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viernes, 14 de noviembre de 2014


Emisión monetaria y una crítica desafortunada




En diversos escritos he sostenido que el financiamiento de los déficits fiscales mediante emisión monetaria genera la desvalorización de los billetes, de manera que disminuye su valor adquisitivo. He planteado que esta tesis está de acuerdo con la teoría monetaria de Marx; y que no significa aceptar la teoría cuantitativa del dinero. De hecho, Marx fue muy crítico de la teoría cuantitativa, y sin embargo sostuvo que la emisión de billetes podía tener efectos inflacionarios (ver por ejemplo “Oro, teoría cuantitativa y Marx”, en este blog).
Pues bien, por estos días me han acercado una crítica que me dirige un economista llamado Fabián Amico, que la ha hecho circular dentro de Economistas de Izquierda. Amico me hace numerosos cargos, todos en el mismo sentido: mis posiciones coinciden con las ideas más reaccionarias de los economistas de la derecha. En particular, sostiene que mi postura sobre las consecuencias del financiamiento de déficits con emisión monetaria, me emparenta con los monetaristas “más rudimentarios” (sic). Amico afirma:
“Esto es otro acercamiento íntimo de RA (Rolando Astarita) a lo más ortodoxo de la teoría económica. Primero, supone que hay neutralidad de la moneda, como los monetaristas más rudimentarios, ya que una mayor masa de dinero no tendría efectos reales y solo subiría los precios. Segundo, considera que la moneda es exógena, es decir, que cae desde unos helicópteros del BCRA, como decía Friedman, y no tiene nada que ver con las necesidades de la economía capitalista ni con su intercambio con el mundo. Pero además RA usa una cita muy dudosa de Marx tomada de laContribución, donde no queda nada claro si Marx habla de su propia concepción o se refiere a Hume (un precursor del cuantitativismo). Pero si vamos a usar argumentos de autoridad, va esta cita de Marx totalmente cristalina: “Los precios no son altos o bajos porque circula mucho o poco dinero, sino que circula mucho o poco dinero porque los precios son altos o bajos” (Grundrisse).
La crítica de Amico denota una incomprensión de la teoría de Marx que es bastante habitual, y es conveniente clarificar. El tema es que Marx afirma, efectivamente, que los precios son altos o bajos no porque circule mucho o poco dinero, sino que circula mucho o poco dinero porque los precios son altos y bajos. Pero Marx también afirma que la emisión monetaria desvaloriza el billete. Las dos afirmaciones están contenidas en la teoría de Marx, y las dos son perfectamente compatibles. La primera afirmación es el eje de la crítica de Marx a la teoría cuantitativa. Esto es, dados los precios, y dada la velocidad de circulación y la masa de mercancías, solo circula la cantidad de dinero necesaria, y el resto se atesora. Marx no adhiere a la idea monetarista de que la velocidad de circulación del dinero sea constante, o estable (o que sean estables los “encajes monetarios”); y otorga toda su importancia a la creación de medios de circulación monetaria a partir del crédito (créditos monetizados, que de todas maneras deben distinguirse conceptualmente del dinero propiamente dicho). Sin embargo, Marx  también sostiene que la emisión de billetes sin el respaldo correspondiente, los desvaloriza. He explicado esta posición de Marx en Monetarismo Criollo. A fin de clarificar el asunto, en primer lugar voy a explicar el porqué de esta posición de Marx, y su coherencia. En segundo término, presento los pasajes de Marx que no dejan lugar a dudas de que ésa es su posición y no la de Hume. En tercer lugar, voy a explicar por qué negar este efecto de la emisión es un error grave, que solo lleva agua al molino de las soluciones fantasiosas de los problemas del capitalismo.
