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jueves, 30 de julio de 2015

¿Ciudadanos liberales? (II)

 por Juan Ramón Rallo

 
En un anterior artículo analizamos las propuestas económicas de Ciudadanos con respecto al mercado laboral. La conclusión fue clara: Ciudadanos había presentado el programa propio de una socialdemocracia moderna que mejoraba marginalmente el funcionamiento del sistema actual y que, sobre todo, constituía una alternativa en apariencia no populista a la actual cleptocracia gobernante. Pero, justamente por ello, no podía concluirse que Ciudadanos representara una alternativa política de corte liberal: sus reformas no estaban orientadas a otorgar una mayor autonomía personal frente al poder político sino, al contrario, a consolidar la actual heteronomía puliéndola de algunas de sus manifestaciones más descabelladas.
 
La presentación de la segunda parte del programa económico de Ciudadanos, volcado en el fomento de la innovación, no ha alterado sustancialmente este juicio inicial. La formación política sigue defendiendo, en esencia, un amplio intervencionismo del Estado sobre la economía, sólo que menos centrado en prebendar a la oligarquía del ladrillo y acaso por ello más eficaz que el actual.
 
Ciudadanos: la obsesión con la innovación
 
Las razones que explican el empuje innovador de las empresas de un país son muy variadas, pero podrían resumirse en tres: incentivos, financiación y conocimientos. España no ha tenido ninguna de las tres: buena parte de sus motores tradicionales de crecimiento —construcción o turismo— no requerían de innovación alguna (ausencia de incentivos); el tamaño de la mayor parte de su tejido empresarial era demasiado pequeño y atomizado como para captar o autogenerar suficiente financiación (y para diversificarla entre diferentes proyectos minimizando el riesgo); y los conocimientos se hallaban concentrados en una universidad que ha hecho tradicionalmenteq que su bandera sea ubicarse de espaldas al mercado. Difícil, pues, que nuestra economía innove cuando ni existe necesidad ni acceso a recursos humanos y financieros para ello. De ahí que, en 2013, el conjunto de nuestra economía apenas movilizara el 1,24% del PIB para la I+D; literalmente, el vagón de cola de Europa en innovación.
 
Ciudadanos se ha propuesto alterar radicalmente este panorama hasta el punto de promter colocarnos a la cabeza de Europa, y prácticamente del mundo, en cuanto a inversión agregada en I+D. Su objetivo es llegar al 3% del PIB, por encima de Austria o Alemania y en la misma liga que Dinamarca, Suecia o Finlandia. Para lograrlo, proponen incidir en los incentivos de las empresas y los de los investigadores, en la accesibilidad de las fuentes de financiación y en los procesos de obtención y transferencia del conocimiento a las empresas.
 
Para lo primero, la formación sugiere racionalizar los incentivos fiscales a las empresas y a los fondos de capital riesgo (permitiendo integrar las bases imponibles de ambos, de modo que empresas participadas por fondos de capital riesgo y que no hayan alcanzado el umbral de rentabilidad puedan usar las bonificaciones a la I+D para minorar las obligaciones tributarias de sus financiadores). A su vez, proponen variabilizar la remuneración pública de los investigadores en función del volumen de contratos suscritos con empresas, del número de patentes registradas y de las becas obtenidas por parte de organismos internacionales.
 
Para lo segundo —la mayor accesibilidad de financiación a la I+D—, Ciudadanos proporciona dos mecanismos: el primero, la coparticipación público-privada en la financiación de proyectos de capital riesgo; el segundo, la supresión de los obstáculos regulatorios y fiscales al crecimiento empresarial,llegando incluso a promover la creación de una nueva burocracia que asesore a las pymes en sus principales decisiones estratégicas.
 
Y, por último, sus políticas orientadas a la obtención y transferencia de conocimiento a las empresas se fundamentan en dos patas. La primera pasa por la atracción del capital humano internacional: si no tenemos personal español con una determinada cualificación, conviene poder importarlo mediante visas exprés o asequibles concesiones de la residencia permanente. La segunda, la creación de una red de 30 centros tecnológicos diseminados por toda la geografía española que se encarguen de conectar a la universidad con la empresa: el empresario necesitado de nuevas tecnologías ajenas a su formación científica acudirá a estos institutos donde profesionales de primer nivel le asesorarán desde un punto de vista técnico.
 
¿Hay que fomentar la I+D?
 
De entrada, Ciudadanos se distancia del liberalismo cuando pretende “movilizar” a toda una sociedad para lograr un objetivo específico: alcanzar una inversión agregada en I+D equivalente al 3% del PIB. Es evidente que el simbolismo de la innovación está asociado al progreso y al bienestar generalizados. Y no por malos motivos: empíricamente existe una cierta relación positiva entre I+D y nivel de renta per cápita.
 
Lo que no está tan claro, sin embargo, es si el responsable de la alta renta per cápita es el gasto en I+D o si, en cambio, es la alta renta per cápita la que permite que los países ricos costeen más desahogadamente sus elevados niveles de I+D. Sin ir más lejos, el cuarto país que más invierte de la Unión Europea en I+D es Eslovenia. ¿Cuánto ha crecido el PIB de Eslovenia desde 2008? El -8,3%, bastante peor que el -5,4% de la nada innovadora España. Asimismo, los dos países más ricos de la Unión Europea –Luxemburgo e Irlanda— invierten en I+D unos porcentajes nada alejados del español: Luxemburgo el 1,16% e Irlanda el1,58%.
 
Con esto no quiero poner en duda la pertinencia de la inversión en I+D o incluso su superioridad sobre otras inversiones del todo nefastas como el AVE: únicamente pongo de manifiesto que la I+D no es el único camino disponible para la prosperidad. Y si no lo es, ¿cuál es el motivo de convertirlo en una meta nacional hacia la que todos los españoles debemos remar? Desde luego, el motivo no lo hallaremos en el liberalismo: una corriente de pensamiento que, lejos de imponer a todos los ciudadanos objetivos obligatoriamente compartidos, tan sólo se preocupa por permitir que la coexistencia armoniosa de los distintos y heterogéneos objetivos vitales de las personas.
 
Una política de innovación desde un prisma liberal no asumiría objetivos cuantitativos de I+D: tan sólo suprimiría todas las trabas y todos los perversos incentivos regulatorios y fiscales que manipulan las decisiones de inversión empresarial. Si dentro de ese marco económico desregulado y no sesgado las empresas invierten en I+D, maravilloso; si no lo hacen, tan sólo estarán poniendo de manifiesto que aprecian mayores oportunidades de negocio en otros ámbitos. Y el liberalismo respetaría esa libertad de decisión empresarial.
 
¿Hay que fomentar la I+D de este modo?
 
Pero supongamos que, en efecto, el fomento de la I+D es un objetivo hacia el que hemos de aunar prioritariamente esfuerzos nacionales. Como hemos visto, Ciudadanos propone lograrlo a través de tres niveles: cambios en los incentivos fiscales, cambios en el acceso a la financiación público-privada de las empresas y cambios en los procesos de transferencia tecnológica.
 
De todas las medidas propuestas a este respecto, las que tienen un contenido más marcadamente liberal son aquellas orientadas a no impedir ni la creación de empresas ni el crecimiento empresarial. Otras dos de sus propuestas resultan, a su vez, relativamente compatibles con el liberalismo: me refiero tanto a los incentivos fiscales como, sobre todo, a la flexibilización de la política migratoria para atraer talento. Aun así, dos matices al respecto: primero, el liberalismo aboga no por los incentivos fiscales, sino por la máxima neutralidad fiscal posible: no se trata de condicionar las decisiones de las personas, sino de no distorsionarlas bajando todo lo posible todos los impuestos; segundo, el liberalismo no aboga por un filtro migratorio discriminatorio, selectivo y elitista, sino por la libertad de movimientos de personas (salvo en circunstancias muy excepcionales donde transitoriamente pueda interrumpirse). Por consiguiente, ni siquiera cuando Ciudadanos liberaliza lo hace por razones que conmuevan los valores liberales: la liberalización no es finalista, sino instrumental a los (discutibles) objetivos del Estado ciudadano. Y si las propuestas más liberalizadoras ya se alejan del liberalismo, qué no decir de las restantes.
 
Primero, la participación del Estado como un inversor de capital riesgo más claramente constituye un uso impertinente de los fondos públicos. ¿Debemos forzar al contribuyente a que invierta parte de sus rentas en proyectos con un retorno altamente incierto o, en cambio, tendría mucho más sentido no arrebatarle ese dinero y dejarle decidir por sí mismo? Los planteamientos liberales es obvio que abogan por la segunda opción: no forzar a las personas a asumir riesgos que no desean asumir. Sólo desde la antiliberal óptima del planificador central y paternalista resulta defendible la primera opción.
Segundo, la creación de una red de centros de transferencia tecnológica atiende a una indudable necesidad de los empresarios: requieren de un intermediario transversal entre su intuitivo conocimiento económico y el sistematizado conocimiento tecnológico de la academia. Ahora bien, ¿debe ser el Estado quien cree, financie y gestione estos centros? Esa es, sin duda, la parte menos liberal de la propuesta. Si en España no disfrutamos de una floreciente estructura de centros de transferencia tecnológica es, en esencia,porque la educación sigue estando planificada por el Estado y porque, para más inri, el propio Estado —estimulado por los lobbies sindicales y de alumnos— ha bloqueado cualquier acercamiento de la universidad pública a la empresa bajo la recurrente crítica de que la universidad no puede mercantilizarse: ¿alguien cree que un sistema de universidades privadas, desreguladas y competitivas no se habrían peleado por aproximarse tanto como fuera posible a las empresas en lugar de aislarse ensimismadamente como han hecho muchos centros públicos? Un partido liberal impulsaría un remedio al problema de fondo —acabar con la propiedad y gestión estatal de la educación— en lugar de añadir parches —nueva burocracia estatal que trate de domar al lobby universitario e incentivarlo a abrirse al sector empresarial—.
 
