[Los Errores de la Vieja Economía • Juan Ramón Rallo • Unión Editorial; 1º edición]
La escuela austriaca de economía ha proporcionado al mundo críticas devastadoras de la obra magna de Keynes, La teoría general del empleo, el interés y el dinero desde hace mucho tiempo. Friedrich A. von Hayek, Jacques Rueff, Henry Hazlitt, Murray Rothbard, Ludwig Lachmann, Ludwig von Mises y William Hutt ya ha n proporcionado importantes argumentos contra Keynes y el keynesianismo.
Ahora podemos añadir un nuevo nombre a esta distinguida lista. En 2012, Juan Ramón Rallo ha publicado una nueva crítica a La teoría general en español con el título Los Errores de la Vieja Economía en honor de la obra de Hazlitt The Failure of the ‘New Economics’ [Los errores de la ‘nueva economía’].
En tiempos de Hazlitt, el programa de Keynes seguía siendo revolucionario y descrito por Hazlitt como un tipo de “nueva economía” que rompía con las ideas de la economía clásica y especialmente con la Ley de Say. Ahora el keynesianismo es la ortodoxia. El keynesianismo, y especialmente su idea principal de que el gasto reduce el desempleo, siguen enseñándose en universidades, aplicándose por políticos agradecidos y siendo defendido principalmente por el ganador del premio Nobel 2008, Paul Krugman.
De hecho, la respuesta política inmediata a la crisis financiera actual en el mundo occidental estuvo inspirada por La teoría general. Iba a evitarse una segunda Gran Depresión y aplicarse las ideas de Keynes. Los gobiernos se embarcaron en una política monetaria laxa combinada con estímulos fiscales en respuesta a lo que, con ojos keynesianos, parecía ser una burbuja causada por una insensata especulación, que estaba a su vez inspirada por espíritus animales. Así, aunque el libro de Rallo fuera solo un resumen de los viejos argumentos contra La teoría general, el momento de la publicación sería más que apropiado, ya que las ideas del pasado siguen siendo la praxis del presente.
Pero Los Errores de la Vieja Economía es mucho más que un resumen y síntesis de los antiguos argumentos de los autores austriacos antes mencionados. Rallo construye, combina y desarrolla estos argumentos de una manera sistemática. Lo más importante es que añade sus propias ideas innovadoras al desarrollo de un alegato devastador contra La teoría general.
La crítica de Rallo a La teoría general empleando teoría austriaca es rigurosa, sistemática y exhaustiva. Significativamente, las ideas de Keynes no se retuercen o distorsionan. La ausencia de argumentos de hombre de paja hace del ataque de Rallo contra el corazón de las creencias keynesianas más fuerte que el de la mayoría. Rallo tampoco busca contradicciones e inconsistencias terminológicas. En este sentido, la crítica de Rallo es más profunda y devastadora que, por ejemplo, la partes de la brillante crítica de Hazlitt que destaca las inconsistencias, la imprecisión y la vaguedad explicativa de Keynes. Rallo tiene un gran interés genuino en ofrecer un retrato claro y coherente del razonamiento de Keynes y lo presenta desde la perspectiva más favorable.
Echemos una mirada a algunos de los argumentos de Rallo, empezando por la famosa crítica de Keynes a la Ley de Say. La versión distorsionada de Keynes de la Ley de Say en La teoría general dice que la oferta crea su propia demanda. Rallo reivindica la Ley de Say en su versión original: A largo plazo, la oferta de un bien se ajusta a su demanda. En definitiva, los bienes se ofrecen para comprar otros bienes (dinero incluido). Uno produce para demandar, lo que implica que es imposible un exceso de producción.
La Ley de Say nos lleva directos al argumento más innovador del libro de Rallo que se ocupa del viejo argumento contra el atesoramiento. Incluso los críticos duros de Keynes, por ejemplo desde el bando monetarista o neoclásico, admiten que Keynes al menos tenía razón en que el atesoramiento es una actividad desestabilizadora y peligrosa.
