestras democracias modernas: que la mayoría de personas no lo entiendan así no es razón para dejar de reivindicar que la piedra angular de un sistema político debe ser la libertad individual y no la voluntad soberana de la mayoría, sobre todo cuando muchos ambicionan actualmente aprovechar semejante confusión terminológica para instrumentar la democracia en su intento de socavar las libertades individuales.
 
Diría más: quienes tenemos una mayor responsabilidad intelectual para clarificar este entuerto somos aquellas personas que, justamente porque no hemos vivido la dictadura, no hemos terminado asociando emocionalmente la democracia con la libertad. Como en España ambos conceptos han ido muy ligados en los últimos 80 años —especialmente para todos aquellos que lucharon contra la dictadura franquista para expandir las libertades de los españoles—, parece que criticar toda extensión de la democracia sea oponerse a toda extensión de las libertades. Pero en muchos casos puede ser justo al revés: el imperialismo democrático consistente en someter a los caprichos de la mayoría ámbitos privados que deberían ser propios de la absoluta autonomía personal puede conducir a una restricción de las libertades.
 
  1. El liberalismo no es un sistema suficientemente maduro frente a la democracia
Según afirma María, “[Rallo] expone sus reclamaciones a la democracia en general, frente a la que propone un sistema de libre mercado, contractualista, al más puro estilo anarco capitalista”. A su juicio, “el sistema que propone Juan Ramón Rallo, incluso si teóricamente es el que más me convence, no está lo suficientemente maduro, trabajado, no es lo suficientemente real como para desbancar a la democracia, con todos sus defectos”.
 
En ningún momento he propuesto sustituir al Estado democrático por el anarcocapitalismo; entre otras cosas porque, en efecto, ni ha demostrado ni se ha demostrado su viabilidad. Ese no es el debate en el que he entrado ni el que probablemente sea oportuno en estos momentos: mis críticas se dirigen en esencia contra el imperialismo democrático, esto es, contra la idea profundamente antiliberal de que la democracia goza de hiperlegitimidad por encima de las libertades individuales y que, por tanto, la voluntad de la mayoría puede socavar los derechos de las minorías. Y frente al imperialismo democrático defiendo el liberalismo, es decir, la idea de que son las libertades individuales las que gozan de hiperlegitimidad dentro de cualquier sistema de organización política (incluida la democracia).
 
Tal como he explicado anteriormente, el liberalismo responde a la pregunta de cuáles son los límites del poder, mientras que la democracia expone cómo debe organizarse ese poder. El imperialismo democrático parte de la base de que es la propia democracia la que decide cuáles son los límites del poder, lo que equivale a decir que tales límites no existen: el imperialismo democrático no es más que un cheque en blanco a la arbitrariedad de las mayorías sobre las minorías. En cambio, el liberalismo defiende que las mayorías no pueden erosionar los derechos de las minorías, entre ellos los de esa minoría absoluta llamada individuo.
 
Viendo el debate desde esta perspectiva, es obvio que el liberalismo no sólo representa un programa político maduro y exquisitamente experimentado, sino que constituye el sustrato jurídico imprescindible de toda organización política que aspire a respetar a las personas como agentes autónomos. No es verdad que no sepamos qué sucede cuando las mayorías no se arrogan el derecho a determinar cuál debe ser la educación de nuestros hijos; no es verdad que no sepamos qué sucede cuando las mayorías no se arrogan el derecho a determinar qué libros debo leer; no es verdad que no sepamos qué sucede cuando las mayorías no se arrogan el derecho a determinar cómo debo jubilarme; no es verdad que no sepamos qué sucede cuando las mayorías no se arrogan el derecho a determinar qué sustancias puedo tomar; no es verdad que no sepamos qué sucede cuando las mayorías no se arrogan el derecho a determinar con quién puedo casarme. En todo ello tenemos una amplísima experiencia de por qué es preferible respetar a las personas antes que someter sus planes vitales al muy democrático juicio de la mayoría.
 
  1. Toda organización —no sólo la democracia— adolece de problemas de coordinación
Por último, ante mi afirmación de que las democracias tienen problemas irresolubles en materia de información, sesgos individuales, agregabilidad de voluntades e incentivos, María responde que “también los tienen prácticamente todos los sistemas de coordinación humana cuando el número de participantes aumenta”. Pero que todos los sistemas tengan tales problemas no equivale a decir que todos los tienen en el mismo grado: en efecto, el ser humano no es perfecto y por tanto ninguna organización que pueda crear será perfecta, pero eso no significa que todas sean igual de imperfectas.
De hecho, me sorprende que María concluya su artículo defendiendo el papel de la ciencia política y económica para, entre otras finalidades, estudiar los diferentes incentivos que impregnan los distintos sistemas de organización social: “creo que los incentivos lo son todo. Estudiemos qué incentivos, qué leyes y qué nuevos modos”. Y me sorprende porque eso es lo que hago cuando expongo los malos incentivos consustanciales a toda democracia: explicar por qué diferencialmente es preferible que la gente interactúe mediante tratos horizontales voluntarios (A y B se asocian voluntariamente y C y D hacen lo propio, respetando cada cual las decisiones ajenas) que mediante imposiciones verticales aun cuando emerjan e un procedimiento democrático (A, B, C y D votan cómo deben asociarse A, B, C y D).
 