Conclusión
 
Probablemente Ciudadanos tenga el mejor programa económico de los cuatro partidos mayoritarios. Se trata de un programa por el que, además, incluso los liberales pueden sentir cierta simpatía: la eliminación de las trabas a la creación y al crecimiento empresarial o la flexibilización de los criterios de residencia (aunque sea una flexibilización selectiva) son “reformas estructurales” de verdadero calado y muy bien orientadas. Es más, incluso allí donde un liberal puede discrepar radicalmente de Ciudadanos —fondos de capital riesgo estatales o red pública de institutos tecnológicos—, no puede dejar de apreciar cierta profesionalidad y cierto sentido común en sus promesas, virtudes ambas del todo ausentes en el resto de formaciones políticas.
Ahora bien, Ciudadanos no es un partido que recoja y materialice negro sobre blanco los valores y los principios del liberalismo (como sí hacen otras formaciones: por ejemplo, el P-lib). No es un partido liberal. De hecho, ni siquiera pretende serlo. Su defensa de las libertades es meramente instrumental y su verdadero objetivo es convertir a España en una socialdemocracia al estilo de Dinamarca: que no es que sea un mal lugar para vivir —sobre todo comparado con España— pero, desde luego, no es el modelo de sociedad que puede defender un liberal.

¿Ciudadanos liberales? (III)

por Juan Ramón Rallo
 
Como ya sucediera con el mercado laboral o con las políticas de crecimiento económico, la difusión del programa fiscal de Ciudadanos constata, nuevamente, que no nos hallamos ante un partido liberal, sino ante una formación socialdemócrata que aspira a conseguir una reordenación “sensata” del entramado burocrático e intervencionista actual pero sin reducirlo lo más mínimo. Nótese que mi argumento no está siendo que Ciudadanos no es un partido liberal lo suficientemente radical: no, lo que estoy diciendo es que su objetivo de largo plazo no es reducir el Estado para ensanchar la sociedad civil. En el caso de los tributos, de hecho, esto es muy fácilmente observable.
 
No bajan impuestos
 
Ciudadanos no propone una rebaja general de impuestos, sino el mantenimiento de la montoriana presión fiscal actual. En concreto, Ciudadanos proyecta una bajada del IRPF de 4.350 millones de euros (debido a que reduciría los gravámenes a sólo tres tramos, inferiores a los actuales: 18% hasta 22.500 euros; 28% entre 22.500 y 75.000 euros; y 42% a partir de 75.000 euros) que compensará con una subida del Impuesto sobre Sociedades de 4.535 millones de euros (derivada de bajar el tipo al 20% pero eliminando prácticamente todas las deducciones). Y, a su vez, la reforma del IVA (eliminación del tipo superreducido y disminución del reducido al 7% y del general al 18%) tiene como objetivo declarado mantener constante la recaudación, de modo que tampoco por esta vía existe alivio fiscal alguno para la población.
 
A todas estas modificaciones, neutrales desde un punto de vista recaudatorio, hay que sumarles la instauración de un complemento salarial para las rentas más bajas (articulado a través del IRPF) que, de acuerdo con Ciudadanos, costaría algo más de 8.000 millones de euros. La financiación de semejante medida redistributiva se lograría merced a una reducción de las duplicidades y superfluidades administrativas (fusión de ayuntamientos, eliminación de las diputaciones, evaluación previa del gasto, etc.) cifrada en 5.000 millones de euros, más una armonización nacional del impuesto de Patrimonio y de Sucesiones, cuya recaudación no cuantifican pero que, como mucho, daría para cubrir el restante coste de ese complemento salarial.
 
En conjunto, pues, Ciudadanos no propone (ni pretende proponer) menores impuestos; acaso los incrementa marginalmente en algunas comunidades autónomas como la de Madrid (debido a la vía de la tributación patrimonial) para incrementar las transferencias estatales. Nuevamente, pues, nos topamos con las bases ideológicas de un partido típicamente socialdemócrata y no con las de uno liberal. Comparen, a este respecto, las promesas fiscales de Ciudadanos con las de otro partido declaradamente liberal como el P-Lib: el Partido Libertario propone abolir Sucesiones y Patrimonio; una progresiva reducción de los impuestos Especiales hasta suprimirlos; un recorte en tres fases de IRPF y Sociedades hasta eliminarlos; y una escalonada rebaja del IVA hasta el 5%.
 
Es decir, el saludable objetivo a largo plazo del P-Lib es financiar un Estado minimalista con apenas un impuesto sobre el consumo del 5%. ¿Imposible? En absoluto: ésa sería la auténtica revolución liberal que necesita España. Ahora bien, sí es verdad que a muchas personas el liberalismo del P-Lib puede parecerles demasiado radical (a mí me parece pertinentemente radical, esto es, que va a las raíces morales y económicas del liberalismo): lo importante, a este respecto, no es tanto si nos quedamos con un IRPF del 0% o del 10% cuanto la decidida voluntad liberal de reducir los impuestos y de adelgazar el Estado (más allá del gasto meramente redundante). Ciudadanos no aspira a bajar generalizadamente los impuestos ni a disminuir el Estado: no aspira a hacerlo ni de manera radical ni de manera timorata. Al contrario: su objetivo es conservar el Estado tal como existe ahora mismo pero de una manera menos irracional y exuberante. Por eso no pueden ser calificados como liberales y sí como miembros del consenso socialdemócrata que nos rodea.
 
Ahora bien, tal como también expliqué en los casos anteriores, todo esto no significa que Ciudadanos sea exactamente lo mismo que el PPSOE. Más allá de la no menor circunstancia de que esta formación no ha participado en corruptas tramas de saqueo institucional (veremos qué sucede cuando se afiance en el poder durante varios lustros), sus propuestas se dirigen a modernizar la socialdemocracia y a volverla algo menos destructora de las bases de generación de riqueza. En el caso de la fiscalidad, buscan implantar un sistema tributario más simple y transparente que, además, no penalice la atracción de talento extranjero con un IRPF menos disparatadamente progresivo que el actual. Son mejoras a celebrar pero no en nombre del liberalismo, sino de una socialdemocracia menos descabellada y más moderna.
 
¿Un futuro de impuestos crecientes?
 
Pero acaso lo más inquietante de la propuesta fiscal de Ciudadanos no sea el presente inmediato —que, como digo, supondría una mejoría marginal con respecto a la situación presente— sino el futuro. Al menos en el presente documento, el partido de Albert Rivera no parece solucionar el acuciante problema de déficit público que sigue azotándonos: 60.000 millones de euros de agujero presupuestario en 2014.
 
Tal como hemos expuesto, la reforma fiscal planteada por Ciudadanos es neutral desde un punto de vista recaudatorio y las reducciones del gasto prometidas apenas sirven para cubrir los nuevos programas redistributivos que se pretenden implantar. Entonces, ¿qué hacer con el déficit? Aunque Ciudadanos no afronta directamente la cuestión, parece que se fía todo a un relanzamiento del crecimiento económico —merced a la dinamización de la actividad que pretenden imprimir con sus restantes medidas— y, sobre todo, a la lucha contra el fraude fiscal (que, a diferencia de lo que harían los liberales, no se consigue mediante una sustancial rebaja impositiva que incentive indirectamente a la gente a no defraudar, sino criminalizando y endureciendo más las leyes contra el fraude de lo que ya lo ha hecho el propio Montoro).
 
Sin embargo, existe una frase en el documento de Ciudadanos que no dejo de leer con cierta preocupación: “Esta reducción del tipo general de IVA y ensanchamiento de la base nos podría dar espacio para luego ir hacia un gran pacto de estado que redujera las cuotas de la Seguridad Social, para incrementar el empleo, a cambio de una subida del IVA, en la línea de las recomendaciones internacionales, y de la Comisión de Expertos. Este pacto no forma parte de nuestra propuesta, pero sería algo a valorar con las demás fuerzas políticas”. Claramente, Ciudadanos está preparando ideológicamente el terreno para futuros incrementos de la tributación indirecta con el pretexto de rebajar en paralelo las cotizaciones sociales: una fórmula que no tendría por qué ser negativa si, de verdad, se recortaran en toda su extensión las cotizaciones a la Seguridad Social.
 
