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domingo, 21 de mayo de 2017

Aniversario de Hayek

Hernán Bonilla conmemora el aniversario del nacimiento de uno de los intelectuales liberales más importantes.
Esta semana se conmemora un nuevo aniversario del nacimiento del intelectual liberal más importante del siglo XX, Friedrich Hayek. Economista de profesión, su peripecia vital lo llevó a incursionar con erudición e inteligencia abrumadora en casi todos los campos de las ciencias sociales, realizando aportes decisivos.
Sobre las bases de edificación que había levantado la ilustración escocesa, con particular acierto, así como numerosos autores en muchos países y antecedentes tan dispares como la escuela de Salamanca o la propia tradición clásica de Grecia y Roma, Hayek elevó la elaboración conceptual del liberalismo a nuevos niveles.
Alcanzó la popularidad hacia el fin de la segunda guerra mundial con su Camino de servidumbre, donde analizaba con escalpelo las raíces socialistas del nazismo y del fascismo y la necesidad de recuperar grados de libertad perdidos en Occidente ante el avance de un estatismo avasallante al galope de las ideas keynesianas. 
En su larga vida —nació en 1899 y murió en 1992— fue alejándose cada vez más de la teoría económica para abordar preguntas más generales (y seguramente más importantes) como cuál era el mejor orden social, cómo podía alcanzarse y preservarse. Hizo del Estado de Derecho su fortaleza, al priorizar su vigencia como la garantía fundamental para el ejercicio de todas las libertades, políticas, sociales y económicas. 
Al mismo tiempo, dejó establecida con nitidez la necesaria unicidad de la Libertad, vale decir, solo la existencia a la vez de la libertad política y económica permite a los seres humanos ser libres, disponer de sus recursos, seguir los proyectos de vida que prefieran y no estar sujetos a la arbitrariedad de otros hombres. 
Resulta paradójico cómo hasta el día de hoy la mayoría de las personas se declaran partidarias de la libertad política pero la mayoría tiene resquemores, cuando no repudia directamente a la libertad económica. Un análisis detenido del asunto, como el que hizo Hayek, arroja luz sobre el asunto y demuestra cómo el rechazo de la libertad económica responde a prejuicios y dificultades para adaptarse al orden extendido de una sociedad moderna como resabio de nuestra herencia tribal primitiva.
El constructivismo racionalista, como denunció Hayek, pretendía que todo el andamiaje institucional que sostiene una sociedad fuera diseñado de acuerdo a las preferencias de los gobernantes de turno, con la arrogancia de despreciar al bagaje insustituible de la evolución institucional que se va construyendo a lo largo del tiempo sin ser producto del designio sino de la acción de los hombres.
Al mismo tiempo, Hayek argumentó por qué no era un conservador, sino un liberal, al darle un lugar relevante a la tradición sin sacralizarla y entendiendo que a veces se podían entronizar usos y costumbres perniciosos que bien podían ser reformados sin revoluciones ni radicalismos. El paso del tiempo ha permitido aquilatar el aporte que realizó Hayek a la humanidad como un defensor de la Libertad y demostró cómo la batalla en el mundo de las ideas tiene consecuencias prácticas directas sobre la vida real de las personas, para bien y para mal. Por eso su legado es inmortal y una inspiración para cada lucha contra los aspirantes a ingenieros sociales y dictadores que hoy pululan en el mundo.
Este artículo fue publicado originalmente en El País (Uruguay) el 12 de mayo de 2017.

jueves, 5 de enero de 2017

La filosofía política de Friedrich Hayek

¿Es Hayek un mito?