Uno de esos defectos, como explico en el artículo, es que la democracia —sobre todo conforme más extenso sea el tamaño del grupo— incentiva la ignorancia racional del votante: dado que votar implica un coste de participación/información muy alto y unos beneficios de influir en el resultado final muy bajos (¿cuánto vale un voto entre decenas de millones?), lo racional es que o la gente no vote o que vote desinformadamente. Frente a esta conocida y generalmente aceptada teoría de la ignorancia racional del votante, María expone que el mismo fenómeno sucede en un mercado libre: “De la misma manera que mucha gente compra la marca de galletas de toda la vida y no se plantea cuál es la decisión más racional. Esos cálculos de optimización de las decisiones, en la realidad, son ineficientes”.
 
Y es verdad que la ignorancia racional del votante también le es aplicable al consumidor (junto con muchos otros sesgos de irracionalidad), pero con una esencial diferencia: los errores derivados de la ignorancia del consumidor repercuten sobre el consumidor, mientras que los errores derivados de la ignorancia del votante son externalizados al resto de la sociedad. Cuando el agente es responsable de sus decisiones desinformadas, existen incentivos bien alineados para alcanzar un nivel óptimo de desinformación: cuando el agente no es responsable de sus decisiones desinformadas, existen incentivos desalineados para alcanzar un nivel subóptimo de desinformación. Eso es, justamente, lo que supone estudiar los incentivos de cada uno de los marcos políticos posibles.
 
Conclusión
 
La crítica a la democracia constituye en tabú en las sociedades modernas. A buen seguro, se trata de un tabú mucho más omnipresente entre los medios de comunicación que dentro de la academia (los académicos llevan décadas poniendo de manifiesto los problemas propios de una democracia: la ignorancia racional de Downs, la irracionalidad de los votantes de Caplan, la inagregabilidad imparcial de las preferencias electorales de Arrow, la inexistencia de autoridad política de las mayorías de Huemer, o la imposibilidad de coordinar a la sociedad mediante mandatos centralizadores de Hayek), pero es indudable que el tabú existe a un nivel similar a lo que podía suponer la blasfemia hace un par de siglos.
 
Uno puede entender que exista semejante tabú en la sociedad —ya que es especialmente útil para marginar y anatematizar a todos aquellos que aspiran a acabar con todas las libertades instaurando una dictadura liberticida— pero no me queda claro por qué semejante tabú debería darse en el debate intelectual y entre personas cuyo respeto hacia las libertades personales está más allá de toda duda razonable: es decir, no entre personas que promueven una dictadura, sino entre personas que rechazan que el Estado regule ámbitos crecientes de la vida de las personas aun cuando lo haga con apoyo de la mayoría. Y sólo se me ocurre un motivo para que semejante tabú subsista en tales condiciones: tacticismo ideológico. “Si criticar los defectos de la democracia está mal visto, mejor no entrar en debates incómodos”: el argumento podría servirme para quienes aspiren a ocupar oficinas políticas recurriendo a un cierto populismo liberal, pero desde luego no para quienes anteponemos la honestidad intelectual al arribismo.
 
Desde que la conozco —hace ya bastante años—, María siempre ha exhibido esa honestidad intelectual en la que yo mismo intento reflejarme: siempre ha aborrecido cualquier ambición de poder y nunca ha dudado un instante a la hora de expresar sus opiniones liberales por impopulares que resulten (por ejemplo, cuando ella misma ha criticado los defectos de la democracia). Por eso estoy convencido de que, tras este conjunto de pertinentes clarificaciones, terminaremos coincidiendo en prácticamente todo.
 

Primero las libertades, después la democracia

 por Juan Ramón Rallo
 
 
Almudena Negro se suma al debate sobre el significado, los límites y los defectos de la democracia. Bienvenida. Dado que su artículo se estructura mediante críticas bastante específicas a mi primer texto, voy a proceder a responderle a cada uno de esos puntos.
 
 
Democracia es separación de poderes y representatividad
 
La tesis central del artículo de Almudena Negro es que la democracia se caracteriza por dos elementos: separación de poderes y representatividad.
 
El problema de este argumento es que el término democracia es un concepto esencialmente controvertido. Definiciones de democracia las hay muchas y conviene que nos pongamos de acuerdo en alguna de ellas para poder seguir dialogando, pero lo que no tiene mucho sentido es que la crítica de una parte a la otra se base en no haber escogido el significado de democracia que ella más le gusta. Por mi parte, no digo que la definición de Almudena Negro no sea legítima y operativa, pero voy a exponer por qué sigo prefiriendo la mía: la definición de Almudena ni es la más amplia posible ni tampoco está exenta de contradicciones.
 
Por ejemplo, hay sistemas donde no existe tal separación de poderes ni representatividad que son indudablemente democráticos (por ejemplo, la democracia directa donde son los ciudadanos quienes toman directamente las decisiones sin representantes interpuestos; o la democracia ateniense donde los cargos eran seleccionados por sorteo) y hay sistemas donde sí existe tal separación de poderes y representatividad pero que difícilmente tildaríamos de democráticos (por ejemplo, las monarquías cuasi-absolutas de Lichtenstein o Mónaco). Otros autores añadirían a los requisitos anteriores al menos la isonomía, es decir, la igualdad de derechos civiles y políticos de los ciudadanos, pero nuevamente podemos tener separación de poderes, representatividad e isonomía sin democracia: por ejemplo, un sistema político donde el gobierno local lo integraran los presidentes de las distintas comunidades de vecinos en representación de los vecinos podría cumplir los tres requisitos y probablemente no lo calificaríamos de democrático (aunque podría asemejarse bastante a la democracia orgánica).
 
