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lunes, 28 de septiembre de 2015

¿Estamos ante el fin de la I+D?




La pregunta es más que pertinente. La respuesta es no. En cambio estamos en una etapa distinta aquella donde al término I+D se le confundía con I+D+i. En las últimas décadas la i pequeña adquirió vida propia. Las empresas podían innovar sin ser líderes en I+D y las empresas que invertían mucho en I+D no necesariamente eran las más innovadoras. La mayoría de las empresas con mucha capacidad de I+D son empresas innovadoras pero no por correlación directa. Quizás todo empieza con la famosa frase de Jobs comparando en los años ochenta la innovación entre IBM y Apple:
“Innovation has nothing to do with how many R&D dollars you have. When Apple came up with the Mac, IBM was spending at least 100 times more on R&D. It’s not about money. It’s about the people you have, how you’re led, and how much you get it.”

R&D_Sintetia

A parte de dinero invertido en I+D la innovación necesita otra mirada entre los que la impulsan. Necesita lateralidad. A veces necesita entender menos de algo pero tener la mente mucho más abierta. La innovación requiere de gente que no sepa la lista de imposibles, de innovadores que desafían las culturas corporativas basadas en éxitos pasados y las sentencias del “no inventado aquí”.
La innovación abierta llegó para quedarse y ser mainstream en la forma de innovar. Tanto es así que algunas empresas incluso se desprendieron o redujeron mucho sus departamento de I+D. Lo importante era saber aplicar el conocimiento nuevo más que crearlo. Además, juntar talento interno y talento externo parece de sentido común.
Sin embargo, no hay que olvidar que muchos departamentos de I+D fueron claves para entender la revolución tecnológica que emergió en los ochenta pero que llevaba gestándose en laboratorios de I+D míticos, como el de Bell o el de Xerox, treinta o cuarenta años antes. No toda la innovación surge en meses. Igual que no todo el I+D acaba en innovación por años que un proyecto pueda llevar. Los departamentos corporativos de I+D jugaron en el siglo XX un papel fundamental. ¿También lo jugarán en el siglo XXI?
¿Qué factores serían importantes para dar sentido a un departamento de I+D en nuestros días? Aquí van algunas sugerencias:
1.- Estar muy focalizado estratégicamente. Que huya del conocimiento “commodity” que le pueda venir de fuera. Que se centre en franjas de conocimiento de su negocio actual o de negocios futuros en los que ellos puedan desarrollar una investigación diferencial. El factor de diferenciación es clave.
2.- Saber clusterizar y usar el conocimiento que universidades, centros de investigación y otras empresas les puedan proveer. Debe ser un I+D que tenga, en ese sentido, el mismo espíritu de la innovación abierta.
3.- Hacer un uso inteligente y ágil de la propiedad intelectual, reservándola o abriéndola a partir de criterios muy prácticos.
4.- Desplegar un “pipeline” con objetivos diversos. Algunos más de corto plazo y pegados a negocios cercanos. Otros más de medio y largo plazo, que se inspiren en las visiones a largo de su compañía y que tengan a su vez capacidad de inspirar estrategias futuras.

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5.- Plantearse con naturalidad vender sus servicios a otras empresas, e incluso en según que condiciones a la competencia (como magistralmente lo ha hecho Enric Barba en el Grupo CIRSA).
6.- Aprovechar los recursos públicos de fondos competitivos para el I+D pero que no sea “follower” de los mismos si no de la estrategia de su empresa.
7.- Explorar aquellas tecnologías que pueden disrumpir su negocio, para poder desarrollar estrategias alternativas o para liderar el propio cambio en su sector.
8.- Huir de las burocracias del I+D.
9.- Tener una cultura orientada a resultados, no a “papers”. Los “papers” se hacen en la universidad y deben saber aprovecharse. Pero un departamento de I+D de una empresa no es una universidad.
10.- Ser radicalmente meritocrático en su gestión de talento.
Los departamentos de I+D, los centros tecnológicos de grandes empresas, no solamente pueden tener sentido todavía hoy, sino que pueden ser verdaderos motores de cambio y transformación. Pero para ello, deben participar de una cultura abierta y no perder de vista que su propósito es crear conocimiento útil para su empresa y para la sociedad. Además pueden ser una plataforma de incubación de proyectos que sin perder la orientación a resultados huyan del cortoplacismo. Para hacer todo ello, necesitarán ser liderados por directivos que sepan sintetizar muchas miradas a la vez: las internas de la empresa, la de los clientes, la de los mercados, la de las tendencias y las disrupciones tecnológicas, la de las nuevas lógicas de conocimiento surgidas de la investigación. Con talento y este tipo de liderazgos es posible hacer de estos centros motores de transformación de las empresas que los han creado.

Las leyes más importantes de la productividad



Aunque seguramente ya has oído mencionar las leyes de las que voy a hablarte en contextos relacionado con la economía o la física, lo cierto es que se pueden aplicar en multitud de campos y tienen una especial relación con la productividad. Si quieres sacarle más partido a tu tiempo, te interesa conocerlas y, sobre todo, utilizarlas de manera combinada.

Leyes_Productividad

1.- El Principio de Pareto
También conocida como la regla del 80/20, se podría enunciar de esta manera: “El 20% de las acciones generan el 80% de los resultados”.
Su nombre se debe a Vilfredo Pareto, un economista italiano del siglo XIX que observó que el 80% de la riqueza de su país estaba en manos de un 20% de la población (enunció por primera vez el principio en su Cours d’economie politique).
A partir de aquí, numerosos estudios estadísticos probaron que este tipo de distribución se puede encontrar casi en todas partes, no sólo en la economía. Tal es así, que se enuncia de diferentes formas según el entorno en el que se aplica: el 80% de los errores provienen de un 20% de posibles causas, el 80% del beneficio lo genera un 20% de los clientes y productos, etc. En realidad, la relación 80/20 es tan sólo un término medio, una aproximación. Hay casos en los que la desigualdad de proporciones es incluso más pronunciada (90/10, 95/5 e incluso 99/1).
Por lo tanto, si tienes en cuenta que, más o menos, el 80% de tus resultados provienen del 20% del tiempo y esfuerzo que inviertes en ellos, entonces resulta claro que puedes obtener resultados muy parecidos dedicando mucho menos tiempo y esfuerzo.
Para poder utilizar este principio en tu beneficio, tienes que conocer cuáles de tus actividades producen los resultados que te acercan más a tus objetivos y cuáles simplemente te mantienen ocupado. Céntrate en las tareas importantes y trata de eliminar la mayor parte del resto. Seguramente vas a sentirme mal por no hacer cosas que crees que deberías hacer (pero que, básicamente, te hacen perder el tiempo). Entenderás el valor de no hacerlas cuando dispongas de un par de horas adicionales cada día para hacer lo que te apetezca.

2.- La Ley de Parkinson
El historiador británico Cyril Northcote Parkinson se dio cuenta de que, a pesar de haber cada vez menos trabajo burocrático en la Oficina Colonial británica, el número de funcionarios aumentaba cada año en más de un 5%. Publicó el resultado de su investigación en su libro Parkinson’s Law (1957), del que se extrae la conocida Ley de Parkinson: “El trabajo se expande hasta que llena todo el tiempo disponible para su realización”.
Si alguna vez has encargado un trabajo a alguien, ya sabes que esta ley se cumple casi siempre. Si has dado un mes de plazo, el trabajo se hará en un mes, aunque pudiera hacerse en dos semanas.
Del igual modo, cuando tu mismo te programas las tareas que tienes que realizar cada día, te terminas ajustando a los plazos que te habías marcado. Es bastante fácil mejorar tu productividad si utilizas esta ley a tu favor. Cuando planifiques tu trabajo, márcate unos plazos más ajustados. Sé más optimista en la estimación tiempos y acertarás. Además, cuando pones límites más estrictos a tu tiempo, te obligas a enfocarte en lo importante, a ir al grano.

3.- Primera Ley de Newton sobre el Movimiento
Isaac Newton publicó sus tres leyes sobre la física del movimiento en 1687. La primera de ellas se enuncia de esta manera: “Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él”.
También se le llama Ley de la Inercia, y viene a decir lo siguiente: “Lo que está en reposo, sigue en reposo y lo que está en movimiento, sigue en movimiento”.
Esto tiene que ver con tu productividad mucho más de lo que puedas imaginar: Cuando estás procrastinando, estás en estado de reposo, y dado que es una situación bastante placentera, resulta muy difícil de cambiar. Igualmente, cuando te pones a hacer cosas y entras en estado de movimiento, es muy difícil de parar porque, al fin y al cabo, el hecho de ir completando tareas también resulta satisfactorio.
Para aprovechar esta ley, debes ponerte cada día manos a la obra cuanto antes y sin pensarlo. Hacer cinco minutos de cualquier cosa te pone en movimiento, y la tareas en movimiento tienden a terminarse. Así que, simplemente, empieza.

Sobre el Autor:

Francisco Sáez es el creador de FacileThings, una herramienta de productividad personal en la nube, y escribe habitualmente sobre productividad y GTD en este blog

Los países emergentes caen en una trampa económica. Colombia sube tipos de interés

http://www.gurusblog.com

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El viernes el Banco de al República de Colombia tomaba una curiosa decisión que nos muestra en la trampa económica en la que han caído muchos países emergentes. El Banco Central colombiano subía un 0,25% los tipos de interés hasta el 4,75% rompiendo la estabilidad de tipos que mantenía en el 4,5% desde agosto de hace un año.
 