Sin embargo Rallo prueba y destaca la función social del atesoramiento. Demandar dinero no es no demandar nada del mercado. El atesoramiento es la respuesta natural de ahorradores y consumidores a una estructura de producción que no se ajusta a sus necesidades. Es una señal de protesta para los empresarios: “¡Por favor, ofreced otros bienes de consumo y de capital! Cambiad la estructura de producción, ya que la composición de los bienes ofrecidos no es apropiada”.
En una situación de gran incertidumbre, es incluso prudente atesorar y no inmovilizar fondos para el largo plazo. Rallo proporciona un ejemplo visual. Supongamos que aumenta la incertidumbre porque la gente espera un terremoto. Empiezan a atesorar, es decir, a aumentar sus existencias de caja, lo que les da más flexibilidad. Esto es completamente racional y beneficioso desde el punto de vista de los participantes del mercado. La alternativa es inmovilizar fondos mediante gasto público. La producción pública de rascacielos no solo va contra la voluntad de la gente más prudente: también resultará desastrosa si se produce el terremoto.
Atesorar es un seguro contra incertidumbres futuras. Rallo argumenta que, si aumenta la demanda de dinero (aumenta la preferencia de liquidez) debido al motivo precautorio, los tipos de interés del mercado a corto plazo tenderán a caer, mientras aumentan los tipos a largo plazo. La gente invierte más a corto plazo y menos a largo para mantener su liquidez. Esto lleva a un ajuste de la estructura de producción. Se usarán más recursos para la producción del bien más líquido (es decir, el oro en un patrón oro) y para la producción de bienes de consumo. La estructura de producción cambia a procesos más cortos y menos arriesgados, reduciendo los más largos y arriesgados. Por tanto, el atesoramiento no hace que estén ociosos factores de producción que no tengan que estarlo. Simplemente los factores se cambian a la producción de oro y a proyectos a más corto plazo. Rallo insiste en que no es irracional atesorar. De hecho, cuando se mantienen procesos a largo plazo y cambian las condiciones económicas, los proyectos podrían tener que liquidarse repentinamente. Por ejemplo, el terremoto destruiría el rascacielos en construcción.
Debería advertirse que la mayoría de los austriacos no sostiene una teoría híbrida del interés como preferencia de liquidez /preferencia temporal. Para Rallo, el tipo de interés, o la estructura de los tipos de interés, está determinada tanto por la preferencia temporal como por la preferencia de liquidez. La mayoría de los austriacos defienden la teoría del interés de la pura preferencia temporal. Mi postura en esta cuestión puede encontrarse en este artículo coescrito con David Howden. Debido a la incertidumbre, un actor prefiere tener liquidez a no tenerla. Debido a la preferencia temporal, un actor prefiere tener liquidez antes que después. Por tanto, la curva de rentabilidad tiende a crecer. Cuando aumenta la incertidumbre, la curva de rentabilidad aumenta su pendiente. Sin embargo, en una crisis financiera hay otro efecto que tiende a prevalecer sobre esta tendencia. Cuando la sociedad en general no tiene liquidez, la alta demanda de préstamos a corto plazo, la lucha por la liquidez, tiende a causar una curva de rentabilidad decreciente.
Los recursos ociosos son otro tema importante en el libro de Rallo, ya que Keynes recomienda inflación en el caso de recursos ociosos. Rallo pregunta por qué no se emplean los factores y llega a la conclusión de que sus propietarios reclaman un precio por sus servicios que es más alto que su producto valor marginal descontado. En estas circunstancias, la inflación implica una redistribución a favor de los propietarios de esos factores o una frustración de intentos de reestructuración, es decir, la economía sufre por el ahorro forzoso o el consumo de capital.
Por el contrario, cuando los factores de producción ajustan sus precios, es decir, los salarios vuelven a su producto valor marginal descontado, la demanda agregada no cae, como sugiere Keynes. Por el contrario, la demanda agregada aumenta, porque aumenta la producción total.