La lógica de Marx sobre la emisión
Lo primero que debe entenderse es que Marx distingue las leyes de la circulación del dinero (aquí encaja su crítica a la teoría cuantitativa) de lo que él llama la “ley específica de la circulación de billetes” (Marx, 1999, t. 1, p. 156), que dice que la cantidad de papel moneda (estamos hablando del billete de curso forzoso) que ha de circular representando simbólicamente al oro o la plata habría de limitarse a la cantidad de oro o plata que circularían si no estuviera el billete. Si la cantidad de papel supera esa medida, esto es, la cantidad de monedas de oro o plata que dice representar, inevitablemente terminará por representar simbólicamente una menor cantidad de oro o plata. La cuestión es de lógica elemental. Supongamos que el respaldo está compuesto por 1 kilogramo de oro, y hay 100 billetes de un peso. Cada billete por lo tanto representa 0,01 kilogramo de oro. Supongamos ahora que el Estado duplica la cantidad de billetes (por ejemplo, para pagar sus deudas) y ahora son 200 los billetes en circulación. Cada billete pasa a representar 0,005 kilogramos de oro. De manera que si antes el precio de una mercancía era, supongamos, $10 (=0,1 kilogramo de oro), ahora será de $20 (=0,1 kilogramo de oro). Esto se debe a que ahora hay que representar la misma cantidad de oro con más billetes. Todo lo cual no tiene punto que ver con la teoría cuantitativa. Aquí lo único que se está diciendo es que el valor del signo depende de la relación entre su cantidad, y el dinero mercancía en lugar del cual circula, y al que representa. Por eso constituye un grueso error confundir esta relación específica entre signo y respaldo, con la teoría cuantitativa. Observemos que la misma relación se puede establecer en el caso en que el billete en circulación sean pesos, y el respaldo sean dólares o euros.
Los pasajes de Marx
Vayamos ahora a los pasajes de Marx. Empiezo con los Grundrisse, donde Marx se refiere al tálero de papel prusiano, que funcionaba como dinero de curso forzoso. El tálero de papel no era legalmente convertible, y no constituía una asignación sobre la plata, en cuyo lugar circulaba. Explica Marx: “Un tálero de papel dice representar el mismo valor de un tálero de plata. En el caso de que fuera quebrantada seriamente la confianza en el gobierno o que dicho papel moneda fuera emitido en proporciones superiores a las necesidades de circulación, el tálero de papel dejaría de equivaler en la práctica al tálero de plata y se depreciaría en cuanto ha caído por debajo del valor expresado en su título” (Marx, 1989, p. 56, t. 1; énfasis agregado). Es importante destacar que, según Marx, al margen de la disposición legal, la relación entre el billete y la plata se establecía de hecho en el mercado, a través del precio de la plata. Señalemos también la importancia de que exista confianza en el mercado en que la plata se puede comprar por determinada cantidad de billetes. O sea, no es necesario que exista, en términos de valor, una masa de respaldo equivalente a los táleros billetes que circulan. En Inglaterra, durante el siglo XIX, la cantidad de oro que tenía en reserva el Banco de Inglaterra era muy pequeña, en comparación con la masa de billetes que circulaban. Pero en la medida en que había confianza en que se podían convertir al precio oficial, la libra se mantenía estable. Sin embargo, cuando sobrevenía la crisis, había que decretar la inconvertibilidad, y el valor del billete se establecía en el mercado no oficial del oro (donde se pagaba una prima por sobre la denominación oficial). Vemos ahora el pasaje de la Contribución de la crítica de la economía política que (Amico sospecha), representaría la posición de Hume. Escribe Marx:
“… la cantidad de los billetes de papel está determinada por la cantidad de dinero de oro que los mismos representan en la circulación, y puesto que solo son signos de valor en la medida en que lo representan, su valor está simplemente determinado por su cantidad. Por lo tanto, mientras que la cantidad del oro circulante depende de los precios de las mercancías, el valor de los billetes de papel circulante depende exclusivamente, por el contrario, de su propia cantidad” (Marx, 1980, pp. 107-8; énfasis agregado).