La medida puede parecer algo contra intuitiva teniendo en cuenta que el propio Banco Central reconoce que la demanda interna se está desacelerando en especial en referencia al apartado de inversión en maquinaria, que el consumo privado está creciendo a un ritmo más lento y que las exportaciones e importaciones cayeron. A priori no parece el mejor entorno para tomar una decisión de subida de tipos, pero el dólar y la Fed los pueden estar forzando a tomar medidas de política económica contra expansivas precisamente en un momento en que las economías de estos países se están desacelerando.
 
El motivo es un repunte significativo de la inflación anual al consumidor que en Colombia en agosto se situó en el 4,74% el nivel más alto desde junio de 2009, aumento explicado por la transmisión de la depreciación nominal a los precios al consumidor y el incremento en los costos de las materias primas importadas, así como la menor dinámica en la oferta de alimentos, explican en gran parte la aceleración de la inflación en lo corrido del año y que tiene cómo estrella el traslado de parte de la devaluación del peso colombiano a los precios al consumidor.

USD COL
Evolución tipo cambio USD COL

Cómo siempre llueve sobre mojado, a la devaluación del peso se le añade la fuerte caída de los precios del petróleo y otras materias primas de la que Colombia es exportadora o el impacto del fenómeno meteorológico de El Niño que ha provocado un aumento en el precio de ciertos alimentos.

Resumiendo:

1- La economía colombiana se está desacelerando.
2- La caída de los precios del petróleo y materias primas amplían el déficit de la balanza comercial debilitando la divisa y complicándole al gobierno el cuadre de sus cuentas.
3- La posible subida de tipos del dólar refuerza la depreciación del peso colombiano. Las deudas contraídas en dólares para empresas con ingresos en pesos se vuelven más complicadas de pagar. Hace dos años necesitabas 189 millones de pesos para pagar una deuda de $100.000 USD, hoy necesitas casi 300 millones para pagar la misma deuda. Riesgo de quiebra.
4- La devaluación de peso impacta en la inflación a pesar de la desaceleración económica.
5- El Banco Central Colombiano se ve forzado a subir tipos para defender su divisa.
6- La subida de tipos por parte del Banco Central puede empezar a poner en jaque partes de la economía Colombiana sobre calentadas con el crédito en los últimos años en especial el mercado inmobiliario en Bogotá.
 
La trampa económica está servida.

La racionalidad de la bolsa y nuestras pensiones

 
Keynes es probablemente el economista más famoso de la historia aunque como suele pasar, muy poca gente lo ha leído lo cual no tiene por qué ser malo salvo en el caso de los que hablan de oídas pretendiendo convencer a los demás usando como argumento teorías que en realidad no conocen. Dejando esto de lado, Keynes se ha politizado mucho contraponiendo sus argumentos a los de la escuela austriaca pero su figura va más allá de esta polémica. Por ejemplo, en La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero hace una de las alegorías más famosas sobre la bolsa: la del concurso ficticio de belleza. Consistía en exponer que si en un periódico se preguntaba a los lectores sobre cual creían que iba a ser la chica más votada –no la más bella- en la decisión de cada uno pesaría lo que creían que pensarían los demás por encima de su propia opinión sobre cuál era la más guapa. Esa diferencia, según Keynes, es la que predomina en el especulador bursátil que buscará estrategias y formas de prever y anticipar el movimiento del resto de inversores para salir beneficiado antes que valorar la inversión en sí. De este modo, el creía que la bolsa estaba sometida a fuertes expectativas a corto plazo con poca base sólida sobre la que sostenerse. Es más, creía que incluso para el largo plazo lo que más importaban eran esas expectativas a corto plazo.
 
¿Tenía razón? Los analistas fundamentales creen que no. Creen que con el análisis de toda la información disponible de una compañía obtendrán una valoración objetiva de la misma. Una vez determinado si un valor cotiza caro o barato según esa información, se toma una decisión de inversión. ¿Por qué si esa información es pública no cotizan todas las acciones en su justo precio? La razón que dan es que el mercado es eficiente en el largo plazo pero ineficiente en el corto y gracias a ello se puede hacer un gran negocio comprando participaciones en empresas infravaloradas que, tarde o temprano, alcanzarán su justo valor. Es la teoría de los inversores “value” como Warrent Buffet: aprovechar ineficiencias en el corto plazo para obtener un gran beneficio en el largo plazo.
 
Como en todo, es probable que ambos tengan su parte de razón aunque hay algunos aspectos del análisis fundamental peligrosos, por ejemplo:
-Todos los inversionistas disponen de la misma información que es proporcionada por la propia compañía lo que ya hemos comprobado no tiene por qué ser cierto (Bankia, Gowex, Pescanova etc.) por lo que lo recomendable sería invertir en índices y no en acciones para evitar estos supuestos.
-La interpretación tampoco es la misma y hemos podido comprobar cómo diferentes analistas fundamentales otorgan valoraciones distintas al precio objetivo de una acción por lo que está claro que no hay un consenso claro.

-El estudio sobre una empresa puede quedarse obsoleto antes de alcanzar ese valor “justo” y de hecho los analistas van variando sus recomendaciones según pasan las semanas.

-Hay muchos factores ajenos a la propia compañía que no sólo influirán en sus cotizaciones, también en su negocio lo que cambiaría todo el análisis, ¿O es que se puede juzgar con los mismos parámetros a un valor griego antes de 2010 y después? ¿Y a las compañías mineras y extractoras de petróleo? ¡Menuda diferencia de valoración de cuando el crudo estaba a 100$ barril a la actualidad! Y valores concretos pueden verse afectados por decisiones políticas puntuales como la denegación de una licencia para una televisión o un cambio normativo para una eléctrica que destroza cualquier previsión… o una multa a Volkswagen.
 
Se puede decir que en muchas circunstancias en el largo plazo hay cierta racionalidad y que los que compraron (índices porque en valores pudieron equivocarse a pesar de lo mucho que ha subido el mercado) en lo peor de la crisis norteamericana (de septiembre 2008 a marzo 2009) hoy ganan mucho dinero al igual que los que lo hicieron en lo peor de la española (verano de 2012) pero también hay muchos inversores de largo plazo –por ejemplo en Japón, Chipre, Grecia… o en Nokia, Citibank, RWE… ) que tienen pérdidas por creer a los analistas fundamentales.
 
Esta polémica que puede parecer farragosa ya no es exclusiva de los minoritarios inversores/especuladores ya que la creencia en la racionalidad del mercado accionarial a largo plazo es la base de la mayoría de planes de pensiones privados que son cada vez más numerosos. De hecho, incluso hay países –como Francia- que utilizan la bolsa como destino de parte de los fondos de la Seguridad Social para obtener una mayor rentabilidad. ¿Tiene razón Keynes y son las creencias sobre el comportamiento del grupo lo que determinan el corto plazo en los mercados financieros? Y si es así, ¿es cierto que esas creencias en el corto plazo acaban influyendo en el largo y nada tienen que ver con la racionalidad? ¿O tienen razón los analistas fundamentales que piensan que las caídas a corto que infravaloran cotizaciones son siempre oportunidad de compra porque a largo plazo acabarán ajustando su valor a su precio objetivo y por lo tanto el mejor plan de pensiones es invertir cuando más pesimista sea el ambiente bursátil? No es una pregunta baladí.

Origen del sistema monetario internacional de Bretton Woods y su base en el oro

 
Keynes Bretton Woods
 
(OroyFinanzas.com) – En julio de 1944, delegados de 44 naciones se reunieron en el Hotel Mount Washington, en Bretton Woods (New Hampshire, EE.UU.), para establecer un nuevo sistema monetario internacional para el mundo de después de la Segunda Guerra Mundial que, desde entonces, sería conocido como los acuerdos de Bretton Woods.
 
La reunión tenía como finalidad crear un nuevo sistema monetario internacional que regiría una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, y que estaría basado en las lecciones aprendidas del pasado, como la utilización de los estándares del oro como patrón y la experiencia adquirida de la Gran Depresión y, de esta forma, de forma oficial facilitar la reconstrucción de las naciones devastadas por el conflicto bélico e impulsar el desarrollo económico de las naciones.
 
Las negociaciones previas a la conferencia llevaban ya más de dos años celebrándose y fueron innumerables las reuniones bilaterales y multilaterales en las que participaron multitud de expertos financieros. Los acuerdos de Bretton Woods deberían oficializar un nuevo sistema monetario internacional que garantizara la estabilidad del tipo de cambio, evitara las devaluaciones competitivas y promoviera el crecimiento económico. Y no fue sencillo pues aunque todos los participantes estaban de acuerdo en los objetivos del nuevo sistema, en la forma de llevarlo a cabo existían divergencias. Por eso, la puesta en marcha del nuevo sistema requirió de un enorme compromiso internacional.
 
Dos posturas distintas durante Bretton Woods: Keynes vs Dexter White
Los principales diseñadores del nuevo sistema fueron el inglés John Maynard Keynes, asesor del Tesoro británico y Harry Dexter White, economista internacional jefe del Departamento del Tesoro de los EE.UU.
 
Keynes, uno de los economistas más influyentes de la época (y podría decirse que aún hoy en día), defendía la creación de una gran institución internacional, dotada recursos y autoridad suficiente, para poder intervenir en tiempos de crisis y que tuviera la capacidad necesaria para hacer frente a la aparición de desequilibrios. El plan Keynes giraba en torno a la creación de un banco central global -llamado la Unión de Compensación-, que sería el responsable de emitir una nueva moneda internacional, -a la que denominó “Bancor”-, que sería empleada para resolver los posibles desequilibrios internacionales. El valor del “Bancor” sería establecido en relación a 30 materias primas o mercancías básicas, una de las cuales sería el oro.
 
