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martes, 7 de marzo de 2017

Cuidado con los alquimistas




 


[Este artículo está extraído del libro Cuidado con los alquimistas, que está accesible completo en nuestra sección de e-books]

Prólogo

Tras la creación de la Fundación para el Educación Económica (Foundation for Economic Education – FEE) en 1946, Ludwig von Mises se convirtió en asesor a tiempo parcial y desempeñó esa labor hasta su muerte en 1973. Siempre que la FEE tenía un seminario en Irvington, si no estaba en el pueblo, conducía desde Nueva York, donde vivía con su esposa, Margit, para hablar a los principiantes. Su tema muy a menudo era la inflación. Yo estuve en todas esas clases, las apunté en taquigrafía y posteriormente las transcribí. A mí se me ocurrió la idea de que se podía integrar ocho o diez de sus clases sobre inflación, realizadas en la década de 1960, eliminando duplicados y convertirlas en una sola obra. Es este trabajo.
A Mises no le gustaba que se citaran o publicaran sus comentarios orales, porque, evidentemente, no representaban el cuidado y la precisión que dedicaba a sus escritos. Sin embargo no me parece que estas clases como las he editado representen incorrectamente sus ideas en modo alguno. Además, revelan su forma no pretenciosa y su sencillo estilo informal que usaba al hablar a estudiantes. A menudo reformulaba una idea de distintas formas, repitiéndolas para darle énfasis. Se le acusaba a menudo de ser “simplificador” o de hacer que los temas económicos parecieran claros y sencillos, pero fue esta misma aproximación la que hizo posible que personas incluso sin ningún conocimiento de economía entendieran y apreciaran lo que estaba diciendo.
Bettina Bien Graves, marzo de 2001.

Cooperación humana

La cooperación humana es diferente de las actividades que tuvieron lugar bajo condiciones prehumanas en el reino animal  y entre personas o grupos aislados durante las épocas primitivas. La facultad humana concreta que distingue al hombre del animal es la cooperación. Los hombres cooperan. Eso significa que, en sus actividades, anticipa que las actividades por parte de otra gente lograrán ciertas cosas para producir los resultados que buscan con su propio trabajo. El mercado es ese estado de cosas bajo el cual te doy algo ti para recibir algo de ti. No sé cuántos de vosotros tiene alguna idea de latín, pero en una expresión latina de hace ya 2.000 años estaba la mejor descripción del mercado: do ut des¸ doy para que me des. Yo contribuyo en algo para que debas contribuir con otra cosa. A partir de esto se desarrolló la sociedad humana, el mercado, la cooperación pacífica entre personas. Cooperación social significa división del trabajo.
Los diversos miembros, las diversas personas en una sociedad no viven sus vidas sin ninguna referencia o conexión con otra personas. Gracias a la división del trabajo, estamos conectados con otros trabajando para ellos y recibiendo y consumiendo lo que otros han producido para nosotros. Como consecuencia, tenemos una economía de intercambio que consiste en la cooperación de muchas personas. Todos producen, no solo para sí mismos, sino para otra gente con la expectativa de que esa otra gente producirá para ellos. Este sistema requiere actos de intercambio.
La cooperación pacífica, los logros pacíficos de los hombres se efectúan en el mercado. Cooperación significa necesariamente que la gente intercambia servicios y productos de servicios, bienes. Estos intercambios constituyen el mercado. El mercado es precisamente la libertad de la gente para producir, consumir, determinar qué hay que producir, en qué cantidad, de qué calidad y a quién van a ir dichos productos. Ese sistema libre es imposible sin mercado: ese sistema libre es el mercado.
Tenemos la idea de que las instituciones humanas son o bien (1) el mercado, el intercambio entre personas, o bien (2) el gobierno, una institución que, en la cabeza de mucha gente, es algo superior al mercado y podría existir en ausencia de mercado. La verdad es que el gobierno (es decir, el recurso a la violencia, necesariamente el recurso a la violencia) no puede producir nada. Todo lo que se produce, se produce por las actividades de personas y se usa en el mercado para recibir algo a cambio de ello.
Es importante recordar que todo lo que se hace, todo lo que ha hecho el hombre, todo lo que hace la sociedad, es el resultado de esa cooperación y acuerdos voluntarios. La cooperación social entre hombres (y esto significa el mercado) es lo que produce la civilización y es lo que ha producido todas las mejoras en las condiciones humanas que disfrutamos hoy.

El medio de intercambio: El dinero

La definición de dinero es muy sencilla. El dinero es el medio general de intercambio usado en el mercado. El dinero, el medio de intercambio, es algo que la gente elige para facilitar el intercambio de productos. El dinero es un fenómeno de mercado. ¿Qué significa esto? Significa que el dinero se desarrolla en el mercado y que su desarrollo y su funcionamiento no tienen nada que ver con el gobierno, el estado o con la violencia ejercida por los gobiernos.
El mercado desarrolló lo que se llama intercambio indirecto. El hombre que no podía conseguir lo que quería en el mercado mediante el intercambio directo, mediante trueque, aceptaba otra cosa, algo que se consideraba más fácil de negociar, algo con lo que esperaba comerciar después por lo que realmente quería. El mercado, la gente en el mercado, la gente que organiza la división del trabajo y genera el sistema en el que un hombre fabrica zapatos y otro fabrica abrigos, generó el sistema en el que pueden intercambiarse abrigos por zapatos, pero solo se volvió práctico debido a la diferencia de importancia y valor por la intermediación del dinero. Así que el sistema de mercado hizo posible para la gente que no podía obtener hoy lo que necesitaba, lo que quería comprar en el mercado, tomar, a cambio de lo que comerciaba, un medio de intercambio, es decir, algo que se usara más fácilmente en el mercado que lo que traía al mercado para intercambiar. Con un medio de intercambio, los originadores del intercambio pueden conseguir satisfacción final adquiriendo esas cosas que quieren consumir.
El dinero es un medio de intercambio porque la gente lo usa como tal. La gente no come dinero: pide dinero porque quiere usarlo para entregarlo en otro contrato. Y este trueque o comercio es técnicamente posible solo si hay un medio de intercambio, una moneda, con la que pueda intercambiar lo que tiene por las cosas que quiere y necesita. Todas las entregas y recepciones mutuas que tienen lugar en el mercado, todos estos intercambios mutuos que llevan al desarrollo del dinero, son logros voluntarios de personas individuales.
A través de una larga evolución, los gobiernos, o ciertos grupos de gobiernos, han promocionado la idea de que el dinero no es sencillamente un fenómeno del mercado, sino que es lo que el gobierno califique como dinero. Pero el dinero no es lo que dice el gobierno. La idea del dinero es que es un medio de intercambio: alguien que vende algo y no está en disposición de intercambiar de nuevo inmediatamente por lo que quiere consumir consigue otra cosa que puede intercambiar por esta en una fecha posterior. Esta “otra cosa” es un medio de intercambio, porque el hombre vende, digamos, pollos o huevos, no obtiene o no puede obtener directamente lo que quiere consumir, sino que debe tomar alguna otra cosa que usar en una fecha posterior para conseguir lo que necesita.
Si la gente dice que el dinero no es lo más importante del mundo, pueden tener toda la razón desde el punto de vista de las ideas que son responsables de la gestión de los asuntos humanos. Pero si dicen que el dinero no es importante, no entienden lo que hace el dinero. El dinero, el medio de intercambio, hace posible para todos conseguir lo quieren intercambiando una y otra vez. Puede que no adquiera directamente las cosas que quiere consumir. Pero el dinero facilita al individuo satisfacer sus necesidades mediante otros intercambios. En otras palabras, la gente primero intercambia lo que ha producido y luego, mediante intercambios posteriores, puede adquirir las cosas que quiere consumir. Y este es el servicio que presta el dinero al sistema económico: facilita a la gente adquirir las cosas que quiere y necesita.