Punto de Vista Economico





"There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen." Frederic Bastiat





HoppeHans Hermann Hoppe ofreció una conferencia bajo el título “El mito de Hayek” que sometemos a discusión con los lectores del blog. ¿Es Hayek un mito? ¿Representa su pensamiento a la izquierda? ¿Es Hayek un redistribucionista? ¿Es Hayek un socialista?
Abajo la traducción al español de su conferencia. Más abajo el video de su presentación (en dos partes).
El Mito de Hayek – H. H. Hoppe
Como la mayoría de ustedes sabe, yo era de la izquierda durante los últimos años de secundaria y los primeros años en la universidad; y cuando gradualmente fui descubriendo los errores de la izquierda, fui buscando alternativas. Y encontré, por su frecuente presencia en la prensa, a Milton Friedman y Friedrich Hayek, como los antagonistas de principios y alternativas a todo lo socialista. Y de hecho encontré muchos buenos argumentos en sus escritos para combatir la izquierda predominante en ese tiempo.
Y fue a través de Friedman y Hayek que eventualmente descubrí a Mises, y finalmente a Rothbard. Entonces tengo que decir que debo, intelectualmente, algo a Friedman y Hayek. Pero ese no es mi tópico. En vez de eso, quiero analizar por qué ambos, Friedman y Hayek, eran presentados en ese tiempo, hace casi 40 años, e incluso más en estos días—especialmente en Europa, pero también en los EE.UU.—como los opositores más radicales contra la izquierda, mientras, como luego me di cuenta rápidamente y mostraré en breve, Friedman y Hayek son en realidad parte de la izquierda, por supuesto, no de la versión fuerte tradicional marxista de la izquierda, sino de la versión suave, social-demócrata, redistribucionista del socialismo. Y por eso,  desde mi punto de vista, ellos ofrecen cualquier cosa menos una alternativa de principios contra el socialismo y la izquierda. A esto se le puede llamar “el Mito de Friedman y Hayek.” Aquí me dedicaré sólo a la mitad del mito, al Mito de Hayek.
Friedman, de hecho, es más conocido que Hayek. Si uno busca en Google, Friedman tiene casi 30 millones menciones, mientras Hayek tiene 7 millones de menciones. Creo que Friedman es en parte más conocido que Hayek porque es un escritor más claro, y en parte porque es norteamericano, algo que siempre ayuda en estos tiempos, pero me quiero concentrar en Hayek.
Y ¿por qué me quiero concentrar en Hayek? Porque según yo lo veo, Hayek es un pensador más importante, y su fama durará más que la de Friedman. Por un lado, Hayek era mejor economista. Mientras Friedman hasta su muerte en el 2006 seguía cantando loas a Greenspan y Bernanke, mucha gente inspirada por Hayek y por la teoría de Mises-Hayek sobre el ciclo económico había previsto ya la gran recesión que venía—y que aún continúa. Pero aún más importante, porque Hayek, como europeo del mundo viejo, claramente tenía mejor y más amplia educación. Mientras Friedman era un economista-economista, Hayek era un verdadero intelectual, bien leído no sólo en economía sino en historia intelectual, psicología, filosofía, sociología y leyes. Pero no es su economía técnica lo que los hizo famosos, sino sus excursiones en el campo de la teoría política. Por eso me concentraré en Hayek como teórico político, y específicamente en su Constitución de la Libertad y en sus tres volúmenes de Derecho, Legislación y Libertad que generalmente son consideradas las contribuciones más importantes de Hayek al campo de la teoría política.
Primero quiero mostrar que a pesar de varias cosas interesantes que pueda decir, Hayek es un pensador fundamentalmente confundido y desordenado. Esto se hace claro cuando revisamos sus definiciones y elaboraciones sobre el concepto de libertad y coerción.[1]
Hayek define libertad como la ausencia de coerción, hasta allí todo bien; sin embargo, contrariamente a una gran tradición de pensamiento liberal clásico, él no define coerción como la amenaza o iniciación de violencia física contra la propiedad o persona. Él no la define como un ataque contra la propiedad legítimamente adquirida mediante apropiación originaria, produc­ción o intercambio voluntario. En vez de eso, él da una definición cuyo único mérito es su ambigüedad y poca claridad.
Por coerción “queremos decir el control del ambiente o circunstancias de una persona por parte de otra que, para evitar un mal mayor, es forzada a actuar no siguiendo sus propios planes, sino para servir los fines de otro.” O “coerción ocurre cuando las acciones de un hombre son hechas para satisfacer la voluntad de otro hombre, no para él mismo sino para los propósitos del otro.”[2] Y Libertad es “un estado en el que cada persona puede usar su propio conocimiento para sus propósitos.”[3] Ahora, lo que uno inmediatamente nota en esta definición de libertad y coerción es que no dicen nada respecto a “acciones,” “escasez,” “bienes” y “propiedad”; en vez de eso, coerción se refiere a configuraciones específicas de deseos subjetivos, o planes, o planes que entran en conflicto, o pensamientos, o pensamientos que entran en conflicto, y expectativas; luego—con estas descripciones subjetivas, términos subjetivos—tal definición es inútil por las siguientes razones.
Primero, es completamente inútil como guía para la acción, esto es, es inútil para responder a la pregunta “¿qué estoy permitido a hacer aquí y ahora si no quiero cometer un acto coercitivo?” Porque en general no conozco la voluntad o los planes de otros, y en cualquier caso, conocer los planes de otros sería absolutamente imposible; incluso si quisiera, nunca podría saber, en el punto de partida de mi acción, si lo que estoy planeando hacer implica un acto coercitivo contra alguien. Pero, los individuos, obviamente, deben estar permitidos de actuar de forma correcta antes de conocer los planes de los demás. Y para que esto sea posible, el criterio para distinguir libertad por un lado, y coerción por otro lado, debe ser un criterio objetivo; debe hacer referencia a un evento que posee una descripción física y sobre cuyo resultado el actor debe poseer control físico.
Segundo, la definición de Hayek también es inútil como criterio retrospectivo de justicia, esto es, no puede responder a la pregunta ¿es justificada la acusación de A contra B? o ¿quién es culpable y quién es inocente? o ¿qué tipo de compensación o castigo es adecuado? Dado que la definición de Hayek no contiene ningún criterio físico intersubjetivamente comprensible, sus juicios son completamente arbitrarios. Los criterios de Hayek sobre liberad y coerción son compatibles con prácticamente toda situación física real. No pueden, sin embargo, hacer distinciones reales en el mudo real.
Correspondientemente confusos y contradictorios son, entonces, los intentos de Hayek de aplicar sus definiciones. Al aplicar sus definiciones, Hayek, por un lado llega a la conclusión que el inicio o la amenaza de violencia física constituye coerción, bien. “Coerción ocurre cuando bandas armadas de conquistadores hacen que los súbditos trabajen para ellos, cuando mafiosos organizados imponen cupos a cambio de ‘protección,’ ”[4] y así por el estilo; bien. Por el otro lado, él clasifica actos de amenaza o iniciación de violencia física, tales como el servicio militar obligatorio, o impuestos, como no-coercitivos, siempre y cuando la víctima de tales agresiones hubiese esperado el resultado y se hubiese ajustado a la situación. Decir eso es una atrocidad. Mencionaré esos pasajes más adelante.
Además, por un lado, Hayek identifica violencia física con coerción; y por otro lado, no acepta la ausencia de violencia física o daños como criterio de no-coerción: “la amenaza de fuerza física no es la única forma en que la coerción puede ser ejercida,”[5] incluso si A no ha cometido agresión física contra B o su propiedad, puede ser culpable de coerción. Según Hayek ese es el caso cuando A es culpable de ayuda omitida respecto a B, esto es, cuando no ha dado a B los bienes y servicios que B esperaba de él y que consideraba como “crucial para mi existencia o preservación de lo que yo más valoro.”[6]
Ahora, Hayek dice que sólo hay un pequeño número de casos que se ajustan a ese criterio. Él da dos ejemplos: el dueño de una mina en un pueblo minero, que decide despedir un trabajador, supuestamente comete un acto de coerción;[7] y de igual forma es supuestamente coercitivo que el dueño de la única fuente de agua en un desierto no quiere vender su agua, o si rechaza venderla al precio que los otros consideran justo.[8]
Ahora, debe ser obvio, se requiere poca imaginación para entender que el criterio de Hayek incluye todos los casos. Cualquier acción pacífica que una persona pueda hacer puede ser interpretada por otros como coerción, porque toda actividad es al mismo tiempo, siempre, la omisión de innumerables actividades alternativas que él podría haber hecho, y toda omisión se convierte en coerción cuando al menos una persona reclama que la ejecución de lo que él no ha hecho, la ejecución de la omisión, era “crucial para la preservación de lo que yo más valoro.” En cualquier caso, ambas, ayuda omitida y violencia física, son categóricamente definidas como coerción, sin embargo, entonces obviamente, contradicción inescapables se presentan. Si la omisión de A constituye coerción hacia B, entonces obviamente B debe poseer el derecho de defenderse contra la coerción de A. Pero la única defensa de B es que pueda usar violencia física contra A, que ha omitido hacer ciertas cosas. Pero entonces, actos de violencia física ya no serían clasificados como coerción. En vez de eso, la violencia física sería defensa. Y en este caso, coerción sería la negación pacífica de entrar en intercambio; y también sería coerción si alguien trata de defenderse contra un intercambio forzoso impuesto sobre él. Por otro lado, si la violencia física fuese definida como coerción, entonces B no estaría permitido a defenderse de las omisiones de A. Y si B de todas formas trata de hacerlo, entonces el derecho a defenderse recaería en A. Pero en este caso, por supuesto, las omisiones no constituirían coerción. Contradicciones terribles.
Ahora, de esas contradicciones conceptuales emerge la absurda tesis de Hayek sobre la inevitabilidad de la coerción, y su correspondiente, igualmente absurda justificación del gobierno. “La coerción, sin embargo, no puede ser evitada totalmente porque la única forma de prevenirla es con la amenaza de coerción. La sociedad libre ha resuelto este problema otorgando el monopolio de violencia al Estado, y tratando de limitar el poder del Estado a casos donde se requiere limitar la coerción en manos de agentes privados.”[9] Ahora, de acuerdo a ambas definiciones de coerción de Hayek, esa tesis no tiene sentido. Si ayuda omitida representa coerción, entonces coerción en forma de violencia física, se vuelve necesaria y no sólo inevitable. Pero, si la iniciación y amenaza de violencia física se define como coerción, entonces sí puede ser evitada. Primero, porque cada persona posee control sobre si atacará, o no, físicamente a otra persona. Y segundo, porque cada persona tiene derecho a defenderse con todos sus medios contra el ataque físico de otro. Es sólo inevitable que, siempre y cuando exista agresión física, también habrá necesidad de defensa física. Pero la inevitabilidad de violencia defensiva no tiene nada que ver con la supuesta inevitabilidad de la coerción, a menos que uno confunda la diferencia categórica entre ataque y defensa, y afirme que la amenaza de defenderse uno mismo en el evento de un ataque sea lo mismo que una amenaza de ataque. Ahora, si la violencia física es prohibida, entonces, de eso sigue que uno está permitido a defenderse contra ella. Es absurdo clasificar ataque y defensa bajo la misma rúbrica de coerción. Defensa es a coerción, lo que el día es a la noche.
De la inevitabilidad de la defensa no se desprende ninguna justificación para el monopolio gubernamental de la coerción. Al contrario, un gobierno no es de ninguna manera simplemente un monopolio de defensa que ayuda a los individuos privados a evitar gastos en defensa de otra forma inevitables, porque el gobierno tiene obviamente que cobrar impuestos a la gente para tener los medios para defender a otra gente; y el monopolio de coerción del gobierno incluye, en particular, el derecho del Estado a usar violencia contra ciudadanos privados, y la obligación complementaria, por parte de los ciudadanos, a no defenderse de los ataques del gobierno. Pero ¿qué tipo de justificación para un gobierno es eso de que si una persona se rinde incondicional­mente a un atacante, puede ahorrar gastos de defensa de otra forma inevitables?
Ahora, sobre el tema de las funciones del gobierno. Según Hayek, el gobierno es necesario no simplemente hacer cumplir las leyes y organizar la defensa contra enemigos externos, sino que en una sociedad avanzada el gobierno debe usar su poder de recaudar fondos mediante el cobro de impuestos para proveer un número de servicios que por diferentes razones no puede ser proveídos, o no pueden ser proveídos adecuadamente, por el mercado.