Mas uno tiende a sospechar que, llegado el momento y habida cuenta del descuadre presupuestario del Reino de España, el IVA subiría mucho más de lo que bajarían las cotizaciones sociales: una treta análoga a la que ya empleara Montoro en 2012 para incrementar el IVA del 18% al 21%. Por supuesto, no deja de ser injusto extender la sombra de la sospecha sobre Ciudadanos por culpa de la gigantesca mascarada fiscal protagonizada por el PP; pero ciertamente no son unos temores del todo infundados: imaginen un partido político en el poder, sin marcadas convicciones liberales, necesitado de más ingresos para mantener un Estado de Bienestar que desea no recortar, que toma como referencia a Dinamarca —país con un IVA del 25%— y que tiene la oportunidad de incrementar la recaudación por IVA modificando la estructura fiscal del país de un modo cuya no neutralidad los ciudadanos no serían capaces de evaluar con precisión. Los incentivos de esa formación —que bien podría ser Ciudadanos en el futuro— parecen más que obvios y no se alinearían con los derechos de las personas.
 
En definitiva, Ciudadanos promete organizar cartesianamente el Estado gigantesco que padecemos los españoles a imagen y semejanza del resto de europeos, pero no achicarlo para dotar de una mayor autodeterminación a la sociedad civil. En su programa económico, el libre mercado es meramente instrumental a los objetivos de la política estatal; en el caso de la fiscalidad, el libre mercado es meramente instrumental a la maximización de los ingresos del Estado (a través de la promoción del crecimiento económico). No hay una inspiración liberal en sus políticas —aun cuando éstas traten de ser amistosas en muchos aspectos con el liberalismo— y por eso no ven como intrínsecamente problemáticas las relaciones coactivas que constituyen el Estado: por eso, en suma, su objetivo es quedarnos como estamos pero de la manera más sensata posible. Como en el caso de la Comisión de Expertos del Gobierno, la rebaja de impuestos de Ciudadanos se queda en una mera reordenación de los tributos. Y eso no es liberalismo.

¿Ciudadanos, liberales? (IV)

Juan Ramón Rallo
 
 
Ciudadanos ha presentado esta semana la que es no sólo la cuarta parte de sus propuestas económicas sino, según sus propias declaraciones, la más importante se todas ellas. Estamos hablando de la reforma del sistema educativo. Dado que son muchos quienes adscriben a Ciudadanos dentro de la filosofía política del liberalismo, resulta pertinente analizar qué encaje guardan sus ideas y recomendaciones con los valores del liberalismo, tal como ya hiciéramos con el mercado laboral, la transformación del sistema productivo y el sistema fiscal.
 
¿Qué propone Ciudadanos en educación?
 
Ciudadanos ha lanzado un muy ambicioso programa de reforma de la educación española que, en esencia, pretende lograr la excelencia educativa en unos programas de formación orientados a capacitar al alumno para crear riqueza en el siglo XXI. Para ello, promueven esencialmente tres cambios:
  • Mayor flexibilidad curricular: El currículo formativo que seguirá cada alumno a lo largo de su vida académica ni puede ser esencialmente igual para todos ni debe determinarse de manera centralizada; al contrario, cada estudiante ha de recibir una enseñanza lo más individualizada posible dirigida a potenciar sus habilidades naturales. Para alcanzar este objetivo, Ciudadanos propone, por un lado, la creación de itinerarios de calidad que permitan la especialización de cada alumno enfocada al mundo profesional (especialmente potenciando el modelo de FP dual, tan exitoso en Alemania) y, por otro, dotar de mayor autonomía a cada escuela para que ella misma pueda determinar qué materias no troncales desea instruir a los alumnos.
  • Incorporar nuevas materias a los planes de estudio: Pese a que Ciudadanos defiende la ya mentada flexibilidad en los itinerarios formativos, también apuesta por incorporar a los planes de estudio nuevas disciplinas que actualmente están siendo soslayadas por el sistema educativo pese a su creciente importancia en la vida personal y profesional de cualquier persona. Entre ellas, el “aprender a aprender”, el uso de nuevas tecnologías, la oratoria, la enseñanza plurilingüe, el trabajo en equipo, el desarrollo del espíritu emprendedor o la formación social y emocional.
  • Excelencia del profesorado: Para lograr que los programas anteriores sean transmitidos a los alumnos de la manera más eficiente posible, Ciudadanos apuesta por contar con un profesorado de primer nivel. Para ello, pretende modificar los métodos de acceso a la plaza de profesor (instaurando un MIR en educación, de modo que los futuros profesores aprendan a enseñar durante un año de residencia de los actuales profesores; y dotando de mayor autonomía a los centros para seleccionar a qué profesores quien contratar), así como los incentivos de permanencia (evaluaciones de rendimiento profesional y remuneración variable ligada a las mismas).
Las propuestas de Ciudadanos mejoran notablemente el sistema de educación público actual, caracterizado por su elevado coste y su muy baja calidad. Pero lo mejoran por un motivo esencial: porque lo acercan marginalmente a cómo funcionaría un sistema educativo libre. Sin embargo, esto mismo es lo que coloca a Ciudadanos en una posición ideológica más cercana a la de una socialdemocracia moderna (una socialdemocracia que acepta el fracaso de la planificación centralizada y que posee una visión favorable del mercado como mecanismo eficiente de asignación de recursos) que a la del liberalismo. Y es que lejos de querer devolverle la educación a la sociedad, pretenden retenerla en manos del Estado administrándola de un modo parecido a cómo creen que la gestionaría un mercado libre.
 
La reforma de la educación desde el liberalismo
 
El liberalismo promueve la libertad educativa no sólo por motivos de eficiencia, sino también por motivos éticos.
 
Los motivos éticos deberían ser evidentes: la libertad educativa es el marco dentro del que cada alumno puede formarse y desarrollar su pensamiento crítico sin verse coercitivamente adoctrinado por los valores y las ideas personales de los burócratas estatales o de las élites paraestatales que logran parasitar las estructuras administrativas. Todo alumno debería disponer de la libertad no ya para formarse en sus propios intereses personales y profesionales, sino para negarse a escuchar, estudiar y memorizar una catarata de argumentos que vayan en contra de sus convicciones morales. Al igual que veríamos descabellado que el Estado pudiera obligar a una persona a asistir todas las semanas a las ceremonias de una determinada confesión religiosa, tampoco deberíamos aceptar que el Estado pueda obligar a personas con un grado de madurez suficiente (o incluso con un grado de madurez insuficiente cuando así lo juzgan sus tutores legales) a someterse en contra de su voluntad a lo que él puede juzgar mero adoctrinamiento estatal.
 
Evidentemente no estamos afirmando que en un entorno de libertad educativa los estudiantes vayan a verse libres de la influencia de terceros: más bien estamos afirmando que nadie debería disfrutar del poder de obligar a todos los alumnos de un país a someterse a la doctrina que desee oficializar. O dicho de otra manera, se trata de que no exista un monopolio de la acreditación curricular manejado coercitivamente por el Estado, sino de que puedan aparecer múltiples instituciones que compitan entre sí por el prestigio de convalidar, orientar o diseñar las distintas etapas de formación de una persona (algo más parecido al modelo estadounidense de universidades que al español).
 
Los motivos de eficiencia coordinadora por los que el liberalismo defiende la libertad educativa no son, en muchos casos, demasiado distintos a aquellos que inspiran la propuesta de Ciudadanos. A la postre, la educación es un servicio más que debe ser proporcionado a sus usuarios (los estudiantes) y, por ello, padece dos problemas de coordinación básicos: problemas de información (qué, cómo, cuándo, dónde y a quién enseñar) y problemas de incentivos (cómo lograr que todos los agentes implicados en el sector de la educación se interesen continuamente por prestar el mejor servicio posible y por pensar en nuevas formas acerca de cómo mejorarlo).
 
El liberalismo, reconocido la inerradicable ignorancia del ser humano, propugna que el problema de información se resuelva mediante la competencia dentro del mercado: la competencia es un proceso de descubrimiento de los mejores modelos de organización, ya que combina las propuestas experimentales descentralizadas de múltiples instituciones educativas con la realimentación de los estudiantes al escoger unas (las que perciben mejores) y descartar otras (las que perciben peores). A su vez, dado que los centros que ofrezcan un servicio superior al resto serán los que atraerán a un mayor número de alumnos y los que cosecharán una mayor cantidad de beneficios, los propios centros estarán interesados en diseñar mecanismos internos que acicateen al personal a implicarse en la prestación de un servicio educacional de calidad (experimentando así diversas vías competitivas para solventar el problema de los incentivos).
 
La libre competencia, pues, termina alumbrando una pluralidad de ofertas educativas diversas que dinámicamente se van ajustando a las necesidades de los distintos perfiles de estudiante.
 
Dónde Ciudadanos se aleja de la propuesta liberal
 
Tal como hemos expuesto hasta el momento, Ciudadanos no defiende incrementar la libertad en el ámbito educativo, sino aproximar el funcionamiento de nuestra educación estatalizada a cómo se estima que funcionaría un sistema libre. Como es obvio, que intenten emularse algunas de las prácticas y de los resultados que previsiblemente conllevaría la libertad educativa tiende a mejorar nuestra situación de partida (pasamos de una socialdemocracia insensata a una socialdemocracia sensata en el ámbito educativo), pero esa mejora está lejos de confluir con el liberalismo.
 