El papel de jueces y tribunales

La interferencia pública en el mercado y el dinero se produce solo en casos en que las personas no están dispuestas a hacer lo que voluntariamente prometieron hacer. Habiendo elegido para sí mismo el campo en el que quiere trabajar, debe trocar o comerciar con lo que ha producido para sobrevivir, para obtener las cosas que necesita para vivir. Si los actos de intercambio son tales que todos dan y reciben los bienes y servicios contratados al mismo tiempo, puede haber dificultades. El valor y significado de las cosas que se entregan y las que se reciben no son nunca iguales o idénticos, no solo en tamaño y calidad, sino también, lo que es más importante, respecto del periodo en el que se va a realizar el intercambio.
Si la gente contrata, si ambas partes deciden que debe hacerse algo inmediatamente, no hay en general razón para ningún desacuerdo entre las partes. Ambas partes del intercambio reciben inmediatamente lo que quieren adquirir a cambio de lo que entregan. Todo el acto de intercambio se acaba entonces, no hay consecuencias posteriores. Pero la mayoría de los intercambios no son así. En realidad hay muchos intercambios en los que ambas partes no tienen que entregar inmediatamente lo que están obligadas a entregar. Si las partes de un contrato, de un intercambio, quieren posponer la realización, la ejecución de su contrato, pueden aparecer diferencias de opinión, algunas diferencias de opinión muy importantes, con respecto a lo correcto de la contribución de una parte u otra. Traducido del lenguaje más abstracto utilizado por abogados y economistas, eso significa que si un hombre ha contratado con otro hombre y ha prometido hacer algo en una fecha posterior, puede plantearse la pregunta de si cuando llegue ese momento su promesa se ha cumplido realmente de manera acorde con las condiciones del contrato.
El dinero es un medio de intercambio, un fenómeno que evolucionó del mercado. El dinero es el resultado de una evolución histórica que, en el curso de muchos cientos y miles de años, produjo el uso del intercambio mediante la intermediación de un medio de intercambio. El dinero es el medio de intercambio generalmente aceptado y generalmente usado, no es algo creado por el gobierno: es algo creado por las personas comprando y vendiendo en el mercado. Pero si la gente no cumple los acuerdos aceptados voluntariamente, el gobierno tiene que intervenir. Y en cualquier interferencia del gobierno, este tiene que averiguar antes de interferir si hubo realmente una violación de contratos acordados voluntariamente Esos contratos son la consecuencia de acuerdos y si la gente no cumple con lo que ha prometido es entonces el estado el que tiene que interferir para impedir que las personas recurran a la violencia. Se reclama al gobierno que proteja el mercado frente a gente que no quiera cumplir con las obligaciones que tiene que cumplir en el mercado y entre esas obligaciones está la de hacer pagos en cantidades concretas de dinero. Si alguien quiere apelar a la interferencia pública contra otra persona porque esa persona no cumplió con lo que había aceptado voluntariamente como un acuerdo, entonces es tarea del gobierno, de los tribunales, de los jueces, determinar qué es dinero y qué no. Así que lo que hacían los gobiernos, lo que habían hecho los gobiernos durante miles años, podríamos decir, es aprovechar mal la posición que les da esto para declarar como dinero lo que no es dinero o lo que tiene un poder adquisitivo menor por pieza individual.
El mercado, la institución social real, la institución social fundamental, tiene una debilidad aterradora. La debilidad no está en la institución del mercado, sino en los seres humanos que operan en el mercado. Hay gente que no quiere cumplir con el principio fundamental del mercado: el acuerdo voluntario y la acción de acuerdo con el acuerdo voluntario. Hay gente que recurre a la violencia. Y hay gente que no quiere cumplir con las obligaciones que ha aceptado voluntariamente de acuerdo con otra gente. El mercado, la institución social humana fundamental, no puede existir si no hay una institución que le proteja contra esa gente que o recurre a la violencia o no está dispuesta a cumplir con las obligaciones que ha aceptado voluntariamente. Esta institución es el estado, el poder policial del estado, el poder de recurrir a la violencia para impedir que otra gente, hombres normales, recurran a la violencia. La violencia es algo malo. El hecho de que la violencia sea necesaria, que sea indispensable en algunas situaciones, como para resolver disputas respecto de contratos, no hace de la institución que impone la violencia una buena institución. Sin embargo prevalece la idea más o menos en todo el mundo de que, por un lado, el gobierno, la institución que recurre a la violencia, es algo grande y bueno, y que, por otro, el mercado, el sistema de cooperación social voluntaria, aunque quizá sea necesario (aunque mucha gente ni siquiera se da cuenta de esto) indudablemente no es algo que deba ser considerado como bueno.
Ahora, todo lo que ha logrado la acción humana es el resultado de la cooperación voluntaria del hombre. Lo que hace el gobierno o lo que tendría que hacer el gobierno es proteger estas actividades frente a la gente que no cumple las normas que son necesarias para la preservación de la sociedad humana y todo lo que esta produce. Por cierto, la principal función del gobierno, o digamos su única función, es conservar el sistema de acción o cooperación voluntaria entre la gente, impidiendo que la gente recurra a la violencia. Lo que tiene que hacer el gobierno con respecto a este medio de intercambio es solo impedir que la gente rehúse cumplir los compromisos que ha asumido. No es una función de crear algo: es una función de proteger a los que están creando.
Entre las cosas que hacen a veces los individuos refractarios es incumplir sus obligaciones bajo acuerdos de mercado. Por decirlo de forma sencilla, una persona llega a un acuerdo y aun así esa persona no cumple con sus obligaciones bajo dicho acuerdo. Entonces es necesario recurrir a la acción pública. Lo que puedes hacer si la otra parte de un acuerdo dice: “Sí, lo sé. Recibí algo de ti por un acuerdo por el cual yo estaba obligado a darte algo a cambio. Pero no te lo daré. Soy malo. ¿Qué vas a hacer? Debes sonreír y aguantarte”. O es posible que la persona que tiene que darte algo posteriormente diga: “Lo siento, pero no te lo puedo dar o no te lo daré”. Esto hace que se venga abajo todo el sistema de mercado de los intercambios, todo el sistema basado en las acciones voluntarias de las personas.
Si un hombre ha ofrecido un contacto para entregar, por ejemplo, patatas en tres meses, puede plantearse la pregunta de si lo que entrega al comprador son realmente patatas en el sentido del contrato. La parte obligada a entregar patatas puede haber entregado algo que la otra parte no considere patatas. Entonces la segunda parte dice: “Llegamos a un acuerdo con respecto a unas patatas en el que teníamos en mente otra cosa. Teníamos en mente algo que tenía ciertas cualidades que no tienen estas patatas”. Es entonces tarea del gobierno, del juez al que nombra el gobierno para este fin, descubrir si estas patas cuestionables son o no realmente lo que entendían como “patatas” las partes contratantes. No deben estar podridas, deben tener ciertas características, deben ser patatas de acuerdo con los usos comerciales, etcétera. Pueden ser patatas desde el punto de vista de un profesor de botánica, pero no ser patatas desde el punto de vista del empresario. Esto es algo que la práctica comercial determina en todas partes. El juez puede no estar familiarizado con todo lo que pasa en el mundo y, por tanto, a menudo necesita la ayuda de un experto. El experto debe decir si las patas en cuestión deberían o no ser consideradas el tipo de patatas indicadas en el acuerdo. Y además es tarea del juez considerar el consejo del experto y determinar si lo que se ha entregado realmente son patatas o si son otra cosa.
Los acuerdos referidos a productos como patatas (o cualquier otra cosa: trigo, por ejemplo) que se producen habitualmente en el mercado mediante la intermediación de un medio de intercambio, popularmente llamado “dinero”, pueden incumplirse, como hemos visto, en el lado del producto. Pero también pueden incumplirse por el lado del dinero. Eso significa que un conflicto, una diferencia de opinión, puede aparecer entre las dos partes de un contrato con respecto al dinero que tiene que pagarse para cumplir con el contrato. El gobierno no estuvo directamente implicado en la evolución del dinero: la tarea del gobierno a este respecto es simplemente ver que la gente cumple los términos de sus contratos con respecto al dinero. Igual que un juez puede decir qué quiere decirse o no en el contrato con la palabra “patatas” o “trigo”, en situaciones especiales, para mantener las condiciones pacíficas en el país, el juez debe determinar qué se quería decir cuando las partes de un contrato mencionaban el “dinero”. ¿Qué usaba la gente como medio de intercambio? ¿Qué tenían en mente en su contrato cuando dijeron “Te pagaré cierta cantidad de unidades de ‘dinero’ cuando hagas lo que has prometido”? Se llamen esas unidades dólares o táleros o marcos o libras no importa: el gobierno solo tiene que descubrir cuál era el significado del contrato.
Eso es lo que tiene que decidir el gobierno. No tiene el poder para llamar “dinero” a algo que las partes no consideran dinero cuando concluyen su contrato igual que no tiene poder para llamar “patatas” a lo que no son patatas o, por ejemplo, llamar “cobre” a un pedazo de hierro. El dinero no es originalmente lo que el gobierno dice que es: es solo que debe decir qué significa “dinero” en el caso de un contrato en conflicto. Tengo que decir todo esto para señalar algo que la gente no parece saber hoy, que es que el dinero no lo creó el gobierno. La gente no sabe hoy esto porque las ideas estatistas acerca del mercado y acerca del dinero han destruido el conocimiento de cómo se crea el dinero. Solo tratando el problema de si se han cumplido o no las obligaciones monetarias es como el gobierno o, digamos, el juez tienen algo que decir acerca del dinero. Solo de esta manera el gobierno entra en contacto, entra originalmente en contacto con el dinero: como entra en contacto con todo lo demás, es decir, con patatas, trigo, manzanas, automóviles, etcétera. Por tanto no es verdad que el dinero sea algo que deriva del gobierno, que el gobierno sea soberano con respecto al dinero y que pueda decir qué es dinero. No es verdad que la relación del gobierno con el dinero sea distinta de con otras cosas. El dinero es un producto de los acuerdos de mercado igual que todo lo que entra en los acuerdos de intercambio.
Si un juez tuviera que decir que todo lo que el gobierno llama un caballo es lo que el gobierno llama un caballo y que el gobierno tiene el derecho a calificar a un pollo como un caballo, todos le considerarían corrupto o loco. Pero ene l curso de una larga evolución, el gobierno ha convertido la situación en la que el gobierno debe resolver disputas con respecto al significado de “dinero” tal y como se refiere en lo contratos, a otra situación. A lo largo de siglos, muchos gobiernos y muchas teorías del derecho han generado la doctrina de que el dinero, un lado de casi todos los acuerdos de intercambio, es lo que el gobierno llama dinero. Los gobiernos pretenden tener el derecho a hacer lo que esta doctrina les dice, que es declarar “dinero” cualquier cosa, incluso un pedazo de papel. Y esta es la raíz del problema monetario.
Eso hace posible hacer cualquier cosa con el dinero, falsificarlo o devaluarlo, de cualquier forma que se quiera siempre que se tenga el gobierno, sus jueces y sus ejecutores de tu lado. Y por tanto un sistema desarrollado que es bien conocido por todos. El gobierno presume que es su derecho, obligación y privilegio declarar qué es dinero y fabricar este dinero. Este sistema produce una situación en la que es posible que el gobierno haga lo que quiera, puede hacer cualquier cosa con el dinero. Y esto crea una situación en la que el gobierno usa su poder para imprimir y acuñar dinero para fines como aumentar los medios, el poder adquisitivo con el que aparece en el mercado.