Para evitar los problemas derivados de definiciones parciales, a mi entender deberíamos definir democracia en los términos más generales y menos facciosos posibles: democracia simplemente significa que quien gobierna es el “pueblo” y el pueblo puede gobernar de muchas maneras distintas (democracia representativa, democracia directa, democracia deliberativa…). Como ya expliqué en un artículo anterior, no existe un mecanismo único, óptimo y objetivo para transformar las preferencias desagregadas de cada uno de los ciudadanos que integran “el pueblo” en una preferencia orgánica y holista de ese “pueblo” (esa es la principal conclusión del teorema de la imposibilidad de Arrow que, de momento, nadie se ha dignado en refutar y acaso tampoco en entender) y, por tanto, toda regla de agregación de voluntades es arbitraria. O dicho de otra forma, cualquier sistema político que reconozca la soberanía del pueblo y que busque someter la actuación del Estado a la voluntad orgánica de ese pueblo merece ser tildado de democrático.
 
Otra cosa es que, partiendo de esa definición amplia, la democracia pierda parte de su encanto y, en tal caso, debamos comenzar a adjetivarla para volver a sentirnos atraídos por ella. El fetiche ya deja de ser la democracia como tal y pasa a serlo la “democracia representativa”, la “democracia liberal”, “la democracia constitucional” o para otros “la democracia popular”. Pero blindar frente a las críticas a la democracia que a nosotros nos gusta por la vía de restringir el término “democracia” a la-democracia-que-a-mí-me-gusta es hacer trampas desde el comienzo: preconfiguro el término según mis preferencias (descarto ex definitione todos aquellos rasgos de la democracia que podrían ser criticables y añado ex definitione todos aquellos rasgos que resultan positivos) y así deviene un sistema angelical y sin aristas.
 
De hecho, fijémonos que ni siquiera Almudena es capaz de evitar los problemas que acarrea su definición a medida de democracia. Después de haber definido democracia según el doble criterio de separación de poderes y representatividad, no duda en calificar de “democracia totalitaria” a la democracia deliberativa. Pero la “democracia deliberativa” prescinde de la representatividad: ¿cómo puede, por tanto, la democracia ser representativa y no representativa a la vez? ¿O es que la democracia deliberativa no es democracia a pesar de que aspira a que gobierne el pueblo? ¿Acaso un sistema representativo y con separación de poderes puede ser totalitario?
 
De la democracia al democratismo
 
Después de definir democracia a su medida, Almudena me acusa de confundir democracia con democratismo. Supongo que de eso se trataba: en lugar de sentenciar que mi definición de democracia (mucho más general) no coincide con la suya, se opta por decir que estoy confundido. Imaginen que yo defino democracia como “pulpo” y democratismo como “representatividad y separación de poderes”. Nada más fácil que acusar a Almudena de confundir democracia con democratismo cuando sostiene que democracia es representatividad y separación de poderes: quien crea las definiciones, imputa las confusiones.
 
Pero más allá de esta argucia, analicemos qué distinción conceptual quiere efectuar Almudena: básicamente, que una cosa es que el Estado se gobierne mediante un sistema democrático (en su acepción: representatividad y separación de poderes) y otra que el Estado democrático controle áreas crecientes de nuestras vidas. En sus propias palabras: “La democracia, la política, no debe abarcar todos los aspectos de la vida del hombre, puesto que no es más que la forma en que el poder se relaciona con las personas. No es lo mismo la política que la politización”. Pero, ¿por qué la democracia no debe abarcar todos los aspectos de la vida del hombre? ¿Mediante qué procedimiento determinamos qué aspectos deben ser decididos democráticamente y cuáles no? ¿Mediante un procedimiento democrático o mediante uno no democrático? Si lo determinamos mediante uno democrático, es obvio que la democracia puede potencialmente abarcar todos los aspectos de la vida humana: la mayoría no se halla constreñida por nada, ni siquiera por las libertades individuales. Si, en cambio, lo determinamos mediante un procedimiento no democrático… ¿acaso no estamos reconociendo algunos de los problemas de la democracia que yo mismo he denunciado en mis artículos previos?
 
Por ser más explícito: mi argumento se resume en afirmar que la democracia debe hallarse subordinada al liberalismo, esto es, al respeto a las libertades personales. Y cuáles sean esas libertades personales no se determina mediante un procedimiento a su vez democrático, sino planteándonos cuáles son los presupuestos mínimos indispensables para respetar la autonomía individual al tiempo que se sientan las bases para la resolución de conflictos que puedan emerger entre las diversas personas (a desarrollar este punto dedico el capítulo 2 de mi último libro).
 
Como ya hemos indicado, Almudena define de tal manera la democracia que, en parte, ese respeto a las libertades individuales ya queda incluido en su significado de democracia (“la democracia no es democratismo”). Pero eso, como digo, es un giro argumental para no tener que reconocer lo obvio: que la única democracia buena (entendiendo democracia como yo lo hacía: en su acepción más amplia posible) es la que está subordinada al régimen de libertades propio del liberalismo. Es decir, la única democracia buena es la democracia liberal. Y frente a la democracia liberal existen otros tipos de democracias que siguen siendo democracias pero que, al no ser liberales, merecen la mayor de las críticas posibles.
 
