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martes, 5 de abril de 2016

Bonos basura, ¿buena alternativa con tipos bajos?


En el argot financiero se utiliza la nomenclatura bonos basura para referirse a emisiones de papel de baja calidad, es decir, con mayor riesgo de impago. ¿Recuerdan la crisis subprime con la que arrancó la crisis financiera global? Pues las subprime no eran más que hipotecas con elevado riesgo de impago que se “paquetizaron” en productos con elevada nota de crédito por parte de las agencias de rating; en la práctica el riesgo de impago era muy elevado, aunque eso lo supimos después, cuando nos dedicamos a usar todo tipo de adjetivos críticos hacia las agencias de calificación que no nos habían advertido del riesgo que llevaba consigo la suscripción de los productos compuestos por créditos con tanto riesgo.

Hace años la expresión bonos basura era de uso habitual, pero con el paso del tiempo se tiende más al uso del término bonos high yield, bonos de alta rentabilidad. Son lo mismo: en definitiva, emisiones de deuda que ofrecen más rentabilidad a cambio de aceptar que la posibilidad de impago es mayor. Entorno al 5% de la deuda emitida en el mundo es high yield; se trata de una deuda clasificada a su vez en subgrupos en base al mayor o menor riesgo dentro de la posibilidad de un eventual de impago. Cualquiera de nosotros puede acceder a bonos high yield; los fondos de inversión son la vía más habitual para que lo haga un inversor minorista.
La decisión última de suscribir un producto que tenga asociado un mayor o un menor riesgo es nuestra, nadie nos obliga a hacerlo
En los últimos meses han aumentado las voces en los mercados financieros que recuerdan que la renta fija high yield es una alternativa de inversión a tener en cuenta en una cartera diversificada: aportan riesgo, pero también rentabilidad, dicen. La vuelta de la renta fija high yield a los titulares de las recomendaciones está directamente ligada a las políticas expansivas de los bancos centrales. En el caso europeo, el BCE, con sus compras de deuda pública y las venideras compras de deuda corporativa de calidad, ha conseguido que los costes de financiación se relajen, pero también ha provocado que los bonos de calidad apenas ofrezcan rentabilidad para los inversores. Es aquí cuando emergen los high yield como opción para lograr un mayor rendimiento. ¿Podemos llegar a la conclusión de que el BCE nos está incitando a asumir más riesgos mientras él se dedica aplicar medidas que logren acercar el IPC en la eurozona al 2%? Podemos. Pero lo que nunca debemos olvidar cuando nos convertimos en partícipes de los mercados financieros, es que la decisión última de suscribir un producto que tenga asociado un mayor o un menor riesgo es nuestra, nadie nos obliga a hacerlo.

Del intermediario con el que trabajemos dependerá advertirnos del riesgo del producto en cuestión y de si es conveniente o no para nuestro perfil, pero es nuestra responsabilidad suscribirlo o no. Cierto que un fondo high yield está diversificado; es decir, no tiene bonos de una sola empresa, si no de 60 compañías, o de 100 o incluso de 120, con lo que la eventual quiebra o el impago de una de las empresas que lo conforman, no tiene por qué destrozar toda la rentabilidad del producto o tener una repercusión relevante en nuestra inversión. Pero el peor de los escenarios también puede suceder, nunca lo olvide. Y tampoco olvide lo que son los bonos basura.

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