Rallo continúa incansablemente con otros conceptos keynesianos. El famoso “multiplicador de la inversión” requiere recursos ociosos de todos los factores de producción. Más en concreto, para que Keynes tuviera razón necesitas un desempleo voluntario de todos los factores de producción más capacidad ociosa en industrias de bienes de consumo. Si no hay un desempleo voluntario de todos los factores, el estímulo público de nuevos proyectos llevará a cuellos de botella al alejarse los factores de proyectos rentables de inversión. Si todos los tipos de factores están ociosos, pero no hay capacidad en las industrias de bienes de consumo, entonces el estímulo público aumentará los precios de los bienes de consumo y llevara al acortamiento de la estructura de la producción. Sin embargo, si hay una ociosidad general de los factores y capacidades ociosas en industrias de bienes de consumo, ¿por qué no hay un acuerdo voluntario entre poseedores de factores de producción y empresarios?
Otra importante idea keynesiana que echa por tierra Rallo es la famosa trampa de liquidez. Existe una trampa de liquidez cuando, en una economía deprimida, los tipos de interés están muy bajos. En tal situación, Keynes considera la política monetaria como inútil, porque los especuladores simplemente atesorarían el dinero recién fabricado. Los especuladores no invertirán en bonos porque están en precios máximos y caerán cuando los tipos de interés acaben aumentando. En este punto, la política monetaria se hace impotente. El gasto público se convierte en necesario para estimular la demanda agregada.
Rallo demuestra que después de un auge artificial, en una situación en la que hay muchas malas inversiones y un exceso general de deuda en la economía, en realidad casi no hay demanda de préstamos ni siquiera con tipos de interés muy bajos. En realidad afrontamos una trampa de iliquidez, ya que la gente trata de mejorar su liquidez. Quiere reducir sus deudas y no tomar más préstamos. La política monetaria de bajos tipos de interés en realidad empeora la situación, porque con tipos bajos de interés no hay incentivo para liquidar anticipadamente y cancelar deudas (porque se aumenta su valor presente). La solución a esta situación de incertidumbre general es atesoramiento, instituciones estables, liquidación de malas inversiones y reducción de deudas.
La alta incertidumbre no implica alto desempleo, ya que incluso bajo alta incertidumbre la reducción de precios por servicios de factores de producción hace rentables nuevos proyectos. Bajo una alta incertidumbre estos proyectos serán la producción de oro (en un patrón oro) y la producción a corto plazo de bienes de consumo.
Como apunta Rallo en contra de La teoría general, no es la oferta agregada o la demanda agregada lo que importa, sino su composición. Si en una depresión con una estructura distorsionado de producción, en una situación de trampa de liquidez, la demanda agregada se estimula mediante gasto público, la estructura existente no puede producir los bienes que los consumidores desean más urgentemente. La solución no es más gasto y más deuda, sino reducir la deuda y liquidar las malas inversiones para hacer posibles inversiones nuevas y sostenibles.
La respuesta de Keynes es que si no aumentará el empleo. Rallo responde astutamente: Pero si a una persona se le obliga a comprar con su salario algo que no quiere, ¿por qué trabajará esa persona? La alternativa a la compra forzosa es rebajar salarios hasta su producto valor marginal descontado, lo que aumenta la producción y la demanda. Como apunta Rallo, la sociedad no se enriquece si el gobierno induce u obliga a la gente a comprar bienes que no quiere. Así que para Rallo la esencia de La teoría general es la siguiente: cuando la gente no quiere comprar lo que se produce, el gobierno debería obligarla a actuar contra su voluntad.
Las ideas del libro de Rallo aquí presentadas son solo una pequeña selección. Rallo ofrece asimismo un análisis de las principales definiciones de Keynes y los errores teóricos tras ellas, como su inclinación por el consumo. Proporciona un análisis austriaco de los mercados financieros, explicando las interrelaciones entre la curva de rendimiento, los tipos de interés, la tasa de descuento, la estructura de inversión, la trampa de liquidez y el mercado bursátil. Analiza salarios reales y nominales, ciclos económicos, implicaciones políticas y predecesores intelectuales de La teoría general de Keynes utilizando teoría austriaca. También es muy útil la guía de Rallo para los lectores de La teoría general que hace fácil y eficiente la lectura y descubrimiento de los principales errores de Keynes, capítulo a capítulo. Como añadido, al final del libro, Rallo proporciona también una crítica al modelo IS-LM desarrollado por John Hicks y Franco Modigliani, que formalizaba la teoría de Keynes y sigue enseñándose en universidades de todo el mundo.