Eso sí, quiero ser muy explícito en este punto: democracia liberal implica que el individuo se adscribe voluntariamente al grupo que ulteriormente toma decisiones de manera democrática. La soberanía no es nacional: la soberanía es individual. Los derechos son de las personas, no de los pueblos. La legitimidad, por tanto, surge bottom-up, no top-down. En consecuencia, una democracia liberal que no haya surgido por la libre asociación de las partes o que, no habiendo surgido de ese modo, impida la libre desasociación de las partes, no es una democracia liberal por mucho que vaya acompañada de representatividad, separación de poderes e isonomía. Una de las libertades personales más esenciales es la libertad de asociación y desasociación: y la democracia no tiene legitimidad para conculcarla (y si lo hace, no estaremos ante una democracia liberal: podrá ser una democracia más o menos respetuosa con las libertades, pero no estructuralmente respetuosa con ellas).
 
Otras cuestiones adyacentes
 
Del artículo de Almudena se desprenden otros errores menores a los que no querría dejar de referirme:
  1. Según Almudena: “Comienza el profesor Rallo su intervención alabando a Podemos, de quien sostiene erróneamente que la idea que ha caracterizado a dicha formación es la de “redemocratizar las instituciones políticas españolas”. Yo no alabo a Podemos: simplemente constato que su discurso ideológico se ha articulado desde sus inicios en torno a la idea de redemocratizar las instituciones. Que nos los creamos o no, es otro asunto, pero lo que no puede negarse es que han hecho bandera de ello y que buena parte de sus votantes así lo perciben. Difícilmente puedo alabar a Podemos cuando mi objetivo no es que esas instituciones sigan monopolizadas por el Estado pero con una forma algo más democrática, sino que regresen a la sociedad.
  2. Almudena se refiere en varias ocasiones a que yo contrapongo democracia con anarcocapitalismo. No hago tal cosa: contrapongo democracia con liberalismo. Y lo hago para defender la primacía de las libertades individuales sobre la voluntad colectiva, por mucho que ésta se descubra mediante procedimientos democráticos.
  3. Admite Almudena que la democracia tiene problemas importantes (de información, incentivos, sesgos y agregabilidad de preferencias), pero me reprocha que el mercado libre también los tiene. En este punto, me voy a remitir simplemente a la respuesta que ya le di al respecto a María Blanco: “que todos los sistemas tengan tales problemas no equivale a decir que todos los tienen en el mismo grado: en efecto, el ser humano no es perfecto y por tanto ninguna organización que pueda crear será perfecta, pero eso no significa que todas sean igual de imperfectas (…) Y es verdad que la ignorancia racional del votante también le es aplicable al consumidor (junto con muchos otros sesgos de irracionalidad), pero con una esencial diferencia: los errores derivados de la ignorancia del consumidor repercuten sobre el consumidor, mientras que los errores derivados de la ignorancia del votante son externalizados al resto de la sociedad. Cuando el agente es responsable de sus decisiones desinformadas, existen incentivos bien alineados para alcanzar un nivel óptimo de desinformación: cuando el agente no es responsable de sus decisiones desinformadas, existen incentivos desalineados para alcanzar un nivel subóptimo de desinformación. Eso es, justamente, lo que supone estudiar los incentivos de cada uno de los marcos políticos posibles.
En definitiva: si, según concluye Almudena Negro, el mejor argumento a favor de la democracia es la relectura de uno de mis artículo donde expongo a las claras los problemas de legitimidad y de coordinación básicos de toda democracia que todavía ninguno de mis críticos ha mostrado falsos, entonces es que la defensa de la democracia ya ha degenerado entre muchos a una mera disonancia cognitiva.

¿Qué reformas hizo Portugal para evitar la quiebra?

El paro bajó del 18% al 13% y el déficit cayó del 11,2% al 3,3% del PIB.

El programa de ajuste que ha desarrollado Portugal bajo el gobierno de Pedro Passos Coelho ha estado marcado, en primer lugar, por el beneplácito que han dado los mercados de deuda a las medidas adoptada desde el gobierno.
La siguiente gráfica muestra el progresivo descenso de los intereses abonados por el Tesoro luso:
En segundo lugar, el ajuste aplicado entre los años 2010 y 2014 ha incluido una progresiva reducción del déficit público. Si al principio del periodo observado era del 11,2% del PIB, el pasado ejercicio concluyó en un 4,5%. De esa caída, el aumento de los ingresos supuso 3,9 puntos y la reducción del gasto ajustó el 2,9% restante.
Estas cifras incluyen la contabilización de medidas puntuales de gasto que conviene ajustar para evitar distorsiones. Si hacemos esta corrección, el déficit real registrado en 2014 fue del 3,3% del PIB, una ganancia adicional de 1,2 puntos que vino exclusivamente por la vía de la reducción del gasto público.
En 2015 se espera un descuadre del -2,7%. De esta forma, la diferencia entre ingresos y gastos habrá pasado de 20.000 a 5.000 millones de euros en el último lustro.
 
