Todos los países, tanto desarrollados como emergentes, tuvieron que
reaccionar tras el estallido de la crisis financiera internacional en 2007.
Mientras EEUU y Europa se enfrentaban al pinchazo de sus respectivas burbujas
crediticias, China, convertida ya en segunda potencia mundial,
decidió impulsar el consumo interno para paliar la debilidad
económica de sus principales clientes extranjeros mediante la puesta en marcha
de grandes planes de estímulo.
Así, Pekín desplegó a partir de 2008 y 2009 un colosal programa de
inversiones públicas, una especie de Plan E chino, al
tiempo que el Gobierno disparó las subvenciones a las
industrias del país y su banco central redujo de forma sustancial los
tipos de interés y facilitó la concesión de crédito, tanto
empresarial como hipotecario.
Todos estos estímulos fiscales y monetarios han
desembocado en un sustancial endeudamiento del sector público y privado en
China. El Gobierno central disparó su deuda y muchos ayuntamientos recurrieron a
ingentes créditos bancarios, cuya concesión estaba garantizada gracias al
control estatal de las entidades financieras, mientras que numerosas empresas
aprovecharon las facilidades crediticias para ampliar su capacidad de producción
y acometer grandes proyectos de inversión a largo plazo.
En 2012, cuando el crecimiento de China comenzó a mostrar los primeros
síntomas de debilidad, las autoridades respondieron con más estímulos
de similar naturaleza: más inversión pública y mayor laxitud financiera para
impulsar el consumo interno. Hoy, tras el estallido de la crisis china, empiezan
a percibirse los frutos de esa errónea política económica.
La primera señal de alerta visible es el aumento del déficit
público. Aunque no existen estadísticas oficiales, el think tank Bruegel estima que China registra un
agujero fiscal próximo al 11% del PIB, uno de los más altos del
mundo. Déficit público de China
Como consecuencia, la deuda pública de China se situá hoy
por encima del 53% del PIB. Aunque, a priori, pueda parecer una
cifra pequeña en comparación con el mundo desarrollado, lo preocupante es su
evolución, ya que su ritmo de crecimiento en los últimos años no tiene
parangón con otros países y, de hecho, supera incluso a Japón, el
rey de los estímulos fiscales. Deuda pública de China y de Japón
Bruegel también pone el acento en la deuda de las empresas,
cuyo volumen se ha duplicado en los últimos 14 años. Sin embargo, el problema,
en este caso, no radica tanto en su aumento como en su sostenibilidad
financiera. Casi un tercio de las grandes empresas chinas padecen una
situación financiera vulnerable, ya que su flujo de caja operativo es
insuficiente para cubrir el pago de intereses debido a la caída de sus
ingresos. Vulnerabilidad financiera de las grandes empresas
chinas
Además, debido a la enorme demanda de crédito que se ha producido en los
últimos años, una parte sustancial de las empresas chinas, especialmente las de
menor tamaño, recurrieron a la denominada banca en la sombra (shadow
banking) para endeudarse, asumiendo mayores riesgos. Esta
deuda en la sombra podría rondar el 30% del PIB chino,
según las estimaciones de dicho organismo.
A ello se suma el hecho de que la laxitud monetaria aplicada por la FED
estadounidense, junto a la depreciación del dólar, facilitó la obtención de
préstamos a través de los bancos internacionales. Como resultado, la exposición
de los bancos y empresas chinas a la deuda emitida en dólares
se ha disparado en los últimos años. El problema ahora es que la
reciente devaluación del yuan se traduce en un mayor endeudamiento y, por tanto,
en mayores costes de financiación para las empresas chinas que optaron por esta
vía. Exposición china a deuda emitida en dólares
Los hogares tampoco se quedan atrás, ya que muchos se
lanzaron a la compra de vivienda a precios muy elevados. Aunque
China cuenta con una de las tasas de ahorro más altas del mundo, cerca al 50%
del PIB, numerosas familias optaron por la vía fácil del apalancamiento, no sólo
para comprar un piso, sino incluso para invertir en Bolsa,
pensando que ésta seguiría subiendo.
Con todo, la deuda total de China, sumando pública y
privada, escaló hasta el 284% del PIB en 2014 y todo apunta a que podría haber
alcanzado el umbral del 300% este año, según las estimaciones
de Bruegel. La deuda del gigante asiático se ha duplicado desde
2007, momento en el que estalló la crisis financiera
internacional. Deuda total de China
"Sobre esta base, parece claro que China ya no puede utilizar las viejas
recetas para estimular su economía. Esto sólo induciría apalancamiento
adicional, y China necesita todo lo contrario. El desapalancamiento será
doloroso a corto plazo, ya que la inversión tendrá que bajar aún más de lo que
lo ha hecho. Yo aconsejaría a las autoridades chinas que se olviden de aprobar
más estímulos fiscales y monetarios, y presionen para acelerar
el desapalancamiento: mejor padecer más dolor ahora para lograr un
crecimiento más sostenible después", concluye Alicia García-Herrero, analista de
Bruegel.
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