martes, 21 de febrero de 2017

Cuidado con los alquimistas



 


[Este artículo está extraído del libro Cuidado con los alquimistas, que está accesible completo en nuestra sección de e-books]

Prólogo

Tras la creación de la Fundación para el Educación Económica (Foundation for Economic Education – FEE) en 1946, Ludwig von Mises se convirtió en asesor a tiempo parcial y desempeñó esa labor hasta su muerte en 1973. Siempre que la FEE tenía un seminario en Irvington, si no estaba en el pueblo, conducía desde Nueva York, donde vivía con su esposa, Margit, para hablar a los principiantes. Su tema muy a menudo era la inflación. Yo estuve en todas esas clases, las apunté en taquigrafía y posteriormente las transcribí. A mí se me ocurrió la idea de que se podía integrar ocho o diez de sus clases sobre inflación, realizadas en la década de 1960, eliminando duplicados y convertirlas en una sola obra. Es este trabajo.
A Mises no le gustaba que se citaran o publicaran sus comentarios orales, porque, evidentemente, no representaban el cuidado y la precisión que dedicaba a sus escritos. Sin embargo no me parece que estas clases como las he editado representen incorrectamente sus ideas en modo alguno. Además, revelan su forma no pretenciosa y su sencillo estilo informal que usaba al hablar a estudiantes. A menudo reformulaba una idea de distintas formas, repitiéndolas para darle énfasis. Se le acusaba a menudo de ser “simplificador” o de hacer que los temas económicos parecieran claros y sencillos, pero fue esta misma aproximación la que hizo posible que personas incluso sin ningún conocimiento de economía entendieran y apreciaran lo que estaba diciendo.
Bettina Bien Graves, marzo de 2001.
Cooperación humana
La cooperación humana es diferente de las actividades que tuvieron lugar bajo condiciones prehumanas en el reino animal  y entre personas o grupos aislados durante las épocas primitivas. La facultad humana concreta que distingue al hombre del animal es la cooperación. Los hombres cooperan. Eso significa que, en sus actividades, anticipa que las actividades por parte de otra gente lograrán ciertas cosas para producir los resultados que buscan con su propio trabajo. El mercado es ese estado de cosas bajo el cual te doy algo ti para recibir algo de ti. No sé cuántos de vosotros tiene alguna idea de latín, pero en una expresión latina de hace ya 2.000 años estaba la mejor descripción del mercado: do ut des¸ doy para que me des. Yo contribuyo en algo para que debas contribuir con otra cosa. A partir de esto se desarrolló la sociedad humana, el mercado, la cooperación pacífica entre personas. Cooperación social significa división del trabajo.
Los diversos miembros, las diversas personas en una sociedad no viven sus vidas sin ninguna referencia o conexión con otra personas. Gracias a la división del trabajo, estamos conectados con otros trabajando para ellos y recibiendo y consumiendo lo que otros han producido para nosotros. Como consecuencia, tenemos una economía de intercambio que consiste en la cooperación de muchas personas. Todos producen, no solo para sí mismos, sino para otra gente con la expectativa de que esa otra gente producirá para ellos. Este sistema requiere actos de intercambio.
La cooperación pacífica, los logros pacíficos de los hombres se efectúan en el mercado. Cooperación significa necesariamente que la gente intercambia servicios y productos de servicios, bienes. Estos intercambios constituyen el mercado. El mercado es precisamente la libertad de la gente para producir, consumir, determinar qué hay que producir, en qué cantidad, de qué calidad y a quién van a ir dichos productos. Ese sistema libre es imposible sin mercado: ese sistema libre es el mercado.
Tenemos la idea de que las instituciones humanas son o bien (1) el mercado, el intercambio entre personas, o bien (2) el gobierno, una institución que, en la cabeza de mucha gente, es algo superior al mercado y podría existir en ausencia de mercado. La verdad es que el gobierno (es decir, el recurso a la violencia, necesariamente el recurso a la violencia) no puede producir nada. Todo lo que se produce, se produce por las actividades de personas y se usa en el mercado para recibir algo a cambio de ello.
Es importante recordar que todo lo que se hace, todo lo que ha hecho el hombre, todo lo que hace la sociedad, es el resultado de esa cooperación y acuerdos voluntarios. La cooperación social entre hombres (y esto significa el mercado) es lo que produce la civilización y es lo que ha producido todas las mejoras en las condiciones humanas que disfrutamos hoy.

El medio de intercambio: El dinero

La definición de dinero es muy sencilla. El dinero es el medio general de intercambio usado en el mercado. El dinero, el medio de intercambio, es algo que la gente elige para facilitar el intercambio de productos. El dinero es un fenómeno de mercado. ¿Qué significa esto? Significa que el dinero se desarrolla en el mercado y que su desarrollo y su funcionamiento no tienen nada que ver con el gobierno, el estado o con la violencia ejercida por los gobiernos.
El mercado desarrolló lo que se llama intercambio indirecto. El hombre que no podía conseguir lo que quería en el mercado mediante el intercambio directo, mediante trueque, aceptaba otra cosa, algo que se consideraba más fácil de negociar, algo con lo que esperaba comerciar después por lo que realmente quería. El mercado, la gente en el mercado, la gente que organiza la división del trabajo y genera el sistema en el que un hombre fabrica zapatos y otro fabrica abrigos, generó el sistema en el que pueden intercambiarse abrigos por zapatos, pero solo se volvió práctico debido a la diferencia de importancia y valor por la intermediación del dinero. Así que el sistema de mercado hizo posible para la gente que no podía obtener hoy lo que necesitaba, lo que quería comprar en el mercado, tomar, a cambio de lo que comerciaba, un medio de intercambio, es decir, algo que se usara más fácilmente en el mercado que lo que traía al mercado para intercambiar. Con un medio de intercambio, los originadores del intercambio pueden conseguir satisfacción final adquiriendo esas cosas que quieren consumir.
El dinero es un medio de intercambio porque la gente lo usa como tal. La gente no come dinero: pide dinero porque quiere usarlo para entregarlo en otro contrato. Y este trueque o comercio es técnicamente posible solo si hay un medio de intercambio, una moneda, con la que pueda intercambiar lo que tiene por las cosas que quiere y necesita. Todas las entregas y recepciones mutuas que tienen lugar en el mercado, todos estos intercambios mutuos que llevan al desarrollo del dinero, son logros voluntarios de personas individuales.
A través de una larga evolución, los gobiernos, o ciertos grupos de gobiernos, han promocionado la idea de que el dinero no es sencillamente un fenómeno del mercado, sino que es lo que el gobierno califique como dinero. Pero el dinero no es lo que dice el gobierno. La idea del dinero es que es un medio de intercambio: alguien que vende algo y no está en disposición de intercambiar de nuevo inmediatamente por lo que quiere consumir consigue otra cosa que puede intercambiar por esta en una fecha posterior. Esta “otra cosa” es un medio de intercambio, porque el hombre vende, digamos, pollos o huevos, no obtiene o no puede obtener directamente lo que quiere consumir, sino que debe tomar alguna otra cosa que usar en una fecha posterior para conseguir lo que necesita.
Si la gente dice que el dinero no es lo más importante del mundo, pueden tener toda la razón desde el punto de vista de las ideas que son responsables de la gestión de los asuntos humanos. Pero si dicen que el dinero no es importante, no entienden lo que hace el dinero. El dinero, el medio de intercambio, hace posible para todos conseguir lo quieren intercambiando una y otra vez. Puede que no adquiera directamente las cosas que quiere consumir. Pero el dinero facilita al individuo satisfacer sus necesidades mediante otros intercambios. En otras palabras, la gente primero intercambia lo que ha producido y luego, mediante intercambios posteriores, puede adquirir las cosas que quiere consumir. Y este es el servicio que presta el dinero al sistema económico: facilita a la gente adquirir las cosas que quiere y necesita.