 
Si analizamos las cifras en términos primarios, Portugal abandonó los números rojos en 2013 (+0,1%) y ya espera un superávit fiscal del 2,2% del PIB a lo largo del presente ejercicio. La cifra contrasta con el -8% del 2010.
En suma, el gasto público ha caído en términos absolutos (de 93.000 a 85.000 millones) y relativos (del 52% al 47% del PIB). Analizando los datos en términos primarios, ocurre lo mismo: de 88.000 a 77.000 millones y del 50% al 42% del PIB.
Las "prestaciones sociales" han pasado de costar el 20,3% del PIB en 2013 al 19,2% en 2015. Los gastos de personal bajaron del 13,7% al 10,9% del PIB a lo largo del periodo comprendido entre 2010 y 2015. Excluyendo sueldos de empleados públicos, el gasto era del 35% del PIB en 2010 y bajó al 31% en 2015.

Recortes y ajustes

Los recortes aprobados por Lisboa se han centrado en distintos aspectos: mayor eficiencia en el gasto sanitario y farmacéutico, aumento de la edad de jubilación, introducción del factor de sostenibilidad en el sistema de pensiones, ajuste en las prestaciones por desempleo, reducción de las subvenciones...
Los datos macroeconómicos respaldan la tesis de quienes afirmaban que estos cambios eran necesarios. Pese al "plan de choque" que han supuesto las medidas del "rescate", Portugal creció un 0,9% en 2014 y prevé crecer un 1,6% en 2015. Por otro lado, el paro ha caído del 18% al 13% entre 2012 y 2015.

Menos impuestos a las empresas

El aumento del IVA supuso la principal fuente de ingresos adicionales para la consolidación de las cuentas públicas. No obstante, Portugal ha bajado los impuestos a las empresas. Según se acordó en diciembre de 2013, el Impuesto de Sociedades aplicado a las Pymes ha pasado del 25% al 17%. Para el resto de empresas, la tasa cayó del 25% al 21%. A lo anterior se suman nuevas deducciones fiscales que benefician las inversiones privadas.
Otra apuesta tributaria digna de mención ha sido la revisión del sistema fiscal al que se acogen los residentes no habituales. El régimen general grava los ingresos ordinarios al 20%, pero cuando el dinero se obtiene de servicios prestados en otros países, se aplican importantes deducciones.
También ha llamado la atención el programa conocido por los ciudadanos portugueses como "Visado de Oro". Bajo este marco, se concede un permiso de residencia temporal a quienes invierten en una vivienda o una empresa del país. Hasta la fecha, ya se han concedido casi 2.500 visas de este tipo, lo que ha supuesto la llegada de 1.400 millones de euros a los distintos sectores del país.

Otras reformas estructurales

El gobierno de Portugal también ha impulsado otras reformas estructurales:
  • Rebajas fiscales: aprobación de nuevas deducciones por hijo, rebaja de los impuestos a los autónomos, reducción de requisitos y trámites fiscales.
  • Reforma laboral: flexibilización de la contratación y el despido.
  • Fraude fiscal: aumento del cumplimiento, con un repunte del 36% en el número de facturas presentadas a Hacienda.
  • Ventanilla única: agilización de procedimientos burocráticos y simplificación de trámites.
  • Reforma de las Administraciones: eliminación de instancias burocráticas, con un adelgazamiento medio del 37%. Menor tasa de reposición para la reducción de la plantilla de empleados públicos. Eliminación del 49% de los entes consultivos y refuerzo del control fiscal al entramado empresarial dependiente del Estado.
  • Lanzamiento de la privatización de las aerolíneas estatales TAP.

Se complica el tercer rescate a Grecia: el FMI podría desmarcarse

El organismo presidido por Lagarde podría no entrar en el tercer rescate hasta dentro de varios meses.

Las negociaciones entre el Gobierno heleno y sus acreedores empiezan a atascarse. El ejecutivo de Alexis Tsipras finalmente ha cedido a las exigencias del Eurogrupo y ha aprobado un nuevo programa de austeridad como punto de partida para empezar a negociar el tercer rescate que alivie la situación del país.
Sin embargo, por el momento se desconoce los avances de estas negociaciones y el tiempo sigue corriendo en contra de Grecia que el día 20 de agosto tiene que hacer frente a un fuerte vencimiento de deuda de 3.500 millones de euros al Banco Central Europeo. Entre tanto, según publica este jueves el Financial Times, el organismo presidido por Christine Lagarde podría no participar en el tercer programa de asistencia al país heleno, con un valor de unos 86.000 millones de euros.
El rotativo cita unos documentos del FMI según los cuales la institución le habría dicho a Grecia que no puede participar en un nuevo rescate ante los elevados niveles de deuda del país. La falta de avance de en la aplicación de las medidas impuestas por la troika -Comisión Europea, Banco Ccentral Europeo y Fondo Monetario Internacional- sería otro de los escollos que dificultaría la entrada del organismo que preside Lagarde en esta nueva ayuda al país heleno.
Hace unas semanas, el FMI afirmó que Grecia necesitaba una reestructuración de deuda para hacerla sostenible. Según FT, el organismo seguirá participando en las negociaciones del tercer rescate durante las próximas semanas pero no decidirá si participa o no en el programa de asistencia hasta dentro de unos meses. Un problema añadido para Tsipras ya Alemania puso como condición para aceptar esta nueva asistencia que el organismo de Lagarde participase.
Según el rotativo británico, el FMI tomará la decisión cuando el ejecutivo heleno apruebe las reformas y cuando el eurogrupo de el visto bueno a alguna clase de alivio de la deuda.