Ahora, como en todo momento hay un número infinito de bienes y servicios que el mercado no puede proveer, Hayek da al gobierno prácticamente un cheque en blanco. Entre tales funciones están: protección contra la violencia, epidemias, desastres naturales como inundaciones y avalanchas; pero también varias de las amenidades  que hacen tolerable la vida en una sociedad moderna: carreteras, medidas estandarizadas de medición, y varios tipos de información  que van desde registros de tierras, mapas, estadísticas, hasta la certificación de calidad de ciertos bienes y servicios ofrecidos en el mercado.
Funciones adicionales del gobierno son: asegurar un ingreso mínimo para todos; el gobierno debe distribuir sus ingresos de tal forma que pueda gastar cuando la inversión privada es lenta; financiar las escuelas y la investigación; hacer cumplir la regulaciones de los edificios y viviendas, y las regulaciones alimentarias; debe encargarse de la certificación de ciertas profesio­nes; regular la restricción de la venta de ciertos bienes peligrosos, como armas, explosivos, venenos y drogas; así como regulaciones sanitarias y de salud en el proceso productivo; y el aprovisiona­miento de teatros, parques de deportes, y así por el estilo—prácticamente no se le escapa nada; y debe hacer uso de su poder de dominio eminente, esto es, de expropiación, para mejorar el bienestar común. También considera que hay ciertas razones para creer que con el incremento general en riqueza, y de la densidad de la población, la parte de todos los bienes que pueden ser satisfechos sólo por la acción colectiva seguirá aumentando. Aún más, el gobierno debe implementar un sistema extensivo de seguro obligatorio, supuestamente coerción para evitar mayor coerción; viviendas subsidiadas es una posible tarea para el gobierno; y también, el planeamiento y la regulación de zonas en la ciudad son consideradas funciones apropiadas del go­bierno, siempre y cuando la suma de las ganancias sea mayor que la suma de las pérdidas—sólo Hayek sabe cómo calcular eso. Y finalmente, el aprovi­siona­miento de las oportunidades para la recreación, la preservación de la belleza natural, o sitios históricos, o el interés científico, parques naturales, reservas naturales, etc. son también legítimas tareas del gobierno.[10]
En adición a eso, Hayek insiste que reconozcamos que es irrelevante qué tan grande es el gobierno, o si crece y qué tan rápido crece; lo único que importa es que las acciones del gobierno satisfagan ciertos requerimientos formales. “Es el carácter, en vez del volumen, de la actividad del gobierno, lo que es importante.”[11] El cobro de impuestos, y el porcentaje de impuestos, para Hayek no es un problema. Los impuestos, y de igual forma el servicio militar obligatorio, pierden su carácter de medidas coercitivas si son, “cuando menos, predecibles, y se hacen cumplir sin tener en cuenta de cómo el individuo, de otra forma, hubiera empleado su energía. Esto les quita la naturaleza maligna de coerción. Si la necesidad conocida de pagar cierto monto de impuestos se vuelve la base de todos mis planes, si un periodo de servicio militar es una parte predecible de mi carrera, entonces puedo seguir un plan general de vida que yo mismo he elaborado y ser tan independiente de la voluntad de otra persona como los hombres han aprendido a ser en la sociedad.”[12] Así, si tú sabes que serás esclavizado por veinte años, te puedes ajustar a eso; si sabes que los impuestos son el 90% y te puedes ajustar a eso, entonces eso no es coerción. ¿Qué tan ridículo se puede ser?!
Ahora debe ser claro en este punto que la afirmación de que Hayek es un libertario radical, un liberal radical, y un oponente de principios contra la izquierda, es plenamente ridículo. Luego, la pregunta que surge es, ¿cómo es que este mito existe? Voy a especular.
La respuesta más obvia es que los periodistas y los medios de comunicación que propagan esos mitos simplemente no saben de lo que están hablando, y que unos copian lo que otros dijeron antes. Pero eso, a pesar de que hay cierta verdad en ello, no explica cómo ese mito puede aparecer en un primero momento, y por qué es tan persistente; alguien debe estar interesado en ese mito y su persistencia. Permítanme sugerir otra posible explicación.
Pónganse en el lugar de la izquierda igualitaria dominante de todos los partidos políticos—y no hay partidos que no sean de izquierda en estos días. ¿Qué harían para mantener, o incluso mejorar, su posición dominante, en vista del hecho de que no pueden lograr uniformidad completa y total en la opinión pública?
Yo haría algo así: primero, identificaría los oponentes más peligrosos que tiene la izquierda, y los excluiría tanto como pueda del discurso público ignorándolos, no mencionándolos, y haciendo que no puedan alcanzar ninguna posición de influencia. Antes de la internet, eso era comparativamente fácil de lograr. Mises y Rothbard, por ejemplo, que son tales peligrosos individuos eran raramente mencionados y era extremadamente difícil encontrar sus libros en las bibliotecas, o incluso saber de su misma existencia. Segundo, trataría de delimitar el rango del discurso legítimo, educado y civilizado, identificando ciertos individuos prominentes que yo pueda presentar como enemigos peligrosos, pero que en realidad tienen ideas confusas y que carecen de principios suficientes, que puedo fácilmente debatir y atraparlos en contradicciones constantes y concesiones a mi propias metas programadas de izquierda. Esto me hace parecer tolerante, y de “mente abierta,” por supuesto. Y siempre puedo ganar un debate, señalando que incluso esos enemigos están de acuerdo con mis premisas fundamentales. Todos ustedes conocen esas estrategias. Típicamente toman la forma de: “pero incluso Hayek y Friedman admiten esto, y no niegan eso; ¿qué más se puede decir?! ellos son ya los enemigos peligrosos; decir más, es absolutamente imposible!”
Y respecto a esos tales llamados enemigos—elegidos por la izquierda como los oponentes oficialmente aprobados, los enemigos que la izquierda ama odiar. Ellos ganan prominencia, respeto, y se vuelven ellos mismos parte del establishment, con acceso no sólo a los medios de comunicación, sino a los más altos rango del poder estatal. Así tenemos a Hayek y Friedman, y Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Y otra clave: Helmut Schmidt, el canciller social-demócrata de Alemania en esos tiempos, en el cumpleaños número 80 de Hayek le escribió un telegrama diciendo “ahora todos somos hayekianos,” y eso era lo que realmente sentía, así era! Luego, esa gente se convierte en los invitados favoritos en todo tipo de reuniones oficiales y conferencias; y de hecho si ustedes observan las conferencias de los hayekianos y friedmanianos en estos días, verán que son regularmente auspiciados o co-auspicia­dos por diferentes organismos gubernamentales y funcionarios. Y ellos y sus seguidores devuelven los favores a la izquierda participando en las prácticas exclusionarias contra los enemigos reales, genuinos y peligrosos de la opinión pública dominante de izquierda.
Ciertamente Hayek y Friedman, pero también muchos de sus seguidores, conocen a gente como Mises y Rothbard, pero si es que acaso los mencionan en algo, típicamente dicen unas cuantas cosas buenas seguidas rápidamente  de muchos comentarios negativos. Hayek, por ejemplo, menciona a Rothbard en un par de pies de página, en total, en todas sus obras. Y en el prefacio del libro de Mises, Socialismo, y en las Memorias de Mises, Hayek dice que Mises había cambiado sus forma de pensar y que había renunciado a su racionalismo excesivo, aunque absolutamente no hay nada que muestre ese cambio en Mises. Y Friedman, siempre ignoraba y trataba de burlarse de Mises, quien se había referido a él y a su gente, en la Sociedad Mont Pelerin, como nada sino “un manojo de socialistas.” El mismo tipo de calificaciones ustedes pueden encontrar en los líderes de la Fundación Hayek de Alemania. Hayek es alabado como el más grande filósofo y economista de la libertad en el siglo veinte, y tal vez de toda la historia humana; y Murray Rothbard: unos pocos comentarios halagadores, buen economista… pero todo lo que dice termina en absurdo. Sin dar ninguna explicación de cuál es ese absurdo. El estilo siempre es el mismo: lo reconoces, dices una palabra bonita, pero en la siguiente línea dices “pero básicamente son unos pobres locos.”
En cualquier caso, lo que los friedmanianos y los haye­kia­nos, e incluso más sus actuales seguidores, estos días, en vez de juntarse con extremistas maleducados y ana­r­quis­tas, como Mises y Rothbard y sus asociados, prefieren asociarse con políticos de alto rango, con banqueros centrales y con proselitistas de la guerra; miren simplemente las reuniones de la Sociedad Mont Pelerin, y verán esos grupos de gente. Hubo otra conferencia sobre Hayek en Obergurgl, Austria, el conferencista principal fue Václav Klaus, que estuvo a favor de los Decretos de Benes, que expropiaron a los alemanes en la entonces Checoslovaquia, y los otros dos conferencistas principales son gente que trabajan para el Banco de Inversiones Europeo y la cabeza de un banco austriaco bien conectado al gobierno. Ese es el tipo de conferencias que los hayekianos organizan.
Ahora, ¿qué hacer entonces? Debemos decir las cosas como son. Y en la era de la internet, no es posible ignorarnos completamente.  Así romperemos esta alianza dañina entre la izquierda dominante y su oposición radical de libre mercado oficialmente designada y aprobada. Sin duda, esto nos traerá la animadversión de los líderes del movimiento hayekiano y friedmaniano, pero también hace posible ganar los espíritus confundidos de esos movimientos, que encontraron a Hayek y Friedman primero, pero que también ven que hay problemas con ellos, y que buscan una salida.
¿Y qué debemos decir? Aquí utilizaré las palabras de Rothbard. Antes de que Los Fundamentos de la Libertad fuese publicada, el manuscrito fue enviado a Rothbard. Y Rothbard escribió dos memos sobre el manuscrito. Uno fue una crítica página a página, que fue enviado al mismo Hayek—no creo que Hayek adoptara algo de eso. El segundo fue un memo interno enviado a Volker Fund, que pagaba el salario de Hayek en esa época, y básicamente pedía que cortaran los fondos a Hayek. Mencionaré la primera oración y luego el último párrafo del memo interno que Rothbard envió. “Los Fundamentos de la Libertad de F.A. Hayek, es sorprendente y angustiosamente un libro extremadamente malo, y yo diría hasta maligno.” Esa es la primera oración. Ahora el último párrafo:
Esa, entonces, es la fachada que F.A. Hayek presentará al mundo en sus Fundamentos de la Libertad. Una fachada que si yo fuese un joven interesado por primera vez en asuntos políticos, y leyera esto como el mejor producto de la “extrema derecha” [Murray se refiere aquí al movimiento libertario como la extrema derecha] yo me convertiría en un ferviente seguidor de la izquierda inmediatamente, y creo que así harían todos. Por eso considero que es un libro peligroso y por eso creo que los de la derecha deben atacar este libro con mucha vigorosidad cuando aparezca, en lugar de lo que estoy seguro ellos harán: aplaudirlo como muchos otras focas amaestradas. Porque (1) Hayek ataca el laissez-faire, y ataca o ignora a los verdaderos libertarios. Por tanto, creando la línea “incluso Hayek admite…” y (2), su argumento está basado en un menoscabo o relego de ambos razón y justicia, de tal forma que cualquiera interesado en razón o justicia tenderá a oponerse al libro completo. Y debido a la gran prominencia de Hayek en el mundo intelectual, cualquier falla de los de extrema derecha en atacar el libro, con el vigor implacable que merece, sin duda perjudicará la causa de la derecha que todos nosotros consideramos querida.”[13]
Y lo mismo se aplica a Friedman; el caso de Friedman es incluso peor que el de Hayek. Muchas gracias.
Notas:
[1]Consultar  Murray Rothbard. “F.A. Hayek and the Concept of Coercion,” en The Ethics of Liberty (New York: New York University Press, 1998) pp. 219.  http://mises.org/rothbard/ethics.pdf
[2]F.A. Hayek, The Constitution of Liberty, The Definite Edition. En The Collected Works of F.A. Hayek. Vol. 17Hamowy Ronald, Ed. (London: Routledge, 2011) pg. 199.
[3]F.A. Hayek, Law, Legislation and Liberty, Vol. 1 (Chicago: University of Chicago Press, 1973), pp. 55-56.
[4]F.A. Hayek, The Constitution of Liberty, The Definite Edition. En The Collected Works of F.A. Hayek. Vol. 17Hamowy Ronald, Ed. (London: Routledge, 2011) pg. 204.
[5]Ibid, pg. 202.
[6]Ibid, pg. 203.
[7]Ibid, pg. 204.
[8]Ibid. pg. 203.
[9]Ibid, pg. 71.
[10]Ver, Part III “Freedom in the Welfare State.” F.A. Hayek, The Constitution of Liberty, The Definite Edition. En The Collected Works of F.A. Hayek. Vol. 17Hamowy Ronald, editor. (London: Routledge, 2011).
[11]Ibid, pg. 331.
[12]Ibid, pg. 210.
[13]Rothbard, Murray. “Confidential Memo on F.A. Hayek’s Constitution of Liber­ty.” En Murray N. Rothbard Vs The Philosophers, Unpublished Writings on Hayek, Mises, Strauss and Polanyi. Modugno, Roberta, Ed. (Auburn, Al.: Ludwig von Mises Institute, 2009) Pg. 61. http://mises.org/document/4983/
Rothbard_Hayek