El papel de jueces y tribunales

La interferencia pública en el mercado y el dinero se produce solo en casos en que las personas no están dispuestas a hacer lo que voluntariamente prometieron hacer. Habiendo elegido para sí mismo el campo en el que quiere trabajar, debe trocar o comerciar con lo que ha producido para sobrevivir, para obtener las cosas que necesita para vivir. Si los actos de intercambio son tales que todos dan y reciben los bienes y servicios contratados al mismo tiempo, puede haber dificultades. El valor y significado de las cosas que se entregan y las que se reciben no son nunca iguales o idénticos, no solo en tamaño y calidad, sino también, lo que es más importante, respecto del periodo en el que se va a realizar el intercambio.
Si la gente contrata, si ambas partes deciden que debe hacerse algo inmediatamente, no hay en general razón para ningún desacuerdo entre las partes. Ambas partes del intercambio reciben inmediatamente lo que quieren adquirir a cambio de lo que entregan. Todo el acto de intercambio se acaba entonces, no hay consecuencias posteriores. Pero la mayoría de los intercambios no son así. En realidad hay muchos intercambios en los que ambas partes no tienen que entregar inmediatamente lo que están obligadas a entregar. Si las partes de un contrato, de un intercambio, quieren posponer la realización, la ejecución de su contrato, pueden aparecer diferencias de opinión, algunas diferencias de opinión muy importantes, con respecto a lo correcto de la contribución de una parte u otra. Traducido del lenguaje más abstracto utilizado por abogados y economistas, eso significa que si un hombre ha contratado con otro hombre y ha prometido hacer algo en una fecha posterior, puede plantearse la pregunta de si cuando llegue ese momento su promesa se ha cumplido realmente de manera acorde con las condiciones del contrato.
El dinero es un medio de intercambio, un fenómeno que evolucionó del mercado. El dinero es el resultado de una evolución histórica que, en el curso de muchos cientos y miles de años, produjo el uso del intercambio mediante la intermediación de un medio de intercambio. El dinero es el medio de intercambio generalmente aceptado y generalmente usado, no es algo creado por el gobierno: es algo creado por las personas comprando y vendiendo en el mercado. Pero si la gente no cumple los acuerdos aceptados voluntariamente, el gobierno tiene que intervenir. Y en cualquier interferencia del gobierno, este tiene que averiguar antes de interferir si hubo realmente una violación de contratos acordados voluntariamente Esos contratos son la consecuencia de acuerdos y si la gente no cumple con lo que ha prometido es entonces el estado el que tiene que interferir para impedir que las personas recurran a la violencia. Se reclama al gobierno que proteja el mercado frente a gente que no quiera cumplir con las obligaciones que tiene que cumplir en el mercado y entre esas obligaciones está la de hacer pagos en cantidades concretas de dinero. Si alguien quiere apelar a la interferencia pública contra otra persona porque esa persona no cumplió con lo que había aceptado voluntariamente como un acuerdo, entonces es tarea del gobierno, de los tribunales, de los jueces, determinar qué es dinero y qué no. Así que lo que hacían los gobiernos, lo que habían hecho los gobiernos durante miles años, podríamos decir, es aprovechar mal la posición que les da esto para declarar como dinero lo que no es dinero o lo que tiene un poder adquisitivo menor por pieza individual.
El mercado, la institución social real, la institución social fundamental, tiene una debilidad aterradora. La debilidad no está en la institución del mercado, sino en los seres humanos que operan en el mercado. Hay gente que no quiere cumplir con el principio fundamental del mercado: el acuerdo voluntario y la acción de acuerdo con el acuerdo voluntario. Hay gente que recurre a la violencia. Y hay gente que no quiere cumplir con las obligaciones que ha aceptado voluntariamente de acuerdo con otra gente. El mercado, la institución social humana fundamental, no puede existir si no hay una institución que le proteja contra esa gente que o recurre a la violencia o no está dispuesta a cumplir con las obligaciones que ha aceptado voluntariamente. Esta institución es el estado, el poder policial del estado, el poder de recurrir a la violencia para impedir que otra gente, hombres normales, recurran a la violencia. La violencia es algo malo. El hecho de que la violencia sea necesaria, que sea indispensable en algunas situaciones, como para resolver disputas respecto de contratos, no hace de la institución que impone la violencia una buena institución. Sin embargo prevalece la idea más o menos en todo el mundo de que, por un lado, el gobierno, la institución que recurre a la violencia, es algo grande y bueno, y que, por otro, el mercado, el sistema de cooperación social voluntaria, aunque quizá sea necesario (aunque mucha gente ni siquiera se da cuenta de esto) indudablemente no es algo que deba ser considerado como bueno.
Ahora, todo lo que ha logrado la acción humana es el resultado de la cooperación voluntaria del hombre. Lo que hace el gobierno o lo que tendría que hacer el gobierno es proteger estas actividades frente a la gente que no cumple las normas que son necesarias para la preservación de la sociedad humana y todo lo que esta produce. Por cierto, la principal función del gobierno, o digamos su única función, es conservar el sistema de acción o cooperación voluntaria entre la gente, impidiendo que la gente recurra a la violencia. Lo que tiene que hacer el gobierno con respecto a este medio de intercambio es solo impedir que la gente rehúse cumplir los compromisos que ha asumido. No es una función de crear algo: es una función de proteger a los que están creando.
