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domingo, 11 de junio de 2017

¿A la anarquía por el blockchain?


Me han llamado la atención las empresas Stampery y Aragon, que conozco por vía del empresario Luis Iván Cuende. Son dos soluciones tecnológicas basadas en la cadena de bloques (blockchain). Creo que merece la pena recordar qué es blockchain. Como señalaba en otro artículo, se ha llamado bitcoin a tres cosas diferentes: una moneda virtual, una tecnología asociada a ella y una red de ordenadores que es la base de esa moneda. A estos dos últimos elementos se le llama blockchain. Es un sistema en el que se registran datos; como una libreta. En el caso de bitcoin, la blockchain recoge las transacciones, pero como señalé en este artículo, también se puede recoger otra información.
Lo característico de esta tecnología es que cada bloque, que es como una hoja de esta libreta, está vinculada al bloque anterior, de modo que para modificarlo, hay que dar un salto atrás en la cadena y modificar el precedente; y lo mismo ocurre con este. Al final, para sortear el sistema hay que dedicar una gran cantidad de recursos, mayor cuanto más grande es la cadena de bloques. Como bitcoin descansa sobre la blockchain más larga, es la más difícil de violentar. En realidad ha alcanzado un tamaño que le hace invulnerable. Como dice Cuende, se ha convertido en “un repositorio de verdad”.
Esa verdad, en el sentido de ser un registro inmutable, es en lo que se basa el empresario para crear Stampery. Esta compañía ofrece un servicio de notarías que no está basado en los servicios profesionales, sino en esta tecnología. Han elegido la cadena de bloques de bitcoin. Pero tiene un problema, y es que el número de transacciones por minuto es bajo, y tiene una limitación teórica. Stampery sortea esta dificultad creando identificadores, que luego une por pares, en una estructura de árbol, de tal manera que con un sólo identificador se puede referir a un número de registros que es una enésima potencia de dos (“n” es el número de capas del árbol). El indicador que está en el vértice de este árbol es el que se engancha a la cadena. La solución es ingeniosa, pero quizás menos interesante que lo que logra: ofrecer un servicio de notarías, de registro de datos, que es descentralizado, no depende de la falible naturaleza humana, e inmutable.
También tiene otra solución que es importante desde el punto de vista liberal, de nombre Aragon. Se trata de una plataforma de creación de empresas, y su lógica es la siguiente: en lugar de crear una empresa con vinculación a un territorio, sobre el que se asienta un Estado y por tanto sobre cuya sociedad recae un ordenamiento jurídico y un régimen fiscal (entre otros elementos), se puede crear en internet, que no está vinculada a un territorio.
Aragon permite crear empresas que no tienen la sede en un país, cuyos empleados pueden trabajar de forma remota, con accionistas o inversores cuya identidad queda protegida por la cifra de una cartera virtual. Su base es Ethernet (otra cadena de bloques, que tiene su propia moneda), y se beneficia de la tecnología que se conoce como contratos inteligentes. Estos contratos son acuerdos entre las dos partes, y cuyo cumplimiento (el pago de una cantidad, la venta de unas acciones…) se realiza de forma automática. El objetivo de Aragon es la creación de un ecosistema de empresas descentralizado. Es decir, en el que no haya una organización centralizada (un gobierno) que medie entre lo que acuerdan las partes que conforman la empresa. Y, cabe pensar, que no medie tampoco en los acuerdos entre distintas empresas.
¿Qué implicaciones sociales pueden tener estas dos tecnologías? En el caso de Stampery, es un instrumento que realiza una labor muy cercana a la que hacen registradores y notarios. ¿Supone la desaparición de la fe pública? No, pues si el Estado obliga a que por ley, por ejemplo, un contrato hipotecario exija de la firma de un notario para que sea legal, el sistema se mantendrá intacto. Sí es cierto que la tecnología puede cumplir la misma función en países en los que no exista una figura como la del notario en España. ¿Y en el caso de Aragon? Cuende considera que una empresa cuya base es internet no tiene por qué tener una base territorial, y por tanto no tiene por qué estar sometida a las regulaciones de tal o cual país.
Yo estoy de acuerdo. Internet y las redes blockchain permiten recuperar la coexistencia de distintos órdenes jurídicos, que caracterizaba a la civilización antigua, la medieval, e incluso la era moderna anterior a la Ilustración. Los imperios podían dominar pueblos distintos, y en ocasiones éstos mantenían sus usos y sus leyes. También podían convivir el derecho del reino con el de la Iglesia. O una región o una ciudad dentro de un reino podían tener sus usos propios.
También vale como antecedente histórico el desarrollo de derechos propios de un ámbito económico específico. Es el caso del desarrollo del derecho mercantil en torno a las ciudades italianas en el medievo, o el origen del derecho marítimo en la Rodas del siglo III antes de Cristo, y que ha seguido vigente en sus fundamentos al menos hasta el siglo XX. Internet es también un ámbito económico propio, y puede desarrollar su propio derecho privado, con la ayuda de un desarrollo tecnológico como son los contratos inteligentes.
Lo que no comparto es su idea de que estas soluciones vayan a hacer que desaparezcan los gobiernos en unas cuantas décadas, y lo único que necesitamos para que eso ocurra es que se alcance una masa crítica de personas que pasan del Estado, y se organizan al margen de él. Bien, es la teoría del desprendimiento de Toni Mascaró, y creo firmemente en que una parte importante de la población se buscará la vida al margen de las fracasadas soluciones del Estado.
Pero hasta aquí. Cuende cree que no es una cuestión ideológica, sino que el motivo es que esta nueva realidad es mucho más productiva. Pero las empresas privadas ya son más productivas que las públicas, y sigue habiendo empresas públicas. El Estado no es una entidad sin voluntad; es un instrumento de poder, y quienes lo ocupan lo utilizan para ejercerlo. No surge como solución a una necesidad social que la tecnología no ha solventado hasta el momento, y por tanto ninguna tecnología podrá llevar a la desaparición del Estado. Su existencia es una cuestión política; es decir, de acotación y ocupación del poder coactivo. 

martes, 7 de marzo de 2017

La promesa de bitcoin

Ian Vásquez explica de qué consiste el dinero digital bitcoin y el potencial que tiene dentro de América Latina.
Una moneda que nació en el 2009, que no la administra un banco central ni una sola persona o grupo de personas y que se está usando cada vez más alrededor del mundo, rompió un récord esta semana. El dinero digital de bitcoin llegó a su punto más alto (vale más de US$1.270 por unidad) y también por primera vez sobrepasó el valor del oro.
No sabemos si el día de mañana seguirá incrementando su precio, si se volverá volátil o si se estabilizará. Ni siquiera podemos estar absolutamente seguros si de acá a un año seguirá existiendo, aunque apostaría a que sí. Lo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos es que bitcoin es una innovación que ofrece enormes ventajas para sus usuarios y para la sociedad. Para América Latina es una invención prometedora.
Bitcoin es una moneda digital global que se rige a base de reglas claras y transparentes, cuyas transacciones son seguras y públicas y que se administra de una manera absolutamente descentralizada. Es en realidad una tecnología financiera que por su diseño “abierto” y simultáneamente compartido por millones de usuarios no permite ser manipulada, pero sí permite la participación de un número ilimitado de usuarios.
El uso de bitcoin como método de intercambio también garantiza privacidad y una eficiencia que baja costos financieros, posibilita actividad económica que de otra manera hubiera sido reprimida y protege a los usuarios de algunos abusos bajo gobiernos autoritarios. Esas ventajas llegan lejos en América Latina.
No debe sorprender entonces el atractivo del dinero digital en los países que han sufrido de alta inflacióncontrol de precios y de capital y persecución política. Quizás donde más se ha extendido el uso de bitcoin en la región es en Venezuela y Argentina, los países con la inflación más alta. The New York Times reporta que en Argentina bitcoin se “está utilizando regularmente por personas comunes para transacciones comerciales reales”.
En Venezuela, donde el colapso de la economía y la escasez de casi todo —incluso dólares y otro efectivo— se ha convertido en una crisis social y humanitaria, se ha disparado el uso de bitcoin. Los controles de capital han hecho casi imposible importar bienes para gente común y corriente, mientras que la eficiencia y el uso anónimo de bitcoin prestan un enorme valor a esa moneda. De tal manera que los venezolanos que usan bitcoin esquivan a las autoridades al importar medicinas, comidas y otras necesidades, o para manejar sus negocios. Simplemente compran productos de Amazon u otras empresas a través de servicios en línea que aceptan bitcoin.
El uso de bitcoin es prometedor para toda la región. América Latina, por ejemplo, recibió US$70.000 millones en remesas el año pasado. Dado que los cobros por las agencias que hacen transferencias son altos y dado que los costos de usar bitcoin son nulos o ínfimos, su uso es ventajoso. Es más, si el presidente Trump intentara cobrar impuestos a tales transferencias, como alguna vez sugirió, daría un impulso a bitcoin que ofrecería una manera ideal de eludir esos costos.
La moneda digital puede hacer mucho para promover la inclusión financiera. En una región donde la mitad de la población no está bancarizada y donde un creciente porcentaje tiene teléfonos celulares, bitcoin facilita el intercambio simple y con bajos costos, pues no existe una institución financiera de por medio que imponga costos prohibitivos a las transacciones. Bitcoin tiene mucho potencial para los latinoamericanos de pocos recursos.
Este dinero digital está todavía en una fase temprana y falta mucho para que Internet se desarrolle y extienda por América Latina. Por lo tanto, el futuro de bitcoin es favorable. Pero aun si desapareciera la moneda mañana, ya ha hecho una contribución enorme. Tal vez lo más importante de bitcoin es que creó un sistema de contabilidad global y transparente conocido como ‘blockchain’, o cadena de bloques, que registra cada transacción de una manera inalterable y al alcance inmediato de todos. La tecnología de ‘blockchain’ se puede usar para todo tipo de contrato y registro, desde la titulación de la propiedad, como sugiere Hernando de Soto, hasta los matrimonios o acuerdos comerciales.
Están dadas las bases para minimizar el peso burocrático de las autoridades y los notarios, y para conectar hasta a los más aislados al resto del mundo.
Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 4 de marzo de 2017.