¿Es Hayek un mito? – Parte II



Hace unos días, subimos al blog un post con el debate abierto por H. H. Hoppe acerca de si Hayek es o no un mito. Decía entre los comentarios, que falta una sistematización de la filosofía política de Hayek para comprender mejor su obra, tal como la que Gabriel Zanotti hizo con Mises. Pero el mismo Gabriel se ocupó de mostrarme distintos pasajes en los que trabajó la filosofía política de Hayek, con lo cual se puede concluir que este trabajo está hecho. Se que es largo, pero el comentario de Gabriel vale la pena, y esclarece muchas de las cosas que estamos discutiendo.
Por mi parte, sólo quiero agregar dos comentarios:
1) Hayek y Rothbard tienen dos formas distintas de trabajar. Mi impresión -y se que esto va a dar lugar a otro enorme debate- es que Rothbard es constructivista (algo que debatimos hace un tiempo en otro post). Planifica un ideal de sociedad anarcocapitalista, y luego trabaja en desmantelar al Estado para alcanzar ese ideal. Esto queda claro también en la defensa anarcocapitalista de Jesús Huerta de Soto, que Nicolás Cachanosky critica en un artículo publicado en este post. Este no es el modo de trabajar de Hayek. La obra de Hayek, enfatizando el estudio del cosmos y el taxis, y también de los ordenes espontáneos, sirve para ver cómo llegamos a donde estamos. Por eso mientras Hayek considera central el estudio de la tradición del orden espontáneo, Rothbard prácticamente no le da lugar. A Rothbard le incomoda el orden espontáneo. Hayek analiza el proceso que nos trajo a donde estamos, y sólo a partir de esa comprensión, piensa que se puede analizar la posibilidad real del anarcocapitalismo. Hayek no puede en su modo de ver y entender el mundo, sugerir que el anarcocapitalismo es el ideal. Más bien, analiza hacia dónde irán los órdenes espontáneos, y deja la puerta abierta a que el estado final sea ese anarcocapitalismo que Rothbard promueve.
2) Dicho esto, me parece que a este debate hay que agregarle el condimento de Buchanan. El punto que merece discusión es si el anarcocapitalismo es posible, o si más bien, encuentra un límite. Al respecto, Buchanan publicó en 1975 “The Limits of Liberty: Between Anarchy and Leviathan”, que también está traducido al español bajo el título “Los límites de la libertad” (Tapa, prólogo y prefacio aquí: http://www.katzeditores.com/images/fragmentos/Buchanan.pdf).
Al comienzo de este libro, Buchanan cita un pasaje de F. Knight que debería estar en el corazón de este debate:
Y el problema principal, más serio, del orden social y el progreso es […] el problema de hacer que se obedezcan las reglas, o de evitar que se haga trampa. Hasta donde puedo ver, no hay una solución intelectual a ese problema. Ninguna maquinaria social de “sanciones” evitará que el juego se desintegre y se convierta en una discusión, o en una pelea (¡el juego de ser una sociedad rara vez puede tan sólo disolverse!), a menos que los participantes tengan una preferencia irracional por que siga, incluso cuando, a nivel individual, parecen llevarse la peor parte de él. De lo contrario, se deberá mantener la sociedad por la fuerza, desde fuera (porque un dictador no es miembro de la sociedad en la que manda) y entonces será cuestionable que se la pueda llamar sociedad en el sentido moral.”
Frank H. Knight – “Intellectual confusion on morals and economics

domingo, 4 de diciembre de 2016

Friedrich von Wieser y Friedrich A. Hayek: La tradición del equilibrio general en la economía austriaca





 

Este artículo se preparó en 2002 para un número de homenaje  a Israel M. Kirzner en el Journal des Economistes et des Etudes Humaines]

1.    Introducción

Bruce Caldwell ha escrito una crítica inteligente y provocativa de “aspectos concretos” de lo que considera mi “reciente discurso revisionista de la historia de la Escuela Austriaca” (Caldwell 2002, p. 1). Me abstendré de la minucia de la caracterización de Caldwell de mi explicación del desarrollo de la escuela austriaca como “revisionista”. Señalaré, sin embargo, que en ninguna parte existe un interpretación explícita y completamente integrada de la evolución doctrinal de la tradición mengeriana a través de las cuatro primeras generaciones de economistas austriacos como la que he intentado describir en mi artículo y que es el objetivo de la crítica de Caldwell, “El lugar de La acción humana en el desarrollo del pensamiento económico moderno” (Salerno 1999). La explicación en la que confía implícitamente Caldwell y defiende en su discrepancia frente a mi interpretación deriva de las obras de Israel Kirzner. Aunque Kirzner sí ofrece una historia razonablemente completa de cómo evoluciona la Escuela Austriaca desde Menger hasta Hayek, no le da una presentación integrada y detallada en ningún lugar. Los elementos de la historia están dispersos y se repiten en diverso grado de énfasis a través de sus numerosos escritos sobre teoría económica, así como en sus ocasionales incursiones en la historia doctrinal.[1]
Este método de presentación, así como la característica reticencia de Kirzner a reclamar  originalidad sobre sus propias opiniones da la impresión de que su singular perspectiva sobre el desarrollo la economía austriaca de alguna manera refleja un consenso que prevalece sobre su evolución intelectual, un consenso que se ha establecido firmemente en el toma y daca de pasadas polémicas doctrinales. La inmersión en el paradigma kirzneriano equipa así inadvertidamente con una visión muy concreta de las líneas de filiación doctrinal que relaciona a Menger con las tres generaciones sucesivas de la Escuela Austriaca. Aunque este indudablemente sea un tributo a la enorme influencia que ha tenido Kirzner en dar forma a las ideas de muchos economistas austriacos contemporáneos, ha servido para colocar su opinión fuera del alcance de un examen crítico. Así que mi explicación no es tanto un desafío revisionista a una ortodoxia establecida hace mucho tiempo, sino un intento inicial de unirse al debate sobre este asunto esencial. Como tal, me doy cuenta de que inevitablemente contiene ausencias y defectos y más de una falta de claridad de expresión. Por eso agradezco la crítica de Caldwell y la posibilidad de responder a esta.
Caldwell plantea cuatro objeciones esenciales contra mi interpretación que enumera de al principio de mi respuesta:
  1. Mi afirmación concreta de que Hayek siempre se consideró a sí mismo como seguidor de la tradición de Wieser se basa en “una mala lectura casi ilusoria del texto” (Caldwell 2002, p. 17).
  2. Hay pocas evidencias que apoyen mi afirmación de que Wieser era “en realidad un defensor de la teoría del equilibrio general” (Caldwell 2002, p. 4).
  3. Menger, Böhm-Bawerk y Mises no presentan un “frente continuo” sobre ningún asunto fundamental que los diferencie sustancialmente como un grupo o “bando” del bando de Wieser-Schumpeter-Hayek. Mi afirmación contraria “ofrece una lectura excesivamente selectiva de la historia” (Caldwell 2002, p. 13).
  4. La “fascinación temprana por la teoría del equilibrio general” de Hayek, evidente en sus escritos sobre el ciclo económico, no era atribuible en lo más mínimo a la influencia de Wieser o Schumpeter, sino que era parte integrante de su intento de convencer a los teóricos contemporáneos alemanes del ciclo de la corrección de una teoría monetaria del ciclo económico que no se creaba a partir de los fundamentos de la teoría de la pura cantidad, que estos rechazaban (Caldwell 2002, p. 23).
En los límites de este trabajo, solo podré ocuparme completamente de la primera, segunda y cuarta objeciones de Caldwell, aunque indicaré brevemente en la conclusión las líneas sobre las que, en mi pasada investigación, he trazado el desarrollo de una perspectiva unificada sobre el proceso del mercado desde Menger hasta Mises y que constituye una respuesta a la tercera objeción de Caldwell. El trabajo se organiza de la manera siguiente. En la sección 2, aduzco las que creo que son evidencias convincentes de que Hayek se consideraba claramente seguidor de una tradición wieseriana que también creía ser independiente y distinta de la tradición de Böhm-Bawerk que dio forma al desarrollo intelectual de Mises. También argumento que la diferencia de opinión entre Caldwell y yo mismo sobre este tema no puede en último término resolverse en referencia a evidencias doctrinales. En realidad, esas evidencias son en el mejor de los casos de importancia secundaria, porque lo esencial del interpretación de Kirzner adoptada por Caldwell es la declaración explícita de que los distintos bosquejos de Mises y Hayek deben verse como complementarios para que la economía austriaca tenga sentido, entendieran y aceptaran alguna vez o no ambos hombres ese punto de vista. La sección 3 trata de demostrar que el concepto de Wieser de “valor natural” y su posterior desarrollo de la construcción teórica de una “economía simple” comunista, que usaba tanto como taller normativo al evaluar la eficiencia de la economía de mercado como como herramienta de análisis económico positivo, es en realidad una construcción de equilibrio general. En la sección 4 presento evidencias de que una característica clave de la economía simple de Wieser (la atribución de cuotas de valor a los factores de producción en ausencia de intercambio y precios monetarios) fue vista por Hayek como un paso absolutamente necesario en la formulación de la solución al problema de los precios de los factores. Así que mantengo que la iniciación de Hayek a los métodos de pensamiento del teórico del equilibrio general empezó con su intento como economista joven de resolver el rompecabezas de la imputación planteado por la economía simple sin intercambios de Wieser, que precedió en unos pocos años a su preocupación por los problemas del dinero y el ciclo económico.