Un plan que reflejaba las preocupaciones de Keynes sobre la economía de la posguerra mundial y sus temores a que los Estados Unidos experimentaran otra depresión, que arrastraría a otros países a un déficit en su balanza de pagos, obligándolos a elegir entre la estabilidad interna y la estabilidad del tipo de cambio.
 
Por su parte, White abogaba por la creación de una nueva institución monetaria –no tan poderosa como la Unión de Compensación-, llamada el Fondo de Estabilización que, en lugar de emitir una nueva moneda, estaría financiado por distintas monedas nacionales y oro, por un valor total de 5 millones de dólares.
 
Finalmente, White impuso su punto de vista en Bretton Woods y el dólar estadounidense se consagró como nueva moneda de reserva mundial, aunque tuvo que realizar algunas concesiones a la propuesta del británico. Si algún país tuviera un superávit en la balanza de pagos y su moneda escaseara en comercio mundial, el fondo podría actuar y autorizar importaciones limitadas del país con superávit en su balanza comercial. Además, el total de recursos para el fondo se elevaron desde los 5 millones hasta los 8,5 millones.
 
Las instituciones surgidas por Bretton Woods
 
Superadas las discrepancias, los 730 delegados en Bretton Woods acordaron además establecer dos nuevas instituciones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) que supervisaría los tipos de cambio y proporcionaría divisas de reserva a los países con déficit en su balanza de pagos y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, ahora conocido como Banco Mundial, que sería el responsable de prestar asistencia financiera para la reconstrucción de los países asolados por la guerra, además de impulsar el progreso económico de los países menos desarrollados.
 
El FMI entró en existencia formal en diciembre de 1945, cuando sus primeros veintinueve países miembros firmaron el Convenio Constitutivo. Los países se comprometieron a mantener sus monedas a un cambio fijo pero ajustable (dentro de una banda del 1%) con el dólar, y el dólar quedó fijado al oro, a un precio “inamovible” de 35 dólares por onza.
 
Para el año 1958, el sistema de Bretton Woods estaba vigente y completamente establecido. Según los términos acordados, los Estados Unidos tenían la responsabilidad de mantener el precio del oro fijo y ajustar la oferta monetaria de dólares, de forma que perdurara la confianza en su moneda gracias a la convertibilidad de la misma en oro. Sin embargo, las políticas económicas y monetarias estadounidenses provocaron que la enorme cantidad de dólares circulantes en el extranjero, ya no estuvieran garantizados por el oro de sus reservas, de forma que no podían cumplir con la obligación de canjearlos por oro, al precio establecido. Así que el 15 de agosto de 1971, el presidente Richard Nixon puso fin a la convertibilidad del dólar en oro, de forma unilateral. Los acuerdos de Bretton Woods eran, de facto, papel mojado y el consenso internacional alcanzado en 1944 saltaba por los aires. Sin embargo, las instituciones que alumbraron –FMI y BM- seguirían funcionando hasta nuestros días.
© OroyFinanzas.com

La Política Monetaria No Es Magia

 
No soluciona problemas estructurales, ni genera crecimiento. Es sólo una herramienta que, como todas, termina por generar el efecto contrario al deseado cuando se abusa de ella.
 
Parte del error por el que los países piensan que la política monetaria es la panacea viene de la salida de la crisis de Estados Unidos. Hemos olvidado que EE UU encontró petróleo y gas gracias a la revolución del «fracking», pasando de importador neto a casi independiente en energía, creando 2,8 millones de puestos de trabajo y contribuyendo un 2,5% del PIB por año.
 
Sin entender el impacto del sector energético es fácil caer en el error de magnificar el efecto de la expansión monetaria. Y estamos viendo en el pobre crecimiento japonés, la ralentización china, la estanflación brasileña y la débil recuperación europea que replicar la política de un país tan dinámico y flexible como EE UU no da los mismos frutos cuando se aplica en economías menos liberalizadas.
En los últimos cinco años, los bancos centrales del G-7 han aumentado su balance en más de cinco billones de dólares y el crecimiento sigue siendo decepcionante. La Reserva Federal ha tenido que revisar de nuevo a la baja las estimaciones de PIB de 2015 y 2016. China, que ha aumentado su masa monetaria más del 12% anual desde 2008, se enfrenta a la desaceleración, endeudamiento y sobrecapacidad.
 
La fórmula de «devaluar para exportar y crecer» es una forma de proteccionismo que simplemente no funciona porque todos hacen lo mismo. El efecto placebo dura muy poco. Además, los tipos bajos eternos perpetúan un modelo endeudado y mantienen la sobrecapacidad.
 
Hemos convertido medidas excepcionales en estructurales, y no sabemos cómo salir del exceso de liquidez creado. La velocidad del dinero, que mide la actividad económica, se desploma. La inversión productiva no crece a pesar del dinero barato y los bajos tipos porque la sobrecapacidad se subvenciona desde políticas expansivas. Porque hemos olvidado que la política monetaria sin reformas estructurales sólo crea burbujas.
 
El sistema sigue demasiado endeudado. Un 440% de deuda sobre PIB en los países desarrollados, que en los últimos cinco años han aumentado deuda en 19 billones de dólares para conseguir un endeble crecimiento de un billón de dólares de PIB.
 
Un problema de deuda no se soluciona con más deuda. Si, además, los países del G7 se lanzan a tipos negativos reales el efecto va a ser el mismo. Aversión al riesgo a largo plazo y burbujas en activos financieros a corto. Llevamos décadas de políticas de demanda.
 
La saturación resulta evidente. Es momento de reformas estructurales, porque más liquidez no va a mover las ruedas de una economía endeudada.

Crónica del aterrizaje forzoso que China intenta evitar


 
 
El mundo entero continúa pendiente de saber a qué ritmo crecerá el gigante asiático a partir de ahora y cómo repercutirá su ralentización económica a nivel global

L a historia de cómo China intenta cambiar su modelo económico, hasta ahora basado en las exportaciones, a uno basado en el consumo interno, se escribe desde hace años y aún está por suceder el que será, sin duda, el capítulo más importante. Después de tres décadas de crecimiento continuo a ritmos del 8-9 por ciento, gracias a su enorme capacidad productiva y a su habilidad para dar salida a todo lo que produce, la segunda mayor economía del mundo se enfrenta desde hace cuatro años a un problema. El de evitar un aterrizaje forzoso ante su incapacidad de consumir todo lo que fabrica -aún dedica un 44 por ciento de su PIB a bienes de equipo-. El mundo entero permanece a la espera de ver si China consigue enderezar el rumbo para aterrizar de forma suave, después de que el miedo empezase a coger cuerpo en junio, cuando la posibilidad de un frenazo de su economía tomó cuerpo. Ya entonces, los problemas que afectan al gigante asiático provocaron una crisis de materias primas, que hizo tambalearse a los emergentes y que está por ver si afecta a la salud de los, desarrollados.
 
Al calor de la relajación de la política monetaria y de la apertura del mercado a los inversores extranjeros a través de la plataforma del Shanghái-Hong Kong Stock Connect, la bolsa de Shanghái acumulaba un ascenso del 150 por ciento en doce meses. En él, mucho tuvieron que ver los pequeños inversores que, animados por el hecho de que las autoridades del país sostuvieran de alguna forma el mercado de valores, se vieron animados a confiar su ahorro a la renta variable impulsados por sus altas rentabilidades. En definitiva era casi imposible no ganar. Al menos, lo era hasta el 15 de junio. Ese día, coincidiendo con el cumpleaños del presidente de la República Popular de China, Xi Jinping, no hubo propina en bolsa para celebrarlo, sino una caída del 2 por ciento. Era la primera de las muchas que se avecinaban.
 
La subida acumulada por la renta variable del país asiático no estaba apoyada en los fundamentales, sino en las inyecciones de liquidez por parte del banco central que ayudaron a crear un clima de confianza que se desvanecía al calor de unos datos macroeconómicos débiles. La referencia de la actividad de China comenzó el año de forma anémica y culminó siendo decepcionante en marzo. El mundo entero empezó a mirar con recelo la evolución de la economía china y los datos oficiales proporcionados por el Gobierno del país.
 
Lo que en principio había sido una ventaja -la entrada de inversores extranjeros- se convirtió en un arma de doble filo. Las ventas empezaron a ser continuas en la bolsa de Shanghái, hasta el punto de provocar su desplome y representar un riesgo real para las medidas orientadas a equilibrar y refinanciar la economía, así como para cumplir el objetivo de crecimiento del 7 por ciento para este año. La reacción de las autoridades para intentar frenar el desplome no se hizo esperar: a principios de julio el regulador chino lanzó un paquete de medidas que consistió en la suspensión temporal de las cotizaciones a la que se acogieron más de 1.400 empresas según Bloomberg, lo que dejó más de un billón de dólares en acciones congelado; la prohibición de vender títulos a accionistas con más de un 5 por ciento de la empresa o la suspensión de nuevas salidas a bolsa.
 
Después llegaron las inyecciones de liquidez, con el único objetivo de garantizar la estabilidad del sistema financiero. Sin embargo, para finales de mes, en julio, el contagio al resto de bolsas mundiales estaba servido. El 27 de julio la bolsa asiática sufrió su mayor caída desde 2007, del 8,5 por ciento, que arrastró a los parqués del Viejo Continente después de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) filtrase que ha instado a China a relajar de momento sus medidas de apoyo.