Por el lado de la ética de la libertad educacional, es verdad que Ciudadanos abre la mano a que cada centro educativo conforme su propio currículo formativo y, por tanto, concede un rango de elección algo superior a los estudiantes y sus familias; sin embargo, al mismo tiempo también mantiene el requisito de la escolarización obligatoria para todos los estudiantes (olvidándose de la imprescindible libertad ciudadana de permitir que los niños sean educados en su propio hogar) y, sobre todo, mantiene un importante control centralizado sobre las líneas generales de ese currículo formativo común. Tan es así que el partido llega a proponer la inculcación obligatoria de valores cívicos y constitucionales a los estudiantes con el propósito de alterar sus convicciones morales: se parte de la base de que el actual modelo estatal, con escasas alteraciones, constituye el óptimo panglossiano del que ni podemos ni debemos movernos, motivo por el cual el monopolio educativo debe contribuir a apuntalar el régimen estatal inoculándoles a los alumnos todas aquellas ideas que ayuden a reforzarlo.
Por el lado de la eficiencia de la libertad educativa, es cierto que Ciudadanos incrementa la autonomía de los centros para que puedan competir entre ellos ofertando mejores programas a los alumnos y gestionando más inteligentemente sus recursos internos, pero todos los centros siguen en última instancia subordinados a una misma estructura estatal que actúa como un macrocártel que bloquea cualquier oportunidad de desviarse significativamente del resto. El sistema de escolarización forzosa no se cuestiona en sí mismo ni, lo que es más grave, se permite que sea cuestionado: las líneas maestras del modelo educativo decimonónico siguen en pie con poco más que un barniz de adaptación a los tiempos modernos. La verdadera competencia —aquella que promueve endógenamente innovaciones disruptivas que desplazan por entero los modelos de negocio anquilosados— ni está ni se la espera dentro del modelo educativo de Ciudadanos, pues el Estado no va a falsarse a sí mismo y tampoco parece probable que vaya a serlo desde fuera: en el programa de Ciudadanos no aparece ninguna propuesta significativa de liberalización de las rigidísimas regulaciones administrativas que actualmente maniatan la apertura y gestión de centros privados a todos los niveles educativos, impidiendo con ello las innovaciones disruptivas también en el sector privado.
 
Conclusión
 
Lejos de facilitar una muy necesaria revolución educativa, tanto en sus bases éticas subyacentes cuanto en el modelo de organización, Ciudadanos mantiene los fundamentos de nuestro fracasado sistema educativo pero actualizándolos a los nuevos tiempos. En la mayoría de aspectos se trata de un significativo avance con respecto a la política de parálisis o de involución que propugnan el resto de partidos, pero es un avance circunscrito al marco ideológico socialdemócrata en torno al cual también gravitan todas las restantes fuerzas políticas nacionales.
 
En este sentido, la educación española seguirá requiriendo de una revolución liberal asentada sobre dos pilares: la libertad de los estudiantes para seleccionar el objetivo y la modalidad de su aprendizaje (liberalización de la demanda educativa) y la libertad de los proveedores de educación para autoorganizarse con el propósito de atender del mejor modo posible las preferencias y necesidades de los estudiantes (liberalización de la oferta educativa). La ética y la eficiencia apuntan en una misma dirección: la libertad.

C + I + G = Tontería


 
 
Las intervenciones gubernamentales en la mala dirección están impidiendo que las mayores economías del mundo se recuperen de las malas inversiones masivas.
 
Japón, actualmente la tercera economía más grande del mundo, ha tenido un crecimiento cero durante 20 años. Puede hacerse un buen ejemplo en el hecho de que los Estados Unidos hayan tenido un crecimiento cero durante diez años, porque el supuesto crecimiento de la primera década del nuevo milenio ahora parece ser ficticio. Todas esas casas se construyeron con pérdidas, pérdidas que sólo ahora reconocemos. Todavía tenemos que sondear la extensión total de la podredumbre.
 
Las causas de la crisis mundial son difícilmente discutibles. Los gobiernos de todas partes gastaron enormes sumas al tiempo que forzaban a sus bancos centrales a mantener bajos los tipos de interés. El gasto aumentado fue a pagos de transferencias no productivos y a subvencionar planes públicos de mejora social, el más notable, en todo caso, en los Estados Unidos, el ideal de que todo hombre merece ser dueño de su propia casa.
 
Así que, Tío Sam ¿cómo ha ido eso? Bueno, el daño está hecho y ahora la tarea es volver al trabajo para reconstruir el capital desperdiciado o, como decimos los economistas austriacos, se ha invertido mal.
 
El desempleo es alto, lo que, de acuerdo con la teoría austriaca es lo que cabía esperar. Hace falta tiempo para que los trabajadores encuentren nuevos empleos en nuevos sectores. La gente puede tener que aprender nuevas habilidades o mudarse y serán reacios a hacerlo hasta agotar otras alternativas menos radicales.
 
El gobierno no tiene ni idea de qué oportunidades de trabajar existen. Por tanto no debería hacer nada para impedir que la mano de obra se reubique tan rápido como sea posible. Por muy dura que pueda parecer la idea, los pagos del seguro de desempleo realmente ralentizan este proceso esencial y deben detenerse.
 
Tampoco ayuda el aumento del salario mínimo. Aunque muchos de los que perdieron sus empleos no son trabajadores con salario mínimo, una consecuencia perniciosa de aumentar éste es que empuja al alza todos los salarios. Incluso en los mejores momentos, cuando aumenta el coste de la mano de obra, hay menos oportunidades de empleo ¡y éstos sin duda están lejos de ser los mejores momentos!

Victimas de una teoría económica fracasada

Los pagos del seguro de desempleo y las leyes de salario mínimo representan las típicas políticas en la mala dirección que derivan de una teoría económica keynesiana fracasada. El trabajador puede encontrar difícil de creer que es víctima de una teoría económica, pero de todas formas eso es lo que pasa. Podría asombrarse aún más por ser la víctima de una ecuación económica falsa:
C + I + G = PIB
Es la versión sencilla de la definición keynesiana del producto interior bruto. Es la suma de gasto de Consumo más Inversión más gasto del Gobierno (o gasto público).
La teoría keynesiana mantiene la idea destructiva de que el gasto es todo lo que importa. Viendo la ecuación del PIB, podemos ver fácilmente por qué los economistas keynesianos, que controlan los resortes del gobierno, creen que es posible “estimular” la economía con dinero público.
Cuando caen el gasto de consumo y la inversión, el PIB de caer, salvo que el gobierno aumente su gasto. Hemos tenido una juerga masiva de gasto de billones de dólares, un programa de dinero por chatarra y más rescates de negocios quebrados de los que puedo contar, y aún así, la economía continúa de capa caída.
¡Siniestramente, la administración Obama estudia ahora otro estímulo de un billón de dólares! ¿Por qué no va a funcionar?

El gasto público es un parásito de la economía privada

La falacia clave incluida en la economía keynesiana y la ecuación del PIB es la idea de que el gasto público suma en la salud de una economía. En realidad, la verdad es la contraria: el gasto público resta en la salud de una economía. La economía real es la economía privada, no hay otra. El gasto público debe provenir de la economía privada.
En otro tiempo, nadie habría aceptado el argumento de que el rey pudiera ayudar a la economía de su nación aumentando sus gastos. El gasto del rey se financiaba con impuestos al pueblo. Hoy en día es lo mismo, a pesar de los cuentos chinos de las manipulaciones del banco central de su fabricación de papel moneda.
Todo gasto público es parasitario. Cuanto menos gobierno tengamos, mejor estaremos. Nadie afirmaría que un aumento de los delitos (haciendo así necesaria más policía) o un aumento de las tensiones internacionales (haciendo necesarias más fuerzas militares) serían buenos para la economía. Todos estamos mejor cuando la gente es honrada y otras naciones son amistosas, por lo que no necesitamos asignar recursos para más policía o ejército. Preferiríamos que nuestros hijos produzcan bienes y servicios que mejoren la calidad de nuestras vidas en lugar de que vigilen las fronteras de Estados Unidos a nuestra costa.
Los programas públicos que no ofrezcan servicios esenciales de seguridad son especialmente ilógicos. Por ejemplo, pagar a la gente que no trabajo, que es la consecuencia de un seguro de desempleo, deben provenir de fondos que en otro caso habrían empleado a gente. De hecho, todos los programas públicos de bienestar los financia el sector privado y nos e añaden a la riqueza de la nación, como podría deducirse de la ecuación keynesiana. Los fondos para estos programas provienen de la economía privada y disminuyen su capacidad de aumentar la riqueza de la nacional al reducir la formación de capital.

¿Podemos continuar tomando de los bolsillos ajenos?