jueves, 5 de enero de 2017

Bitcoin vuelve a los 1.000 dólares: ¿y qué?

La calidad del dinero no viene determinada por el nivel de su precio, sino por la estabilidad de ese precio

AUTOR


Foto: Foto: Reuters.


Por segunda ocasión en su corta historia de vida, Bitcoin vuelve a superar la cota de los 1.000 dólares. La anterior vez fue a finales de 2013, poco antes de que su precio iniciara una senda descendente que lo llevó a caer un 75% en poco más de un año. Muchos partidarios de Bitcoin observan este hito como una demostración de que la criptomoneda está triunfando y de que, en consecuencia, ellos estaban en lo cierto acerca de sus buenas perspectivas de futuro; simétrico razonamiento al de quienes argumentaban que el sonoro desplome posterior a 2013 acreditaba el rotundo fiasco de la divisa.
Ciertamente, es habitual utilizar el nivel de precios como un termómetro del éxito de una moneda. Cuando, por ejemplo, la cotización del oro frente al dólar se dispara, los 'goldbugs' exclaman enfervorizados que ello demuestra la superioridad del metal precioso frente al billete verde; a su vez, cuando la cotización del oro se hunde frente al dólar, muchos críticos del patrón oro creen haber encontrado una prueba incontrovertida de que el oro es un fracaso. Sin embargo, este tipo de razonamientos son incorrectos para ambas partes: la calidad del dinero no viene determinada por el nivel de su precio, sino por la estabilidad de ese precio.
El dinero es la reserva última de liquidez frente a la incertidumbre: aquello en lo que nos refugiamos cuando todo lo demás falla. Si no me fío de ninguna inversión productiva o si deseo retener la disponibilidad sobre mis ahorros para ser capaz de gastarlos en cualquier momento, el dinero es el activo al que recurrir. Y para que esa función de cobertura última frente a la incertidumbre general pueda desarrollarse adecuadamente, es imprescindible que el precio del dinero no fluctúe de un modo superlativo: en caso contrario, el riesgo de tener que liquidarlo en malas condiciones será muy alto y, por tanto, ese posible dinero no constituirá un buen activo en el que refugiarse.


Para atestiguar si Bitcoin está convirtiéndose poco a poco en mejor dinero, debemos fijarnos en la gráfica que representa su volatilidad frente a otras divisas
Por consiguiente, para atestiguar si Bitcoin está convirtiéndose poco a poco en mejor dinero, no debemos fijarnos en la gráfica que nos muestra el nivel de su precio frente a otras divisas, sino en la que representa su volatilidad frente a ellas. Y, si lo hacemos, comprobaremos que el valor de Bitcoin se ha ido volviendo progresivamente más estable conforme han pasado los años: mientras que hace un lustro era habitual que el precio de Bitcoin fluctuara cada día de un modo muy considerable frente al dólar (era frecuente que cada día la fluctuación del precio se ubicara entre un 5% y un 15% por arriba o por debajo respecto a la fluctuación media de los últimos 30 días anteriores), hoy esa variabilidad ha caído hasta niveles muy inferiores (entre el 1,5% y el 3%). Efectivamente, y a tenor del gráfico, Bitcoin sigue siendo más volátil frente al dólar que otras divisas como el euro (cuya desviación diaria frente a la fluctuación media de los 30 días anteriores se ubica normalmente por debajo del 1% e incluso por debajo del 0,5%) o el oro (cuya desviación cae entre el 0,75% y el 1%). Pero, en cambio, su volatilidad durante los últimos meses ya no se diferencia tanto de la de otras divisas estatales como el rand sudafricano (cuya desviación ha superado habitualmente durante el último año el 1%).
Que Bitcoin sobrepase la marca de 1.000 dólares podrá servir para rellenar titulares de prensa y para atraer la atención de profanos, pero no, desde luego, para discernir si esta criptodivisa se está consolidando como dinero o apenas como un foco más de pelotazos especulativos. Para responder a esta pregunta, como decimos, es imprescindible atender al indicador de su volatilidad y, según hemos visto, este sí nos está informando de que el proyecto monetario de Bitcoin se está poco a poco asentando. De hecho, la anterior vez que esta moneda superó el precio de 1.000 dólares lo hizo en medio de una de las mayores volatilidades de su historia; en cambio, ahora ha sobrepasado los 1.000 dólares con una de las menores volatilidades de su historia. Lo primero indicaba un recalentón que hacía temer un drástico pinchazo; lo segundo, al menos hasta el momento, parece indicar la entrada de nuevos inversores que entienden y valoran Bitcoin como divisa y no como instrumento de especulación.
Y este es, de hecho, el único significado relevante que acaso posea la reciente escalada de precios: que al estar produciéndose en un contexto de baja volatilidad podría estar indicando que el público objetivo de Bitcoin se está expandiendo; a saber, que gracias a la estabilización de su valor, quienes ya tenían Bitcoin están dispuestos a invertir más y que quienes no se habían planteado adquirirla están comenzando a incorporarla a su patrimonio. A la postre, cuanta mayor sea la demanda final de Bitcoin, mayor tenderá a ser su precio: pero la clave para apuntalar la sostenibilidad de ese mayor precio es que esos nuevos usuarios finales reputen Bitcoin como lo que es —una reserva de liquidez— y no como lo que no debería ser —una patata caliente especulativa—.
Si cada vez más gente se da cuenta de las buenas propiedades de Bitcoin para convertirse en reserva de liquidez y, además, es consciente de que los demás usuarios también se han dado cuenta recíprocamente de ello, entonces Bitcoin se irá monetizando —su precio subirá y su volatilidad bajará—; si, en cambio, los nuevos compradores de Bitcoin ni entienden qué es ni son conscientes de que el resto de compradores la está utilizando como reserva de liquidez, entonces apenas será un bulbo de especulaciones —volátiles subidas y bajadas de precios—. Por suerte para todos, parece que Bitcoin está siguiendo sostenidamente el primero de estos caminos.

viernes, 21 de octubre de 2016

Bitcoin, la utopía liberal. La provisión de dinero es un asunto de Estado.

https://medium.com


Bitcoin es una sistema digital de pagos ideado en 2009 por un programador bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto (¿Quién es Satoshi Nakamoto?). No está respaldado por ningún gobierno ni empresa y no es considerado moneda de curso legal en ningún país.

Satoshi Nakamoto?

En los últimos 12 meses, su precio fluctuó alocadamente: pasó de venderse por U$S 12 hasta llegar a tocar los U$S 1200, con una variación diaria promedio de 10%. Sus impulsores sostienen que están creando un nuevo tipo de dinero. Un dinero privado, que no es emitido por ningún gobierno y cuyo respaldo es un algoritmo matemático.

Desde el punto de vista tecnológico, el sistema es básicamente un gran balance de pagos digital que utiliza una unidad de cuenta llamada Bitcoin.