2.    La relación de Hayek con la tradición wieseriana

Como se ha señalado, Caldwell objeta a mi caracterización de Hayek como seguido de la tradición wieseriana, atribuyendo mi afirmación a “una mala lectura del texto hecha casi a propósito”. Luego procede a citar una sola frase de una de las tres citas de la obra de Hayek que proporciono en apoyo de mi tesis (Caldwell 2002, p. 17). De esta cita solo infiere que “Hayek está señalando sencillamente que mientras que Mises fue alumno de Böhm-Bawerk, el mismo fue alumno de Wieser”. Y Caldwell tiene toda la razón en que eso es prácticamente todo lo que puede deducirse de esta frase tomada aisladamente. Si Caldwell se hubiera molestado en continuar con mi cita hasta la mitad de la página siguiente habría descubierto sin embargo esta declaración de Hayek (1983, p. 18):
Aunque yo sí debo [a Mises] un estímulo decisivo en un momento crucial en mi desarrollo intelectual y una continua inspiración a lo largo de una década, tal vez haya aprovechado más sus enseñanzas porque no era inicialmente su alumno la universidad, un joven inocente que tomara sus palabras como el evangelio, sino que llegué a él como un economista formado, educado en una rama paralela de la economía austriaca desde la que me ganó gradual, pero nunca completamente. Aunque aprendí que normalmente tenía razón en sus conclusiones, no siempre estuve satisfecho con sus argumentos y hasta el final mantuve cierta actitud crítica que a veces me obligó a crear construcciones distintas, que sin embargo, para mi contento, normalmente llevaban a las mismas conclusiones. (Las cursiva es son mías).
Lo que podemos deducir sencillamente de este pasaje es que el propio Hayek percibía una dicotomía entre las tradiciones de Wieser y de Böhm-Bawerk, se formó en la tradición del primero, no abandonó nunca dicha tradición y, consecuentemente, estuvo en desacuerdo con algunos de los argumentos analíticos de Mises en tal grado que se animó a crear construcciones teóricas alternativas que presumiblemente derivaban o estaban inspiradas por la tradición en la que él mismo recibió su formación como economista.
Si Caldwell siguiera mis posteriores citas hasta una segunda fuente, habría descubierto Hayek (1992, p. 157), ya en 1977, señalando algo extrañamente que la tradición de Böhm-Bawerk había eclipsado la tradición weiseriana, pero manteniendo la esperanza de que esta última tradición se reavivara y diera los frutos de su promesa inicial:
En el mundo de hoy, Mises y sus alumnos se consideran como los representantes de la Escuela Austriaca, justificadamente, aunque este represente solo una de las ramas en las que se habían dividido ya las teorías de Menger por parte de sus alumnos, los amigos íntimos Eugen von Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser. Solo admito esto con alguna vacilación, porque había esperado mucho de la tradición de Wieser, que trató desarrollar Hans Mayer, su sucesor. Estas expectativas aún no se han cumplido, aunque esta tradición todavía puede demostrar ser más fructífera pero que ha sido hasta ahora. La Escuela Austriaca activa en la actualidad, casi exclusivamente en Estados Unidos, se compone realmente por seguidores de Mises, basada en la tradición de Böhm-Bawerk, mientras que el hombre en el que Wieser había depositado tan grandes esperanzas y le sucedió en su cátedra nunca ha cumplido realmente lo que prometía.
Lo que hace a esta expresión de lástima y esperanza una indicación más significativa de la afiliación doctrinal de Hayek es el hecho del que este pasaje se publicó originalmente en el prólogo de Hayek a la edición en alemán de Notes and Recollections de Ludwig von Mises (1978, pp. xi-xvi). Recordemos que fue en estas memorias donde Mises había rechazado sumariamente a Wieser por haber entendido mal “lo esencial de la idea del subjetivismo en la Escuela Austriaca el pensamiento” y por ser alguien cuyas “ideas sobre el cálculo del valor justifican la conclusión” de que “era un miembro de la escuela de Lausana” (Mises 1978, p. 36). Los comentarios de Hayek pueden verse como una defensa de la reputación y el legado de su maestro frente a los desaires de un miembro de una tradición rival.
Hay que hacer un comentario más sobre este pasaje, con respecto a la referencia de Hayek a Hans Mayer. Aunque indicara su decepción por la esterilidad intelectual definitiva de Mayer, Hayek revelaba en una nota a pie de página de “Economics and Knowledge” que una fuente de su inspiración para el artículo seminal fueron las obras de Mayer y su círculo. Consecuentemente Hayek (1937, p. 47 fn. 3) escribía: “Es verdad que profesor Mayer ha puesto ante nosotros la perspectiva de otra aproximación causal-genética, pero difícilmente puede negarse que sigue siendo en buena parte una promesa. Sin embargo, debería mencionar aquí que algunas de las sugerencias más estimulantes sobre los problemas relacionados directamente con los aquí tratados provienen de su círculo”.[2] Hayek continúa en la nota a pie de página citando obras de Mayer y su alumno P.N. Rosenstein-Rodan. Dado que Hayek (1994, p. 72) nos dijo posteriormente que este artículo era un intento de demostrar al propio Mises que la aproximación apriorística de este a la teoría económica estaba equivocada, es una evidencia adicional de que Hayek estaba adaptado intelectualmente a una tradición alternativa.
Mi tercera cita, también ignorada por Caldwell, era el obituario de 17 páginas de Wieser escrito por Hayek en 1926. Escrito al menos media década después de que Hayek empezará a trabajar cerca de Mises y cuatro años después de la publicación de Socialismo (Mises 1981), el libro que Hayek afirmaba que le había afectado tan profundamente, el artículo revela a Hayek todavía como un discípulo apasionadamente devoto de Wieser, cuyo sistema de pensamiento había asumido completamente, aunque no estuviera de acuerdo con todos los detalles. De hecho, la introducción al artículo va más allá del elogio respetuoso hasta convertirse en un ditirambo desbocado, ya que Hayek (1992, pp. 108-109) escribía:
Pero ni la profundidad sin rival de sus ideas sobre desarrollo social, como se revelaron finalmente una audiencia más amplia a través de su última gran obra, ni sus contribuciones como estadista y patriota pueden explicar adecuadamente la gran inspiración que fue este hombre para quienes le conocieron personalmente. Fue su grandeza y universalidad humana singular, que transpiran todas sus obras, la que provocó el respeto y admiración sin límites de todos los que entraron en contacto con su magnética personalidad. Sin embargo, para quienes nunca conocieron personalmente a Wieser, su grandeza solo puede entenderse revisando la obra de toda su vida, no únicamente sus logros profesionales. Me quedaría corto en la difícil tarea que he asumido, que es retratar a mi reverenciado maestro y sería enormemente negligente si me limitara a relatar su carrera intelectual y sus contribuciones como economista.
Es posible continuar multiplicando ejemplos de la adhesión consciente de Hayek a la tradición wieseriana, pero me temo que esto no resolvería la discusión entre Caldwell y yo, porque el fondo no es principalmente doctrinal para quienes adoptan una perspectiva kirzneriana sobre la economía austriaca. El que las visiones respectivas del proceso de mercado de Mises y Hayek solo tienen sentido y están completas cuando se ponen en comunión entre sí es un punto de vista que está profundamente implicado en el paradigma kirzneriano. Así que cualquier evidencia doctrinal que vaya en contra de esta postura (incluyendo el testimonio directo de los propios Mises y Hayek) es trivial y está fuera de lugar. La evolución de la economía austriaca puede y debe explicarse de una manera que haga comprensible la aparición de la indicada síntesis de Mises-Hayek. Si se permitiera que los paradigmas de ambos se separaran, se produciría una peligrosa confusión intelectual en la escuela y en la profesión en general que amenazaría el propio futuro de la economía austriaca.
Esto parece ser la actitud que expresa el propio Kirzner (2000, p. 162) cuando escribe:
Cualesquiera que sean las diferencias entre una articulación hayekian y una articulación misesiana del proceso de mercado, la circunstancia crucialmente importante es lo esencial de la noción del proceso correctivo para ambos. Es esto lo que debería convencernos de que cualquier mención a un “paradigma” hayekiano que difiriera fundamentalmente del paradigma misesiano debería rechazarse no solo por reflejar un juicio doctrinal erróneo, sino por reflejar un juicio erróneo con implicaciones potencialmente catastróficas para el futuro de la economía austriaca.
Los austriacos somos una minoría acosada en la profesión económica actual. Uno de los asuntos doctrinales nucleares que diferencian a la economía austriaca de la corriente principal es que los austriacos entendemos el carácter empresarial del proceso del mercado. Aprendimos esto de mises. De Hayek aprendimos ideas adicionales y complementarias. Si queremos conservar y construir a partir del legado misesiano, no debemos generar confusión (ni entre los austriacos ni entre sus opositores) exagerando diferencias percibidas entre Mises y Hayek hasta el punto de que las ideas esencialmente compartidas de ambos se vean peligrosamente oscurecidas. (Las cursiva son mías).
Con el debido respeto a los profesores Kirzner y Caldwell, su postura de que la obra de Ludwig von Mises por sí misma no puede proporcionar una base para el futuro desarrollo de la economía austriaca nunca sido desarrollada ni defendida. Si esto es realmente lo que creen, entonces este tema debería tratarse directamente e identificarse explícitamente los defectos concretos que dañan la visión misesiana no adulterada del proceso de mercado. Sin embargo, lo más importante es que el desarrollo doctrinal de la economía austriaca debería investigarse libremente y en sus propios términos y sin la limitación de establecer una reconciliación previa de las opiniones de Mises y Hayek. Cualquier desvío este método de investigación abierta y sin límites resulta peligrosamente oscurantista y menoscaba la integridad científica de la economía austriaca.