En busca de la competitividad perdida

Con la sombra de la desaceleración económica persiguiendo a China, las autoridades del país decidieron volver a mover ficha el 11 de agosto. Y lo hicieron devaluando su divisa un 1,9 por ciento por primera vez desde 1994, rompiendo así una racha de apreciaciones que empezó en 2005. El objetivo, además de impulsar a su economía con exportaciones más baratas, también fue el de disminuir la vinculación que existe entre el yuan y el dólar. La medida, insuficiente para devolver la confianza y frenar las ventas sobre la renta variable, lo que hizo fue incrementar el temor a que se produjera una nueva guerra de divisas, al estilo de la de 2004, en la que los países emergentes luchen por devaluar sus monedas para ganar competitividad.
 
En las 48 horas posteriores hubo dos devaluaciones más: del 1,6 por ciento el 12 de agosto y del 1,1 por ciento el 13 de agosto. La última, según Pekín. Entonces llegó el miedo a que las tres intervenciones inundasen el mundo de deflación. En definitiva, si China ganaba competitividad exportando más barato, eso podría obligar al resto de economías a recortar el precio de sus productos para ser más competitivos.
 
Lejos de que el pánico se calmase, la volatilidad fue incrementándose hasta el punto de que, a finales de ese mes, las bolsas europeas vivieron lo que ha sido tildado de crash por muchos expertos. Hasta el punto de que la mayoría de índices del Viejo Continente llegaron a borrar las ganancias cosechadas en el año. En el caso del Ibex 35, por ejemplo, que aún no se ha repuesto del golpe con pérdidas del 4 por ciento en el ejercicio, llegó a retroceder un 16 por ciento con la crisis china. "La devaluación no sirve para acabar con el problema de China, su incapacidad para consumir todo lo que fabrica. La única vía para solucionarlo es tirar los tipos de interés en torno al 1 por ciento, que es la medida que se usa siempre cuando se quiere animar el consumo y evitar un problema deflacionista", asegura Víctor Alvargonzález, director de Inversiones de Tressis. Sin embargo, el precio oficial del dinero en China aún está lejos de ese umbral a pesar de que el Banco Popular ha recortado los tipos en cinco ocasiones desde noviembre. La última sucedió el 25 de agosto. Ese día, con el propósito de amortiguar el crash de su mercado, las autoridades del gigante asiático los dejaron en el 4,6 por ciento.
 
Insuficiente para calmar al mercado. Para ello tuvo que volver a comparecer Mario Draghi, que coincidiendo con su 68 cumpleaños se convirtió en el primer banquero central en salir a escena tras la devaluación del yuan. Lo hizo la reunión mensual del 3 de septiembre, donde reconoció estar preocupado por los problemas que encuentra la inflación para crecer en la eurozona y en la que además rebajó la expectativa de crecimiento económico en dos décimas. Eso sí, SuperMario dejó claro que cuenta con los mecanismos necesarios para enfrentarse al nuevo contexto y que, llegado el momento, no dudará en usarlos. Mientras tanto, lejos de permanecer calmada, China sigue buscando fórmulas que ayuden a estabilizar a su economía (ver gráfico), aunque por ahora el mercado continúa castigando a su bolsa con pérdidas que alcanzan ya casi el 40 por ciento desde junio.
 
No es el último capítulo en la transición económica de China. Desde UBS esperan "un aterrizaje suave". "Beijing tiene una serie de herramientas para impulsar el crecimiento: como las reservas de divisas, que suponen el 34 por ciento del PIB; la deuda del sector público es manejable -55 por ciento del PIB-, lo que permite cierta relajación fiscal y además la inflación es baja, lo que significa que la política monetaria también se puede aliviar. Beijing tiene un fuerte incentivo para apoyar la actividad de modo que pueda continuar con la reforma de las empresas estatales y estabilizar el mercado de la vivienda. China debe continuar, en nuestra opinión, haciendo nuevas reformas para convertirse en una economía más saludable basada en los servicios, con un crecimiento menos volátil y una menor dependencia de la actividad mundial" explica Karine Jesiolowski, especialista senior de inversiones de UBP.
 

domingo, 27 de septiembre de 2015

Los presupuestos anticipados para 2016 : algunas reflexiones sobre política económica

 Los presupuestos anticipados para 2016 (y II): algunas reflexiones sobre política económica
 
 
 
El pasado jueves 17 iniciábamos este artículo de reflexiones, que terminamos hoy, sobre la política económica en torno a los presupuestos para 2016. Y hacíamos una serie de referencias, sobre ingresos y gastos públicos, estableciendo las inevitables relaciones entre los gobiernos de Rodríguez Zapatero y Rajoy, sin olvidar al tándem Guindos/Montoro.
 
Al comenzar esta segunda parte del artículo, podríamos abordar el debate de si la mejora de la economía española entre 2012 y 2015 se ha debido a las medidas económicas adoptadas por el Gobierno durante los últimos casi cuatro años; o si, simplemente, es un resultado de los esfuerzos de los empresarios y los trabajadores, que han sabido encontrar fórmulas para vencer la adversidad de la Gran Recesión.
 
Una polémica así, podría ser muy larga, y al final bastante estéril. Y creo que puede superarse, observando que en Francia, Italia, y no digamos en la tragedia de Grecia, sus respectivas organizaciones empresariales y sindicales han tenido las mismas oportunidades que en España. Sin que se hayan conseguido los efectos de la recuperación que afortunadamente está vigentes por estos pagos, simplemente porque no ha habido decisiones políticas que se hayan cumplido con rigor: los helenos son el caso límite, pero Italia no le ha ido a la zaga, y en Francia se mantuvieron muchas dubitaciones.
 
Así pues, sin olvidar que, efectivamente, empresarios y trabajadores han llevado el peso de la economía española -como siempre, pero con mayor decisión de los primeros y mejor comprensión de los segundos-, en las fábricas, talleres, oficinas, centros de investigación, etc., las medidas adoptadas por el Gobierno para la austeridad y la reforma han desempeñado un papel importante en el teatro del cambio económico. Lo demás, diría un escéptico, son garambainas o músicas celestiales.
 
Y dentro de los cambios experimentados en este bendito país donde todavía hay seres irracionales que pretenden separarse para irse a no saben dónde, lo más importante de la nueva situación, se ha generado en el frente exterior. En cuatro años casi se han duplicado las exportaciones, que en 2015 podrían alcanzar la cifra realmente espectacular de 300.000 millones de euros, equivalentes casi al 30 por 100 del PIB. Un porcentaje que aplicado a China, significaría que ésta vendría a exportar 4,2 billones de dólares, cuando realmente está exportando la mitad.
 
Esos niveles exportadores, son resultado -en algún lugar lo he escrito también en los últimos meses- de lo que cabe llamar la ecuación de la competitividad. Que en su segundo término tiene dos monomios; uno referente al tipo de cambio, y el otro a la productividad.
 
En el tipo de cambio, desde luego, España no puede tener una influencia determinante. Pero no cabe duda de que la posición de nuestro país en el tema, ha estado claramente en pro de una depreciación de la moneda común, para hacer posible mayores exportaciones. En ese sentido, con un euro equivalente a 1,5 dólares (2008), era muy difícil sacar producciones al exterior fuera de la Eurozona. Pero con un euro en torno a 1,10 dólares, la situación es completamente distinta, y eso es lo que está sucediendo ahora, cuando estamos alcanzando marcas históricas en nuestras ventas al exterior.
 
Porque no cabe olvidar que en los servicios, está sucediendo lo mismo que con la venta afuera de bienes. Y no sólo por el siempre bendecible turismo, sino también en todas una larga serie de manifestaciones, desde la ingeniería hasta las patentes y licencias; pasando por prestación de servicios bancarios, de seguros, así como otras muchas facetas. Con la consecuencia la consecuencia, que hace pocos años sería casi increíble, de que las exportaciones de servicios representan casi el 50 por 100 de las de bienes, y bastante más de dos veces de lo que es turismo.
 
El segundo monomio de la parte derecha de la ecuación de la competitividad está en los rendimientos que permite el trabajo combinado con el capital. Es decir, la productividad. Y en esa dirección, cabe recordar que España puede haber aumentado sus rendimientos per cápita en no menos de un 30 por 100 desde que empezó la crisis. A lo cual algunos se refieren, críticamente, diciendo que eso se ha debido a la reducción de salarios, en lo cual no les falta una parte de razón.
 
Lo que sucede es que para exportar más, hay que vender más barato, o con mejor calidad al mismo precio. Y si eso no se consigue con los efectos puros y duros de la tecnología impulsada por el I+D, hay que lograr una mezcla de eso mismo y también de menor coste laboral unitario (CLU). Se lo dijo muy bien Paul Krugman en Sevilla a ZP en una mañana de debate: O Vds. exportan más, o se van al garete. Y para exportar más, o reducen los salarios en un 30 por 100, o aumentan la productividad en un porcentaje similar (la cita no es textual).
 
Y eso es lo que ha sucedido: ha aumentado algo la productividad por una mejor organización del trabajo, mayor nivel tecnológico, y logística más afinada; y también porque ha habido una reducción de los CLU.
 