En rigor, un Bitcoin es apenas una secuencia de números encriptada. La base de datos de transacciones es pública, registra todos los movimientos entre “billeteras” - desde la primer transacción (el bloque génesis) hasta la última - y no está centralizada, sino que se encuentra distribuida en una red de pares (peer-to-peer) que la replica constantemente en miles de computadoras de voluntarios. Funciona de un modo similar al difunto sitio de música Napster y las redes de intercambio de archivos Torrent. Para quienes no estén interesados en los pormenores de su funcionamiento, basta decir que es una obra maestra de ingeniería informática. Bill Gates la calificó como un “techno tour de force” o en otras palabras, una verdadera hazaña técnica.

Desde el punto de vista económico, Bitcoin vendría a ser
el sueño húmedo de Friedrich Hayek
el economista preferido de Margaret Thatcher.

Friedrich Hayek

With the exception only of the period of the gold standard, practically all governments of history have used their exclusive power to issue money to defraud and plunder the people.
. — Friedrich Hayek


Hayek sostenía que en lugar de que los gobiernos tuvieran el monopolio de emisión de moneda y la impusieran a sus ciudadanos mediante leyes de curso legal, sería conveniente un régimen en el cual instituciones financieras privadas emitieran sus propias monedas. Así, por arte y magia del libre mercado, el público adoptaría las más estables y rechazaría las más volátiles. En otras palabras, la pura crema de la utopía liberal donde anida la idea de que toda intervención del Estado en el mercado limita la libertad y conduce al totalitarismo.


Sin embargo, pocos temas en el pensamiento económico moderno tienen tan amplio nivel de consenso como el hecho de que la provisión del dinero es un asunto de Estado.


En lo que va de la historia de la humanidad, desde las tribus en Polinesia, pasando por los feudos de la Edad Media, hasta los Estados modernos, el monopolio de la emisión monetaria ha sido inexorablemente un instrumento de Estado — o de la autoridad política en las sociedades más pequeñas.

No importa mucho si el dinero es metal, papel, sal o cigarrillos. Lo que importa es el poder que el sistema vigente pueda ejercer para ejecutar los contratos y recaudar impuestos, cualquiera sea la denominación consensuada. Porque el dinero no fue ni es utilizado solamente como un instrumento para facilitar el comercio, sino que es el reflejo del entramado de relaciones sociales, de la división internacional del trabajo y la organización productiva mundial.

En el control de su emisión se encuentra en última instancia el corazón del poder político de las sociedades en que vivimos.


Sin bien puede delegarse parte de su administración y multiplicación a un sistema financiero compuesto por bancos privados, mecanismos de pago y transferencias, al final del día quien garantiza su valor y funcionamiento es la autoridad política de cada región.


Mientras los detractores del Bitcoin denuncian que es la “estafa del siglo”, sus entusiastas sostienen que es el santo grial de una economía anarco-capitalista y destacan sus potenciales beneficios: es un sistema de pagos libre, de bajo costo, sin regulación, transparente, neutral y potencialmente anónimo (pero también potencialmente monitoreado). Es ideal para realizar pagos online y también para transferir capitales de un país a otro sin ningún tipo aparente de control o gravámenes.

El entusiasmo ha hecho brotar nuevas cripto-monedas que le compiten (Peercoin, Litecoin, Namecoin, Feathercoin y decenas más), aunque con menor aceptación. Esto plantea una interesante paradoja: a medida que surjan otras criptomonedas sin respaldo, el precio de las mismas va a tender a cero. Ya que el costo de reproducir un sistema como Bitcoin no es alto, ya que es código abierto (open source).

Según el primer reporte Merryll Lynch (Bank of America) sobre Bitcoin, tiene el potencial de convertirse en un “medio de pago principal y un serio competidor de los proveedores de transferencias internacionales de dinero”, presionando a empresas como Western Union, PayPal y similares.



Entre los principales obstáculos a superar, se destaca su excesiva volatilidad. No es raro que la cotización de Bitcoin varie en 10%, 15% o 30% de un día para el otro (en promedio 10% diario), lo cual atenta seriamente contra su capacidad de funcionar como medio de pago. Actualmente Bitcoin está siendo usando especulativamente “para ganar” dinero, no “como” dinero. Como no tiene ningún valor intrínseco – es apenas una humilde cadena de texto encriptada, que no es considerada moneda de curso legal en ningún país – su cotización se mueve simplemente al ritmo del “sentimiento” o animal spirits de quienes lo acepten como medio de pago o utilicen como vehículo de especulación.

El segundo componente que aporta volatilidad al sistema son las confusas expectativas que genera el engorroso mecanismo de emisión de nuevos Bitcoins. Básicamente, este mecanismo funciona así: miles de voluntarios compiten por resolver complejos y arbitrarios acertijos matemáticos, utilizando las más poderosas computadoras que puedan comprar en el mercado. Quien resuelve primero cada acertijo, tiene derecho a participar en la verificación de algunas de las transacciones del sistema y como pago se le asignan un par de nuevos Bitcoins a su “billetera”. Luego puede hacer con ellos lo que quiera, como cambiarlos dinero o cualquier otro bien o servicio siempre que haya alguien dispuesto a hacerlo. A esta carrera por resolver acertijos la denominan – quizás algo pretenciosamente – “minería” de Bitcoins, en referencia a la búsqueda de oro verdadero.

Una PC haciendo mineria de Bictoins. Miles de equipos como este conforman el equivalente a una Casa de Moneda de Bitcoins

La complejidad de los acertijos varía de forma tal que la emisión de nuevos Bitcoins es relativamente previsible. Este proceso continuará hasta llegar a un total pre-establecido arbitrariamente de 21 millones de Bitcoins. En ese momento – según el código fuente original – la emisión se detendrá para siempre y ningún nuevo Bitcoin será emitido. Luego de ese punto, quienes ayuden a certificar transacciones serán recompensados con una pequeña fracción de la misma.

Los detalles técnicos de su funcionamiento parecen gritar a todas voces que se trata de un “esquema Ponzi” - en referencia al clásico fraude piramidal que lleva el nombre del célebre estafador italiano Carlo Ponzi y que consiste en una estafa que se sostiene solamente en la medida de que ingresen nuevas víctimas al sistema, cuando eso se detiene todo el sistema colapsa.

La pregunta de los millones entonces es quién prevalecerá: la utopía liberal o los todopoderosos Estados nación.

Si los principales Estados lo aceptan y regulan, probablemente sobreviva y se consolide como uno de los principales medios de pago internacional y su valor se consolide, a costa de su aura de anarquismo new age y su atractivo liberal. Pero si van contra él, seguramente harán tambalear lo único que sostiene su valor: el estado de ánimo y nivel de aceptación de quienes lo utilizan. En este caso, podría colapsar y quedar relegada en el mejor de los casos a ser un instrumento de nicho en algunos bolsones de la economía informal y la Internet profunda y su cotización en moneda real desplomarse a centavos (o nada).

China dio la semana pasada un primer paso para marcarle la cancha al Bitcoin, definiéndolo legalmente como “un commodity virtual que no comparte el mismo estatus legal que una moneda”.

En una cena en Octubre en la Casa Blanca, Obama - nada menos que uno de los principales responsables de mantener la integridad del sistema monetario internacional - le preguntó a Eric Schmidt CEO de Google: “¿Hay algo por lo que me tenga que preocupar sobre Bitcoin? ”. Quizás sugiriendo que cuando llegue ese día, esta cripto aventura cambiará a sola firma.

Para resumir, la novedosa tecnología detrás de las cripto-monedas parece avanzar a paso firme y a una velocidad que invita que nos cuestionemos sobre la naturaleza misma del dinero. No es tan difícil imaginar que en un futuro cercano algún Estado haga uso de una tecnología similar como formato para circular su propia moneda - de curso legal respaldada por el sistema de leyes con el que regula su actividad económica, dirime sus contratos y recauda sus impuestos. Sin este respaldo, requiere un heroico esfuerzo de imaginación asignarle cualquier tipo de valor al Bitcoin.

En cualquier caso, lo que suceda con Bitcoin en el futuro cercano es fascinante y estamos siendo testigos privilegiados en tiempo real de un experimento económico inédito, que nos va a demostrar si las ideas del Profesor Hayek eran una sólida teoría económica o apenas una utopía liberal.

sábado, 2 de julio de 2016

Economistas de la Fed tratan de hacer ver a Bitcoin como una moneda fíat



bitcoinfiat
Un profesor de economía de la Universidad de Pensilvania y un asesor de la Reserva Federal de Filadelfia publicaron recientemente un documento de trabajo donde alegan que Bitcoin es una moneda fíat. Su trabajo investiga una hipotética economía de monedas privadas en competencia donde los emprededores “pueden emitir sus propias monedas fíat con el fin de maximizar su utilidad.” Jesús Fernández-Villaverde y Daniel Sanches dan a entender que Bitcoin y otras criptomonedas son en realidad más “fíat” que las monedas estatales porque no pueden usarse para el pago de impuestos en la mayoría de países.