Entre las cosas que hacen a veces los individuos refractarios es incumplir sus obligaciones bajo acuerdos de mercado. Por decirlo de forma sencilla, una persona llega a un acuerdo y aun así esa persona no cumple con sus obligaciones bajo dicho acuerdo. Entonces es necesario recurrir a la acción pública. Lo que puedes hacer si la otra parte de un acuerdo dice: “Sí, lo sé. Recibí algo de ti por un acuerdo por el cual yo estaba obligado a darte algo a cambio. Pero no te lo daré. Soy malo. ¿Qué vas a hacer? Debes sonreír y aguantarte”. O es posible que la persona que tiene que darte algo posteriormente diga: “Lo siento, pero no te lo puedo dar o no te lo daré”. Esto hace que se venga abajo todo el sistema de mercado de los intercambios, todo el sistema basado en las acciones voluntarias de las personas.
Si un hombre ha ofrecido un contacto para entregar, por ejemplo, patatas en tres meses, puede plantearse la pregunta de si lo que entrega al comprador son realmente patatas en el sentido del contrato. La parte obligada a entregar patatas puede haber entregado algo que la otra parte no considere patatas. Entonces la segunda parte dice: “Llegamos a un acuerdo con respecto a unas patatas en el que teníamos en mente otra cosa. Teníamos en mente algo que tenía ciertas cualidades que no tienen estas patatas”. Es entonces tarea del gobierno, del juez al que nombra el gobierno para este fin, descubrir si estas patas cuestionables son o no realmente lo que entendían como “patatas” las partes contratantes. No deben estar podridas, deben tener ciertas características, deben ser patatas de acuerdo con los usos comerciales, etcétera. Pueden ser patatas desde el punto de vista de un profesor de botánica, pero no ser patatas desde el punto de vista del empresario. Esto es algo que la práctica comercial determina en todas partes. El juez puede no estar familiarizado con todo lo que pasa en el mundo y, por tanto, a menudo necesita la ayuda de un experto. El experto debe decir si las patas en cuestión deberían o no ser consideradas el tipo de patatas indicadas en el acuerdo. Y además es tarea del juez considerar el consejo del experto y determinar si lo que se ha entregado realmente son patatas o si son otra cosa.
Los acuerdos referidos a productos como patatas (o cualquier otra cosa: trigo, por ejemplo) que se producen habitualmente en el mercado mediante la intermediación de un medio de intercambio, popularmente llamado “dinero”, pueden incumplirse, como hemos visto, en el lado del producto. Pero también pueden incumplirse por el lado del dinero. Eso significa que un conflicto, una diferencia de opinión, puede aparecer entre las dos partes de un contrato con respecto al dinero que tiene que pagarse para cumplir con el contrato. El gobierno no estuvo directamente implicado en la evolución del dinero: la tarea del gobierno a este respecto es simplemente ver que la gente cumple los términos de sus contratos con respecto al dinero. Igual que un juez puede decir qué quiere decirse o no en el contrato con la palabra “patatas” o “trigo”, en situaciones especiales, para mantener las condiciones pacíficas en el país, el juez debe determinar qué se quería decir cuando las partes de un contrato mencionaban el “dinero”. ¿Qué usaba la gente como medio de intercambio? ¿Qué tenían en mente en su contrato cuando dijeron “Te pagaré cierta cantidad de unidades de ‘dinero’ cuando hagas lo que has prometido”? Se llamen esas unidades dólares o táleros o marcos o libras no importa: el gobierno solo tiene que descubrir cuál era el significado del contrato.
Eso es lo que tiene que decidir el gobierno. No tiene el poder para llamar “dinero” a algo que las partes no consideran dinero cuando concluyen su contrato igual que no tiene poder para llamar “patatas” a lo que no son patatas o, por ejemplo, llamar “cobre” a un pedazo de hierro. El dinero no es originalmente lo que el gobierno dice que es: es solo que debe decir qué significa “dinero” en el caso de un contrato en conflicto. Tengo que decir todo esto para señalar algo que la gente no parece saber hoy, que es que el dinero no lo creó el gobierno. La gente no sabe hoy esto porque las ideas estatistas acerca del mercado y acerca del dinero han destruido el conocimiento de cómo se crea el dinero. Solo tratando el problema de si se han cumplido o no las obligaciones monetarias es como el gobierno o, digamos, el juez tienen algo que decir acerca del dinero. Solo de esta manera el gobierno entra en contacto, entra originalmente en contacto con el dinero: como entra en contacto con todo lo demás, es decir, con patatas, trigo, manzanas, automóviles, etcétera. Por tanto no es verdad que el dinero sea algo que deriva del gobierno, que el gobierno sea soberano con respecto al dinero y que pueda decir qué es dinero. No es verdad que la relación del gobierno con el dinero sea distinta de con otras cosas. El dinero es un producto de los acuerdos de mercado igual que todo lo que entra en los acuerdos de intercambio.
Si un juez tuviera que decir que todo lo que el gobierno llama un caballo es lo que el gobierno llama un caballo y que el gobierno tiene el derecho a calificar a un pollo como un caballo, todos le considerarían corrupto o loco. Pero ene l curso de una larga evolución, el gobierno ha convertido la situación en la que el gobierno debe resolver disputas con respecto al significado de “dinero” tal y como se refiere en lo contratos, a otra situación. A lo largo de siglos, muchos gobiernos y muchas teorías del derecho han generado la doctrina de que el dinero, un lado de casi todos los acuerdos de intercambio, es lo que el gobierno llama dinero. Los gobiernos pretenden tener el derecho a hacer lo que esta doctrina les dice, que es declarar “dinero” cualquier cosa, incluso un pedazo de papel. Y esta es la raíz del problema monetario.
Eso hace posible hacer cualquier cosa con el dinero, falsificarlo o devaluarlo, de cualquier forma que se quiera siempre que se tenga el gobierno, sus jueces y sus ejecutores de tu lado. Y por tanto un sistema desarrollado que es bien conocido por todos. El gobierno presume que es su derecho, obligación y privilegio declarar qué es dinero y fabricar este dinero. Este sistema produce una situación en la que es posible que el gobierno haga lo que quiera, puede hacer cualquier cosa con el dinero. Y esto crea una situación en la que el gobierno usa su poder para imprimir y acuñar dinero para fines como aumentar los medios, el poder adquisitivo con el que aparece en el mercado.