Habría que hacer más consideraciones sobre la ecuación de la competitividad, porque dentro de ella hay muchas precisiones que convendría destacar. Empezando porque al comenzar la crisis, si tengo bien los datos ahora en la cabeza, teníamos 50.000 empresas habituales exportadoras, y ahora esa cifra se ha multiplicado por tres. Y es que para resistir, cuando el mercado inmediato que antes llamábamos nacional (y que ya no tiene ese nombre, no por razones políticas, sino porque nuestro mercado nacional ya es el del euro), entraba en declive, hay que conquistar otros mercados: un postulado tan perogrullesco que no será preciso remacharlo.
 
Pero en esas circunstancias, es cuando entran muchas fuerzas que actúan con decisión, con servicios de exportación que antes no existían en la mayoría de las empresas, con misiones al extranjero del ICEX, con el trabajo de las oficinas comerciales que regentan los Técnicos Comerciales del Estado y los Diplomados de Comercio Exterior, etc., etc.
 
Afortunadamente hemos dejado de ser un país en el que antes casi sólo se pensaba en los subsidios, en las primas a la exportación, en los precios casi garantizados por un mercado también casi cautivo, etc. Hoy lo difícil en un viaje fuera de nuestras fronteras, es no encontrarse españoles en cualquier lugar intentando vender algo, o fabricar algo in situ, o prestar servicios a las empresas locales, o contratar turistas para traerlos a España.
 
En definitiva, y para no alargarnos mucho más, y sin intentar entrar en la selva de números del presupuesto -en contra de lo que quizá muchos pensaban que yo iba a hacer-, diré, para terminar, que la idea schumpeteriana de la destrucción creadora está funcionando en España.
 
Es doloroso, en ese sentido, que tantas empresas hayan desaparecido, pero esa es la purga del sistema capitalista de competencia, de modo que en una fase difícil de la evolución (darwinismo puro, dirán algunos), caen inevitablemente los peor dotados, o aquellos que no han sabido prepararse para la crisis. De ahí que cuando la recuperación ya está en marcha, cabe pensar que España es hoy una economía mucho más sana, con empresas más competitivas, y también con trabajadores que han sabido ceder en sus reivindicaciones en muchos casos, para mantener su propio empleo; en una nueva situación económica en la que el motor del progreso ha sido precisamente la internacionalización.
 
NOTA BENE: A los catalanes que puedan leer estos artículos de Universo Infinito, les pido cordialmente que reflexionen sobre su voto. Os necesitamos, y vosotros nos necesitáis otro tanto: no queráis marcharos, sería un viaje a no se sabe dónde.
 
 
Los presupuestos anticipados para 2016 (I): algunas reflexiones sobre política económica
 
Los presupuestos del Estado, decía Gunnar Myrdal, Premio Nobel de Economía de 1974 -fue Director de la Comisión Económica para Europa, y realizó estudios de distribución de la renta nacional de gran interés, además de un trabajo señero sobre “El dilema americano” recomendando la integración de negros y blancos en EE.UU.-, al referirse a las cuentas públicas anuales, venía a decir que “el presupuesto es el plan general de la Hacienda pública para un año”. Y daba a su discusión una gran importancia, por ser el momento de la selección de las diversas prioridades de ingreso y gasto.
 
En el caso de las entradas, lo que se discute es cómo conseguir los diferentes recursos para la acción del Estado, por los medios tributarios disponibles; con mayor o menor prevalencia de los impuestos directos (en nuestro caso, IRPF, Sociedades, Donaciones y Sucesiones, etc.) e indirectos (actualmente, IVA, especiales sobre carburantes, tabacos, y alcoholes, Aduanas, etc.), aparte de algunos tributos menores. De modo que en la selección del mix resultante, cabe apreciar las características más o menos progresistas del gobierno, según defienda qué cuadro tributario para el país. Aunque ciertamente, en esto, también existe mucha polémica.
 
En cuanto a los gastos públicos, aparte de su reparto entre los correspondientes diversos ministerios, o aplicaciones territoriales de CC.AA. y entes locales, generalmente se clasifican por su finalidad retributiva de los funcionarios, y por el gasto social y otros menesteres. Incluyendo en lo social los servicios públicos que más afectan a la vida cotidiana de los ciudadanos: educación, sanidad, pensiones, dependencia, etc. Sin olvidar otros gastos de servicio público, como los destinados a seguridad ciudadana (justicia, policía, instituciones penitenciarias), defensa (fuerzas armadas, presencia en organizaciones como la OTAN, etc.), política exterior, solidaridad internacional, etc. Y análogamente a lo expuesto sobre los ingresos, también a través del gasto es fácil apreciar las características más o menos sociales del presupuesto, así como las inevitables manifestaciones internacionales del Estado.
 
En tiempos, el debate presupuestario era largo, minucioso, y en ocasiones de gran interés por las opciones que se iban adoptando respecto a cada partida de gasto. Pero hoy, ese interés ha decaído grandemente, por los planteamientos políticos que influyen en ingresos y gastos, se incluyen, a lo largo de las legislaturas, en las nuevas leyes y sus reformas. Por eso, aunque el debate de las cuentas estatales se considera como el acto parlamentario más importante del año, puede decirse que en la práctica, salvo en la primera fase de presentación del conjunto y de discusión de las enmiendas a la totalidad, reclama muy poco la atención del público y de los propios parlamentarios.
 
Nuestra Constitución de 1978, en su artículo 134, establece que “corresponde al Gobierno la elaboración de los presupuestos… y a las Cortes Generales su examen, enmienda y aprobación”. E igualmente, se establece que “el Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior”. Con lo cual resulta que, cabe presentarlos en cualquier momento del año anterior, con tal de que sea antes del 30 de septiembre. Una facultad que el Gobierno Rajoy ha utilizado este año para hacerlos presentes y discutirlos durante el verano; pensando tenerlos aprobados con carácter previo a la disolución de las Cortes de cara a las elecciones generales, que previsiblemente se convocarán para el 20 de diciembre del año en curso.
 
Esa decisión ha tenido un carácter, a mi juicio, altamente positivo. En especial, en una fase en la que la economía española se encuentra en recuperación, después de haber transcurrido durante un largo tiempo por la recesión, y por una recuperación leve en 2014. Lo que hacía aconsejable evitar incertidumbres sobre si la convocatoria de elecciones a Cortes para el otoño (por lo demás plenamente obligada) nos dejaría sin presupuestos para el año siguiente. Tal como sucedió, de manera absolutamente demencial, con la disolución de Cortes de Rodríguez Zapatero en 2011, al tirar la toalla de la defensa de su Gobierno frente a la crisis, dejando a nuestra economía sin presupuestos para el 2012, y con España al borde del rescate por la troika de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.
 
Esta vez, las cosas se han hecho bastante mejor, afortunadamente. Y podemos tener ya una guía presupuestaria para el año próximo, en la idea de que puede contribuir a fortalecer los indicios de mejora, que pueden ir alejándonos de la crisis de 2008. Aunque es cierto que entre el anuncio de los Presupuestos para 2016 y su aprobación final, el ambiente económico exterior se ha deteriorado de manera importante. Como es apreciable por el deterioro de las previsiones del FMI sobre crecimiento mundial, y marcadamente por la situación de los países emergentes -que durante la crisis siguieron pulsando con un crecimiento que pudo paliar los efectos del maremágnum 2007/2008-, que ahora se muestran todos ellos en situación difícil: Rusia en profunda recesión por las sanciones occidentales a causa de Crimea y Ucrania; China en una tendencia de desaceleración que seguramente no permitirá su objetivo de crecimiento del 7,5 por 100; influyendo negativamente en países emergentes como Brasil, Argentina, o México, y de manera muy intensa en otros más próximos como Australia, Nueva Zelanda y todo el Sudeste asiático.
 
En la sesión parlamentaria del 29 de agosto, el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro -que no es precisamente un Demóstenes ni un Castelar-, cuando se subió a la tribuna de los oradores de cara al hemiciclo, estuvo muy explícito. Y entiendo que bien preciso y ajustado a la coyuntura real, planteando el objetivo de los presupuestos como un ejercicio todavía con elementos de austeridad: llegar el próximo año a un déficit de sólo el 2,8 por 100 del PIB, y a un endeudamiento ya algo por debajo del amenazante 100 por 100 del PIB.
 
Y me pareció bien que el Sr. Montoro recordara que en 2011, ZP, con su tocata y fuga al disolver el Parlamento para las elecciones de noviembre de ese año, nos dejara empantanados a más no poder. Y sin embargo, en los meses siguientes, a pesar de los numerosos planteamientos en el sentido de pedir el rescate -como lo habían hecho Grecia, Irlanda y Portugal-, no hubo tal cosa. Aunque sí hubo de aceptarse una cifra de 40.000 millones de euros para refinanciar las instituciones financieras (casi por entero las cajas de ahorros) y ponerlas en condiciones; echando al baúl de los recuerdos aquello del Sr. Rodríguez Zapatero de que nuestras entidades de crédito eran las mejores del mundo y bla, bla, bla.
 
Y después de entrar en la vía de la austeridad -en mi opinión con decisiones relativamente tímidas en algunos casos, sobre todo en la Administración Pública, y con una consolidación fiscal mucho más lenta de lo que habría sido posible-, se acometieron las reformas estructurales, con una decisión meritoria, aunque también con menos grados de intensidad de lo que habría sido posible. Con todo, la reforma laboral resultó útil para hacer posible la supervivencia de cientos de miles de empresas que de otra manera se habrían ido al garete. Y en lo fiscal, hubo, ciertamente, ida y vuelta: aumento de la presión inicialmente, para después retornar a tipos más asimilables por los emprendedores y consumidores. Y en lo que se refiere a lo financiero, la ayuda comunitaria ha sido eficaz, si bien es cierto que será muy difícil que el Estado recupere la cifra invertida en ese saneamiento, cuyo nivel se discute aún, pero que puede estar en torno a 65.000 millones de euros.
 