Bitcoin no necesita de la violencia

Debemos dejar algo claro a partir de este momento: Bitcoin no es una moneda fíat. No se trata de una característica de la que existan diferentes grados, como dan a entender los autores, y las monedas emitidas de forma privada son lo opuesto a las monedas fíat creadas por la legislación gubernamental.
Bitcoin es un software de código abierto que permite a los individuos comerciar sin la necesidad de un intermediario. Considerada la primera “criptomoneda,” Bitcoin ha visto en días recientes su precio al contado elevarse hasta 750 USD por 1 Bitcoin. La capitalización de mercado de Bitcoin de casi 12 millardos de dólares ha despertado el interés de inversores, académicos y reguladores.
Las monedas privadas, como Bitcoin o la mPesa de Vodafone, no son ejemplos de monedas fíat, aunque no estén respaldadas por una mercancía como el oro o la plata. Varios especialistas en criptomonedas han aceptado la idea de que Bitcoin es una moneda fíat por esta única razón. Aunque es cierto que Bitcoin no está respaldada por una mercancía, este hecho solo le hace cumplir la mitad de los requisitos de la definición de fíat. Fíat viene del latín y significa “así será.” Que una moneda sea fíat significa que el gobierno la ha declarado como de curso legal, aun cuando la moneda no tenga una mercancía como respaldo. Las monedas fíat incluyen al Dólar Estadounidense, a la Libra Esterlina, al Euro, al Yuan chino, entre otras.

Continúas utilizando esa palabra

En el trabajo “Can Currency Competition Work?”, el profesor Fernández-Villaverde y el asesor de la Fed Sanches concluyen que la estrategia óptima para los emprendedores que produzcan monedas privadas es limitar la producción de moneda hasta el punto en que haya una oferta nominal constante. Si un emprendedor imprime demasiada moneda, su demanda disminuirá debido a que la moneda perderá su valor.  Los autores mencionan que el mercado limita de una forma natural la emisión en exceso de monedas privadas porque los emprendedores que producen monedas sin valor saldrán eventualmente del negocio. A diferencia de las monedas privadas, las monedas fíat permanecen en el mercado aunque los bancos centrales emitan en exceso. Esto se debe a que el gobierno puede obligar a los individuos a usar la moneda gubernamental a través de una ley fíat. Si el gobierno creara una criptomoneda con una oferta “administrable” y la declarara de curso legal por medio de un mandato, ese sí sería el ejemplo de una criptomoneda fíat.
Los autores alegan que las criptomonedas son más “fíat” que las monedas públicas como el Dólar Estadounidense porque no se pueden usar para el pago de impuestos en la mayoría de países. Sin embargo, fíat es principalmente un sustantivo y no un adjetivo. Contrariamente a lo que los autores dan a entender, no hay diferentes grados de la “cualidad de ser fíat”. Una moneda puede o ser de uso obligatorio mediante un mandato (decreto) gubernamental o no serlo. Bitcoin no lo es.

Retrofíat

A Bitcoin debería más bien considerársele como una moneda “retrofíat” porque no existe una autoridad central que pudiera obligar a la gente a usarla. El término retrofíat se refiere a la era de banca libre en EE. UU., de 1816 a 1863, cuando los bancos denominados “wildcat” emitían monedas privadas convertibles en oro o plata. Estas monedas respaldadas por mercancías fluían libremente entre estados antes de que el gobierno estadounidense emitiera la legislación de curso legal en 1862 y se concediera el monopolio en la acuñación de dinero en 1863. Un término tal como “fíat privado” es un oxímoron porque solo el gobierno puede forzar legalmente a los individuos a usar de forma no voluntaria una moneda. Bitcoin es un ejemplo moderno de una moneda retrofíat porque los usuarios de criptomonedas realizan transacciones de forma voluntaria sin presión legal de una orden o mandato gubernamental.
Desde un punto de vista legal, los gobiernos han categorizado a Bitcoin de distintas formas. Algunos gobiernos, como el de Suiza, lo consideran como moneda; otros, como el de Australia, alegan que se trata de un activo intangible. Sin importar las diversas opiniones legales con respecto a Bitcoin, no es una moneda fíat. Si el gobierno estadounidense, o cualquier otro gobierno, obligara al uso de Bitcoin por medio de leyes de curso legal, el valor de Bitcoin se desplomaría. Es su naturaleza descentralizada precisamente lo que le da valor. Los “ciberpunks” simplemente se cambiarían a una nueva criptomoneda sin sanción estatal que lograra evadir la supervisión y la regulación gubernamental. Aunque la academia se dedique en las décadas siguientes a discusiones bizantinas sobre la teoría de monedas privadas en competencia, una cosa es segura: Bitcoin no es una moneda fíat.
Enviado a través de Young Voices.

Publicado originalmente el 22 de junio de 2016. Traducido del inglés por Edgar Carlos Duarte Aguilar. El artículo original se encuentra aquí.

lunes, 9 de mayo de 2016

Un misterio resuelto

El esclarecimiento de las incógnitas que rodeaban la autoría del bitcóin ha acabado con el mito creado.

                       

El 3 de enero de 2009 apareció en internet el lanzamiento del bitcóin como un proyecto de moneda virtual cifrada que se desarrollaba de forma colectiva a través de una plataforma digital y en cuya autoría figuraba la identidad ficticia de Satoshi Nakamoto o Gavin Andresen, entre otros nombres.

 El objetivo de su misterioso creador era impulsar un sistema monetario paralelo al existente en ese momento y descentralizado, aplicando el concepto de criptomoneda o criptodivisa que se caracterizó por ser un modo de pago digital para transacciones en internet. El Banco Central Europeo (BCE), en su informe de octubre de 2012 sobre divisas virtuales, concluyó que «las raíces del bitcóin se encuentran en la Escuela Austríaca de Economía». Desde entonces, y hasta que se ha dado con el nombre de su fundador, poco más se sabía.

 Nunca estuvo clara la verdadera paternidad de esta iniciativa, ya que admitirla equivalía a exponerse al delito en EEUU de atentar contra el dólar. Sin embargo, seis años después, el pasado diciembre, era detenido en Australia un emprendedor de 44 años llamado Craig Wright como presunto autor de esta moneda.

 El bitcóin es una divisa completamente digital. Esto implica que no se imprime en billetes ni se intercambia a través de formatos materiales o metálicos. Son cifras en una base de datos, transacciones. Nace, fundamentalmente, como medio de pago para internet y a diferencia de los tradicionales no está sometido a una autoridad central ni intermediarios.

 Su valor corresponde, básicamente, a dos factores: la confianza de los usuarios y el volumen de uso en la compra por la red. Hace menos de 10 años, su precio era de apenas unos céntimos de euro. Ahora la moneda virtual se paga a 384,37 euros. Actualmente, hay en circulación más de 15 millones de bitcoines que representan 5.800 millones de euros. A diferencia de la moneda tradicional, no se distribuyen por un banco central ni están respaldados por activos físicos como el oro u otras divisas, pero se «extraen» por los usuarios que utilizan los ordenadores para calcular su valor con fórmulas algorítmicas complejas.

 Desde su origen hasta hoy ha experimentado una espectacular revalorización. Así, en octubre de 2013 se conoció que un noruego olvidó que compró en 2009 bitcoines por 19,30 euros y en cinco años acumuló 640.000 euros. Kristoffer Koch compró por curiosidad, para saber cómo funcionaba el sistema y probarlo él mismo. Los bitcoines se almacenan en carpetas protegidas con una clave privada que Koch olvidó con el tiempo. En 2013, se topó con esa carpeta, la recuperó y su sorpresa fue mayúscula.

«Me comunicaron que tenía 5.000 unidades y que en la actualidad equivalen a 641.892 euros», relató en una entrevista recogida por The Guardian.

 En agosto del año pasado, una serie de filtraciones reveladas a las revistas tecnológicas Gizmodo y Wired apuntaron a Craig como el inventor de esta moneda digital junto a su amigo Dave Kleiman, que falleció en 2013. Hasta entonces, había estado en silencio. La fortuna de Wright en bitcoines puede ascender a 400 millones de euros, según varios medios.

 En este contexto, faltan muchos interrogantes que aclarar. Regular el bitcóin parece una tarea difícil. ¿Quién tiene jurisdicción especifica sobre algo que ha nacido en internet? No es una empresa u organización, sino una inmensa red descentralizada. Está distribuida en todo el mundo. Existen nodos en 180 países, el 94% de todas las naciones.