Como si previese las malas interpretaciones, Marx explica que la emisión parece abolir la ley económica (que dice que los precios de las mercancías no están determinados por la cantidad de dinero): “La intervención del Estado que emite papel moneda con curso obligatorio -y solo tratamos de esta clase de papel moneda- parece abolir la ley económica. El Estado, que en el precio monetario solo bautizó con un nombre a un peso de de oro determinado, y que al amonedar solo estampó su ello sobre el oro, parece transformar ahora, en virtud de la magia de su cuño, el papel en oro” (ídem, p. 108). Aclaremos que es esta “magia” la que encandila a los reformistas que piensan que emitiendo mucho papel el Estado puede curar crisis, desocupación y todas las demás miserias generadas por el capitalismo. Pero sigamos con Marx: “Puesto que los billetes de papel tienen curso obligatorio, nadie puede impedirle poner forzosamente en circulación un número tan crecido de los mismos cuando quiera e imprimir sobre ellos denominaciones monetarias deseadas, como 1 libra esterlina, 5 libras esterlinas, 20 libras esterlinas” (ídem). Aquí el economista que tiene mal digeridas algunas vagas ideas sobre dinero exógeno y helicópteros, exclama indignado “Marx anticipaba a Friedman…!!!”. Continúa Marx:
“Es imposible arrojar fuera de la circulación a los billetes que ya se hallan dentro de ella… Separados de su existencia funcional, se transforman en indignos colgajos de papel. Sin embargo, este poder del Estado es mera apariencia. Podrá lanzar a la circulación la cantidad de billetes de papel que quiera con la denominación monetaria que desee, pero con este acto mecánico cesa su control. Una vez que la circulación se adueña de él, el signo de valor o papel moneda sucumbe a sus leyes inmanentes” (ídem). El pasaje es importante porque evidencia los límites que Marx veía a la posibilidad del Estado de generar, por mera emisión de billetes, poder de compra adicional en la economía. Al margen de la denominación del billete, esto es, al margen de lo que dice representar, el mismo “sucumbe a las leyes inmanente”. ¿Cuáles son esas leyes propias, inmanentes, objetivas, que algunos quisieran ver suprimidas? Pues que el valor del billete depende de la relación entre su cantidad y el respaldo en lugar del cual circula. Por eso sigue Marx:
“Si la suma del oro requerido para la circulación de las mercancías fuera de 14 millones de libras esterlinas, y el Estado lanzase a la circulación 210 millones de billetes, cada uno de ellos con la denominación de 1 libra esterlina, estos 201 millones se transmutarían en representantes de oro por un monto de 14 millones de libras esterlinas. Sería lo mismo que si el Estado hubiese convertido a los billetes de libra esterlinas en representantes de un metal 15 veces menos valioso, o de una parte de peso de oro 15 veces menor que antes. (…) Puesto que ahora el nombre de libra esterlina indicaría una cantidad de oro 15 veces menor, todos los precios de las mercancías se elevarían 15 veces, y de hecho entonces 210 millones de billetes de libra esterlina serían tan necesarios como antes lo eran 14 millones. En la misma medida en que se hubiese incrementado la suma global de los signos de valor, se hubiera reducido la cantidad de oro que representa cada uno de ellos. El alza de los precios solo sería la reacción del proceso de la circulación, el cual equipara por la fuerza los signos de valor a la cantidad de oro en cuyo lugar pretenden circular” (ídem, pp. 108-9; énfasis agregados). Después de referirse a la falsificación monetaria, Marx vuelve con una formulación inequívocamente “cuantitativista” a los ojos del economista que no entiende la teoría cuantitativa, ni la teoría de Marx: “La proporción en la cual el signo de valor, sea de papel o de oro y plata falsificados, representa a pesos de oro y plata calculados según el precio monetario depende no de su propio material, sino de la cantidad del mismo que se halla en circulación (ídem, p. 109). Y todavía más adelante, insiste en que el fenómeno parece contradecir la ley económica, porque las leyes de la circulación aparecen invertidas:
“En la circulación de los signos de valor, todas las leyes de la circulación real de dinero aparecen invertidas y puestas cabeza abajo. Mientras que el oro circula porque tiene valor el papel tiene valor porque circula. Mientras que, con un valor de cambio determinado de las mercancías, la cantidad del oro circulante depende de su propio valor, el valor del papel depende de su cantidad circulante. Mientras que la cantidad del oro circulante aumenta o disminuye con el aumento o la disminución de los precios de las mercancías, éstos parecen aumentar o disminuir con el cambio en la cantidad de papel circulante” (idem, p. 110). Digamos también que en El Capital, al explicar cómo se puede desvalorizar el billete, expresa la misma idea contenida en estos pasajes.