El libro de Rallo sobre La teoría general de Keynes está lleno de ideas brillantes y proporciona el alegato más poderoso y completo contra Keynes actualmente disponible. El bien escrito Los Errores de la Vieja Economía será la referencia futura para investigadores y curiosos en busca de los errores en el pensamiento de Keynes y en las políticas actuales. El principal inconveniente del libro es que está escrito en español. Esperemos que esté disponible pronto en otros idiomas.
Publicado el 7 de febrero de 2013. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.
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Los errores de los críticos de Keynes
Steven Kates
Me intrigó la reseña que escribió Philipp Bagus de Los errores de Keynes (Los Errores de la Vieja Economía), un libro escrito en español por Juan Ramón Rallo, parte del cual se ocupa de la Ley de Say.
Se está asentando una comprensión importante de que la vía para desenmarañar la economía keynesiana pasa por la Ley de Say. El propio Keynes no pudo ser más claro acerca de la importancia de la Ley de Say para toda la estructura de su argumentación. Keynes destacaba, una y otra vez, en La Teoría General (LTG) que estaba invirtiendo las conclusiones de quienes creían que la Ley Say era cierta. Así que hay que hacer dos cosas si vas a refutar a Keynes. Primero tienes que saber qué es la Ley de Say. Después tienes que demostrar que es válida.
Hay un enorme problema que debe superarse para conseguir avanzar en la refutación de Keynes y la revitalización de la Ley de Say. Todos los economistas han puesto sobre el tapete la teoría del lado de la demanda de Keynes y, si no se corrige, influye en todos los aspectos de su pensamiento. Incluso reconociendo que la clave es la estructura de la demanda, siguen ateniéndose al nivel de demanda como parte integral de cómo deben aproximarse a los problemas económicos.
Los economistas clásicos han explicado la Ley de Say argumentando que “es imposible un exceso general”: nunca puede haber un defecto de demanda. Esto es axiomático, debes saberlo bien si entiendes la teoría clásica del ciclo comercial. Atesorar nunca causa una recesión. Demasiado ahorro nunca es el problema. Una economía nunca sufre una deficiencia de demanda. Después de que empieza una recesión, la gente se vuelve prudente debido a la falta de confianza, esta es una opinión común en todo el banco clásico de la división Keynes-clásicos, pero eso no es lo que decía Keynes. Estaba tratando de probar que el defecto de demanda era, en sí mismo, la naturaleza del problema de la recesión y que el gasto público era la respuesta necesaria para acabar con las recesiones.
Con esto en mente, dejadme que llevaron a la explicación de la Ley de Say del reseñante:
Echemos una mirada a algunos de los argumentos de Rallo, empezando por la famosa crítica de Keynes a la Ley de Say. La versión distorsionada de Keynes de la Ley de Say en La teoría general dice que la oferta crea su propia demanda. Rallo reivindica la Ley de Say en su versión original: A largo plazo, la oferta de un bien se ajusta a su demanda. En definitiva, los bienes se ofrecen para comprar otros bienes (dinero incluido). Uno produce para demandar, lo que implica que es imposible un exceso de producción [a largo plazo].