 Existe otra pregunta: ¿cómo legislar sobre algo que el legislador no entiende? ¿Cómo regular algo orgánico que evoluciona y crece y que es todavía un embrión?

 Si el bitcóin es malo, irracional o delictivo, ¿por qué su mayor implantación se da en países muy desarrollados y con poca corrupción y delincuencia como Suiza, Finlandia o Alemania?

Voto de confianza. En este escenario, el FMI da un voto de confianza a las monedas virtuales. «Pueden proporcionar servicios financieros más rápidos y más baratos», afirma la directora gerente, Christine Lagarde, si bien advierte de los peligros del fraude fiscal o la financiación del terrorismo
«Ofrecen muchos beneficios potenciales, como la rapidez y eficiencia en la realización de pagos y transferencias», agrega.

 Al mismo tiempo, el Fondo admite que hay «riesgos» que deben gestionarse a través de regulaciones equilibradas que no frenen la innovación. También, sostiene que estas medidas son demasiado volátiles para que su uso se extienda de forma masiva.

viernes, 18 de marzo de 2016

Los desafíos a los que se enfrenta Bitcoin


Los desafíos a los que se enfrenta Bitcoin    


Las criptomonedas, y concretamente Bitcoin, han venido para quedarse. O eso es lo que muchos pensábamos hace tres años. La moneda surgió como una bocanada de aire fresco ante las monedas inflaccionarias del mundo real, con una tecnología muy innovadora, y parecía que se iba a comer el mundo.


Es cierto que Bitcoin ha sufrido muchos baches en el camino. La caída de Mt Gox y Silkroad hicieron que se desplomara su cotización pero aún así logró recuperarse y eso dio esperanzas a muchos: no estábamos ante una moda pasajera.


Pero los desafíos a los que se enfrenta Bitcoin son cada vez mayores. El foco de atención ha pasado de Bitcoin, que ni los más impresionados por esta nueva utopía se atreven a defender, por la tecnología que está detrás, el blockchain, siendo la banca la más interesada en usarla es sus transacciones. Los desafíos a los que se enfrenta hoy por hoy Bitcoin son bastante serios.

Desafíos regulatorios

Aunque hubo cierta esperanza de que Bitcoin quedara fuera de las manos de nuestros gobernantes cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea decidió que el Bitcoin era como una moneda más, hoy en día no está tan claro.


Bitcoin permite cierto anonimato (aunque las transacciones son públicas) y eso pone en riesgo los controles de capitales. Con la excusa (sea cierto o no) del terrorismo la Unión Europea quiere controlar las criptomonedas. Eso de que haya transacciones financieras sin fiscalizar es un problema y si el uso del Bitcoin sigue subiendo seguro que van a intervenir.


El problema es que técnicamente no hay forma de controlarla, así que la única regulación posible es prohibirla y combatir su uso. No permitir a los comercios aceptarla. Intentar identificar a las personas que la usan. Y un largo etcétera que impediría que en la práctica sea una moneda que pueda usar la gente normal.

Desafíos económicos

Bitcoin está diseñada para que no haya inflación. En algún momento dejará de haber nuevas monedas y de hecho habrá deflación pues algunas se irán perdiendo en discos duros olvidados. Por tanto una economía que use el Bitcoin como moneda tendría que acostumbrarse a que los precios bajen, no suban.


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Esto se ha demostrado que es un problema. La flexibilidad de precios al alza es mucha, pero a la baja no tanto. Normalmente el mercado laboral baja los salarios con despidos y nuevas contrataciones, no con reducciones de salario que suelen traer muchos problemas. Por eso las crisis económicas generan mucho paro, la flexibilidad de precios a la baja es muy complicada.


Además, en un entorno de deflación hay otros dos efectos muy negativos: el retraso del gasto e inversiones (debido a que todo será más barato mañana, sale más a cuenta acumular y esperar) y las deudas aumentan con el tiempo (ya que los salarios bajan). En una economía basada en Bitcoin nos tendríamos que adaptar a esto o vivir en una crisis económica constante.

Desafíos técnicos

Otro problema al que se está enfrentando Bitcoin en estos momentos es técnico. A pesar de las dudas que genera el éxito de Bitcoin es superior al que pronosticaron sus creadores y el número de transacciones es excesivamente alto para el diseño que tiene. Esto hace que las transacciones tarden mucho en confirmarse y que haya una cierta inseguridad.


De hecho hay una batalla entre los que quieren reformar partes del algoritmo y los que no, generando inseguridades y haciendo, en algunos casos, inusable la moneda. Los detalles exceden el objeto de esta entrada pero es, desde luego, un problema muy serio.

Desafíos de confianza

Para que una moneda se imponga en un uso diario tiene que haber confianza. Esta confianza es muy complicada cuando la volatilidad es muy alta y Bitcoin ha tenido momentos de muchas volatilidad, tanto subidas como bajadas. ¿Cómo fijas un precio en Bitcoins si su relación con las monedas en las que se establecen los precios de las materias primas es tan cambiante?


A esto se le suman los desafíos técnicos y de regulación, que no ayudan a que su uso se extienda más allá de los verdaderos fanáticos de esta nueva tecnología. Realmente todo está bastante relacionado.
Sin embargo todos estos problemas tienen su solución. El diseño económico y técnico de Bitcoin se pueden cambiar (de hecho hay otras criptomonedas que no tienen estos problemas). Esto podría dar más confianza y afianzar su uso. Con un uso más general es complicado que los reguladores decidan atacar directamente a las monedas, es cierto que hay más incentivos para ello pero también más riesgos, no olvidemos que la regulación la fijan los políticos que son elegidos por sus ciudadanos y a nadie le gusta que las costumbres normales de la sociedad sean criminalizadas. Veremos el futuro y cómo afronta Bitcoin los desafíos que tiene por delante.

viernes, 4 de marzo de 2016

¿Qué es Bitcoin?

Daniel Rodríguez Herrera



Bitcoin fue creado en 2008 por una persona, o grupo de personas, que emplearon el pseudónimo de Satoshi Nakamoto. Es una moneda virtual, que sólo existe como anotaciones en un libro de contabilidad almacenado en internet. Empezó a funcionar en la práctica el 3 de enero de 2009 y su diseño revela un conocimiento informático y económico bastante amplio. No tiene valor en sí mismo, pero la tecnología con que está construido pretende influir la suficiente confianza como para que un cierto volumen de usuarios lo use como dinero y así le dé valor.

Su uso es similar al de la banca electrónica o sistemas de pago por internet como Paypal. Cada usuario dispone de uno o varios monederos con un cierto número de bitcoins, que puede emplear para hacer pagos por vía electrónica. Existen casas de cambio en internet que nos permiten comprar bitcoins a partir de otras monedas. Aunque ha habido intentos de crear monedas Bitcoin físicas, no dejan de ser un apaño: el dinero en bitcoins que representan esas monedas no está realmente en ellas sino en la red.

No obstante, existen numerosas divisas digitales a las que es difícil llamar dinero. Servicios online como Xbox Live, por ejemplo, disponen de sus propias monedas virtuales para gastar en el servicio. Fuera del mundo virtual esto también sucede; por ejemplo, los tickets restaurant. Sin embargo, unos y otros tienen en común un ámbito de uso restringido. Los bitcoins, en cambio, tienen la aspiración de emplearse de forma tan extensa como los euros y los dólares.

¿Qué es dinero?

Para entender si algo como Bitcoin es o puede ser dinero primero debemos entender cómo surgió el dinero. El comercio nació como trueque, pero este sistema de intercambio tiene varios defectos evidentes. No sólo lo que ofreces en el mercado debe interesar a alguien, sino que ese alguien debe tener algo que te interese a ti. De modo que pronto comenzaron a utilizarse ciertos bienes concretos como medio de intercambio: así todos podían cambiar sus bienes por esos medios de intercambio y utilizarlos para conseguir otras cosas.

Se han utilizado muchas cosas para ejercer de medio de intercambio a lo largo de la historia, desde conchas a ganado, pasando por la sal (de donde procede el término salario). Muchos de ellos cumplían el segundo propósito fundamental del dinero: servir de depósito de valor, de modo que no hiciera falta utilizarlo nada más obtenerlo. Entre todos los bienes que sirvieron de dinero, los que más éxito tuvieron fueron los metales preciosos y, sobre todo, el oro. Estudiando sus características podremos entender qué hace falta para que algo sea considerado dinero:

– Es valioso de por sí y se demanda al margen de su utilidad como dinero.
– Es relativamente escaso, y su cantidad total no puede incrementarse mucho bruscamente.
– Se puede atesorar: no se estropea con el tiempo y no ocupa tanto espacio como para hacerlo poco práctico.
– Se puede transformar, es decir, dividir en partes más pequeñas o unirlo en conjuntos más grandes, con cierta facilidad.
– Es accesible con cierta facilidad. De nada sirve que el oro sea un dinero estupendo si vivimos en una isla del Pacífico donde no hay oro.