Vamos a dejar aquí de momento el presente análisis de la política presupuestaria y todo su trasfondo económico, en la idea de terminarlo en una segunda y última entrega de este artículo a los lectores de Republica.com. Y ya desde ahora, les invitamos a reanudar, transcurrida la pausa estival, los comentarios a este tipo de escritos y a los que vengan, a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net. Buen retorno al otoño, en nuestro encuentro del próximo jueves 24 de septiembre.

Las exportaciones siguen creciendo

El impacto del parón del comercio mundial en nuestras ventas exteriores es mínimo

 
 
Uno de los riesgos que pueden afectar a las previsiones de crecimiento de la economía española durante este año y el próximo es el contexto exterior, concretamente, el debilitamiento del comercio internacional como consecuencia de la ralentización de la economía china, que durante muchos años ha sido el motor principal del crecimiento del comercio. De hecho, en los meses transcurridos del año, no es que el ritmo de avance del comercio internacional se haya moderado, es que presenta tasas negativas. Por eso, la estadística mensual de comercio exterior se ha convertido en uno de los indicadores más importantes a seguir y analizar.
 

El impacto, de momento, del parón del comercio mundial en nuestras ventas exteriores es mínimo
 
Esta semana conocimos los datos de julio. La primera impresión que obtenemos de ellos es que, de momento, el impacto sobre nuestras exportaciones del retroceso del comercio internacional es mínimo. Es más, en los últimos meses las exportaciones han retomado su tendencia creciente tras registrar un bache durante el cuarto trimestre del pasado año y el primero del actual (gráfico superior izquierdo). Ciertamente, tomando datos agregados de los siete primeros meses del año, observamos tasas de variación negativas respecto al mismo periodo del año anterior de las exportaciones destinadas a Japón, Rusia, Brasil, norte de África y nuevas economías emergentes de Asia (excluida China). Pero todos estos mercados son de menor importancia para España y su caída está siendo más que compensada por los crecimientos de las destinadas a la UE (que representan cerca del 65% del total), EE UU, Oriente Próximo y México. Incluso las destinadas a China aumentan un 8,2%.
 
 
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En realidad, lo sorprendente de los datos de los últimos meses es que la aceleración del crecimiento de las exportaciones se basa tanto en las destinadas a la UE como en las dirigidas fuera de la UE (gráfico superior derecho). Sin duda, la depreciación del euro es la razón principal para explicar estos resultados. Junto a ello, no debemos olvidar que las empresas españolas están llevando a cabo un notable esfuerzo por ampliar y diversificar mercados fuera de Europa y eso está dando frutos incluso en un escenario poco favorable. En cuanto a las exportaciones a la UE, su aceleración refleja la recuperación, aunque tímida todavía, de estas economías y el hecho de que España se ha convertido en la factoría de bienes de consumo duradero (sobre todo automóviles utilitarios) de gran demanda en Europa en estos momentos. La flexibilización de las condiciones laborales, especialmente en la industria automovilística, ha dotado de mayor competitividad a las factorías españolas, lo que se refleja en el fuerte crecimiento de las exportaciones de automóviles.
 
Los datos acumulados de enero a julio dan un crecimiento de las exportaciones totales del 5,5% a precios corrientes y del 4,3% en volumen, dado que los precios, aproximados por los valores unitarios, aumentan un 1,2%. Esto último es otro hecho diferencial respecto a los dos años anteriores, en los que los precios caían, y se debe también a la depreciación del euro.

 

Por lo que respecta a las importaciones, su crecimiento a precios corrientes en estos meses es menor que el de las exportaciones, un 4,5%, pero ello se debe a la caída de los precios, ya que el aumento en volumen es mayor (6,3%). Eso quiere decir que la aportación del saldo comercial al crecimiento real del PIB continúa siendo negativa, como viene siendo usual desde el inicio de la recuperación. Ello obedece al fuerte impulso del consumo de bienes duraderos y de la inversión en capital fijo. A su vez, la caída de los precios se explica en su totalidad por la de los productos energéticos (-23%), ya que los del resto de productos aumentan considerablemente (4,5%), reflejando la depreciación del euro. Esta caída de los precios de la energía ha abaratado la factura energética neta en 6.000 millones de euros hasta julio. Gracias a ello, el déficit comercial se ha reducido un 6% (gráfico inferior derecho).


 
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

Turismo

Aunque la exportación de servicios turísticos tiene un peso menor que la de no turísticos, su comportamiento en los últimos años ha contribuido de forma importante al crecimiento de las mismas y del PIB, sobre todo porque estas actividades son intensivas en mano de obra. En los ocho meses transcurridos del año, los turistas entrados han aumentado un 4,1% respecto al mismo periodo del año anterior, tasa inferior al crecimiento del 7,1% en el conjunto de 2014. El gasto de estos turistas aumenta más (un 7,7% hasta julio), reflejando la depreciación del euro y el fuerte crecimiento del turismo procedente de los EE UU, China y otros países asiáticos, cuyo gasto medio es bastante superior al de la mayoría de europeos. En todo caso, el fuerte impulso del turismo este verano obedece en mayor medida al turismo doméstico que al exterior.

Colombia: una potencia emergente en América Latina

 El país sudamericano, aunque afectado por las materias primas, acumula un decenio de bonanza y acaricia al fin la paz
 
 
 
Más de medio siglo después de que las guerrillas comenzaran a asolar el país y pasados 22 años desde que la policía abatiera sobre un tejado de Medellín al narcotraficante más famoso del mundo, Pablo Escobar; la imagen de Colombia como un país al que la violencia arrastraba al colapso se ha disipado a velocidad de vértigo. El país que nació libre como eje del proyecto de Simón Bolívar de crear la Gran Colombia, ha vuelto a creer que puede ser dueño de su destino y ser tan grande como se proponga. Los colombianos acarician ya el fin del conflicto intestino más longevo de América Latina y uno de los más sangrientos y que más desplazados contabiliza.
 
A la paz se suma un periodo de crecimiento económico que comenzó hace más de diez años y que, aunque ahora está tocado por el desplome de los precios de las materias primas, muestra señales de una fortaleza que le permitirá superar la crisis mejor que otros vecinos. En estos últimos años, la clase media colombiana se duplicó, pasando del y 15% a casi el 30% de la población, y la tasa de pobreza se redujo del 50% al 35%. Ello, acompañado de una inflación bajo control y un clima para los negocios que el Banco Mundial sitúa en el puesto 34 de un total de 189 países a escala mundial y el primero a nivel regional.
 
Pese a la acumulación de bonanza, en el último año el análisis de la economía colombiana se ha convertido en una especie de consultorio médico. Durante meses, el debate se ha centrado en matizar si sufre la llamada “enfermedad holandesa”, ese mal ocasionado por un crecimiento inesperado de divisas, en este caso, por el precio del crudo, o si, como el mantra que repite el Gobierno se trata de un “resfriado holandés”, algo pasajero. Catarros o gripes aparte, es cierto que la economía del pais sudamercano, envalentonada durante años por el auge del petróleo y las materias primas, ha visto cómo su fulgurante crecimiento se ha frenado. El pesimismo casi crónico que invade el país andino a diario no se ve reflejado, sin embargo, en las tablas estadísticas. Colombia no crecerá como solía; camina sobre un fino alambre, pero el futuro cercano más que de dudas está envuelto de esperanza. El reto de cómo va a afrontar su mayor anhelo, la paz, va de la mano de otro igual o más complejo: la reorientación de su economía.
 
Todo depende del espejo en el que se mire Colombia. Si es en el propio, no se verá bien. El año pasado creció a un 4,6% y este 2015 está previsto que lo haga a un 3%, quizás 3,5%. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), las exportaciones colombianas cayeron un 31,2% en el primer semestre de este año. Si Colombia echa la mirada atrás o se gira a observar a sus vecinos, la percepción cambia. Venezuela, sin ir más lejos, decrecerá un 7% según los pronósticos más halagüeños. La economía colombiana se muestra como una de las más solidas de la región que, en conjunto, y según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI); crecerá un 0,5%. De entre sus socios en la Alianza del Pacífico, Chile, México y Perú, solo este último país andino es posible que crezca por encima que Colombia.
 
 
“Vivimos una incertidumbre enorme, estamos caminando por el filo de la navaja y podemos caernos para el lado bueno o el lado malo”, opina Ana María Ibáñez, decana de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes. “Tuvimos unos años de un crecimiento inesperado, jalonados por los buenos precios mineros y energéticos, que trajeron un incremento de divisas, de ingresos fiscales, pero no supimos aprovecharlos, creo que malgastamos esos recursos, no los usamos para ahorrar, para mejorar la productividad; no hubo inversión en infraestructura, en innovación o en educación, clave ”, opina esta economista colombiana, quien pese a todo no quiere ser alarmista: “Este es un país macroeconómicamente muy responsable. No creo que las condiciones de la economía sean graves”.

Retroceso petrolero

Desde que comenzaran a caer los precios del petróleo, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, no ha escondido que los ingresos también sufrirán un fuerte golpe. En 2013 se recibieron por concepto de impuestos y dividendos de las petroleras 24 billones de pesos (unos 8.800 millones de dólares). Este año se prevé que disminuya a 3.480 millones de dólares y en los próximos años no se descarta que caiga hasta los 2.200 millones. Cada dólar que se reduce en el precio del barril le cuesta a Colombia 200 millones de dólares en ingresos al Estado. El Gobierno ha tenido enfrenta un déficit de unos 10.000 millones de dólares, lo que equivale casi al 4% del producto interno bruto (PIB), forzando recortes en gastos y el aumento de impuestos para mantener un déficit presupuestario de menos del 3% del PIB.
 