La gente bondadosa siente como necesario presionar al gobierno para una mayor financiación de la caridad (aunque tomar de algunos a punta de pistola para dar otros sea moralmente cuestionable) pero no pueden y no deberían afirmar que allegar esos fondos sea algo distinto que dañino para cualquier economía. Una vez que el gobierno obtiene el poder de fijar impuestos para aliviar la pobreza, no hay ningún punto límite lógico. La gente demandará una mayor expansión de estos programas, no porque crean que merecen la pena, sino porque se sienten víctimas y quieren recuperar parte de su dinero en forma de beneficios.
El hombre común puede no conocer el término “tragedia de los comunes”, poro lo reconoce cuando lo ve. A medida que se desarrolla la disputa por los recursos públicos, aparece sin embargo otro fenómeno: la falacia de la composición, que dice que lo que beneficia a un segmento de la economía a costa de todos los demás no puede resultar beneficioso para la economía en general. En palabras sencillas, no podemos subvencionarnos entre sí y prosperar. Aunque la mayoría quiera ser subvencionada por otros sin pagar nada a cambio, los intereses especiales de cada bando aseguran que el saqueo se hará universal.
El keynesianismo institucionaliza la tragedia de los comunes y cree que no se aplica la falacia de la composición. Ignora el hecho de que el gasto público de venir, o bien del dinero de los impuestos o de las imprentas, dañando ambos al hombre común. Por el contrario, el keynesianismo promete que todos podemos tomar de los bolsillos de otros ¡y enriquecernos al hacerlo!
La única solución es declarar al keynesianismo tan muerto como su autor, acabar con todo el gasto público parasitario y liberar a la economía de la tiranía de los burócratas armados con regulaciones restrictivas. Esto último es crucial, pues acabar con el gasto del bienestar sin liberar al hombre de la camisa de fuerza del estado regulador sería liberarlo para matarlo de hambre.
En una economía de libre mercado, en la que cada hombre es libre de cooperar con todos los demás en términos mutuamente acordados sin dañar a otros, la prosperidad y la paz prevalecerían. Es la vía segura a nuestra salvación económica. Los recortes en el gasto público no son “programas de austeridad”, como dicen habitualmente los medios de comunicación, sino actos de liberación económica. Enterremos la tontería del C + I + G = GNP y volvamos a trabajar.

Publicado el 29 de junio de 2010. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

Por qué los estímulos del banco central no pueden producir recuperación económica


 
 
Hoy todos los bancos centrales del planeta están imprimiendo dinero a espuertas en un intento de estimular sus economías para conseguir velocidad de escape y una recuperación sostenible. Están siguiendo el dogma keynesiano de que aumentar la demanda agregada espoleará un aumento en el empleo y la producción. Hasta ahora todo lo que han conseguido hacer estos bancos centrales es hinchar su propio balance y llenar a los gobiernos con deuda. Pero no nos equivoquemos, los bancos centrales no van a dejar de confiar en el concepto de insuficiente demanda agregada. De hecho, el presidente del BCE, Mario Draghi, está considerando imponer tipos negativos de interés para obligar al dinero a salir de las cuentas de ahorro y entrar en la corriente de gasto. Esa acción es completamente coherente con el dogma keynesiano, así que otros banqueros centrales se verán obligados a seguirle por el fracaso de sus acciones previas.

Violando la Ley de Say

El dogma de Keynes, como se declara en su obra magna, La teoría general del empleo, el interés y el dinero, trata de refutar la Ley de Say, también conocida como Ley de los Mercados. J.B. Say explicaba que el dinero es un conducto o agente para facilitar el intercambio de bienes y servicios de valor real. Así, el granjero no necesariamente compra su coche con dólares, sino con maíz, trigo, soja, porcino y vacuno. Igualmente, el panadero compra zapatos con su pan. Advirtamos que el granjero y el panadero podrían comprar un coche y zapatos respectivamente solo después de producir algo que valoren otros. El valor dado a los productos agrícolas del granjero y el pan del panadero lo determina el mercado. Si las cosechas del granjero se pierden o el pan del panadero no se esponja, no podrían consumir porque no tendrían nada que otros valoren con lo que obtener antes el dinero. Pero Keynes trató de probar que la producción seguía a la demanda y no al contrario. Es conocido que dijo que los gobiernos deberían pagar a la gente para cavar hoyos y luego rellenarlos para poner dinero en manos de los desempleados, que lo gastarían y estimularían la producción. Pero advirtamos que los cavadores de hoyos no produjeron un bien o servicio que fuera demandado por el mercado. La teoría keynesiana de la demanda agregada no es más que una justificación para la falsificación. Es una teoría de consumo de capital e ignora el hecho irrefutable de que se requiere producción antes de consumir.
La expansión del crédito del banco central es el mejor ejemplo de la ignorancia keynesiana de las consecuencias inevitables de la violar la Ley de Say. Los certificados monetarios son baratos de producir. La contabilización de crédito se realiza con un clic de un ratón y, por tanto, es esencialmente gratuita. Así que los receptores del nuevo dinero obtienen algo a cambio de nada. La consecuencia de esta violación de la Ley de Say es la mala inversión de capital, lo contrario del objetivo del estímulo económico del banco central. Los economistas del banco central cometen el error crucial de confundir el frenesí de gasto del PIB con una actividad económica sostenible. Están midiendo consumo de capital, no producción.

Dos vías de destrucción de capital

La expansión del crédito causa consumo de capital por dos vías. Parte del crédito aumentado puesto a disposición de los bancos se prestará a negocios que nunca conseguirán un beneficio independientemente del nivel de los tipos de interés. Este es un error empresarial antiguo por parte tanto de los banqueros como de los prestatarios. Siempre hay un mínimo de esas pérdidas, debido a la incertidumbre del mercado y la imposibilidad de prever con precisión la condición futura del mercado. Pero el frenesí de la burbuja engaña tanto a banqueros como a empresarios excesivamente optimistas, llevándoles a creer que ha llegado un nuevo paradigma económico. Son engañados por las falsas condiciones del mercado, de forma que empresarios atrevidos y banqueros a go-go remplazan a sus más cautos predecesores. Cuanto más dure la burbuja, más proyectos osados de este tipo tendremos.
Otro bocado del crédito incrementado va a empresas que podrían obtener un beneficio si realmente hubiera disponibles suficientes recursos para completar lo que ahora parecen proyectos rentables a largo plazo. Son proyectos para los que el coste de tomar prestado es un factor importante en las previsiones del empresario. Rebajar el tipo de interés anima hasta a los empresarios más cautelosos a reevaluar estos proyectos aparcados. Pasarán muchos años antes de que se completen estos proyectos, así que es crítico un pronóstico adecuado de los costes futuros. Estas estimaciones de costes suponen que hay disponible capital suficiente y que existen recursos suficientes para impedir que los costes aumenten con los años. Pero no es así. La teoría austriaca del ciclo económico explica que un tipo de interés a la baja causado por la expansión del crédito de moneda fiduciaria no refleja un cambio en la preferencial temporal de la sociedad, es decir, en el deseo de la sociedad de bienes presentes por encima de bienes futuros. La sociedad no está ahorrando lo suficiente como para impedir un aumento en el coste de recursos que requieren los proyectos a largo plazo. A pesar de la intervención en el tipo de interés del banco central, la preferencia temporal de la sociedad se reafirmará y absorberá estos recursos de vuelta a la producción de bienes presentes, donde puede obtenerse un beneficio, y se alejará de la producción de bienes futuros.

No hay forma de escapar de la Ley de Say

Ninguna regulación bancaria puede impedir la destrucción de capital que se hace evidente para el público mediante un aumento en la mora bancaria, que puede llegar a niveles en los que grandes bancos pueden convertirse en insolventes. Los reguladores bancarios creen que su investigación empírica en la dinámica de anteriores crisis bancarias revela lecciones que pueden emplearse para evitar otra crisis bancaria. Creen que la estupidez del banquero o incluso la culpabilidad penal fueron las causas subyacentes de crisis previas. Pero esto es una contradicción lógica. Debemos recordar que el mismo propósito de la expansión crediticia del banco central es generar un aumento en el préstamo para estimular la economía hasta una recuperación sostenible. Pero esto es imposible. En cada momento solo hay una cantidad de capital disponible en la sociedad y el capital real no puede producirse con un clic del ratón del banco central. Como dice mi amigo Robert Blumen, el banco central puede imprimir dinero, pero no puede imprimir ingenieros de software, ni siquiera tazas de café de Starbucks para mantenerlos despiertos y trabajando. Además, obligar a los bancos a mantener más capital (que es el objetivo de la última ronda de negociaciones en Basilea) no es más que obligar a poner candados más fuertes en la puerta del granero mientras se deja esta completamente abierta. Cerrar la puerta firmemente después de que se haya ido el caballo sigue significando la pérdida del caballo. ¿Por qué compraría un inversor nuevas ofertas de acciones bancarias solo para ver cómo se evapora su dinero en otra ronda de pérdidas de préstamos?