La Ley de Say nos lleva directos al argumento más innovador del libro de Rallo que se ocupa del viejo argumento contra el atesoramiento. Incluso los críticos duros de Keynes, por ejemplo desde el bando monetarista o neoclásico, admiten que Keynes al menos tenía razón en que el atesoramiento es una actividad desestabilizadora y peligrosa.Sin embargo Rallo prueba y destaca la función social del atesoramiento. Demandar dinero no es no demandar nada del mercado. El atesoramiento es la respuesta natural de ahorradores y consumidores a una estructura de producción que no se ajusta a sus necesidades. Es una señal de protesta para los empresarios: “¡Por favor, ofreced otros bienes de consumo y de capital! Cambiad la estructura de producción, ya que la composición de los bienes ofrecidos no es apropiada”. [Las cursivas y el texto adicional son míos]
Así Rallo intenta responder a Keynes confirmando todo lo que escribió este. La gente realmente sí atesora, argumenta Rallo, y almacena dinero en lugar de gastarlo. Realmente hay un defecto de demanda en el plazo corto a medio que puede finalmente extenderse al largo plazo, tal vez en tres-cinco años. La sobreproducción es imposible, pero solo “definitivamente” y entretanto puede producirse. El desempleo involuntario sí se produce aparentemente debido a algún problema en el lado de la demanda de la economía debido al atesoramiento. Sin embargo, este defecto de la demanda, en lugar de ser algo malo, es algo bueno, ya que el atesoramiento permite a las empresas pensar qué hacer después. Pero si eres un keynesiano como Krugman, también da licencia al gobierno para venir al rescate con un paquete de estímulo que cortocircuitará este retraso. He aquí un ejemplo de la reseña para mostrar cómo puede funcionar el atesoramiento:
En una situación de gran incertidumbre, es incluso prudente atesorar y no inmovilizar fondos para el largo plazo. Rallo proporciona un ejemplo visual. Supongamos que aumenta la incertidumbre porque la gente espera un terremoto. Empiezan a atesorar, es decir, a aumentar sus existencias de caja, lo que les da más flexibilidad. Esto es completamente racional y beneficioso desde el punto de vista de los participantes del mercado. La alternativa es inmovilizar fondos mediante gasto público. La producción pública de rascacielos no solo va contra la voluntad de la gente más prudente: también resultará desastrosa si se produce el terremoto.
¡Un gobierno no debería construir rascacielos cuando todos esperan un terremoto! ¿Necesita alguien teoría económica para entender ese argumento? Pero si la economía se ha mantenido en silencio y hay cosas útiles que un gobierno pueda hacer (tal vez reforzar los edificios existentes frente al futuro daño sísmico), ¿por qué no tendría sentido eso dentro de los términos de esta discusión? Es una metáfora que no se sostiene, no explica por qué se equivoca Keynes e indudablemente nunca convencerá a un keynesiano.
Dejadme ir al problema expresado en este párrafo de la reseña:
Como apunta Rallo en contra de La teoría general, no es la oferta agregada o la demanda agregada lo que importa, sino su composición. Si en una depresión con una estructura distorsionada de producción, en una situación de trampa de liquidez, la demanda agregada se estimula mediante gasto público, la estructura existente no puede producir los bienes que los consumidores desean más urgentemente. La solución no es más gasto y más deuda, sino reducir la deuda y liquidar las malas inversiones para hacer posibles inversiones nuevas y sostenibles. [Las cursivas son mías]
Estoy completamente de acuerdo en que la solución es dejar la recuperación al sector privado ya que ellos encontrarán el camino hacia resultados rentables. Pero usar la “demanda agregada” en la misma oración que “estructura de producción” debe hacer confuso el argumento. Aún con más seguridad, incluir la mención a “una trampa de liquidez” impedirá la entrada en el mundo de la economía clásica. La demanda se constituye por la oferta: de acuerdo con la Ley de Say, la oferta es la demanda. La demanda agregada y la oferta agregada no son dos entes separados. No existe una fuerza independiente que pueda describirse como demanda agregada.
Si queréis llegar a la esencia de la Ley de Say nunca debéis pensar en términos de demanda agregada y oferta agregada. Simplemente eliminadlos de todas las explicaciones conceptuales de la economía y creo, aunque no puedo estar seguro, que os encontraréis necesariamente pensando sobre los temas de la misma manera que los economistas clásicos. Como he argumentado en mi Say’s Law and the Keynesian Revolution (Elgar 1998), si queréis derrotar a la economía keynesiana tenéis que lucha contra la misma noción de la demanda agregada. No funcionará nada más.
Publicado el 6 de marzo de 2013. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.
CÓMO ME CONVERTÍ EN KEYNESIANO.Richard Posner.
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