“El petróleo generó un sesgo que ha ido destruyendo nuestra diversidad productiva. Se había agudizado nuestra dependencia del crudo y se ha comprobado que no teníamos un sector exportador alternativo”, señala José Antonio Ocampo. “Afortunadamente”, opina este economista, profesor en la Universidad de Columbia y exministro de Hacienda del país andino, “la economía de Colombia tiene que reinventarse, su fortaleza siempre ha sido la diversidad”. La agroindustria será uno de los aspectos claves en el desarrollo del país en los próximos años. Según datos del Ministerio de Hacienda, la agricultura creció un 2,5% en el último año, ayudado por el aumento del comercio de café (16,4%).
 
Para los analistas, estabilizar macroeconómicamente el país será uno de los principales retos a corto plazo. “Eso conlleva unos recortes fiscales, el país tiene que asumir su realidad de siempre. Hay que hacer un ajuste fiscal, pero que no ahorque al país para no entrar en un proceso de recesión. Será difícil pero completamente viable”, opina Ana María Ibáñez, una apreciación con la que coincide Ocampo: “La situación fiscal no es desesperada, Colombia están mucho mejor que otros países que dependen del petróleo o de la minería”. “Navegar en la crisis va a ser complicado. Colombia tiene un déficit de cuenta corriente alrededor del 0,7% del PIB y una devaluación muy alta con un sector productivo que no es dinámico”, concluye Ibáñez.

Efectos del conflicto

Más allá de la coyuntura actual, hay un aspecto que ha condicionado al país, y por ende a su economía, durante las últimas cinco décadas. El conflicto armado con los grupos guerrilleros, en especial con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que ha provocado más de 220.000 muertes y más de siete millones de víctimas, ha impedido el desarrollo pleno del país. Desde hace tres años, el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos negocia la paz con la guerrilla en La Habana. A aunque el triunfalismo en América Latina es peligroso, esta semana se ha dado un paso crucial para la consecución de las negociaciones después de que Santos y el líder de la guerrilla, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, llegasen a un acuerdo en el aspecto más enrevesado del proceso, el de la justicia.
 
“Si se firma la paz le va a dar un nuevo aire al país”, opina Ibáñez. “Mucha gente argumenta que las ganancias de la reducción de la violencia ya se han incorporado. Sin embargo, la violencia ha frenado el sector agropecuario en muchas regiones del país. El conflicto ha aumentado la pobreza”.
El Gobierno ha repetido en más de una ocasión que la consecución de la paz podría aumentar un 1% el crecimiento anual de la economía colombiana. Un estudio del economista venezolano Francisco Rodríguez de Bank of America Merrill Lynch Global Research, uno de los más serios y celebrados entre los expertos sobre el posconflicto, sitúa ese crecimiento en un 0,3%. “No creo que se vaya a aumentar un 1% porque los beneficios ya se han ido dando. Pero lo importante es que es un factor de confianza adicional”, opina José Antonio Ocampo. “El Gobierno va a tener que gastar más, todo lo que se va a hacer por la paz es pura demanda interna”, añade.

El coste de la paz

En cuanto al coste de un hipotético posconflicto, Rodríguez apunta que si se suman todos los componentes del tratado de paz y se deducen los montos ya asignados en presupuestos actuales para estos gastos (los que suman alrededor del 0,3% del PBI por año) “estimamos que un plan de proceso de paz conservador, el cual cubre desmovilización, reparaciones y gastos en reformas agrarias, costaría el 0,8% del PBI anual durante los próximos diez años, mientras que un plan ambicioso podría llegar a costar un 3,5% anualmente durante el mismo período “.
 
Rodríguez considera que hay que ser “prudentes” acerca de la magnitud y el impacto fiscal. “Según nuestras estimaciones en el momento de mayor intensidad (2000-2005) el conflicto le restaba 0,96 puntos porcentuales a la tasa de crecimiento de Colombia. La violencia vinculada con el conflicto ha caído estrepitosamente en la última década. De hecho, estimamos que el efecto de crecimiento a partir de la reducción de la violencia vinculada con el conflicto, que aún no tuvo lugar, podría llegar al 0,27% del PIB, del cual solo una parte se convertirá realmente en ingresos sujetos a impuestos”.
Es innegable que la gran apuesta del Gobierno de Santos es la consecución de la paz. No puede ser de otra manera en un país donde la mayoría de sus habitantes ha vivido bajo el manto sangriento de la guerra, aunque no la haya sufrido directamente. Pero supeditarlo todo a una firma conlleva muchos riesgos. La paz no desarrollará por sí sola la economía. Es ahí donde Colombia afronta otro gran reto.

El Dorado de las infraestructuras

Si hay un campo que Colombia ansía, y necesita, desarrollar ese es el de las infraestructuras. La consolidación de las negociaciones de paz con la guerrilla de las FARC pondrán punto y aparte a un rezago que se ha prolongado durante las cinco décadas de conflicto armado. En materia de infraestructuras, se podría decir que Colombia está por hacer, o cuando menos, una gran parte del país.

Las regiones más aisladas por el conflicto son las que se han visto más perjudicadas, lo que ha reducido la productividad y la competitividad. Lograr incorporar asas regiones al sistema productivo del país es uno de los retos para los próximos años. “Para eso se necesita inversión y, sobre todo, seguridad. Un posconflicto va a requerir muchos recursos”, advierte Ana María Ibañez, decana de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes. “Además de mejorar la competitividad y la productividad se estarían haciendo políticas expansivas en un punto donde la economía se está contrayendo”, añade.

Con una superficie superior al millón de kilómetros cuadrados, una de las grandes apuestas del Gobierno colombiano para el desarrollo del país es la Cuarta Generación de Concesiones Viales (conocida como 4G), cuya primera tanda ya fue adjudicada y en donde varias empresas españolas salieron beneficiadas. El plan prevé la construcción de 8.000 kilómetros de carreteras con una inversión que supere los 18.000 millones de dólares. Las firmas españolas tendrán un papel primordial en la ejecución de estas obras, como se deslizó de un reciente encuentro entre empresarios con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, en Cartagena de Indias. El mandatario hizo especial énfasis en la tradición en infraestructuras con la que cuenta España: “España es uno de los países del mundo que tiene más experiencia en construir buena infraestructura; la presencia de las empresas que hicieron ese milagro en España es una garantía para nosotros”, aseguró Santos, que anunció que Ferrovial y Acopasa participarán en algunos de los proyectos. Mientras, Sacyr aseguró que invertirá 2.000 millones de dólares en infraestructuras en el país andino.

El Ministerio de Hacienda de Colombia estima que el efecto sobre el PIB de los proyectos 4G durante su construcción será del 1,5% a partir de este año. Además, calcula que las obras generarán entre 180.000 y 450.000 puestos de trabajo. El Gobierno confía en que a través de la infraestructura se palie la caída de la economía. Para ello, será necesario la firma de un contrato impagable: la paz.

Si los tipos no han subido como quería todo el mundo, ¿por qué se vuelve a hundir la bolsa?

 La Fed cumplió las expectativas del mercado y aplazó la subida de tipos. La lógica dice que las bolsas deberían haber respirado con alivio... pero el Ibex se hundió el 2,5%. ¿Qué ha pasado?
 
 
 Foto: Evolución del último mes en las bolsas española y europeas. (EFE)
Evolución del último mes en las bolsas española y europeas. (EFE)
 
"Si esto fuera fácil, lo haría cualquiera", decía siempre un veterano del parqué. Y la bolsa no es nada fácil. Si se limitara a reaccionar a cada nueva noticia, sería totalmente previsible, todo el mundo haría lo mismo a la vez... y nadie ganaría dinero. Pero es cierto que lo ocurrido esta semana es más exagerado de lo habitual. Se supone que el mercado tenía miedo a que la Reserva Federal sorprendiera -eso habría sido la sorpresa- subiendo los tipos por primera vez desde 2006, y no lo ha hecho. Lo cual, sobre el papel, debería haber provocado una reacción de alegría o, cuanto menos, de calma en las bolsas porque "estaba descontado". Sin embargo, los mercados europeos se hundieron ayer más del 2% (el 2,57% en el caso del Ibex hasta 9.847,2 puntos).
 
¿Por qué? Los analistas, esos "expertos que saben mañana por qué lo que dijeron ayer que iba a suceder hoy no ha sucedido", ofrecen una panoplia de posibles motivos: desde que "si la Fed no ha subido tipos es porque sabe algo muy malo que los demás no sabemos", a que "lo único que ha conseguido es prolongar la incertidumbre en el mercado varios meses más", pasando por el clásico de que "es un caso de comprar con el rumor y vender con la noticia". Algunos rizan el rizo y añaden que "la bolsa habría caído hiciera lo que hiciera la Fed" o incluso que "la decisión de la Fed era irrelevante" después de tirarse semanas especulando sobre qué iba a hacer Janet Yellen porque era la reunión más importante de los últimos años.
 