3.    Wieser como teórico del equilibrio general

Habiendo establecido que Wieser fue una de las influencias más importantes de Hayek como economista, me ocupo ahora de la afirmación de Caldwell de que hay escasez de evidencias textuales que apoyen mi tesis de que Wieser era un teórico verbal del equilibrio general. Centrándose en la obra magna de Wieser, Economía social (Wieser 1967), el alegato puede realizarse de una manera bastante breve y directa.
Wieser explica cuidadosamente su visión completa del equilibrio general de la economía en la primera parte de su tratado en cuatro partes bajo el título de “la teoría de la economía sencilla”. Bajo las verdaderamente muy “idealizada suposiciones” de este economía, Wieser buscaba definir con precisión en forma verbal las condiciones bajo las cuales los recursos se asignarían siempre para lograr “la consecución de la mayor utilidad posible total” (Wieser 1967, pp. 9, 51). Por tanto, la economía sencilla iba a servir como vara normativa de medir para evaluar de la eficiencia de la economía de mercado del mundo real.[3] Así, Wieser (1967, p. 10) creía que todos los problemas y dificultades que aparecieran en la teoría de la economía sencilla “pueden tener una solución definitiva” y “en un futuro cercano (…) van a resolverse científicamente”. Aún más optimistamente, Wieser (1967, p. 10) esperaba con la teoría “abrir una vía para una doctrina destinada a ser propiedad común de todas las escuelas económicas futuras”.
La economía sencilla trata “un sujeto económico ideal”, que es la humanidad “tratada como una unidad” y “comparada con la naturaleza”, de forma que las cuestiones de los intereses en conflicto y la justicia económica son tan irrelevantes para la economía sencilla como para la economía de Robinson Crusoe. Sin embargo, la economía sencilla idealizada está lejos de la “economía de la escasez de una persona aislada” y “tiene la amplitud de una economía nacional con toda su riqueza, conocimiento técnico y problemas de cálculo económico” (Wieser 1967, pp. 10, 19). Finalmente, la economía sencilla “está guiada por una sola mente. Responde a su propósito de una manera irreprochable, porque la guía una mente sistemática y penetrante. Este director prevé fines, los compara sin error ni pasión y mantiene una disciplina que asegura que todas las instrucciones se ejecutan con la máxima precisión y habilidad y sin pérdida de energía. Suponemos además que todas las fuerzas individuales requeridas se encuentran a disposición de esta dirección social sencillamente como si estuvieran en la lista de sus intereses individuales (Wieser 1967, pp. 19-20).
Así que en la práctica la economía sencilla de Wieser es una economía comunista en la que se asignan recursos escasos por parte de un planificador central omnipresente y benevolente que posee una noción directa y apropiada de las intensidades de satisfacción de deseos experimentadas por los miembros individuales de la sociedad, todo los cuales poseen exactamente los mismos gustos y escalas de utilidad y reciben la misma renta. Además, sus instrucciones se cumplen sin preguntas ni dilaciones por una fuerza laboral completamente cumplidora. No hace falta decir que el intercambio y el dinero están completamente ausentes en esta economía. Aunque así la economía sencilla esté “completamente separada del intercambio” y “por tanto no tiene el medio de conexión, el dinero”, está “unificada en el trabajo del productor” (Wieser, 1967, p. 49). En otras palabras, el trabajo, especialmente el no cualificado, es asignado económicamente por el planificador central infalible a lo largo de todo el proceso de producción y por tanto constituye el “tallo” que unifica todas las “ramas de la producción” de la economía (Wieser 1967, p. 50).
Es en este punto donde Wieser introducía suposiciones que reconocía explícitamente que distinguían a su propio sistema de equilibrio general (a partir de aquí, EG para abreviar) de las versiones matemáticas de Walras y Pareto, que tratan “de elevar la teoría económica a una estática de la economía” (Wieser 1967, p. 51). Por desgracia, Caldwell (2002, pp. 11-12) confunde la crítica de Wieser de la economía matemática con una crítica de la teoría del EG en general, en lugar de un intento de diferenciar y defender a su propia rama idiosincrática de la teoría. Uno de los problemas más serios de la estática de la economía, según Wieser, es que sus supuestos “permiten la deducción de una condición de equilibrio perfecto [que] contradicen los hechos de la experiencia” (Wieser 1967, p. 51). Para Wieser (1967, pp. 51-53, 100-102, 110), la teoría de la economía sencilla debe incorporar entre sus supuestos tres características del mundo real y que se ignoran en la estática de la economía: (1) discontinuidades existentes en la “escala de necesidades” social agregada para distintos bienes de consumo que generen diversos niveles de saciado de distintas necesidades; (2) diferencias en los grados de escasez de diversos recursos naturales que son propios de los procesos particulares de producción y (3) indivisibilidad de ciertos productos. Estas suposiciones generan un estado de equilibrio en la economía sencilla en el que la utilidad marginal (cardinal) para ciertos bienes por unidad de trabajo no cualificado excede la “utilidad marginal [general] del producto marginal” del trabajo.[4] Así, por ejemplo, productos indivisibles, como los puentes, productos como las joyas de oro que incorporan una entrada natural especialmente escasa y productos cuya utilidad declina rápidamente a partir de cierto punto, como los alimentos básicos, estarían todos sometidos a un “margen de uso más estrecho” en la producción y a un “margen de utilidad más estrecho” en el consumo que los bienes cuya producción establece la utilidad marginal del producto marginal.
Dicho de otra manera, la asignación de lo que Wieser llama “medios de coste productivo” o “medios de coste”, es decir, trabajo y otros recursos relativamente no específicos, de una manera que iguale la utilidad marginal por unidad de los medios de coste a lo largo de todas las ramas de producción en la economía sencilla está limitada, en el lado de la oferta, por las desiguales disponibilidades de los “medios productivos específicos” como depósitos de minerales o espacios urbanos y, en el lado de la demanda, tanto por las distintas estructuras de la escala de necesidades asociadas con productos concretos individuales como por los distintos grados de indivisibilidad de estos productos.
Debido a que las discontinuidades e indivisibilidades no son tratables por razonamiento matemático, no principalmente debido a ninguna consideración dinámica como afirma Caldwell, Wieser (1967, p. 51) concluye, en contra de la estática económica: “no se lleva a cabo nunca ningún ajuste que tienda a estabilizar una condición de equilibrio estricto, un nivel perfecto”. Tampoco el sistema de Wieser está “centrado en los ajustes marginales constantes realizados por los agentes” (Caldwell 2002, p. 12). Por el contrario, Wieser pretende presentar “una formulación más adecuada del principio económico de la mayor utilidad posible” que la de los teóricos matemáticos del EG. El principio de Wieser pretendidamente tiene en cuenta la “ocurrencia real” de bienes económicos y “las intensidades relativas de las necesidades dependientes”, es decir, la diversidad de escaseces, discontinuidades e indivisibilidades de recursos naturales ausente en el modelo de Walras-Pareto. Así que Wieser (1967, p. 53) resumía el principio de la asignación óptima calificando su economía sencilla de EG en los siguientes términos:
El margen general de utilización ha de establecerse de tal manera que incluya el mayor número posible de grados de utilidad. Una saciedad completa ha de obtenerse para todas las necesidades más estrechamente limitadas. Pero, además, los márgenes más estrechos de uso de valores de escasez, así como de abundancia, son los indicados para permitir la mayor gratificación extensiva posible. El máximo total de satisfacción es el factor decisivo en todo caso individual. Cada medida económica de satisfacción ha de disponerse de tal manera que añada el máximo de utilidad al total garantizado en caso contrario. No hay que consentir ningún uso mientras alguna disposición alternativa genere un efecto más beneficioso.
Aunque Wieser nunca usara el término “valor natural” en Economía social, es evidente por la definición que dio en su obra anterior, Valor natural (1971) que el concepto se refiere al patrón de utilidades marginales y aparecería la economía sencilla de EG, que desarrolló con tan minucioso detalle a lo largo de 180 páginas en dicha obra anterior. Así, Wieser (1971, p. 60, 62) define el “valor natural” como “aquel valor que deriva de la relación social entre cantidades de bienes y utilidad o valor como existiría en el estado comunista”. No cabe duda de que Wieser concebía el valor natural como un concepto de EG, al haber escrito: “pensaremos en el estado comunista como un estado perfecto. Todo estará ordenado de la mejor manera posible. (…) No se producirá nunca ningún error ni ningún otro tipo de fricción. El valor natural será aquel que se reconozca por medio de una comunidad completamente racional y unida”. Cuando los bienes han alcanzado su valor natural, el “valor total de utilidad” (definido como la utilidad marginal por unidad de un bien multiplicada por su cantidad y sumada sobre todos los bienes de consumo presentes y futuros) está en su máximo.[5]
La adopción por Wieser de la teoría del EG es también evidente en su intento de solución del problema de imputación o lo que él llama “el problema de la atribución de rendimientos” (1967, p. 111). Rechazando la aproximación correcta de Menger hacia una solución que se basa en el funcionamiento de la ley de causa y efecto en el mundo físico, Wieser (1967, pp. 117- 118) califica la solución como puramente “un cálculo utilidad”.[6] Ese cálculo puede tener lugar igual de fácilmente en la economía sencilla comunista sin precios que en la economía de mercado, porque “no cabe duda” de que “pueden encontrarse ecuaciones” que relacionen la variedad de medios de coste no específicos combinados en diferentes proporciones en diferentes procesos de producción para cantidades de utilidad representadas por los productos de estos procesos.[7] Esas ecuaciones serían suficientes en número como para permitir que se resuelva el sistema simultáneo de porciones y se atribuya un rendimiento concreto de utilidad a todos y cada uno de los medios de coste individuales, con medios productivos específicos a los que atribuir el residuo de cualquier proceso. Por supuesto, esta debe ser una solución de EG, porque “todo el rendimiento obtenido como se espera bajo el plan [maximizador de utilidades] de operaciones debe atribuirse sin un recordatorio en la medición de la contribución productiva” (Wieser 1967, p. 119). Además, no se necesita el proceso empresarial del mercado para llegar a una solución como esa, porque “igual que somos capaces de hacer estos cálculos teóricos, el productor [de la economía sencilla] tiene una base sobre la que puede encontrar la solución a este problema particular a través de prueba y error” (Wieser 1967, p. 120).
Como indica muy claramente esta explicación de la teoría de importación de Wieser, este estaba por tanto o tan preocupado como Walras por demostrar que el número de ecuaciones en su sistema igual a Böhm número de incógnitas. Es verdad que, como dice Caldwell (2002, p. 12) Wieser no fue más allá de esto o hasta “preguntarse acerca de la existencia o determinación o exclusividad del equilibrio”, pero indudablemente tampoco lo hicieron Walras ni Pareto.[8] Caldwell (2002, p. 12) concluye su alegato diciendo:
Desde mi punto de vista, Wieser puede describirse mejor como un marginalista sistemático, alguien que entendía la interdependencia económica general, pero pensaba que centrarse en el equilibrio del mercado múltiple no era la mejor manera de explorar la naturaleza del sistema. No lo describiría como un teórico del equilibrio general de ningún tipo.
Aunque yo no presumiría de describir las conclusiones de Cakldwell como  “una mala lectura casi ilusoria del texto”, la revista de las evidencias aducidas anteriormente, me veo obligado a calificar la en el mejor de los casos reflejando una lectura sin comprender.
Pero es verdad que, para Wieser, la asignación óptima de recursos que genera el máximo utilidad y se refleja en los valores naturales de los productos en la economía sencilla está inevitablemente distorsionada en la economía social por la distribución desigual de riqueza y renta que resultan del intercambio. Esta desigualdad da lugar a poder económico, lo que, a su vez, impregna y deforma la mayoría de las relaciones de intercambio. Así que el valor natural “sencillamente depende de la utilidad”, mientras que “el valor de intercambio mide una combinación de utilidad y poder adquisitivo” (Wieser 1971, p. 57). Como consecuencia del impacto de riqueza y rentas desiguales sobre el poder adquisitivo, la producción dirigida por el valor de intercambio “se ordena no solo de acuerdo con el simple deseo, sino también de acuerdo con la riqueza. En lugar de las cosas que habrían tenido la máxima utilidad se producirán aquellas cosas por las que se pague más. (…) Es por tanto la distribución de la riqueza la que decide cómo ha de funcionar la producción y la que induce al consumo del tipo menos económico: un consumo que desperdicia en placeres innecesarios y culpables lo que podría haber servido para curar las heridas de la pobreza” (Wieser 1971, p. 58).
Además de su efecto directo de distorsionar la producción y el consumo, las desigualdades de riqueza y renta que derivan del proceso de intercambio también generan un poder sobre los lados de la demanda y la oferta del mercado. En el lado de la demanda, aparecerá una “estratificación de precios”, con el precio de los “productos básicos” como el pan determinado por la demanda marginal en los estratos de rentas más bajas, mientras que sus demandas no tendrán absolutamente ninguna influencia en determinar los precios de los “lujos” como los diamantes o los “bienes intermedios”. Los precios de estos dos últimos tipos de bienes estarán determinados por los demandantes marginales entre los estratos de rentas altas y medias, respectivamente. Así que el precio en una economía de intercambio no está determinado por “la utilidad marginal como tal”, es decir, el valor natural de la economía sencilla, sino por una “utilidad marginal estratificada” (Wieser 1967, pp. 186-189). Además, tanto “el mendigo como el millonario” pagan el mismo precio por el pan, que se establece de acuerdo con su valoración marginal o “la medición del hambre” del mendigo (Wieser 1971, p. 58). La enorme plusvalía de consumo que obtiene el rico en la compra de esos productos básicos le permite así competir con otros por productos de lujo cuyos precios se colocan cerca del máximo de sus valoraciones personales. Consecuentemente, “cuanto más poder adquisitivo del rico se gaste en la compra de productos necesarios, mayores serán los medios que tendrá que entregar, con lo cual se extenderán y aumentarán los precios que ofrecen por los productos de lujo y más defectuoso será el impulso dado al consumo para la producción” (Wieser 1971, pp. 59). Llevado al extremo, “los miembros de los estratos de rentas más altas y máximas que pretendan excluir de la competencia a todos los demás rivales” en los lujos poseen el poder económico para crear una situación en la que un bien de utilidad marginal más baja alcance un precio que sea superior al de un bien de utilidad marginal superior, como se producirían estas utilidades marginales en la economía sencilla (Wieser 1967, p. 187).
En el lado de la oferta, lo que Wieser (1967, pp. 220-228) llama “instituciones monopoloides”, especialmente los cárteles y trusts que aparecen inevitablemente en el proceso competitivo en sectores de costes decrecientes, intensificaría la estratificación de precios y la fragmentación de utilidades marginales al ejercer su poder para restringir artificialmente la oferta y aumentar el precio. Esto significa que  los precios de cada vez más bienes estarían determinados de acuerdo con la “utilidad marginal estratificada” de más estratos ricos de la población y que el cálculo económico utilizando estos precios estratificados haría que los patrones interconectados de asignación de recursos, distribución de rentas y consumo se vieran más deformados en comparación con los patrones ideales que se hubieran calculado usando los valores naturales generados en la economía sencilla.
Sin embargo, Wieser no usó la herramienta de la economía sencilla exclusivamente como banco normativo de pruebas para evaluar la eficiencia de la economía histórica de mercado. Lo empleó también muy claramente como herramienta analítica para descubrir los factores subyacentes que determinaban los resultados del mercado real. Por ejemplo, en Natural Value, Wieser (1971, p. 62-63) escribía:
El hecho de que el valor natural constituya un elemento en la formación del valor de intercambio pone a nuestra investigación en contacto con la realidad y le da su importancia empírica. (…) Sería de interés investigar más de cerca en qué grado los fenómenos del valor de intercambio son de origen natural y por tanto lo grande que es el poder formativo del valor natural en las condiciones existentes de la sociedad. Creo que lo que viene a continuación demostrará que es mucho más grande de lo que se supone normalmente. (…) A este respecto, el examen del valor natural será útil tanto para aquellos que quieran entender la economía de la actualidad como para quienes quieran evolucionar a una nueva [socialista].
En su posterior Economía social, Wieser (1967, pp. 235-236) decía que la ley del valor natural era operativa en la economía sencilla como la fuerza primordial y dominante que da lugar a la constelación real de precios generada por la economía social a pesar de las distorsiones introducidas por la existencia de poder económico:
Pero sean cuales sean los nuevos elementos que tengamos que introducir en nuestra investigación [de la economía social], estos no han traído con ellos ninguna fuerza nueva. Incluso el nuevo elemento, el dinero, es únicamente un instrumento para llevar a cabo el movimiento de intercambio de valores naturales. Cuando un resultado social de los precios se analiza en sus partes componentes, llegamos a las valoraciones personales de las partes interesadas. Cada una de esas valoraciones obedece a la ley de la economía sencilla. La diversidad de poder se evidencia solo en la fortaleza con la que este interés personal puede mostrarse. (…) La ley del precio se deriva de la ley del valor de la economía sencilla.