Conclusión

El gobierno y los bancos centrales se están dedicando a un esfuerzo inútil por estimular la recuperación económica mediante una expansión del crédito de dinero fiduciario. Fracasarán debido a su ignorancia o voluntaria ceguera ante la Ley de Say, que nos dice que el dinero es el agente para intercambiar bienes que ya existen. Nuevo dinero fiduciario no puede hacer aparecer bienes de la nada, de la forma en que los bancos centrales hacen aparecer dinero de la nada. Esta violación de la Ley de Say se refleja en moras de préstamos, que no pueden impedirse mediante ninguna regulación o mayores requisitos de capital. De hecho, en lugar de estimular la economía para una mayor producción, la expansión del crédito bancario causa destrucción de capital y un nivel de vida en el futuro inferior al que se habría obtenido. Los gobiernos y los banqueros centrales deberían concentrarse en restaurar la libertad económica y la moneda fuerte respectivamente. Esto significa abandonar las intervenciones de todo tipo en los mercados, declarar el libre comercio unilateral, recortar el gasto inútil y someter al gobierno al derecho mercantil normal, que reconocería que la expansión del dinero fiduciario por el banco central o los bancos comerciales no es sino un abierto fraude. El papel del gobierno volvería a su propósito primario y liberal de proteger vida, libertad y propiedad y poco más.

Publicado el 4 de junio de 2014. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

Cuando el oro rompió su mito de valor seguro

DANIEL VIAÑA

China, la recuperación mundial, los bancos centrales y la baja inflación hunden al metal

Numerosas estimaciones apuntan que podría perder los 1.000 dóalres, algo que no ocurre desde 2009



El oro acumula una caída de más del 15% desde mediados del pasado mes de enero y de cerca del 40% desde los niveles que marcó en la segunda mitad de 2011. Entonces, el precio de cada onza llegó a tocar los 1.900 dólares; hoy, cotiza por debajo de los 1.100 dólares y las previsiones más pesimistas apuntan que en los próximos seis meses puede llegar a caer de los 1.000 dólares, algo que no ocurre desde 2009.
 
En aquel momento, el oro inició una imparable subida que, en gran medida, tuvo su origen en la grave crisis que azotó a la mayor parte de las economías desarrolladas. Entonces, esta materia prima cumplió a la perfección con el mito y sirvió de valor refugio para el mercado. Al tomar posiciones en este metal, los inversores accedían a un activo que les ayudaría a esquivar las fuertes turbulencias y que, además, se apreciaría al mismo tiempo que las políticas expansivas de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) elevaban la inflación y devaluaban el dólar. O al menos, eso decía la teoría.
Y a ello hay que sumar la gran demanda que existía en países como Rusia y China que, a pesar de la gran sobrecapacidad del sistema, actuaba como otro factor de impulso sobre el precio del oro. Además, en el caso concreto del país chino, buena parte del mercado estimaba que las reservas del Banco Central de China (PBOC) eran mucho más elevadas de lo que las estadísticas decían, lo que suponía otro aliciente alcista más para la materia prima.
 
 
Sin embargo, todo este escenario se ha ido desmoronando punto por punto, empezando por las reservas del PBOC ya que, tal y como se supo la semana pasada, no son, ni mucho menos, tan abundantes como se estimaba. Directamente ligado a ello está la caída en la demanda que ha registrado el país asiático ante la desaceleración de su economía, y como consecuencia de ambas circunstancias el oro ha recibido el último empujón en la tendencia bajista que comenzó a dibujar en el mismo momento en el que la economía mundial dio signos de recuperación.
 
El hecho de que no se cumpliese la teoría de los altos niveles de inflación derivados de las políticas de compras masivas de la Fed también ha contribuido a este escenario, así como que la Reserva Federal, según su propia presidenta Janet Yellen, vaya a subir los tipos de interés este mismo año ante la fortaleza de la economía de Estados Unidos.
 
Además, la fuerte caída del crudo ha provocado que se hayan dado situaciones cercanas a la deflación, lo que tampoco ha sido positivo para este metal que sirve como defensa ante este tipo de fenómenos, así como en contextos de crisis económicas, tal y como ya se ha apuntado.

Bancos centrales y sobreabundancia

Por supuesto, también está la actividad de los Bancos Centrales que, con el BCE a la cabeza, hacen que "los inversores sepan que las autoridades van a intervenir en defensa de la estabilidad financiera, amortiguando con ello cualquier riesgo que pueda surgir", tal y como apuntaba recientemente José Luis Martínez Campuzano, estratega jefe de Citi en España. Una buena muestra de ello es que, a pesar de los múltiples temores generados por Grecia desde que las negociaciones con las Instituciones se enquistaron, el precio de la onza de oro no ha frenado en absoluto su depreciación.
 
Por si fuera poco, todavía "persiste uno de los problemas estructurales del mercado del oro que es la sobreabundancia de oro papel sobre el físico", afirma el economista e investigador Javier Santacruz. "El exceso de oferta de oro en el mercado se debe a la gran cantidad de papel que en teoría es como si fuera oro pero que realmente no lo es porque carece de respaldo; en este momento, por cada onza de oro física hay circulando 98 papeles que dicen representar a esta onza", explica el también socio de China Capital, lo que genera "un problema importante a la hora de casar la oferta y la demanda y, por tanto, fuente estructural de caída de precios".
 
Ante este complicado escenario, previsiones como las de ABN AMRO apuntan que el oro va a seguir cayendo con fuerza y que al cierre del primer trimestre de 2016 rondará los 975 dólares. Más allá va Morgan Stanley que señala que el oro está "acabado" por el momento, desaconsejan a sus clientes invertir en esta materia prima y ven al metal áureo perdiendo brillo hasta los 800 dólares la onza. Otras, como las de Commerzbank o Citi, no son tan negativas y estiman que, en el medio plazo, podría recuperar los 1.200 dólares aunque a un ritmo muy contenido.

miércoles, 29 de julio de 2015

El Banco de Rusia suspende su compra de divisas para proteger al rublo frente a la volatilidad

abc.es (economia y finanzas)

Tras conocerse la decisión el rublo recuperaba parte del terreno perdido en las últimas sesiones
El Banco Central de Rusia ha decidido interrumpir este martes las operaciones de reposición de sus reservas internacionales en respuesta a la creciente volatilidad observada en el mercado doméstico de divisas, según ha informado la institución en un comunicado.
«El 28 de julio de 2015, el Banco de Rusia suspendió las operaciones para reponer sus reservas internacionales debido a la creciente volatilidad en el mercado doméstico de divisas», explicó el banco central.
La reacción del banco presidido por Elvira Nabiullina llega horas después de que el rublo se debilitara frente al dólar hasta mínimos del pasado mes de marzo.
Tras conocerse la decisión del banco central ruso, el rublo recuperaba parte del terreno perdido en las últimas sesiones frente a las principales divisas.
De este modo, el dólar pasaba a cambiarse por 59,4868 rublos, después de haber cerrado este martes en 60,01 rublos, mientras un euro equivalía a 65,667 rublos, frente a los 66,37 de ayer.

Reservas internacionales

Las reservas internacionales del Banco de Rusia ascendían hasta el pasado 17 de julio a 358.200 millones de dólares (325.636 millones de euros), un 7,2% menos que al principio de 2015 y un 24,2% menos que un año antes.
El Banco Central de Rusia expresó el pasado mes de junio su intención de elevar sus reservas internacionales hasta un nivel suficiente para afrontar una salida de capitales significativa durante dos o tres años.
El banco central ruso había venido realizando diariamente compras de unos 200 millones de dólares con el objetivo de alcanzar unas reservas de 500.000 millones de dólares (454.545 millones de euros) en los próximos tres o cinco años.

Cuando las burbujas se confabulan

La caída del mercado chino llega en un mal momento: justo cuando su economía se juega su futuro. Al mismo tiempo, un mal desenlace podría condicionar el crecimiento global

 
Foto: Foto: Reuters.
 
China presenta el tercer mayor crecimiento de deuda de la historia en un período de 5 años, con una desviación del 40% sobre su tendencia de largo plazo (a partir del 10% el BIS lo considera un hecho predecesor de crisis financieras). Presenta la mayor proporción de inversión sobre PIB que ningún país haya tenido nunca de forma sostenida, y se calcula que han consumido más cemento que EEUU en todo el siglo XX. Además, presenta la segunda mayor burbuja inmobiliaria que hayamos visto. ¿Podría ser peor? Sí, que una grave caída del mercado contagie a la economía real.
 
Los antecedentes los describe Credit Suisse en una de sus últimas notas destinadas al gigante  asiático, llamada “The critical issue: China and China plays” (en el enlace pueden leer la preview del mismo). En ella afirma que China presenta una ‘triple burbuja’ de endeudamiento, de inversión y de real estate que, coincidentes en el tiempo, pueden no solo hundir la economía asiática, sino también tener repercusiones globales.
 
Es cierto que estamos ante un gigante sin parangón histórico y, por tanto, también es lógico que surjan fenómenos que sean ‘los mayores de la historia’: háblese de endeudamiento, de ladrillo o de inversión. Cierto. Pero, por una parte, todas las burbujas tienen una fuerte argumentación detrás (las ‘punto com’, las subprime, el ladrillo español…, siempre existe un motivo convincente) y por otra, si hablamos de ‘burbuja’ no es porque los términos absolutos sean sustanciales, sino porque los términos relativos también lo son. China es grande, sus burbujas y desequilibrios lo son aún más.
 
¿Debemos estar preocupados? Según Credit Suisse, la hora de preocuparse llega cuando: se produce deflación derivada del exceso de inversión y sobrecapacidad, cae el precio de la vivienda, se producen salidas de capitales, se estanca el crecimiento de depósitos y se muestran signos de que el mercado laboral está a plena capacidad. Todos estos requisitos, o se cumplen, o están próximos a ello, por lo que estamos ante una variable que es imprescindible vigilar por la importancia que puede tener para entender el devenir de la economía global.
 