Sin embargo, poco a poco los Gobiernos fueron regulando el dinero hasta convertirlo en un monopolio. Los billetes eran originalmente una promesa de pago en metales preciosos. Su uso se generalizó y en un momento dado los Gobiernos suspendieron la convertibilidad, de modo que esos billetes se convirtieron en el dinero. Como no cumple la primera condición, la de tener valor por sí mismo, se le conoce como dinero fiduciario, porque su valor deriva de la confianza o fe que tenga la comunidad de usuarios en que los demás van a respetar su valor.
El dinero fiduciario funciona la mayor parte del tiempo. Todas las monedas que empleamos actualmente lo son. No obstante, esa fe que sustenta su valor puede perderse en circunstancias excepcionales. Por ejemplo, si el Gobierno empieza a imprimir billetes a cascoporro, su valor se desploma y su utilidad como dinero también, como sucedió en la Alemania de entreguerras o, más recientemente, en Zimbabue. O si incumple alguna promesa esencial, como la convertibilidad en dólares del peso argentino, que provocó que su valor se desplomara y empezaran a surgir alternativas en distintas regiones. No obstante, para intentar asegurarse de que su moneda se usa, los Gobiernos pueden hacer leyes de curso forzoso, que obligan a aceptar pagos en ella, o incluso prohibir el empleo de otras monedas.

¿Entonces es Bitcoin dinero?

Bitcoin es, o pretende ser, dinero fiduciario. Al carecer de una organización o Estado que lo respalde, tiene como pilares las matemáticas, la transparencia y la comunidad de usuarios. El diseño de Bitcoin es público, y el código fuente que se emplea para gestionarlo es abierto, de modo que todo el mundo que sepa hacerlo puede ver cómo funciona. Hay reglas que están ya establecidas y no se pueden cambiar, como el número máximo de bitcoins que puede haber en circulación, que es de 21 millones, o el ritmo de creación de nuevos bitcoins a través de un proceso denominado minería.

Las decisiones sobre qué pagos se aceptan o quién recibe el nuevo dinero creado hasta llegar al límite máximo se realizan por medio de un sistema de consenso automático en el que participan miles de ordenadores que forman parte de la comunidad Bitcoin, una red a la que cualquiera puede sumarse y que se hace más robusta cuantos más participantes tiene.

Dicho de otro modo, el respaldo de Bitcoin está en una serie de reglas matemáticas y una red informática. En lugar de tener a un Draghi o a un Bernanke tomando decisiones sobre la moneda, aquí las decisiones se tomaron al poner en marchase el sistema, y se requiere un consenso altísimo entre los miles de ordenadores que participan en él para cambiar algo.

Como moneda, Bitcoin cumple con cuatro de las cinco reglas enumeradas más arriba, y la que incumple es la misma que falla en el caso del resto del dinero que utilizamos actualmente: no tiene valor en sí mismo. Sin embargo, aún le falta la característica esencial que permite llamar dinero a un bien: que se use como tal.

Aunque existen algunas empresas normales, como Wordpress o Virgin, que aceptan el pago en bitcoins, la mayor parte de su uso se limita a asuntos algo más turbios, como la compraventa de drogas y armas. La razón es que Bitcoin es un sistema completamente anónimo. No se anotan transacciones entre personas, sino entre usuarios identificados por una serie de números y letras similar a 1PC9aZC4hNX2rmmrt7uHTfYAS3hRbph4UN.

El hecho de que no se emplee generalizadamente como dinero pero sí como activo con el que especular provoca que su valor fluctúe enormemente. Esto, a su vez, dificulta que se emplee como moneda, ya que si un bitcoin cuesta hoy 1.000 dólares y dentro de dos semanas 500 se hace complicado emplearlo como medio de intercambio y depósito de valor, que son las dos funciones esenciales del dinero.

En definitiva, Bitcoin en la práctica funciona como una moneda, aunque sólo dentro del ámbito del comercio electrónico. Podemos cambiar nuestros euros por bitcoins, usarlos para comprar algunas cosas, aunque sean pocas, y volver a cambiarlos en euros. Sin embargo, en términos económicos Bitcoin es un bien que está en proceso de convertirse en dinero. Un proceso que puede culminar con éxito o fracasar.

¿Cómo funciona Bitcoin?

Uno de los mayores escollos que sufre esta moneda virtual para convertirse en un medio de intercambio masivo es que prácticamente ninguna persona normal y corriente sabe cómo funciona. Al ser dinero sin respaldo por parte de ninguna organización de confianza, esa ignorancia provoca que no nos fiemos de él. ¿Mi dinero estará seguro? ¿Me lo podrá robar algún hacker? ¿Puede alguien crear millones de bitcoins de la nada y de este modo devaluar el valor de los que tenemos?

El problema es que para entender cómo funciona Bitcoin antes hay que comprender una serie de conceptos informáticos que, encima, ni siquiera muchos de nosotros en el gremio empleamos en nuestro trabajo del día a día: firma digital, redes de pares o P2P, funciones hash... Y luego comprender cómo se aplican todos esos conceptos en la práctica para que esta moneda funcione. Así que vamos a intentarlo. Pero como la explicación intentará ser comprensible para todos, aunque no sepan de informática, me temo que será larga. Si no le interesa, siempre puede saltarse la explicación y leer el punto "Lo que hay que recordar", que son las conclusiones.

Redes de pares

Las redes P2P son un concepto relativamente conocido porque muchos las han empleado para hacerse con música y películas a través de internet sin pagar un duro. Para entender en qué consisten, supongamos que tenemos a cinco personas que quieren comunicarse entre sí mediante teléfonos. Existen dos formas de lograrlo. Una de ellas sería guardar en un sexto móvil los números de teléfono de cada una de las cinco personas. Cuando queramos enviar un mensaje, se lo enviaremos a ese sexto móvil indicando cuál es el destinatario. Ese sexto móvil consultará su listado de teléfonos y se lo reenviará al interesado. A este esquema se lo conoce como redes cliente-servidor porque hay una clara diferenciación entre quienes participan en la red. Los móviles de las cinco personas son los clientes, que usan un servicio que sólo el sexto móvil, el servidor, puede proveer.

Las redes de pares, en cambio, son redes entre iguales. Todos son clientes y todos son servidores: a cada participante en la red se le llama nodo. ¿Cómo funcionaría entonces el envío de mensajes? Cada uno de los móviles guardará al menos un número de teléfono de otra persona de la red. Si queremos enviar el mensaje a una persona cuyo número desconocemos se lo enviaremos a todos los móviles cuyos números sí sabemos. Si estos conocen al destinatario le enviarán directamente el mensaje. Si no, lo reenviarán de nuevo a los números que conocen hasta que el mensaje le llegue.

Bitcoin es una red de pares en la que cada nodo guarda una copia de un inmenso libro mayor de contabilidad en el que están anotadas todas las transacciones que se han realizado con bitcoins desde que nació el sistema. Cuando se produce una transacción en bitcoins, queda registrada en al menos uno de estos nodos, que se la comunica a todos los demás. Ese registro es un fichero muy, muy grande, que crece actualmente a un ritmo de 4GB al año.

Pero si hemos dicho que Bitcoin es una red de pares y cada nodo guarda el libro de contabilidad entero, ¿significa que para usarlo tengo que reservar gigas y más gigas en mi disco duro? En realidad, no. Bitcoin es una red de pares mixta; esto significa que, como diría Orwell, algunos nodos son más iguales que otros. Existen dos tipos de nodos: los normales, a los que se llama monederos, se limitan a guardar información de un usuario y enviar transacciones. Los que guardan el libro de contabilidad y anotan las transacciones se denominan mineros. Como Bitcoin es una red descentralizada, no se sabe exactamente cuántos mineros hay, pero se estima que son varios miles, de modo que existen miles de copias iguales del libro de contabilidad.

Firma digital

La firma de toda la vida es fácil de entender. Tenemos un papel y hacemos en él un garabato que debe cumplir dos reglas: se puede verificar que lo has hecho tú y nadie más puede hacerlo salvo tú. De este modo se certifica que hemos dado nuestra aprobación al documento donde hemos estampado nuestra firma. Para la verificación se emplea a un tercero en el que todas las partes confían y que guarda un ejemplar de la firma, por ejemplo el Estado y sus carnets de identidad. La segunda la conseguimos complicando el garabato, aunque es un mecanismo notablemente inseguro y propenso a falsificaciones.

