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viernes, 14 de noviembre de 2014


La caída del balance del BCE pone en duda las metas de Draghi.


EXPANSIÓN

No es más que una anécdota y no se prevé que se repita en el futuro inmediato, así que podría pasar sin pena ni gloria por la escena monetaria europea. Pero hay veces en que un pequeño detalle adquiere una categoría superior porque coincide en un tiempo y en un contexto significativo.
Eso es lo que le ha pasado a Mario Draghi en su empeño por extender el balance del Banco Centro Europeo (BCE) a lo que un día fue, lo que implica un crecimiento de un billón de euros para tocar otra vez los ya míticos tres billones con los que contó durante toda la segunda mitad de 2012. Hace un mes que puso en marcha las primeras medidas para que eso sea posible y el resultado es que, en la tercera semana de aplicación de su política no convencional de compra de activos en el mercado, el balance del supervisor no solo no ha crecido, sino que se ha reducido en más de 22.000 millones de euros. Así lo indican los últimos datos, correspondientes a la semana terminada el pasado viernes.
Los culpables han sido los bancos. Como siempre, las entidades financieras no faltaron a su cita con la devolución de parte de lo conseguido en las subastas de liquidez a largo plazo (LTRO) de finales de 2011 y principios de 2012. Otros 3.850 millones retornaron la semana pasada al lugar del que salieron y ya son cerca de 700.000 millones los que han devuelto los bancos del billón largo que les fue concedido.
Pero esa no ha sido la parte más importante. La clave de que el balance del BCE haya bajado estuvo en la subasta semanal de liquidez. En la convocatoria del 29 de octubre, los bancos pidieron 118.152 millones de euros, que devolvieron puntualmente el miércoles de la semana pasada. Ese día hubo nueva subasta a siete días y las peticiones se quedaron en 98.189 millones. Eso quiere decir que la semana pasada entraron en la caja del BCE por esa vía 19.963 millones más de los que salieron.
En pleno programa de compra de activos del banco central, esas salidas podrían haber quedado en nada, neutralizadas por un elevado volumen de adquisiciones. Pero no ha sido así. El BCE lleva tres semanas en el primer estadio de su plan, la compra de cédulas hipotecarias, y en la última ha destinado a ello menos que en la anterior.
El mercado sí nota al BCE
En total, son ya 7.408 millones dedicados a comprar cédulas y el efecto se ha notado en el mercado. Los diferenciales de estos instrumentos han caído a mínimos históricos y las emisiones de los bancos se han disparado. Banco Sabadell fue la primera entidad española que se apuntó a la tendencia y ayer Santander se sumó, con dos colocaciones a 10 y 20 años por un total de 3.000 millones y vendidas al precio más bajo que nunca ha pagado (poco más del 2% para el tramo más largo).
Pero el BCE no está consiguiendo volúmenes, que es lo que buscaba. En la segunda semana del programa de compras se hizo con 3.075 millones en cédulas y la semana pasada tuvo que bajar la cifra a 2.629 millones porque no hay tantos activos disponibles en el mercado. «La caída en la actividad refleja la falta de disponibilidad de papel debido a las emisiones netas negativas [vence o se rescata más de lo que se emite] y la dificultad de convencer a los inversores de vender sus bonos», señala ABN Amro en una nota a sus clientes recogida por Bloomberg.
El resultado es que la semana pasada entraron en las arcas del BCE más recursos de los que el supervisor inyectó en el mercado y eso hizo caer el balance en 22.323 millones. En estos momentos, el total está en 2,03 billones y ese es el mismo nivel que tenía a mediados de 2011.
Es verdad que todavía no se ha comenzado con la segunda parte del plan, la compra de titulizaciones, pero los expertos no creen que vaya a cambiar mucho la situación. Según los cálculos del propio BCE, hay unos 600.000 millones de euros en cédulas en el mercado que serían comprables por el supervisor y otros 400.000 millones en titulizaciones. El total hace la mágica cifra del billón de euros al que aspira el banco central, pero tendría que comprar el mercado en pleno para conseguirlo. Eso significa tirar los precios, competir agresivamente con otros compradores y secar el escenario, algo totalmente ajeno a las pretensiones del BCE.
Tampoco hay que olvidar que en el objetivo total de incremento del balance también computan las peticiones que han hecho los bancos en la subasta de liquidez a largo plazo condicionada a la concesión de crédito del pasado septiembre y la que va a tener lugar en diciembre. Sin embargo, en la primera convocatoria se solicitaron 82.600 millones y no se espera que en la segunda vaya a dispararse la cifra.
Mucho camino por andar
Con esta tesitura, varios bancos de inversión y fuentes del mercado dan por hecho que habrá cambios. O el BCE modifica su meta de elevar su balance en un billón de euros o decide abrir la mano y comprar otros activos. Y es que las compras de cédulas y titulizaciones pueden ascender a 140.000 millones de euros, según los cálculos de Credit Suisse, y eso es un 14% del objetivo.
¿Cuál puede ser el siguiente paso? «La compra de bonos corporativos es inevitable», dice Credit Suisse en una nota a sus clientes. Al fin y al cabo, el BCE busca fortalecer el sistema de crédito extrabancario, puesto que los bancos no van a ser el motor del crecimiento de la zona euro entre otras cosas porque están en pleno proceso de desapalancamiento. Aunque tampoco eso será la panacea, porque el universo de títulos de este tipo es de 500.000 millones y el máximo que podría adquirir el banco central es un 30% de esa cantidad, según los cálculos del banco de inversión.
¿Qué queda? Al final, la compra de bonos soberanos vuelve a estar encima de la mesa. Solo con el volumen que pueden aportar se conseguiría la cifra del billón de euros de crecimiento del balance, según varios expertos. Pero para eso hay que convencer a Alemania. Y esa tarea puede ser dura.

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