Alerta ante el mercado norteamericano

Aspain 11 Asesores Financieros EAFI

Llevamos bastantes semanas siguiendo con bastante más atención y algo de preocupación a los mercados norteamericanos, que intentando descontar las próximas subidas de tipos y el descenso en las previsiones de crecimiento económico tanto en EEUU como en los países emergentes, estamos viendo como sus distintas bolsas se acercan peligrosamente hacia niveles importantes de soporte. Janet Yellen, actual presidenta de la Reserva Federal, lleva muchos meses adelantando la subida de tipos buscando así no provocar el pánico en las bolsas cuando finalmente se produzca, y desde ASPAIN 11 pensamos que es la mejor manera de afrontarlo.
 
Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, a la esperada subida de tipos le han aparecido algunos obstáculos en el camino: la ralentización del crecimiento económico en EEUU -­con los últimos resultados empresariales positivos pero en su mayoría sin llegar a las optimistas expectativas de los analistas- y la desaceleración económica que estamos viendo en China.
 
 
Esto está provocando que los índices americanos, en fuerte tendencia alcista desde 2009, se hayan quedado en rango durante el presente año y mantengan al resto de mercados en vilo, confiando en que no se pierdan los soportes de este rango.

Una vez introducidos los principales datos macroeconómicos que marcan el camino de la economía americana en este momento, vamos a pasar al campo del análisis técnico sobre sus mercados, donde estamos viendo cada semana cómo sus índices más importantes como el S&P 500 o el NYSE Composite titubean al afrontar tanto sus máximos como el soporte inferior.




Posiblemente estemos en esta situación hasta que algún anuncio macroeconómico se produzca cerca de los niveles relevantes y actúe como catalizador.

El gráfico anterior del S&P500 no ofrece una imagen demasiado desalentadora, al no dejar una imagen bajista a pesar de no ser capaz de realizar nuevos máximos (hay que tener presente que este índice llevaba prácticamente 5 años sin parar de subir). Sin embargo, la preocupación aumenta cuando nos fijamos en la situación técnica del NYSE composite:




En el caso de este índice, se observa como pierde la media de 200 sesiones y se apoya sobre la línea de tendencia alcista de 2013-2014, además de una media de mayor plazo, 450 sesiones, que aguanta en repetidas ocasiones al precio en los últimos años. En ese momento confluyen con el precio la línea de tendencia, la media de 450 sesiones, y la zona del 38.2% de retroceso fibonacci, por lo que si rompiese esta confluencia de soportes a la baja, se nos presentaría un escenario complicado a corto plazo en el mercado americano. Por el momento, parece que esta rebotando con fuerza sobre esta zona, por lo que mantenemos la tranquilidad sin perderlo de vista en los próximos días.

Vamos a profundizar un poco más en el análisis de la situación, centrándonos en el S&P500 ya que suele ser la referencia cuando nos referimos al mercado norteamericano.

En primer lugar hemos analizado un indicador inversamente correlacionado con el índice, el VIX, lo que quiere decir que a menores niveles, más debería ascender el mercado. Se trata de un indicador que mide la volatilidad del Chicago Board Options Exchange (CBOE), donde un mayor nivel indica mayor pánico de los inversores. En estos momentos llevamos varios años entre 12-20, muy cerca de los niveles pre-crisis de 2008. En caso de situarse por debajo de 12, esto suele marcar los límites del ciclo de Boom económico, llevando a los mercados a una sobrevaloración que acaba con recortes de ajuste pronunciados.





Analizando en profundidad el S&P500 podemos ver que a pesar de estar centrados en el nivel 2.040, perderlo no sería garantía de recortes extremadamente profundos, ya que por debajo encontramos varios soportes de bastante relevancia que tendría que perder para alcanzar las expectativas negativas de varios analistas que llevan meses esperando un gran movimiento correctivo.




Vigilamos la media móvil 200 (en rojo), donde nos encontramos rebotando actualmente, pero tenemos presente que no sería definitivo perderla como ya ha sucedió sin consecuencias a finales de 2012 y a finales de 2014.

Donde creemos que existe el verdadero riesgo de caídas generalizadas es en la pérdida de la zona sombreada en amarillo en la imagen, alrededor de los 2.000 puntos. En esta zona coinciden soportes importantes, zona de 38.2-50% del retroceso Fibonacci, y en el caso de caer en los próximos días, también coincidiría con la media de largo plazo como ocurría en el NYSE composite. Esta media (de 365 sesiones en el caso del S&P500), la marcamos como zona de seguridad debido a la cantidad de ocasiones que frena el precio tras perder la media estándar de 200 sesiones como vemos en la siguiente imagen:




Otro indicador al que no le prestamos demasiada atención, pero que nos parece interesante para conocer el fondo del mercado es el Advance-Decline Line (ADline), que nos permite conocer las razones del movimiento del índice, indicando si se mueve debido a un movimiento general del mercado, o si son los valores de mayor capitalización los que están arrastrándole (cuando se producen divergencias), como vemos en las últimas semanas.




Tras este análisis, y viendo que por el momento los índices americanos están rebotando sobre los soportes, confiamos en que los mercados puedan permanecer alcistas en el corto-medio plazo. En cualquier caso, desde ASPAIN11 Asesores Financieros EAFI, estaremos muy pendientes de la evolución de Estados Unidos, ya que como dice el dicho: si EEUU estornuda, el mundo se resfría.