¿Cómo puede emularse este sistema en un ordenador? De primeras parece difícil. En una computadora toda la información se reduce a números y los números, por definición, son muy fáciles de copiar. Para solucionarlo, se emplea una técnica que emplea dos claves distintas: una pública que conoce todo el mundo y una privada que sólo conoce quien firma. Para entender cómo funciona, imaginemos que todos nosotros poseemos un número ilimitado de cajas fuertes con una característica inusual: la combinación para cerrarla es distinta a la que se emplea para abrirla, y no existe forma física de saber cuál es la combinación de cierre a partir de la combinación de apertura.

Si queremos firmar algo lo tendremos fácil. Guardamos el documento que queremos firmar en una de nuestras cajas fuertes, la cerramos con la combinación de cierre que sólo nosotros conocemos y anunciamos al mundo mundial cuál es la combinación de apertura. Cualquiera que quiera comprobar si hemos sido nosotros los firmantes puede coger la caja e intentar abrirla con esa combinación. Si se abre es que la firma es válida.

El problema de este esquema es que depende de la buena fe del firmante. Supongamos que el documento que se ha firmado dice algo así como "Debo a Juanita 10.000 euros" y, una vez en la caja fuerte, en lugar de anunciar la combinación de apertura correcta decimos otra distinta. Juanita no podrá abrir la caja fuerte y por tanto no podrá afirmar que la hemos firmado nosotros. Sería el equivalente a garabatear el documento con una firma distinta a la que aparece en el DNI y luego decir que no es la nuestra.

¿Y esto cómo se soluciona? Pues de una manera similar al de las firmas de verdad. Con un tercero en el que ambos confíen almacenando las firmas. En España podemos solicitar una firma digital a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y emplearla, por ejemplo, para firmar nuestras declaraciones de la renta. El DNI electrónico es electrónico porque incluye una firma digital. Esas firmas constan de dos números: la combinación de cierre, que sólo debemos conocer nosotros, llamada clave privada, y la combinación de apertura, que debe conocer todo el mundo, llamada clave pública.

Lo que sucede al firmar es que el documento que queremos garantizar que es nuestro se cifra usando la clave privada y cuando se quiere leer dicho documento emplearemos para descifrarlo la clave pública. Vamos a ver cómo se hace con un ejemplo muy simplificado. Supongamos que el mensaje a cifrar es el número 5, la clave privada un 6 y la clave pública un 2. El método que empleamos para cifrarlo es multiplicarlo por la clave privada, dividirlo entre 11 y quedarnos con el resto:
5x6=30
30/11=2
30-(11x2)=8
Ese 8 sería el mensaje que transmitiríamos. Quien quiera comprobar que el mensaje está firmado por nosotros hará la misma operación pero con la clave pública: multiplicamos el mensaje 8 por 2, que nos da 16, lo dividimos entre 11 y nos quedamos con el resto, que, voilá, es un 5. Es decir, el mensaje original.

Naturalmente, aunque en informática todo se transforma en último término a números, cualquier mensaje con un mínimo de significado tendrá una longitud mucho mayor que una sola cifra. A su vez, en el mundo real las claves son mucho más grandes y las operaciones matemáticas para cifrar y descifrar el contenido mucho más complicadas. El concepto es el mismo, pero el tamaño de las claves y las matemáticas utilizadas garantizan que si tenemos un mensaje y la clave pública no podremos averiguar la clave privada mientras no tengamos un superordenador haciendo cálculos durante millones de años.

El requisito para ser usuario de Bitcoin es tener un monedero, que funciona de forma similar a uno de verdad. En él guardamos nuestros bitcoins. En concreto, lo que guardaremos serán nuestras claves pública y privada. Cuando queramos gastar bitcoins, la cartera enviará a la red una especie de asiento contable en el que viene por un lado nuestra clave pública y por otro un mensaje compuesto por la cantidad de dinero y la clave pública del destinatario del mismo; mensaje que estará firmado con nuestra clave privada. De este modo, todo el mundo puede coger tu clave pública, descifrar el mensaje y comprobar los datos de la transacción. Nuestro saldo en bitcoins será el resultado de sumar todos los ingresos y gastos de bitcoins en los que aparezca nuestra clave pública.

Gracias a esto, ningún hacker podrá crear transacciones falsas, en las que los demás usuarios le den sus bitcoins. Para poder hacerlo tendría que saber las claves privadas de cada uno de ellos para poder firmar cada asiento contable, y no lo puede hacer sólo mediante las claves publicas.

Este sistema también explica otra característica de Bitcoin. Es un sistema en el que todas las transacciones están registradas en miles de ordenadores... pero que a la vez es completamente anónimo. El libro de contabilidad anota que la clave pública A ha pagado tantos bitcoins a la clave pública B, pero no dice de quién es A ni de quién es B.

Por otro lado, eso también nos hace más susceptibles a ser robados, al igual que sucede con el dinero en metálico frente al que guardamos en el banco. Si tienes tu monedero en el ordenador y alguien te lo roba, es lo mismo que si te robaran el monedero de verdad, ese de piel tan chulo que te regaló tu mujer. Te quedas sin bitcoins, y no hay forma de demostrar que eran tuyos, al igual que una moneda cualquiera no tiene grabado en ningún sitio quién es su propietario.

Funciones 'hash'

Existen aún varias preguntas sin contestar. Por ejemplo, cómo se garantiza que ese libro de contabilidad, al que se llama cadena de bloques, tenga de hecho una contabilidad correcta, en la que nadie pueda gastar bitcoins sin tenerlos previamente ni tampoco pueda pagarse más de una vez con el mismo bitcoin. Además, dado que en ese libro sólo se anotan pagos, ¿de dónde salen los bitcoins originales? Tiene que haber dinero para gastar antes de poder gastarlo.

Estas preguntas se responden explicando cómo funciona la parte realmente original y, si quieren, revolucionaria de Bitcoin, que es el método en que los asientos contables se confirman y pasan a formar parte del libro de contabilidad común. Cada diez minutos, cada uno de los nodos mineros intentará crear un bloque, que es el conjunto de transacciones que se han registrado en la red durante ese tiempo. En cuanto lo consiga, lo irá transmitiendo a los demás nodos de la red, que comprobarán que en este nuevo bloque no hay inconsistencias y la contabilidad siga siendo correcta, momento en el cual lo confirmarán. De este modo se evita que pueda pagarse más de una vez con el mismo dinero o que alguien extienda cheques sin fondos.

Expuesto así, el sistema tiene un par de fallos. Y es que sería relativamente sencillo que la red Bitcoin se inundara a la vez de bloques distintos producidos por mineros diferentes. Si esta situación se mantuviera, podría haber varios libros de contabilidad distintos circulando por la red Bitcoin con transacciones distintas. Esto se soluciona con varias medidas. En primer lugar, los nodos siempre prefieren los libros de contabilidad con un mayor número de bloques, lo que permite ir descartando libros alternativos que no han sido aceptados por la mayoría de la red. Para entender las demás, primero hay que explicar qué es una función hash y a qué se llama una prueba de trabajo.

Las funciones hash crean un código relativamente pequeño que resume un contenido más grande. Sirven para comprobar que el contenido original no se ha alterado; al recibir tanto el contenido como el resumen podemos calcular de nuevo este último y ver si coincide con el enviado. Un ejemplo de este tipo de funciones podría consistir en sumar todos los números de un mensaje, dividirlos entre diez y quedarnos con el resto, que será una sola cifra. Por ejemplo, si un mensaje consiste en los números 3, 8, 5 y 9, la suma será 25 y el resto de la división, 5. Si alguien altera el mensaje y nos manda los números 3, 8, 2 y 9, el resultado será un 3; al no ser 5 sabríamos que el mensaje ha sido alterado.

Naturalmente, este ejemplo es muy burdo porque el resumen es un número de una sola cifra, de modo que todos los mensajes del mundo sólo pueden producir diez resúmenes distintos y sería muy fácil alterar el mensaje original para que el resumen fuera el mismo. Las funciones hash que realmente se utilizan en la práctica emplean matemáticas mucho más complicadas y resúmenes mucho más largos, a fin de que sea tan sumamente improbable que dos contenidos distintos tengan el mismo resumen que en la práctica sea imposible. A ese resumen se le llama hash.