Si hablamos de ‘burbuja’ es porque los términos relativos también lo son. China es grande, sus burbujas y desequilibrios lo son aún más
 
Actualmente, tanto el PPI como el deflactor del PIB muestran signos de deflación por sobrecapacidad. La vivienda, si bien se ha estabilizado por la intervención pública, podría volver a caer en cualquier momento dada su aparente sobrevaloración. Las fuentes de financiación habituales (depósitos con represión financiera, entrada de capitales…) están dejando de serlo ya que los depósitos se están estancando y la salida de capitales del país marca cifras récord. En resumidas cuentas, si bien los síntomas son bien conocidos desde hace años (en esta sección hemos hablado largo y tendido sobre el tema) es ahora cuando se empiezan a dar signos de un posible punto de inflexión a la baja.
 
En opinión de Credit Suisse, la variable que falta para un hard landing, caída abrupta de la economía, es que los precios de las viviendas bajen un 15% desde el punto actual, lo que afectaría a la economía, al sistema financiero... Algo nada descartable si tenemos en cuenta que su burbuja inmobiliaria es, salvando las distancias, comparable en muchos sentidos a la española (similar importancia en la economía, similares porcentajes de crecimiento sobre PIB de la deuda…). Ahora bien, las autoridades harán todo lo posible por evitarlo, y recordemos que China es acreedora neta internacional. Vamos, que por el momento tienen munición, aunque limitada.
 
El gran Ray Dalio es uno de los que ha cambiado recientemente de opinión con respecto al gigante asiático por la acumulación de problemas que sufren. Hace tres meses el gestor del mayor hedge fund del mundo era alcista en China (véanse los siguientes comentarios, por poner solo un ejemplo); ahora, por el contrario, reconoce haberse equivocado. Ahí es nada, un gran gurú reconociendo su error. En su último informe “Greater Risks in China” nos comenta el porqué, y no ha sido ni por la burbuja de crédito, ni inmobiliaria, ni por el exceso de inversión. Eso era ‘manejable’; los acontecimientos que estamos viendo ahora ya no tanto.
 
¿Por qué? Por las caídas del mercado bursátil. Puede parecer una tontería que un gestor estrella cambie de opinión, no por la ‘triple burbuja’ que presenta la economía, sino por una corrección bursátil en una bolsa que ha subido más del 100% en los meses previos. Especialmente teniendo en cuenta que menos del 10% de la población invierte en bolsa y que menos del 10% del patrimonio está invertido en los mercados financieros. A priori, el impacto es insignificante comparándolo con lo que ocurriría en Occidente de darse algo así. A priori… porque mirándolo con detenimiento nada es lo que parece.
 
Dicha cifra es superior al montante de pérdidas registrado por EEUU durante la crisis 'subprime', a lo perdido en la crisis ‘punto com’ o en Japón en 1989
 
Y es que el equipo de Dalio calcula las pérdidas aproximadas que han sufrido los hogares, y teniendo en cuenta el apalancamiento y el timing (la mayoría han entrado justo en la cúspide de la subida, sufriendo el mayor impacto posible) estiman la pérdida en un 1,3% del PIB. Dicha cifra es superior al montante de pérdidas registrado por EEUU durante la crisis subprime, a lo perdido en la crisis ‘punto com’, o en Japón en el año 1989. Invierte poca gente y se invierte poco, pero los que han entrado en bolsa lo han hecho ‘tan mal’ que sus pérdidas han sido cuantiosas, algo que puede provocar secuelas.
 
Dalio conocía los riesgos de la economía y los creía manejables. Veía un mercado sobrevalorado pero creía que era incluso favorable para la economía, pues ayudaba a las empresas, emprendedores, generaba riqueza en un momento en el que otros activos no lo hacían… En cambio, la forma en la que se han desarrollado los acontecimientos ha sido nefasta, haciendo que la mismísima Bridgewater se replantee sus ideas. Creen que un impacto así tendrá consecuencias en la psicología y, a pesar de que el gobierno tiene margen de maniobra, piensan que las medidas paliativas pueden ser inefectivas generando desconfianza ante la habilidad de las instituciones para resolver el problema.
 
China es una gran incógnita, una peligrosa incógnita. Y, si la caída en bolsa ocurre en un mal momento para su economía, un frenazo superior al esperado del gigante podría provocar un efecto similar en la economía global. Actualmente estamos observando el mayor frenazo en el comercio internacional desde que comenzó la ‘recuperación’ de la poscrisis. Existen motivos estructurales como comentamos en un artículo hace tres semanas, pero también coyunturales: quizá la economía mundial no esté tan boyante como creíamos.
 
Europa lo está haciendo razonablemente bien, aunque las incertidumbres políticas siguen siendo un freno a nuestro desarrollo y los problemas distan de estar solucionados. EEUU está en una fase del ciclo avanzada, lo cual no tiene por qué angustiarnos por el momento, pero sí debemos ser conscientes de que llegará a su fin. Y por otra parte están China y los emergentes. En las últimas semanas estamos viendo fuertes caídas en las divisas de multitud de economías emergentes o vinculadas a China (Australia).
 
Los movimientos en el mercado de divisas indican que existe cierto contagio y, si China terminase cediendo más crecimiento, solo un repunte inesperado de Occidente podría evitar el efecto global. La caída del comercio indica que tal fortaleza, hoy por hoy, parece no existir. Y, por si fuese poco, en Bridgewater han analizado 28 economías donde confluían una burbuja de deuda y otra en los mercados financieros (como es el caso), concluyendo que el PIB suele resentirse en los 3 años posteriores un 1,8%. ¿Se seguirá frenando China? ¿Tendrá repercusiones en la economía global? ¿Se estarán confabulando las burbujas existentes en el mundo para sorprendernos?

Las divisas latinoamericanas sufren por la volatilidad china y por la Fed

Las divisas latinoamericanas sufren por la volatilidad china y por la Fed

El real brasileño y el peso colombiano, en mínimos de más de una década

 

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Un comprador paga con un billete de 100 pesos en un mercado de Ciudad de México. / Susana Gonzalez (Bloomberg)

Las monedas de las principales economías emergentes han profundizado en los últimos días su particular devaluación frente al dólar y las divisas latinoamericanas no son una excepción. La volatilidad de las Bolsas chinas, que ayer recuperaron parte del terreno perdido el lunes, ha abierto una nueva vía de agua en su cotización, ya mermada por la expectativa de subida de tipos en EE UU y el abaratamiento de las materias primas. En el último año, el real brasileño cede un 33% frente a la moneda de referencia mundial, el peso mexicano cae un 19%, el peso argentino se deja un 10% y el peso colombiano cede un 35%.


Cambio de las divisas de Brasil, México, Argentina y Colombia con el dólar estadounidense
El segundo traspié serio de los parqués chinos en menos de dos meses y la proximidad, cada vez mayor, de la subida de tipos de la Reserva Federal (Fed) estadounidense, se cobran una víctima a miles de kilómetros de distancia: las divisas latinoamericanas. En una pauta común a todas las economías emergentes, las monedas de las cinco economías líderes de la región —Brasil, México, Argentina y Colombia—, han ahondado esta semana en mínimos de las últimas décadas. Y el sol peruano y el peso chileno, dos países igualmente significativos por su exposición a los vaivenes de las materias primas y, muy especialmente, a las industrias extractivas, acumulan sendas caídas anuales del 13% y del 15%.

Aunque la debilidad de la divisa de un país no es una noticia necesariamente mala para su sector productivo —actúa como catalizador de las exportaciones, al hacerlas más competitivas—, también pone en peligro la entrada de capitales, vital para el sostenimiento de la mayoría de economías latinoamericanas, encarece las deudas contraídas en moneda extranjera y, en definitiva, puede entrañar un importante riesgo para su crecimiento a medio y largo plazo.

Adam Slater, analista de Oxford Economics, achaca la caída más reciente de las divisas a la inestabilidad de las Bolsas del gigante asiático —que en la sesión de ayer recuperaron parte del terreno perdido tras subir cerca de un 4% gracias al continuo bombeo de liquidez y el mantenimiento del plan de compras impulsado por las autoridades chinas, informa Xavier Fontdeglòria—, pero incide en la importancia de otras causas de fondo que ya venían cotizando los mercados. “Hay varios factores entrelazados explican el descenso: el abaratamiento de las materias primas que produce la región, entre ellas el petróleo, el hierro y el cobre; el desplome en las entradas de capitales y el fuerte encarecimiento del dólar”, explica por correo electrónico.

Stephen Jen, antiguo economista del FMI experto en divisas, pone el acento sobre una más que probable normalización de los tipos de interés en EE UU a partir de septiembre, que marcaría la pauta para otros bancos centrales. “En la última década, Latinoamérica, como el resto del mundo, se ha endeudado en dólares pensando que iba a seguir cayendo. Por eso una subida de tipos sería tan peligrosa para la zona”, subraya.