domingo, 12 de febrero de 2017

En un mercado libre, ningún beneficio es “excesivo”



 

[Publicado originalmente en Planificación para la libertad]
Los beneficios nunca son normales. Solo aparecen cuando hay un desajuste, una divergencia entre la producción real y la producción que debería haber para utilizar el material y los recursos mentales disponibles para la mejor satisfacción posible de los deseos del público. Son premios para quienes eliminan estos desajustes y desaparecen tan pronto como se eliminan completamente dichos desajustes. En la construcción imaginaria de una economía de rotación constante no hay beneficios. En esta, la suma de los precios de los factores complementarios de producción, debido a la asignación realizada por la preferencia temporal, coincide con el precio del producto.
Cuanto mayores sean los desajustes precedentes, mayor será el beneficio ganado con su eliminación. Los desajustes pueden calificarse a veces como excesivos. Pero es inapropiado aplicar el calificativo “excesivo” a los beneficios.
La gente llega a la idea de los beneficios excesivos comparando el beneficio obtenido con el capital empleado en la empresa y midiendo dicho beneficio como porcentaje del capital. Este método lo sugiere el procedimiento habitual aplicado en sociedades y corporaciones para la asignación de cuotas del beneficio total a socios y accionistas individuales. Estos hombres han contribuido en un grado distinto a la realización del proyecto y comparten los beneficios y pérdidas de acuerdo con el grado de su contribución.
Pero no es el capital empleado el que crea pérdidas y ganancias. El capital no “engendra beneficio”, como pensaba Marx. Los bienes de capital como tales son cosas inertes que por sí mismas no consiguen nada. Si se utilizan un para una buena idea, se generan beneficios. Si se utilizan de acuerdo con una idea errónea, no se genera ningún beneficio ni pérdida. Es la decisión empresarial la que genera beneficio o pérdida. Es de los actos mentales, de la mente del empresario, de donde se acaba originando el beneficio. El beneficio un producto de la mente, del éxito en prever el estado futuro del mercado. Es un fenómeno espiritual e intelectual.
Lo absurdo de condenar cualquier beneficio como excesivo puede demostrarse fácilmente. Una empresa con un capital por la cantidad c produce una cantidad concreta de p que se vende a precios que producen una plusvalía de ingresos por encima de los costes de s y consiguientemente un beneficio del n%. Si un empresario hubiera sido menos capaz, habría necesitado un capital de 2c para la producción de la misma cantidad de p. Para facilitar la documentación podemos incluso olvidar el hecho de que esto habría aumentado necesariamente los costes de producción ya que habría doblado el interés sobre capital empleado y podemos suponer que s hubiera permanecido sin cambios. Pero en todo caso s se habría comparado con 2c en lugar de c y por tanto el beneficio habría sido sólo del n/2% del capital empleado. El beneficio “excesivo” se habría reducido a un nivel “justo”. ¿Por qué? Porque el empresario buen menos eficiente y porque su falta de eficiencia vivo a sus conciudadanos de todas las ventajas que podrían haber contenido si se hubiera dejado disponible una cantidad c de bienes de capital para la producción de otras mercancías.
Al calificar los beneficios como excesivos y penalizar a los empresarios eficientes con impuestos discriminatorios, la gente se daña a sí misma. Gravar los beneficios es equivalente a gravar el éxito en atender mejor al público. El único objetivo de todas las actividades de producción es emplear los factores de producción de tal manera que generen el mayor rendimiento posible. Cuanto menor sea la entrada requerida para la producción montículo, más factores escasos de producción quedarán para la producción de otros artículos. Pero cuanto más éxito tiene un empresario este respecto, más es atacado y más es saqueado por los impuestos. Aumentar los costos por unidad de producción, es decir, desperdiciar, se alaba como una virtud.
La manifestación más asombrosa de esta completa incapacidad de entender la tarea de la producción y la naturaleza y funciones de las pérdidas y ganancias se muestra en la superstición popular de que el beneficio es un añadido a los costes de producción, cuyo tamaño depende únicamente de la discreción del vendedor. Es esta creencia la que ha empujado a los gobiernos a controlar los precios. Es la misma creencia que impulsado amuchos gobiernos a llegar a acuerdos con sus contratistas de acuerdo con los cuales el precio pagado por un artículo entregado es igual a los costos de producción gastados por el vendedor más un porcentaje definido. El efecto fue que el proveedor obtenía una mayor plusvalía cuanto menos éxito tuviera al minimizar costes superfluos. Los contratos de este tipo aumentaron considerablemente las sumas que Estados Unidos tuvo que gastar en las dos guerras mundiales. Pero los burócratas, sobre todo los profesores de economía que trabajaban en diversas agencias bélicas, presumían de su inteligente manejo de la situación.
Todas las personas, empresarios y no empresarios, ven con recelo cualquier beneficio obtenido por otra gente. La envidia es una debilidad común del hombre. Las personas se resisten a reconocer el hecho de que ellas mismas podrían haber obtenido ganancias si hubieran mostrado la misma previsión y juicio que los empresarios de éxito. Su resentimiento es más evidente cuanto más conscientes sean de este hecho en su subconsciente.
No habría ningún beneficio si no fuera por el deseo del público de adquirir la mercancía ofrecida a la venta por el empresario de éxito. Pero la misma gente que sale en desbandada en busca de estos artículos denigra al empresario y califica su beneficio como injusto.
La expresión semántica de esta envidia es la distinción entre renta ganada y no ganada. Aparece en los libros de texto, el lenguaje del derecho y el procedimiento administrativo. Así como por ejemplo, el formulario oficial 201 de la declaración de la renta del estado de Nueva York llama “ganancias” solo a la retribución recibida por empleados y por tanto todas las demás rentas, también las que resultan del ejercicio de una profesión, son rentas no ganadas. Esa es la terminología de un estado cuyo gobernador es un republicano y cuya asamblea estatal tiene una mayoría republicana.
La opinión pública sólo perdona el beneficio en la medida en que no exceda el salario pagado a un empleado. Todo lo que exceda se rechaza como injusto. El objetivo de los impuestos, bajo el principio de la capacidad de pago, es confiscar este exceso.
Pero una de las funciones principales del beneficio es trasladar el control del capital a aquellos que saben cómo emplearlo de la mejor manera para la satisfacción del público. Cuantos más beneficios gane una persona, mayor se hace consecuentemente su riqueza y más influyente se convierte en la dirección de los negocios. Pérdidas y ganancias son los instrumentos por medio de los cuales los consumidores trasladan la dirección de las actividades de producción a las manos de aquellos mejor dotados para atenderles. Todo lo que se realice para limitar o confiscar beneficios perjudica esta función. El resultado de esas medidas es rebajar el control que tienen los consumidores sobre la producción. La máquina económica, desde el punto de vista de la gente, se hace menos eficiente y responde peor.
La envidia del hombre común ve los beneficios de los empresarios como si se usaran únicamente para el consumo. Por supuesto, una parte [Publicado originalmente en Planificación para la libertad]