Quédense con la que más les guste. Más allá de las explicaciones puntuales, lo cierto es que el mercado se mueve por tendencias, no por noticias, salvo que éstas sean muy importantes y cambien el escenario en el que se basaba la tendencia que estaba vigente. Y no es el caso de la reunión de la Fed, porque el escenario sigue siendo que los tipos van a subir en EEUU (sea en octubre o en diciembre) y que lo único que ha hecho Yellen es aplazar el inicio del movimiento.
 
La presidenta de la Reserva Federal de EEUU, Janet Yellen. (Reuters)
La presidenta de la Reserva Federal de EEUU, Janet Yellen. (Reuters)

Vuelta a la casilla de salida

Es decir, estamos donde estábamos antes de toda la excitación previa a la Fed: en el escenario que provocó el 'lunes negro' en agosto y que ha impedido que ningún rebote desde entonces alcance los niveles previos a esa sesión. Un escenario que está dominado sobre todo por el posible frenazo económico en China y la crisis de los países emergentes -de hecho, ese es el motivo por el que Yellen ha preferido esperar un poco más-, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras para las economías occidentales y las empresas con intereses en esos Estados (incluyendo las españolas). Y esta situación no va a mejorar porque EEUU no haya subido tipos esta semana.
Porque lo que querría oír el mercado es que la subida se aplaza sine die o incluso que la Fed pone en marcha una nueva ronda -la cuarta- de QE (quantitative easing). Es decir, que los bancos centrales vuelven a salvar a los inversores, como han hecho durante toda la crisis. Y eso parece muy poco probable porque, más allá de las fechas, los miembros del Comité de Mercado Abierto tienen claro que es inevitable comenzar la normalización de la política monetaria, porque estas medidas no convencionales son excepcionales y no pueden mantenerse eternamente. Y que no puede tardar demasiado en hacerlo, porque cuanto más se demore, más difícil será.
 
Casa de Bolsa en Jiujiang, China. (Reuters)Casa de Bolsa en Jiujiang, China. (Reuters)

Valoración, charts... y ojo a Grecia y a España

A esto hay que añadir que las bolsas apenas han reducido su sobrevaloración (están menos caras tras las caídas pero siguen sin estar baratas) y que no hay ningún catalizador -descartado el de la Fed y con poco que esperar de la economía, que si acaso sorprenderá a la baja, no al alza- que pueda justificar unas valoraciones más altas, lo que se denomina re-rating. Y que los gráficos siguen sin ser alcistas porque no se han anulado las pautas bajistas ni se han recuperado los soportes perdidos, ahora convertidos en resistencias. Es decir, en el caso del Ibex sigue siendo probable que vuelva a visitar el soporte crítico de los 9.500 puntos donde se frenó el citado lunes negro.
Y todo esto, si no pasa todavía peor. Que puede pasar. Por ejemplo, este domingo hay elecciones en Grecia, de la que nos hemos olvidado pero que hace dos meses era el monotema del mercado. Un resultado en el que sean necesarios los antieuropeos escindidos de Syriza para gobernar volvería a poner a Grecia inmediatamente encima de las mesas de trading. Y si hablamos de España, tenemos los comicios catalanes la próxima semana y luego las generales... Un panorama nada alentador por mucho que la Fed no haya subido los tipos.

¿'Armageddon' a la vista? La liquidez de la deuda de EEUU se hunde un 70% desde 2008

 Tras años mecida por la mano de los bancos centrales, la renta fija sigue reuniendo motivos para convertirse en un auténtico polvorín en un futuro no tan lejano. Los riesgos, desde luego, acechan
Foto: ¿'Armageddon' a la vista? La liquidez de la deuda de EEUU se hunde un 70% desde 2008 
 
El mundo financiero está asistiendo a la paradoja de las paradojas. En un escenario en el que los bancos centrales han inuncado el planeta de dinero y en el que hay más deuda pública y privada en el mercado que nunca, la renta fija está sufriendo un deterioro tan profundo en su liquidez que amenaza con provocar una crisis de consecuencias impredecibles. Según los cálculos de la gestora Pioneer Investments, los volúmenes de contratación en los bonos soberanos estadounidenses ha menguado en un 70% desde 2008 -ver primer gráfico-, con el consiguiente riesgo de movimientos muchos más bruscos en los precios o de verse atrapado en los títulos porque se encuentra comprador cuando se quiere vender.
 
Pero es que el estrangulamiento del mercado no solo se está viendo en la deuda pública. La privada también lo está sintiendo. La gestora también destaca que la liquidez ha menguado un 50% en la deuda privada con grado de inversión, la categoría que distingue en los emisores más fiables, y un 30% en los títulos de alto rendimiento o basura -el bloque al que pertenecen los emisores menos fiables -ver segundo gráfico-.
 

Tanguy Le Saout, director de renta fija europea de Pioneer, menciona dos motivos fundamentales para explicar esta caída de la liquidez en la renta fija. El primero, las compras de los bancos centrales. Bajo los programas de expansión cuantitativa (QE) que han lanzado en los últimos años, entidades como la Reserva Federal (Fed) estadounidense o el Banco Central Europeo (BCE) han llenado sus balances de bonos públicos y privados. Estas compras han perseguido dos efectos: por un lado, inyectar más dinero en la economía, que es el propósito de un QE; y por otro, abaratar los costes de financiación, puesto que la rentabilidad de los bonos cae cuando el precio de los títulos sube.
Sin embargo, también tienen un lado menos bueno: a diferencia de otros compradores de bonos, los bancos centrales no los venden luego, sino que los atesoran. Como consecuencia, aunque en el mundo hay más deuda que nunca, en el mercado hay menos comprándose y vendiéndose, algo que perjudica a la liquidez existente realmente.
 
   

El segundo factor tiene que ver con aspectos regulatorios. El deseo de las autoridades de incrementar los requisitos de capital de los bancos y reducir su apalancamiento arroja entre sus consecuencias unas entidades de menor tamaño y no tan activas como antes en algunos segmentos del mercado por el consumo de capital que comportan. Entre las actividades que se están viendo claramente afectadas figura la de actuar como creadores de mercado dentro de la renta fija. Y sin la presencia de los bancos de inversión engrasando la maquinaria de los precios y la oferta y la demanda de los títulos, la liquidez se ve mermada.

Tras la calma... la tempestad

Los peligros que encierran estos motivos ya han empezado a sentirse este año. Lo manifiesta, por ejemplo, el bund, es decir, el bono soberando alemán a 10 años. Después de que su rentabilidad cerrara 2014 en el 0,54% y de que llegara a situarse por debajo incluso del 0,1% en abril, ahora se encuentra en el 0,64%, aunque ha llegado incluso a acercarse al 1%.
 
Esta evolución contrasta con lo que hubieran esperado los inversores. Por el camino se han acumulado acontecimientos, como la crisis griega o los problemas de China y otros mercados emergentes, ante los que supuestamente deberían haberse producido compras de bonos, con el consiguiente descenso del rendimiento. Sin olvidar que el BCE viene comprando deuda pública alemana desde marzo -hasta la fecha, ha destinado algo más de 68.000 millones de euros a comprar bonos germanos-. Pero nada de eso ha podido evitar el repunte del rendimiento ni el incremento de la volatilidad en la negociación del bund, una realidad que en el mercado interpretan como una constatación del descenso de la liquidez en torno a los bonos germanos.
 
Si un mercado menos líquido y profundo ya abona el terreno para sufrir sacudidas en los precios, el peligro se agrava por la presión que ejerce la liquidez diaria
 
La sensación, por tanto, es que la calma inducida por los medidas de los bancos centrales puede desembocar una seria tempestad en los mercados. "La abundancia de liquidez ha provocado una importante contracción del diferencial y eliminado la volatilidad", asegura Francesco Sandrini, director de soluciones multiactivo de Pioneer. Y añade ya a modo de aviso: "Ahora los inversores deben comenzar a pensar en un posible repunte del riesgo, sobre todo en renta fija, que puede hacer que la volatilidad aumente repentinamente. Aunque estos riesgos no sean visibles todavía, son reales y pueden tener un efecto devastador sobre el capital".

La presión de la liquidez diaria

Si un mercado menos líquido y profundo ya abona el terreno para sufrir fuertes sacudidas en los precios y, por tanto, en las rentabilidades de los títulos, la peligro se ve agravado por otra realidad: la presión que ejerce la liquidez diaria que deben ofrecer los fondos de inversión.
 
Este motivo tampoco es menor, puesto que el volumen de este tipo de productos se ha multiplicado en los últimos años. Según destacan en Pioneer, el patrimonio bajo gestión de los fondos de crédito que tienen liquidez diaria ha crecido un 76% desde 2008 y el número de fondos que tiene en sus carteras renta fija estadounidense se ha duplicado desde 2005. Por el contrario, el tamaño de las divisiones de los bancos dedicadas a la compra-venta de títulos se ha empequeñecido un 40% desde 2010.
 
Es decir, hay muchos más jugadores que ofrecen liquidez diaria y que invierten en renta fija en un mercado donde hay menos actividad negociadora, con lo que el terreno está abonado para acoger sustos de calado. "En caso de emergencia, creemos que los inversores en renta fija podrían encontrarse bloqueadas algunas de las rutas de escape y puede que se vean obligados a vender precipidamente a precios deprimidos", previene Sandrini.
 
Para complicar aún más la situación, junto al riesgo de liquidez, al que conviene ir dando un peso importante a la hora de configurar las carteras, figura el riesgo de crédito. Del mismo modo que la mano visible de los bancos centrales ha reducido los impagos por parte de las empresas, una progresiva normalización de las condiciones monetarias por parte de los bancos centrales podría desencadenar mayores problemas para encarar los compromisos financieros.