Por divisas, tanto Slater como Jen sitúan en el ojo del huracán al peso mexicano y, sobre todo, al real brasileño, las dos mayores monedas de América Latina. Las causas de este creciente temor de los analistas: sus respectivos déficits por cuenta corriente, del 3,2% y del 4,4%. “De elegir, creo que Brasil puede ser el gran problema”, concluye Jen.

Grecia ilustra 150 años de fracaso socialista en Europa


 
Grecia no puede pagar sus deudas… nunca. Ni tampoco varios otros países de la Unión Europea. Por eso la élite de Europa es reacia a poner a Grecia en situación de impago. Si se permite a Grecia derogar sus deudas, ¿por qué debería pagar cualquier otro miembro deudor de la UE? Las consecuencias financieras de un impago masivo por parte de la mayoría de los miembros de la UE son difíciles de predecir, pero no serán agradables. Europa ha creado un castillo financiero de naipes y la más mínima pérdida de confianza hará que se desplome.
 
La tragedia de Europa tiene al socialismo en su centro. Europa ha coqueteado con el socialismo desde finales del siglo XIX. El socialismo bismarckiano del siglo XIX produjo dos guerras mundiales. El socialismo leninista masacró y esclavizó a cientos de millones hasta desplomarse, por suerte sin una tercera guerra mundial. Bueno, sin desalentarse, en las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, los socialistas de Europa se embarcaron en un nuevo sueño socialista. Si el socialismo fracasa en un país, quizá tenga éxito si toda Europa se une en una organización socialista supranacional. Oh, no llaman “socialismo” a lo que ha evolucionado a partir de este sueño, pero sin embargo es socialismo.
 
La socialismo no funcionará, ya sea en un país, una región multiestatal como Europa o todo el mundo. Ludwig von Mises explicaba que el socialismo no es un sistema económico alternativo. Es un programa de consumo. No nos dice nada acerca de la producción económica. Como la producción de cada hombre debe distribuirse a toda la humanidad, no hay incentivo económico para producir nada, aunque pueda haber el incentivo de la coacción y las amenazas de violencia. Inversamente, el capitalismo de libre mercado es un sistema económico de producción, en el que cada hombre posee el producto de su propio trabajo y, por tanto, tiene grandes incentivos económicos para producir tanto para sí mismo como para su familia y tiene bienes en exceso para intercambiar con los bienes en exceso de otros. Ni siquiera bajo amenazas de vida y muerte, ni el trabajador socialista ni su supervisor sabrían qué producir, cómo producirlo o en qué cantidades y calidades. Estas señales económicas son el producto del capitalismo y los precios monetarios del libre mercado.
 
Bajo el capitalismo, el hombre se especializa para producir bienes para comerciar con el producto de otros. Es solo una forma de declarar la Ley de Say, es decir, que la producción precede al consumo y que la propia creación crea demanda. Por ejemplo, un granjero puede cultivar parte de maíz para su familia para consumo y alimentación de animales, pero vende la mayoría de este en el mercado a cambio de dinero con el que comprar todas las muchas otras necesidades y lujos de la vida. Su cosecha de maíz es su demanda y el dinero se simplemente el medio indirecto de intercambio.
 
Keynes intentó negar la Ley de Say, afirmando que la propia demanda (creada artificialmente por el banco central imprimiendo dinero) estimularía la producción. Trataba, ilógica e infructuosamente, de poner el consumo por delante de la producción. Hasta hoy Keynes es popular entre los políticos rumbosos, a quienes concedió un imperativo moral para gasto el dinero que no tiene.
 
Vemos hoy en Grecia el resultado de 150 años de socialismo europeo desarrollándose con gran estilo. Los países productores están empezando a darse cuenta de que has sido robados por la garantía socialista de la UE de que no se permitiría a ninguna nación impagar sus bonos. Grecia simplemente aceptó esta garantía tal cual y gastó hasta ir a la quiebra. Otras naciones de la UE no están lejos. Es hora de dar al capitalismo de libre mercado y a la moneda fuerte una oportunidad: funcionó cada vez que se probó.

Publicado originalmente el 6 de julio de 2015. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

La "solidez" del empleo acerca a la Fed a la primera subida de los tipos desde 2006

¡Nos vemos en septiembre! La Fed ha hecho buenos los pronósticos. Ha mantenido los tipos en el nivel en el que están desde 2008 y ha dejado la puerta abierta para subirlos en seis semanas

 

Foto: La presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen
La presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen
 
¡Nos vemos en septiembre! La Reserva Federal (Fed), el banco central de Estados Unidos, ha despachado la reunión de política monetaria de julio como se esperaba. Sin cambios y procurándose la mayor flexibilidad posible para introducir novedades en cuanto lo encuentre oportuno. Ese momento puede llegar tal vez el 17 de septiembre, que es la fecha marcada en rojo para acoger la primera subida de los tipos de interés en suelo norteamericano desde junio de 2006.

De hecho, y siempre dentro del enigmático lenguaje tan del gusto de los bancos centrales, la entidad presidida por Janet Yellen ha dado un paso más hacia ese encarecimiento del precio del dinero. "El mercado laboral continúa mejorando, con sólidas ganancias de empleo y descensos en el desempleo", afirma la Fed en su comunicado.

Tras haber llegado a escalar hasta el 10% en 2009, la tasa de paro ya ha descendido al 5,3%, con lo que se encuentra por debajo de la media del último medio siglo, que se sitúa en el 6,2%. Además, en la primera mitad de 2015 el mercado laboral ha creado de media casi 210.000 empleos al mes. Con estas cifras, la entidad se muestra más convencida de la recuperación del mercado laboral, todo un aviso de que el incremento de los tipos se acerca.

Sin precedentes

Pero aún habrá que esperar hasta septiembre, como poco, para verlo. Hasta entonces, el precio del dinero seguirá unas semanas más en el mínimo histórico del 0-0,25% en el que permanecen desde diciembre de 2008. Es lo que ha decidido la Fed este miércoles. Y con esta voluntad de dar un poco más de tiempo a la recuperación, la institución monetaria continúa agigantando la condición histórica del ciclo expansivo en el que se mueve ahora EEUU.

Es la primera vez en la historia que un ciclo expansivo tan longevo, que camina ya por 73 meses, no merece ni una sola subida de los tipos de interés

Según la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, en sus siglas en inglés), que es quien se encarga de fechar los ciclos expansivos y recesivos en la mayor economía del mundo, la última recesión -que duró 18 meses y fue la más larga desde la Gran Depresión- finalizó en junio de 2009. Desde entonces, todo ha sido crecimiento. O lo que es lo mismo, EEUU acumula 73 meses creciendo.

No es, desde luego, el ciclo expansivo más duradero que ha vivido la mayor economía del mundo. De hecho, las tres últimas fases de crecimiento son históricamente longevas, porque superan con creces la media de 38,7 meses registrada desde mediados del siglo XIX: 92 meses entre 1982 y 1990; 120 meses entre 1991 y 2001 -la más larga documentada por el NBER-; y 73 meses entre 2001 y 2007. Lo que no tiene precedentes es que un ciclo de crecimiento tan largo no haya visto aún ni siquiera una sola subida de los tipos.

Pero es que este ciclo expansivo está siendo tan longevo... como poco fiable. De ahí la prevención de la Fed a la hora de comenzar a normalizar las extraordinarias condiciones monetarias actuales.

Porque no son solo los tipos, que llevan congelados casi siete años, es que además sigue dedicando a la compra de deuda el dinero que recibe del vencimiento de los títulos que tiene en cartera. Como consecuencia, el balance de la Fed se mantiene en los 4,4 billones de dólares. O lo que es lo mismo, unos 4 billones de euros. Por comparar, el del Banco Central Europeo (BCE), que se encuentra en máximos desde mediados de 2013, se encuentra en los 2,5 billones de euros.

Al margen de la mejoría que observa en el mercado laboral, la institución no manifiesta mayores cambios en su diagnóstico económico. Mantiene que el crecimiento está siendo "moderado", lo mismo que el gasto de los hogares. Aprecia que el sector inmobiliario también mejora, pero que la inversión empresarial y las exportaciones "permanecen débiles", las últimas por la fortaleza del dólar. Y con respecto a la inflación, aunque continúa por debajo del objetivo de devolverla al 2%, se muestra convencida de que retornará a esa meta "a medio plazo".

Por unanimidad

La decisión de no tocar los tipos por el momento se ha adoptado por unanimidad. Ninguno de los diez miembros del Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC, en sus siglas en inglés) ha mostrado su disidencia.

Se mantiene de este modo lo que viene siendo una constante en 2015: hasta la fecha, las cinco reuniones de política monetaria celebradas este año se han saldado con decisiones unánimes, una sincronización que llama la atención porque contrasta con las discrepancias con las que acabaron las cuatro últimas citas de 2014. Es más, en la última de ellas, la de diciembre, se contaron hasta tres votos contrarios.

La unanimidad vigente este año deja entrever que la Fed, pese a que Yellen ya ha pedido no "exagerar" la importancia de ese primer repunte de los tipos, es consciente de que afronta un desafío, el de empezar a normalizar las condiciones monetarias de la mayor economía del mundo, ante el que conviene mostrarse unida.