Los beneficios nunca son normales. Solo aparecen cuando hay un desajuste, una divergencia entre la producción real y la producción que debería haber para utilizar el material y los recursos mentales disponibles para la mejor satisfacción posible de los deseos del público. Son premios para quienes eliminan estos desajustes y desaparecen tan pronto como se eliminan completamente dichos desajustes. En la construcción imaginaria de una economía de rotación constante no hay beneficios. En esta, la suma de los precios de los factores complementarios de producción, debido a la asignación realizada por la preferencia temporal, coincide con el precio del producto.

Cuanto mayores sean los desajustes precedentes, mayor será el beneficio ganado con su eliminación. Los desajustes pueden calificarse a veces como excesivos. Pero es inapropiado aplicar el calificativo “excesivo” a los beneficios.

La gente llega a la idea de los beneficios excesivos comparando el beneficio obtenido con el capital empleado en la empresa y midiendo dicho beneficio como porcentaje del capital. Este método lo sugiere el procedimiento habitual aplicado en sociedades y corporaciones para la asignación de cuotas del beneficio total a socios y accionistas individuales. Estos hombres han contribuido en un grado distinto a la realización del proyecto y comparten los beneficios y pérdidas de acuerdo con el grado de su contribución.

Pero no es el capital empleado el que crea pérdidas y ganancias. El capital no “engendra beneficio”, como pensaba Marx. Los bienes de capital como tales son cosas inertes que por sí mismas no consiguen nada. Si se utilizan un para una buena idea, se generan beneficios. Si se utilizan de acuerdo con una idea errónea, no se genera ningún beneficio ni pérdida. Es la decisión empresarial la que genera beneficio o pérdida. Es de los actos mentales, de la mente del empresario, de donde se acaba originando el beneficio. El beneficio un producto de la mente, del éxito en prever el estado futuro del mercado. Es un fenómeno espiritual e intelectual.

Lo absurdo de condenar cualquier beneficio como excesivo puede demostrarse fácilmente. Una empresa con un capital por la cantidad c produce una cantidad concreta de p que se vende a precios que producen una plusvalía de ingresos por encima de los costes de s y consiguientemente un beneficio del n%. Si un empresario hubiera sido menos capaz, habría necesitado un capital de 2c para la producción de la misma cantidad de p. Para facilitar la documentación podemos incluso olvidar el hecho de que esto habría aumentado necesariamente los costes de producción ya que habría doblado el interés sobre capital empleado y podemos suponer que s hubiera permanecido sin cambios. Pero en todo caso s se habría comparado con 2c en lugar de c y por tanto el beneficio habría sido sólo del n/2% del capital empleado. El beneficio “excesivo” se habría reducido a un nivel “justo”. ¿Por qué? Porque el empresario buen menos eficiente y porque su falta de eficiencia vivo a sus conciudadanos de todas las ventajas que podrían haber contenido si se hubiera dejado disponible una cantidad c de bienes de capital para la producción de otras mercancías.

Al calificar los beneficios como excesivos y penalizar a los empresarios eficientes con impuestos discriminatorios, la gente se daña a sí misma. Gravar los beneficios es equivalente a gravar el éxito en atender mejor al público. El único objetivo de todas las actividades de producción es emplear los factores de producción de tal manera que generen el mayor rendimiento posible. Cuanto menor sea la entrada requerida para la producción montículo, más factores escasos de producción quedarán para la producción de otros artículos. Pero cuanto más éxito tiene un empresario este respecto, más es atacado y más es saqueado por los impuestos. Aumentar los costos por unidad de producción, es decir, desperdiciar, se alaba como una virtud.

