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martes, 26 de mayo de 2015

Varufakis rechaza más austeridad porque "la cura es peor que la enfermedad"

El tiempo pasa. El acuerdo no llega. Y los nervios crecen. Con la fecha del 5 de junio acechando, Atenas y sus acreedores continúan lejos del acuerdo que evite el impago y el 'corralito'

 
 
Foto: El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis. (EFE)
El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis. (EFE)

 
 
"El problema es simple: los acreedores de Grecia insisten en una mayor austeridad para este año y más allá". El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, remarca con estas palabras, recogidas en un artículo publicado en Project Syndicate, la profunda brecha que sigue existiendo en las negociaciones entre Grecia, por un lado, y la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), por otro. Y mientras los tiras y aflojas se perpetúan, la cuenta atrás continúa y se dirige ya hacia otra fecha –una más– que se promete clave para el futuro heleno: el 5 de junio.
 
Ese día, Atenas tiene que devolver a Atenas 303 millones de euros correspondientes al rescate de 2010. Y todo indica que si no media antes un acuerdo con sus acreedores, tendrá muy complicado reunir esa suma. El último precedente así lo presagia, puesto que el pasado 12 de mayo el país tuvo que recurrir a sus reservas en el FMI para poder devolver 750 millones de euros... precisamente al FMI.
 
Por el momento, el Gobierno de Alexis Tsipras ya ha manifestado que su intención es pagar a final de mes las nóminas de los funcionarios y los pensionistas. Y con respecto al pago al FMI, su portavoz Gabriel Sakellaridis simplemente ha reiterado el mensaje oficial que viene sosteniendo el Ejecutivo: "Este Gobierno tiene la responsabilidad de pagar sus obligaciones, tanto dentro de Grecia como con el exterior".
 
Atenas tiene que devolver el 5 de junio 303 millones de euros correspondientes al rescate de 2010.
Todo indica que tendrá muy complicado reunir esa suma
 

Doble ración

En su columna, Varufakis defiende que el Gobierno de Syriza no se resiste a emprender reformas, sino a aplicar más austeridad. Y por dos motivos. El primero, que es un antídoto que no funciona. "Nuestro Gobierno no puede aceptar –y no lo hará– una cura que ha probado durante cinco largos años que es peor que la enfermedad".
 
Y el segundo, que ya ha recibido suficiente dosis. "En comparación con el resto de países de la periferia de la Eurozona, Grecia ha estado sujeta a, al menos, el doble de austeridad", una realidad que, desde su perspectiva, explica por qué Grecia no se está recuperando como Irlanda o España.
Varufakis rechaza, a su vez, la idea de los acreedores de que Grecia pueda conseguir –y mantener en el tiempo– un superávit primario superior al 2% con medidas como la subida del IVA o la reducción de las pensiones.
 

Alusiones a Draghi

 Si no bastaba con estos mensajes para tensar la cuerda de las negociaciones, Varufakis también ha lanzado un recado al BCE. "Grecia ha sufrido una contracción monetaria (que recientemente se ha convertido en una asfixia monetaria), en contraste con Reino Unido, donde el Banco de Inglaterra ha apoyado al Gobierno en cada paso del camino", precisa.
 
El presidente del BCE, Mario Draghi
El presidente del BCE, Mario Draghi

Con esta afirmación lanza una crítica a la entidad presidida por Mario Draghi, cuyo papel ya ha sido protagonista y que está llamada a serlo aún más en las próximas semanas. En febrero, el BCE presionó a Grecia al dejar de aceptar la deuda pública helena como colateral en las operaciones de financiación a la banca griega. Y también dejó a Grecia fuera del programa de expansión cuantitativa (QE) de forma temporal. Por el momento, eso sí, Draghi permite que la banca griega se financie mediante la Provisión de Liquidez de Emergencia (ELA, en sus siglas en inglés), pero si endurece las condiciones para que reciba dinero por esta vía o directamente la cierra, el sector bancario griego estará condenado y se quedará sin liquidez, con lo que el establecimiento un corralito, con controles de capitales y límites a la retirada de efectivo, resultaría inevitable.
 
Este corraliito, junto al impago –default– en el que incurriría el país, es lo que está en juego en caso de que Atenas no pague el FMI. Y de forma conjunta, ambos riesgos abonarían la amenaza del Grexit o salida de Grecia del euro.
 
Conforme la espera se prolonga y estos riesgos se agigantan, el nerviosismo crece en los mercados. Este lunes, en una sesión marcada por ser jornada festiva en Londres, Nueva York y Fráncfort, la bolsa griega ha caído un 3%. Además, el seguro de crédito (CDS) a un año para cubrirse del impago griego ha superado los 8.000 puntos básicos y se encuentra en máximos desde 2012. Y el euro se ha depreciado un 0,4%, hasta los 1,097 dólares, su cambio más bajo desde finales de abril.




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