De 2.200 a 1.270: así 'se come' Hacienda el sueldo del español medio

En comparación con salarios similares en otros países de Europa, los españoles pagan más impuestos y cotizaciones sociales.

De algo más de 30.600 euros a menos de 17.800 euros. Ésta es la diferencia entre el dinero que paga de media una empresa española por cada uno de sus trabajadores y lo que este empleado recibe en su cuenta bancaria. Si lo medimos en términos mensuales (14 pagas) estaríamos hablando de casi 2.200 euros que se convierten en menos de 1.300 euros. El salario medio español está poco por encima del mileurismo. El coste real, dobla esa cifra.
La teoría dice que pagamos impuestos y a cambio el Estado nos aporta una serie de servicios. Luego, cada uno tendrá que echar sus cuentas y pensar si lo que paga está en consonancia con lo que recibe. Son preguntas que no son fáciles de responder y en las que tiene importancia la posición ideológica de cada uno:
  • ¿Merece la pena lo que nos cuestan los servicios públicos y la calidad de los mismos?
  • Ante la proliferación de subvenciones y ayudas, ¿tiene sentido que Hacienda se quede parte del dinero del contribuyente para luego devolvérselo en forma de rentas?
  • ¿Cuál es la factura real del trabajador medio español?: porque el IRPF y las cotizaciones sociales son sólo parte de la mordida de Hacienda. El sueldo neto que nos queda no está libre de impuestos, debe seguir pagando IVA, especiales, tasas,...
Pero como decimos, estas preguntas son las que cada uno deberá responder. Para empezar, lo primero es saber cuáles son las cifras reales de las que estamos hablando. El resumen puede encontrarse en el siguiente cuadro que el INE publicaba este miércoles, dentro de la Encuesta Anual de Coste Laboral (EACL) correspondiente al año 2014:
 
Encuesta Anual de Coste Laboral
 
Como vemos, el coste bruto de 30.653 euros (165 euros menos si se eliminan las subvenciones y deducciones) pasa a apenas 22.605 euros de sueldos y salarios. Por el camino se quedan 8.000 euros, entre cotizaciones(unos 7.000 euros), beneficios sociales, indemnizaciones y gastos derivados del propio trabajo.
Pero cuidado, esos 22.605 euros de salario bruto anual no es lo que el empleado medio cobra. A esa cantidad hay que restarle cotizaciones sociales a cargo del trabajador (6,35% sumando Seguridad Social, Desempleo y Formación Profesional asumiendo contingencias comunes y tipo general para el paro). Son unos 1.435 euros.
Y además hay que quitarle el IRPF (le hemos aplicado un tipo del 15%). Con todo, la cantidad resultante es de unos 17.780 euros o 1.270 euros al mes en catorce pagas. Recordemos que el coste neto para su empresa era de 30.490 euros o 2.177 euros si lo dividimos entre esas mismas catorce pagas: es una diferencia de más de 12.000 euros al año y no hablamos de un sueldo muy elevado, es el salario medio según el INE. De hecho, en comparación con sueldos similares en otros países de Europa, los españoles pagan más impuestos. Si la factura final es algo inferior es porque allí los salarios son más altos y los tipos marginales también (no porque la estructura del impuesto sobre la renta sea más dura).
En este punto, hay otra variable que hay que considerar. Cuando una empresa paga 30.653 o 30.489 euros (según tomemos coste bruto o neto) por un trabajador, lo hace porque entiende que éste aportará, dentro de la organización, valor por esta cantidad. En los últimos años, en España, se ha hablado mucho de salarios bajos, precariedad o contratos basura. Incluso, hay partidos que prometen que subirán los sueldos cuando ellos lleguen al poder, como si esto fuera algo que puede hacerse por decreto.
En realidad, los salarios de una economía están determinados por la productividad de sus trabajadores y por el resto de los costes a los que debe hacer frente una empresa cuando contrata. No sólo hablamos de costes directos (como los que mide esta EACL), sino también de otros que están implícitos: burocracia, tiempos perdidos, riesgo, rigideces,... Las estadísticas dicen que, en comparación con la productividad de otros países de Europa, los españoles cobramos lo que nos merecemos. El objetivo, a partir de ahora, es que esta cantidad sea mayor.

jueves, 30 de julio de 2015

¿Ciudadanos liberales?

 por Juan Ramón Rallo

 
España no es un país poblado por liberales. Al igual que en el resto de Europa, la mayoría de la población se ubica cómodamente en el consenso socialdemócrata: el auténtico pensamiento único, el que de verdad marca el terreno de juego político, es el Estado de Bienestar paternalista e hiperregulador. Por consiguiente, cualquier partido político que presentara un programa apreciablemente liberal estaría condenado a ser minoritario: acaso se trate de una tarea necesaria para el largo plazo, pero a buen seguro también ingrata en el corto.
 
Ciudadanos ha presentado esta misma semana los fundamentos de su próximo programa económico. Siendo Podemos la alternativa política socialista al establishment, muchos esperaban ver en Ciudadanos la alternativa política liberal al establishment. Error de base: en la actualidad, o eres alternativa política o eres liberal. Las dos cosas, por desgracia, no pueden ser a la vez.
 