Lo que hacen los mineros cada diez minutos es coger todas las transacciones que le han llegado, incluir una extra por la cual el minero se queda con unos cuantos bitcoins para él por las molestias, añadirle el hash del último bloque que tiene confirmado en el libro de contabilidad y un número aleatorio y calcular el hash de todo esto. Esto permite que no se pueda alterar el libro de contabilidad modificando transacciones antiguas: los hash de los siguientes bloques dejarían de ser correctos.

Sin embargo, la red Bitcoin no admite sin más un bloque como el que acabo de describir. Para evitar que la red se inunde con un montón de bloques igualmente válidos y complicar el consenso sobre cuál es el bueno, los ordenadores deben esforzarse, de modo que no sea trivial para ellos crear un bloque válido. Así, se les obliga a hacer un montón de cálculos extra en principio inútiles, pero que sirven para comprobar que han tenido que estar trabajando más o menos unos diez minutos para resolverlos: a eso se le llama prueba de trabajo. En concreto, lo que se pide es que el hash del bloque sea más pequeño que cierto número. Así que los mineros van cambiando el número aleatorio que forma parte del bloque y calculando resúmenes uno detrás de otro hasta encontrar uno bueno. La mayor parte de las veces no lo consiguen y tienen que aceptar el que ha creado otro minero. Pero tienen un buen incentivo: cuando suena la flauta, se llevan bitcoins de regalo. Al principio eran 50, actualmente son 25 y su número irá disminuyendo hasta llegar a cero, cuando se alcancen los 21 millones, en el año 2024.

Lo que hay que recordar

Bitcoin, de por sí, es un sistema seguro. Sólo se vería comprometido si no tuviera éxito y el número de transacciones y nodos decayera tanto que fuera relativamente fácil y barato para alguien hacerse con un porcentaje de la red tan importante –igual o superior al 51% del total– que le permitiera cambiar las reglas. Pero si eso sucediera, seguramente los bitcoins tendrían un valor cercano o igual a cero y no importaría a nadie que además el sistema fuera inseguro.

Bitcoin es lento. Las transacciones no son inmediatas, sino que tienen que esperar a que se añadan al libro de contabilidad común, lo cual lleva al menos 10 minutos, pero puede hacerse esperar más tiempo si el minero que logra completar el bloque no ha incluido tu transacción.

Bitcoin es completamente anónimo. Sólo si nosotros publicamos en algún sitio o decimos a alguien cuál es nuestra clave pública se podría saber qué negocietes hemos tenido con bitcoins. Incluso en ese caso, como no sabríamos a quién corresponden las claves públicas de aquellos con quienes hemos hecho transacciones, tampoco se puede saber qué has hecho realmente, más allá de comprar o vender algo a alguien por tantos bitcoins. Esto lo hace muy atractivo para quien quiera evitar la publicidad, ya sea por temas legales, fiscales o incluso morales: muchos activistas lo usan por eso.

Bitcoin es un sistema inmune a la inflación. No se pueden crear bitcoins más que al ritmo prediseñado. Cuando su valor se estabiliza, si lo hace, lo puede convertir en un depósito de valor mucho más efectivo que el dinero tradicional o incluso que el oro.

¿Es seguro usar Bitcoin?

Para poder operar con bitcoins necesitamos primero un monedero. Los hay de dos tipos: un programa en el ordenador o un servicio web. Una vez que lo tienes puedes empezar a operar en sitios web que funcionan como casas de cambio que permiten usar otras divisas para comprar y vender bitcoins. Y una vez los tienes, puedes usarlos para comprar cosas, atesorarlos o especular con ellos.

Aunque el sistema Bitcoin en sí es seguro, existen numerosos riesgos cuando se emplea en la práctica, no muy distintos al uso de banca online o comercio electrónico, pero algo mayores debido al anonimato del sistema: es mucho más difícil, y en muchos casos imposible, probar que unos bitcoins eran tuyos si alguien te los roba.

Si usas como monedero un programa como Multibit en tu ordenador o una app en el móvil como Bitcoin Wallet, tienes el riesgo de que tu dinero está asociado a ese dispositivo electrónico. Si lo pierdes, te lo roban o se estropea, puedes perder los bitcoins que tenías en él. Existen algunos mecanismos para reducir ese riesgo, como almacenar cifradas tus claves en un USB o en algún servicio en la nube tipo Dropbox, o incluso anotar tus claves pública y privada en papel.

Otra opción para evitar ese riesgo es emplear un monedero en la web, protegido con los clásicos usuario y contraseña. Pero ahí tienes el riesgo que también sufres en la banca en internet: si alguien consigue tu usuario y contraseña te puede quitar todo el dinero, y si alguien logra hackear el monedero web puede conseguir todos los usuarios y contraseñas. Algo así sucedió con la quiebra de la casa de cambio Mt.Gox, que al sufrir el robo de cientos de miles de bitcoins suyos y de sus clientes quebró y dejó a sus usuarios sin su dinero. Es más, ha habido un caso de una web china que servía de monedero pero cuya misión en realidad era robar a sus propios usuarios; después de operar durante un tiempo y hacerse popular, se quedó con todo el dinero que tenían.

Si finalmente Bitcoin logra tener una aceptación y un uso generalizados, es probable que los mismos bancos ofrezcan un monedero con la protección añadida de que ellos sí pueden asignar nuestros bitcoins a nosotros. Pero mientras eso suceda, y aunque tenga sus desventajas, lo mejor es guardar nuestros bitcoins en nuestro ordenador, protegerlo con un buen antivirus y guardar alguna copia en lugar seguro y desconectado de internet, como un papel.

¿Es práctico?

Es una moneda electrónica y en sí mismo puede llegar a ser tan práctico como utilizar la banca y el comercio electrónicos. Los pagos no son instantáneos, así que se parecen más a transferencias que al uso de la tarjeta de crédito. Sin embargo, actualmente fluctúa tanto que utilizarlo como medio de intercambio es poco práctico, ya que el dinero que estás pagando puede tener un valor muy distinto incluso durante el mismo día. Además, no hay muchos comercios que lo acepten.

Si emplearlo como moneda no es muy aconsejable, ¿lo es invertir en él o atesorarlo para disponer de él en un futuro, al estilo de meter el dinero en un calcetín bajo la cama? Depende del riesgo que se quiera asumir. No existe ninguna garantía de que Bitcoin vaya a valer algo en el futuro, de modo que utilizarlo, como hacen algunos con el oro, para disponer de una parte de tu patrimonio en algo seguro que siempre valdrá algo es absurdo. Invertir en él también es arriesgado, porque ahora mismo no parece haber una tendencia firme en su valor, de modo que operar con él es una labor puramente especulativa, de intentar tener suerte comprando barato y vendiendo caro.

¿Puede sustituir a las monedas tradicionales?

El objetivo de Bitcoin es convertirse en dinero, y si lo hiciera podría convertirse en una divisa real, como los euros o los dólares. Sin embargo, parece difícil que los Gobiernos acepten emplear una moneda que no pueden controlar, de modo que el pago de impuestos seguirá haciéndose con euros. Es más, dado que es relativamente sencillo eludir impuestos mediante el uso de bitcoins, podrían poner más de un problema regulatorio. China, sin ir más lejos, poniendo la excusa de proteger a sus súbditos, está prohibiendo progresivamente su uso. Los países nórdicos ya se están moviendo para su regulación. En general, los Gobiernos son el mayor peligro para Bitcoin, y podrían regularlo tan estrictamente que su uso quedara limitado básicamente al mercado negro.

Casos como el de Mt.Gox provocan una natural desconfianza en Bitcoin. Sin embargo, existe una base de usuarios que por razones ideológicas o tecnológicas cabe presumir que se mantengan fieles. Pero su extensión al público general dependerá de que se pueda comprar y operar con bitcoins de una forma segura y sencilla, un objetivo que aún no se ha alcanzado.

Cada comercio que decide aceptar bitcoins es un paso adelante para su regularización. El mayor respaldo que podría recibir Bitcoin, de hecho, es que algún grande de internet como Amazon o Paypal aceptara su uso. Se extendería su empleo como moneda, se reduciría su volatilidad y tendría más sentido resguardar nuestro patrimonio cambiando nuestros euros por bitcoins. Sin embargo, su uso seguiría estando restringido a internet. Se podría extender a las tiendas de ladrillo mediante tarjetas de crédito o débito, y los bancos podrían emitir monedas y billetes físicos al igual que hicieron hace siglos con el oro, bajo la promesa de pagar al portador una cifra en bitcoins.

En cualquier caso, aun cuando tuviera todo el éxito del mundo y todo le saliera bien, aún le quedaría mucho camino por recorrer para que se usara en el día a día e incluso se pagasen sueldos con él.