Ahora es momento de preguntarse: ¿Qué tienen que ver todos estos pasajes y posiciones con la teoría cuantitativa? ¿Cómo se puede sostener que en estos pasajes Marx está coincidiendo con Ricardo, Fisher o Friedman? Además, ¿qué tiene que ver esto con Hume? ¿Dónde está citado aquí Hume, ni siquiera aludido? ¿No puede entenderse algo tan elemental, como es que un signo toma valor en relación al elemento que representa, y por lo tanto se desvaloriza conforme aumente su cantidad, y el referente no lo haga? Repito, ¿qué tiene que ver esta posición con un apoyo a la teoría cuantitativa? ¿O al helicóptero de Friedman?
Las ilusiones del reformismo
Además de la significación que puede tener comprender algunos fenómenos monetarios, que con frecuencia están mal digeridos en la izquierda populista, lo más importante es entender que por fuera o al margen del trabajo productivo, es imposible generar poder de compra (esto es, valor) para acrecentar el producto de un país, o sacar a una economía capitalista de una crisis. A lo largo de la historia ha sido común que este tipo de soluciones fantasiosas impregnen proyectos del más diverso tipo. Es que si el Estado pudiera emitir billetes libremente, sin que el billete perdiera su poder de compra, se habría encontrado una forma fácil de generar riqueza haciendo funcionar “a la máquina de imprimir”. ¿Para qué preocuparse entonces por déficits fiscales, impuestos, o cosas similares? Es por esto que Marx en El Capital hablaba de las fantasías sobre la posibilidad de que el Estado pudiera realizar “curas milagrosas económicas” manipulando la emisión monetaria (Marx, 1999, pp. 123-4). Y también advertía contra las falacias de que “es posible superar gracias al incremento de los medios de circulación las contradicciones que emanan de la naturaleza de la mercancía, y que por consiguiente se manifiestan en la circulación mercantil” (ídem, p. 148). La escasez de los medios de circulación no son la causa de los estancamientos que experimentan los procesos de producción y circulación, aunque (Marx tenía presente la legislación bancaria inglesa de 1844) la escasez de los medios de circulación podía producir paralizaciones, o agravar innecesariamente las crisis. En carta a Engels del 25 de febrero de 1859, escribía que “la suma de los valores o la riqueza de un país puede acrecentarse tan solo por el aumento de los productos reales, y nunca por el aumento de la cantidad de dinero…”. Y en Teorías de la plusvalía se refería a la apologética burguesa que piensa que los gastos estatales intensos, los “gobiernos fuertes” y el aumento de las deudas del Estado, constituyen los acicates necesarios de la producción. Aunque de otro tenor, la idea de que la emisión de billetes puede aumentar por encima de todo respaldo, está en línea con estas ilusiones. La crítica a esta ilusión encaja en otro conjunto de ideas que defiendo (las crisis son inevitables, las políticas keynesianas no sacan a los países de las crisis, el capitalismo sale de las crisis aumentando la explotación de los trabajadores, el gran capital entiende mejor esta lógica que el reformista pequeño burgués enredado en sus fantasías, etc.) que exasperan a la izquierda estatista y popular, siempre ilusionada con el Estado y sus habilidades. En otras notas trataré otros temas de la crítica de Amico, que pueden ser de interés para analizar y discutir.
Bibliografía citada:
Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI.
Marx, K. (1989): Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, México, Siglo XXI.
Marx, K. (1980): Contribución a la critica de la economía política, México, Siglo XXI.

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