La manifestación más asombrosa de esta completa incapacidad de entender la tarea de la producción y la naturaleza y funciones de las pérdidas y ganancias se muestra en la superstición popular de que el beneficio es un añadido a los costes de producción, cuyo tamaño depende únicamente de la discreción del vendedor. Es esta creencia la que ha empujado a los gobiernos a controlar los precios. Es la misma creencia que impulsado amuchos gobiernos a llegar a acuerdos con sus contratistas de acuerdo con los cuales el precio pagado por un artículo entregado es igual a los costos de producción gastados por el vendedor más un porcentaje definido. El efecto fue que el proveedor obtenía una mayor plusvalía cuanto menos éxito tuviera al minimizar costes superfluos. Los contratos de este tipo aumentaron considerablemente las sumas que Estados Unidos tuvo que gastar en las dos guerras mundiales. Pero los burócratas, sobre todo los profesores de economía que trabajaban en diversas agencias bélicas, presumían de su inteligente manejo de la situación.

Todas las personas, empresarios y no empresarios, ven con recelo cualquier beneficio obtenido por otra gente. La envidia es una debilidad común del hombre. Las personas se resisten a reconocer el hecho de que ellas mismas podrían haber obtenido ganancias si hubieran mostrado la misma previsión y juicio que los empresarios de éxito. Su resentimiento es más evidente cuanto más conscientes sean de este hecho en su subconsciente.

No habría ningún beneficio si no fuera por el deseo del público de adquirir la mercancía ofrecida a la venta por el empresario de éxito. Pero la misma gente que sale en desbandada en busca de estos artículos denigra al empresario y califica su beneficio como injusto.

La expresión semántica de esta envidia es la distinción entre renta ganada y no ganada. Aparece en los libros de texto, el lenguaje del derecho y el procedimiento administrativo. Así como por ejemplo, el formulario oficial 201 de la declaración de la renta del estado de Nueva York llama “ganancias” solo a la retribución recibida por empleados y por tanto todas las demás rentas, también las que resultan del ejercicio de una profesión, son rentas no ganadas. Esa es la terminología de un estado cuyo gobernador es un republicano y cuya asamblea estatal tiene una mayoría republicana.

La opinión pública sólo perdona el beneficio en la medida en que no exceda el salario pagado a un empleado. Todo lo que exceda se rechaza como injusto. El objetivo de los impuestos, bajo el principio de la capacidad de pago, es confiscar este exceso.

Pero una de las funciones principales del beneficio es trasladar el control del capital a aquellos que saben cómo emplearlo de la mejor manera para la satisfacción del público. Cuantos más beneficios gane una persona, mayor se hace consecuentemente su riqueza y más influyente se convierte en la dirección de los negocios. Pérdidas y ganancias son los instrumentos por medio de los cuales los consumidores trasladan la dirección de las actividades de producción a las manos de aquellos mejor dotados para atenderles. Todo lo que se realice para limitar o confiscar beneficios perjudica esta función. El resultado de esas medidas es rebajar el control que tienen los consumidores sobre la producción. La máquina económica, desde el punto de vista de la gente, se hace menos eficiente y responde peor.

La envidia del hombre común ve los beneficios de los empresarios como si se usaran únicamente para el consumo. Por supuesto, una parte de ellos se consumen. Pero sólo obtienen riqueza e influencia en el mundo de los negocios aquellos empresarios que consumen solo una fracción de sus ingresos y reinvierte en la mayor parte en sus empresas. Lo que hace que las pequeñas empresas se conviertan en grandes empresas no es el gasto, sino el ahorro y la acumulación de capital.

El artículo original se encuentra aquí.de ellos se consumen. Pero sólo obtienen riqueza e influencia en el mundo de los negocios aquellos empresarios que consumen solo una fracción de sus ingresos y reinvierte en la mayor parte en sus empresas. Lo que hace que las pequeñas empresas se conviertan en grandes empresas no es el gasto, sino el ahorro y la acumulación de capital.

El artículo original se encuentra aquí.



miércoles, 4 de enero de 2017

Individualismo y civilización





[Extraído de Liberty and Property (1958)]
El principio distintivo de la filosofía social occidental es el individualismo. Se dirige a la creación de un esfera en la que el individuo es libre para pensar, para elegir y para actuar sin verse limitado por la interferencia del aparato social de coacción y opresión, el Estado. Todos los logros espirituales y materiales de la civilización occidental fueron el resultado del funcionamiento de esta idea de libertad.
Esta doctrina y las políticas del individualismo y del capitalismo, su aplicación a asuntos económicos, no necesitan ningún defensor o propagandista. Sus logros hablan por sí mismos.
La defensa del capitalismo y la propiedad privada se basa, aparte de otras consideraciones, también en la incomparable eficiencia de su funcionamiento productivo. Es esta eficiencia la que hace posible que las empresas capitalistas apoyen a una población que crece rápidamente con un nivel de vida que está mejorando continuamente. La prosperidad progresiva resultante de las masas crea un entorno social en el que las personas con cualidades excepcionales tienen libertad para dar a sus conciudadanos todo lo que son capaces de dar. El sistema social de propiedad privada y gobierno limitado es el único sistema que tiende a desbarbarizar a todos aquellos que tienen la capacidad innata de adquirir cultura personal.
Es un pasatiempo gratuito minusvalorar los logros materiales del capitalismo señalando que hay cosas que son más esenciales para la humanidad que automóviles más grandes y rápidos y viviendas equipadas con calefacción central, aire acondicionado, neveras, lavaplatos y televisores. Indudablemente existen esos empeños más altos y nobles. Pero son más altos y más nobles precisamente porque no se puede aspirar a ellos mediante ningún esfuerzo externo, sino que requieren de la determinación personal individual y el  ejercicio de esta. Quienes plantean este reproche contra el capitalismo muestran una visión bastante cruda y materialista al suponer que la cultura moral y espiritual podría ser creada por el gobierno o por las actividades de la organización de producción. Todos lo que pueden conseguir estos factores externos a este respecto es crear un entorno y una competencia que ofrezcan las personas la oportunidad de trabajar para su propia perfección y edificación personal. No es culpa del capitalismo que las masas prefieran un combate de boxeo a un representación de la Antígona de Sófocles, la música de jazz a las sinfonías de Beethoven y los cómics a la poesía. Pero es seguro que aunque las condiciones capitalistas que prevalecen en buena parte del mundo hacen que estas cosas buenas todavía sean accesibles solo a una pequeña minoría de la gente, el capitalismo da a muchos una oportunidad favorable de tratar de conseguirlas.
Desde cualquier ángulo del que se pueda mirar al capitalismo, no hay razón para lamentar la pérdida de los supuestamente buenos viejos tiempos. Está aún menos justificado echar de menos las utopías totalitarias, ya sean del tipo nazi o del soviético.
Esta noche inauguramos la novena reunión de la sociedad Mont Pelerin. Es apropiado recordar en esta ocasión que reuniones de este tipo en las que opiniones opuestas a las de la mayoría de nuestros contemporáneos y las de sus gobiernos se llevan a cabo y son posibles solo en el ambiente de libertad que es la señal más preciosa de la civilización occidental. Esperemos que este derecho a disentir nunca desaparezca.

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