El programa económico de una socialdemocracia moderna
 
Luis Garicano y Manuel Conthe expusieron el pasado martes las líneas maestras de sus propuestas económicas, organizadas en torno a seis ejes: la lucha contra el paro y el endeudamiento familiar, la promoción de la inversión y la innovación empresarial, el nuevo sistema fiscal, la reforma de la educación, la lucha contra la corrupción y la limitación del clientelismo corporativista. Todos ellos problemas que cualquier liberal reconoce como tales y para los que promueve cambios profundos: liberalizar el mercado de trabajo, permitir la libre entrada y ejercicio de la función empresarial, bajar impuestos y gasto público, aceptar la libertad de elección en educación, minimizar el poder discrecional en manos de políticos y burócratas, y suprimir subvenciones y privilegios regulatorios.
 
Si bien esta semana Ciudadanos únicamente presentó sus propuestas con respecto al primero de esos ejes —la lucha contra el paro y el endeudamiento familiar—, la base de sus reformas se limitan a pulir de incentivos perversos el marco estatista actualmente existente: contrato único con indemnización creciente para no desincentivar el trabajo indefinido, mochila austriaca para no sobreconcentrar los despidos en los recién llegados, créditos fiscales para complementar las rentas salariales de los trabajadores con bajos sueldos, bonificaciones empresariales en las cotizaciones a la Seguridad Social para premiar la estabilidad de las plantillas, cheques formativos para que el parado escoja dónde recibir formación y en qué materias obtenerla y una ley de segunda oportunidad que facilite la renegociación de sus pasivos a los deudores de buena fe.
 
Todas ellas medidas razonables dentro del marco político socialdemócrata pero alejadas de las que propondrían los liberales: contrato laboral libre, libertad de pacto de la indemnización por despido, reducciones de impuestos y de cotizaciones a la Seguridad Social (especialmente las referidas al desempleo y a la formación) y libertad contractual para determinar la extensión de la responsabilidad personal en el repago de las deudas. El contraste es más que evidente, no sólo por el alcance, sino por el enfoque: no se trata de que Ciudadanos se quede a medio camino por cuanto contemporice con un electorado insuficientemente liberal, sino que toma una dirección distinta de aquella recomendada por el liberalismo; es decir, no más libertad y autonomía personal (salvo acaso en el cheque formativo), sino más diseño paternalistamente centralizado de los arreglos contractuales buscando minimizar las ineficiencias y los incentivos perversos generados por la regulación estatal.
 
Más que en la radicalidad de las medidas hay que fijarse en la ideología subyacente a las mismas: el liberalismo promueve la libertad y la responsabilidad individual; la socialdemocracia, el intervencionismo estatal so pretexto de proteger al individuo y a la sociedad de sí mismos. ¿A qué marco ideológico se adscriben las medidas propugnadas por Ciudadanos? Diría que resulta obvio.
 
Contra cleptocracias y populismos
 
Que Ciudadanos no haya optado por un programa liberal no es sorprendente: si aspira a tener opciones de gobierno, no puede hacerlo. Y, a la vista del panorama política circundante, necesitamos partidos políticos con voluntad de gobierno que muestren ideas no suicidas y que actúen como freno frente al exbipartidismo cleptocrático y al neopartidismo populista. Ciudadanos tal vez pueda jugar ese papel y, si así fuera, constituiría una buena noticia para los liberales en el corto plazo: no porque su programa (al menos el conocido hasta la fecha) despierte entusiasmos proliberales, sino porque al menos supone una amenaza —y una alternativa— a la degeneración antiliberal promovida por la casta y por la neocasta.
 
Lo prioritario ahora mismo es parar los golpes que unos no nos han dejado de propinar durante más de 35 años y otros aspiran a pasar a hacerlo con igual contumacia. Por desgracia, con una de las ciudadanías más antiliberales de Europa, el liberalismo no es ahora mismo una alternativa de gobierno verosímil para España: probablemente podamos darnos con un canto en los dientes si de momento evitamos mayores recortes a nuestras libertades.
 
El imprescindible papel reivindicativo del liberalismo
 
¿Mas acaso lo anterior no implicaría caer en la trampa de un pragmatismo político que enterraría cualquier cambio institucional de fondo en el largo plazo? ¿Acaso apostar por el mal menor y no por el bien mayor no nos condena a atascarnos en el statu quo y a renunciar a los ideales liberales? No: justamente porque el liberalismo tiene una identidad propia que merece ser reivindicada como un proyecto ideológico y político independiente, hay que ser meridianamente claros —y críticos— a la hora de reivindicar las reformas liberales frente a las no liberales. Ahora bien, lo anterior no debería cegarnos a la hora de analizar la realidad tal cual es, reconociendo cuáles de los distintos escenarios futuros posibles son peores, malos y menos malos. El idealismo coloca la mirada en el horizonte y uno no puede distinguir los obstáculos de su alrededor manteniendo los ojos fijos en el horizonte.
 
Que el liberalismo no sea probable en la actualidad no debería llevarnos ni al desánimo ni al sectarismo: ni a tirar la toalla para abrazar los principios aliberales de aquellas formaciones con opciones de gobierno, ni a obcecarnos con que todas las alternativas aliberales son igual de nefastas. El contexto nos impone su agenda: y, precisamente, la misión de los liberales debe ser la de intentar cambiar el contexto para que otros no nos impongan su agenda. Pero esa crucial batalla de las ideas no debería llevarnos a ser absolutamente indiferentes con el resultado de las refriegas políticas que nos rodean siempre que, en particular, existas opciones aliberales menos negativas que otras