4.    Hayek como teórico (wieseriano) del equilibrio general

Hayek se reveló como un seguidor cercano de su maestro la hora de defender y emplear la economía sencilla como herramienta analítica indispensable
En un artículo temprano, publicado por primera vez en 1926, Hayek (1984, p. 34) argumentaba: “la solución del problema de imputación tiene que intentarse sin recurrir al intercambio (…) tiene que basarse en las suposiciones de una economía basada en una voluntad uniforme”. Hayek buscaba justificar el procedimiento estático de Wieser de imputar directamente valores subjetivos a bienes individuales de producción como un paso lógicamente anterior al funcionamiento del proceso dinámico del mercado. Defendiendo la teoría de la “imputación directa del valor” frente a la teoría de la productividad marginal del precio de los factores, Hayek (1984 p. 47) argumentaba:
Para demostrar la importancia de la doctrina de la productividad marginal como una teoría de la imputación, es decir, como una deducción por el individuo del valor subjetivo de los bienes de producción, que pueda servir como base para la explicación de la formación de los precios de estos bienes, esta doctrina debe despojarse del disfraz de la economía de mercado en el que se presenta habitualmente. (…) Solo entonces la doctrina de la productividad marginal se convierte inmediatamente en apropiada para la explicación de la distribución de renta sin el paso intermedio de la formación de precios. Mientras el fenómeno objetivo del valor se considere como resultado de valoraciones individuales, es necesario lógicamente que seamos capaces de explicar antes esto último sin referencia al intercambio. (He puesto las cursivas en este pasaje).
Este pasaje es extremadamente importante por lo que revela acerca del pensamiento de Hayek, no sólo doctrinalmente, sino también sustancialmente. Demuestra que a pesar de haberse visto muy influido, según reconoce él mismo, por el libro Socialismo de Mises, no entendía o estaba en desacuerdo con el argumento central de dicho libro. Pues Mises argumentaba que en una economía industrial con una estructura compleja de bienes heterogéneos de capital, los bienes de producción no pueden valorarse subjetivamente por imputación directa, solo pueden ser “estimados” objetivamente en términos de precios cardinales generados por el proceso empresarial del mercado.[9]
Pesar de su familiaridad con argumento del cálculo de Mises, Hayek (1984, p. 42) afirmaba que el recurso de Wieser a “la forma en la ética de la utilidad” era necesaria para diseñar un sistema eterna y simultánea de ecuaciones capaz de resolver el problema de imputación.[10]En un sistema así, según Hayek (1984, p. 40):
La igualdad en el valor de un bien de producción en distintos usos también nos permite representar en forma de ecuación la relación recíproca entre los valores de productos producidos por los mismos factores, así como su relación con el valor de los factores de producción. En el primer lado de estas ecuaciones se repiten los mismos factores de producción como iguales cantidades de valor de forma que existe dependencia mutua entre ellos. Sustituir valores concretos, ya sea por productos o por bienes de producción, nos permite calcular los demás elementos.
Hayek (1984, p. 42) mantenía que solo resolviendo el problema de la imputación de esta manera podríamos responder definitivamente a la pregunta: “¿qué parte hay que imputar a los factores individuales de producción en una economía individual estable?”, lo que a su vez es “una condición previa para la organización racional de la producción en una economía sin intercambio”. Así que Hayek (1984, pp. 52-53) rechazaba como algo teóricamente “sin sentido” la solución de la productividad marginal causal-realista dinámica propuesta por Menger y desarrollada con todo detalle por Böhm-Bawerk como una “derivación desigual del valor de los bienes de producción a partir de los del producto” y argumentaba que los valores de los productos y los bienes de producción están determinados simultánea y mutuamente. Además concedía: “la escuela matemática, siguiendo a Walras, ha tratado de resolver con éxito problemas similares [aunque] no ha tenido éxito en hacer justicia al problema de imputación” (Hayek 1984, p. 53).
Admitiendo que lo anterior refleja sus primeras opiniones sobre teoría económica, que maduran sustancialmente durante la década de 1930, Hayek siguió siendo un defensor de la teoría del EG a través de la década aunque abandonara algunos elementos de la variante específicamente wieseriana de dicha teoría. Así, en su revisión de 1936 del manual de E.H. Phelps Brown sobre la teoría del equilibrio General, The Framework of the Pricing System, Hayek (1937, p. 94) comentaba con aprobación: “es un agradable imagen el que el desarrollo de la economía haya llegado por fin a una etapa en la que se espera que en una exposición como esta de lo más elemental de la teoría económica por parte de un economista competente no se encuentre nada importante con lo que estar en desacuerdo”.[11] Dado que Hayek (1937, p. 95) se encontraba sustancialmente de acuerdo con Brown sobre las bases analíticas, restringía sus comentarios críticos a problemas de exposición, uno de los cuales era “el extraordinariamente poco uso de gráficos” realizado por el autor. En particular, a Hayek (1937, p. 95) le preocupaba la falta de “curvas de indiferencia o curvas de equiproducto” del libro, suponiendo que el dispositivo expositivo alternativo de Brown sería confundido por los estudiantes con “una función de utilidad en el sentido antiguo” y basada en “conceptos absolutos de utilidad”. Hayek acababa considerando a libro como uno que “rellenará un espacio importante en un programa de lecturas bien concebido” para principiantes, aunque lamentaba el hecho de que dejaba al lector “sin ninguna guía sobre lecturas posteriores”.
Así que 1937 es evidente que Hayek había abandonado algunos conceptos esenciales de la teoría de Wieser, como la utilidad cardinal, y se había abierto más a la aproximación de la escuela de Lausana de la teoría del EG que estaba empezando a extenderse entre los economistas anglófonos. Sin embargo, en 1941, Hayek (1952, pp. 95-244) seguía empleando el concepto de Wieser de una economía comunista estática para construir las bases de equilibrio intertemporal de su teoría pura del capital, que desarrollaba a lo largo de 150 páginas en La teoría pura del capital, incluso manteniendo el nombre de Wieser de la “economía sencilla”. Curiosamente, en ningún sitio fue más evidente la profunda influencia de Wieser sobre Hayek que en los intentos de este de alejarse de la teoría del EG en su famoso artículo de 1945 sobre “El uso del conocimiento en la sociedad”. Al final de ese famoso artículo, en una crítica a Schumpeter, cuya construcciones teóricas también estuvieron influidas por Wieser, Hayek renunciaba a su seguimiento de la teoría de imputación de Wieser por el que tanto había luchado por perfeccionar y defender como joven economista.[12] Pero Hayek rechazaba el teorema de imputación directa del valor sobre bases wieserianas y no misesianas. Es decir, no negaba que una sola mente, por ejemplo, el director de la economía sencilla, que poseyera todos los datos relevantes fuera capaz de atribuir racionalmente cuotas de valor a los factores de producción sobre la base de que no podría haber ninguna unidad objetiva de cálculo económico donde no haya mercados y precios. Más bien, rechazaba el socialismo como una imposibilidad práctica porque un planificador centralizado el mundo real nunca sería capaz de atender a todos los hechos requeridos para descubrir la solución óptima a la que llegaría el director omnisciente de la economía sencilla de Wieser. Hayek (1972, pp. 90-91) escribía:
La implicación es una relación lógica que puede afirmarse con sentido solo de proposiciones presentes simultáneamente en una y la misma mente. Sin embargo, es evidente que los valores de los factores de producción no dependen únicamente de la valoración de los bienes de consumo, sino también de las condiciones de la oferta de diversos factores de producción. Solo para una mente que conociera simultáneamente todos estos hechos se conocería necesariamente la respuesta a partir de los hechos que se le dan. Sin embargo, el problema práctico se plantea precisamente porque estos hechos nunca van a estar dados para una sola mente y porque, en consecuencia, es necesario en la solución del problema que se use un conocimiento que está disperso entre muchas personas.
Antes en el mismo artículo, Hayek calificaba el análisis del equilibrio general en términos wieserianos como la “lógica pura de la decisión”, identificando su objeto como una economía sencilla controlada por una sola mente. Aquí de nuevo Hayek (1972, p. 85) aceptaba lisa y llanamente la conclusión de Wieser de que la asignación racional de recursos podía lograrse mediante una operación puramente interna e intelectual, sin recurrir a un proceso externo y social de precios, siempre que la mente directora poseyera datos suficientes:
Ni siquiera la mente controladora única en posesión de todos los datos de algún sistema económico autocontenido y pequeño iría explícitamente (cada vez que tuviera que hacerse algún pequeño ajuste la asignación de recursos) a través de todas las relaciones entre fines y medios que podrían verse afectados. En realidad, la gran contribución de la lógica pura de la decisión es que ha demostrado concluyentemente que ni siquiera esa mente única podría resolver este tipo de problemas solo construyendo y utilizando constantemente tasas de equivalencia (o “valores” o “tipos marginales de sustitución”).

5.    Conclusión

Dadas las evidencias que se presentan más arriba, creo que es bastante razonable afirmar varias cosas que han sido discutidas por Caldwell. Primero, Hayek fue realmente alumno de Wieser y seguidor de la tradición wieseriana (y se consideraba como tal) incluso después de haber empezado a trabajar conjuntamente con Mises, a quien reconocía explícitamente como seguidor de una rama distinta de la economía austriaca. De hecho, las propias palabras de Hayek sugieren claramente que mantuvo su afinidad con la aproximación de Wieser al análisis económico ya dentro de la década de 1970 y que anticipó y alabó su futuro reavivamiento.
Segundo, el concepto de Wieser de la economía sencilla era un sistema de equilibrio general completamente desarrollado, que este empleaba no solo como patrón del bienestar social sino también como la herramienta analítica central para explicar los fenómenos del mercado del mundo real.
Tercero, Hayek no adoptó originalmente la teoría del EG como una manera de convencer a los teóricos alemanes del ciclo de que la teoría monetaria del ciclo económico no se basaba en los fundamentos de la teoría cruda de la cantidad, lo que no significa negar que pueda haberla usado para este propósito. Más bien, la aprendió de Wieser en la universidad y luego como joven economista se dedicó a la tarea de corregir y defender la solución de su maestro para el problema más difícil, la imputación directa de utilidad para los bienes de orden superior. Además incluso el posterior intento de Hayek del liberarse del análisis del EG daba la impresión de su formación wieseriana, centrándose en la demostración de que la asignación óptima de factores lograda por la aplicación de la lógica pura de la decisión a las condiciones de una economía sencilla no podía ser replicada en la práctica en una economía en la que el conocimiento estuviera disperso entre muchos agentes económicos independientes.
Finalmente, dejadme tratar la afirmación de Cadwell de que Menger, Böhm-Bawerk y Mises no presentan un “frente continuo” sobre ningún asunto fundamental que los diferencie sustancialmente del bando de Wieser-Hayek. Primero, nunca he sugerido que estos economistas, que representan tres generaciones sucesivas de la Escuela Austriaca, presentaran un frente continuo sobre ningún asunto. Hacerlo sería deducir que la tradición se estancó durante las aproximadamente ocho décadas que van entre la publicación de losPrincipios de Menger y La acción humana de Mises, cuando en realidad se caracterizó por un fermento intelectual que generó un tremendo progreso a lo largo de este periodo. Segundo, en varias de mis publicaciones previas he tratado de mostrar cómo este progreso se relaciona con el desarrollo de la visión del mercado como un “proceso de evaluación social”. En este proceso, empresarios compitiendo en mercados de factores y productos establecen una estructura de precios monetarios reales para todo tipo de bienes, que les permite, en conjunción las acciones individuales de los precios de los productos futuros, calcular e implantar un patrón de asignación de recursos que, dadas las limitaciones técnicas existentes y esperadas, sirva mejor a la demanda anticipada del consumidor en un mundo de datos en constante cambio. El enfoque analítico esencial de Menger, Böhm-Bawerk y Mises fue por tanto siempre la explicación de los precios reales utilizados en el cálculo monetario y nunca precios inalcanzables de equilibrio ni valores naturales.[13]

Referencias

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El artículo original se encuentra aquí.

[1] Ver especialmente Israel M. Kirzner 1992, pp. 57-85, 100-136; Kirzner 2000, pp. 151-179 y Kirzner 2001, pp. 34-68.
[2] Esta referencia se eliminó cuando se reimprimió “Economics and Knowledge” en la recopilación de ensayos de Hayek Individualismo y orden económico (Hayek 1972, pp. 33-56).
[3] Como señala Robert Ekelund (1970, p. 183): “El cálculo y maximización de la utilidad era el meollo de la cuestión y el valor que resultara de la economía sencilla iba a quedar como modelo frente al cual iban a medirse todas las sociedades de la economía real”.
[4] Wesley Clair Mitchell (1999, p. 252) describe el rechazo de Wieser de la idea del equilibrio estático de los economistas matemáticos en términos similares.
[5] Según Wieser (1967, pp. 124-26):  “La ley fundamental del cálculo de utilidad indica que una existencia divisible de bienes ha de considerarse económicamente como una suma de unidades, cada una de las cuales se calcula por la utilidad marginal. Las unidades de masa son al mismo tiempo unidades de utilidad; cuando se calcula la base hay un cálculo simultáneo de la utilidad. (…) Cuando los medios productivos de coste y el coste por producto se establecen como la suma de las unidades de utilidad que contienen, se obtiene la base aritmética para un plan de producción y gestión. Este plan puede desarrollarse con detalle porque determina los límites de la actividad productiva así como del consumo. La dedicación a un tipo particular de uso de incluso la parte más pequeña de la oferta total está incluida”.
[6] Sobre el papel esencial de la ley de causa y efecto en la economía de Menger, ver Salerno 1999b, pp. 71-100, especialmente pp. 89-90 sobre su teoría de la imputación.
[7] Como Wieser suponía coeficientes fijos de entrada en cualquier proceso concreto de producción, Blaug (1985, p. 431) señalaba: “Sin darse cuenta, Wieser de hecho había planteado un problema típico de programación lineal definido como la maximización de una relación lineal sujeta a varias limitaciones lineales”.
[8] Como dicen Ingrao e Israel (1990, pp. 111-112), “el proyecto walrasiano quedó inacabado en otro sentido crucial: ninguna de las tesis analíticas que trataba la teoría estaba, en realidad, claramente demostrada en los Eléments. Walras declaró su intención de demostrar que las ecuaciones de equilibrio general tienen una solución determinada, pero se limito a indicar la condición de igualdad entre número de ecuaciones y número de incógnitas. (…) Walras se lo dejó a Pareto, que continuó repitiéndolo a pesar de su mucha mejor formación matemática. (…) En conclusión, ninguno de los tres problemas analíticos planteados por la teoría del equilibrio económico general (existencia, exclusividad y estabilidad) recibió ninguna solución ni ninguna definición clara en los Eléments.”
[9] Es verdad que Mises no desarrolló completamente su visión de la economía de mercado como un proceso de evaluación social hasta 1940 en Nationalökonomie, la predecesora en alemán de La acción humana. Sin embargo, Mises (1981, pp. 100-101) indudablemente destacaba la indispensabilidad del proceso de precios del mercado para el cálculo económico en Socialismo, argumentando: “el cálculo monetario (…)nos permite extender juicios de valor que se aplican directamente solo a bienes de consumo (o al menos sólo a bienes de producción del orden más bajo) hasta todos los bienes de órdenes superiores”. Sobre la visión del mercado de Mises como un proceso de evaluación dinámica, ver Mises 1998, pp. 324-336; Salerno 1990a y Salerno 1990b, pp. 36-49.
[10] Curiosamente, como señalaba agudamente Blaug (1986, p. 280), dado que Wieser mantenía que los valores naturales podían emplearse para el cálculo económico en las economías socialistas, “fue por tanto a Wieser a quien Ludwig von Mises (…) trató de refutar cuando desarrolló el argumento de que el cálculo económico racional era imposible bajo el socialismo”.
[11] Estoy en deuda con William Butos por atraer mi atención hacia esta reseña. Este reconocimiento no implica estar de acuerdo con la deducción doctrinal que he sacado de ella.
[12] El sugestivo que en el texto o que estaba criticando a Hayek, Schumpeter (1962, p. 173, fn. 2) mencionaba explícitamente a Wieser y Pareto entre los “más de una docena de economistas [que] habían intuido la solución” al problema del cálculo socialista antes que Barone. No hace falta decir que esta solución se basaba en un análisis de EG.
[13] Para las contribuciones de Menger y Böhm-Bawerk a la evolución de la perspectiva del cálculo monetario en la teoría de precios totalmente desarrollada por Mises en La acción humana, ver: Salerno 1991, pp. 367-71; Salerno 1994, pp. 97-100; Salerno 1997, pp. 25-31 y Salerno 1999b, pp. 80-100.