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domingo, 1 de mayo de 2016

Más madera, estancamiento secular y empleo



“Again and again and again and again, why don´t we do it again” Rick Parfitt

El Banco Central de Japón se ha convertido en casi el mayor fondo especulativo del mundo. Acumula más del 55% de todos los fondos cotizados (ETFs) del país. Tras dieciséis años de política de tipos cero y quince de expansión monetaria (el primer QE se lanzó en 2001), la deuda se ha disparado al 240% del PIB, el consumo minorista cae y vuelven a la deflación, además de no crecer. Todo ello a pesar de contar con el “estímulo escondido” de los precios del crudo y gas bajos –Japón es una de las economía más beneficiadas por el petróleo barato-. El balance del Banco Central de Japón no ha parado de aumentar hasta ser ya casi el 65% del PIB del país.
Para los defensores del déficit y los que dicen que aumentar la deuda no importa “mientras el coste sea bajo”, Japón es un aviso a navegantes. Bill Gross comentaba esta semana que, a pesar de que un 70% de la deuda emitida está a tipos negativos, el país gasta más del 23% del presupuesto en intereses de la misma. Alguno dirá que “no se hizo suficiente”, pero el fracaso de Abenomics, el plan “más madera” lanzado hace poco más de tres años, ha sido estrepitoso y, como saben mis lectores, ese desastre no ha sido una sorpresa.
El aviso a navegantes es claro. Perpetuar los desequilibrios económicos y esconder los problemas estructurales bajo el manto de la política monetaria, solo lleva a agrandar el agujero. Ignorar el envejecimiento de la población, la productividad, cargar al contribuyente con cada vez mayores impuestos para sostener sectores improductivos, gasto y deuda pública crecientes solo lleva a crear una enorme burbuja, y cuando salte, las consecuencias serán impredecibles.

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Porque toda esta fe religiosa en que “hubiera sido peor” y “los bancos centrales deben hacer más” solo se sustenta en la esperanza, casi la idolatría, de que el gas de la risa monetario va a generar crecimiento e inflación “algún día”. Y ocurre lo contrario a lo que se pretende conseguir. En Japón, la inversión real productiva está a mínimos de ocho años y la acumulación de “caja” a máximos –ya casi el 50% del PIB-. La represión financiera no lleva a tomar más riesgo, sino menos.
EEUU Y CHINA TAMPOCO TIRAN
En EEUU, los datos de la semana nos muestran esa ralentización de las economías globales que hemos comentado en varias ocasiones. El PIB crecía al menor ritmo en dos años, y mostraba una caída de la inversión fija del 5,8% -y esta vez no pueden culpar al sector petrolero- y de un 2,6% de las exportaciones.

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China alcanzaba un récord de deuda, un total del 237% del PIB. Lo preocupante del dato no es solamente la magnitud en una economía cíclica, sino la constatación del inexistente “desapalancamiento” de la economía. En 2007 esa deuda era un 148% del PIB. El propio Financial Times alertaba de que el enorme desequilibrio llevaría o a una “crisis de crédito” –credit crunch- a la europea o a un estancamiento prolongado a la japonesa, siempre entendiendo las diferencias demográficas. Las recetas de “mitigar” el impacto de un enorme desequilibrio como el acumulado son precisamente las que pueden hacer que China sufra un prolongado proceso de frenada. Prestemos atención a esta desaceleración global, pero seamos también conscientes de que las probabilidades de que se convierta en una recesión similar a la de 2008 son relativamente bajas.
LOS DATOS DE LA EPA
En España, la noticia de la semana fueron los datos de la Encuesta de Población Activa. Un empresario, en Santander, me comentó que “en el entorno de incertidumbre actual es un milagro que el paro siga mejorando”. Y es cierto, muchos de nuestros políticos ignoran las señales de riesgo que llegan de fuera, se lanzan a paralizar o retrasar inversiones desde su púlpito y en la prensa solo se habla del derecho a gastar más aún, mientras el mundo habla del reto de crecer y atraer inversión. Somos los expertos redistribuidores de la nada.
La evolución del paro mantiene la tendencia positiva de los últimos tres años, pero se nota el impacto de estos meses de desacuerdos. La economía crece en el primer trimestre por encima de lo esperado, un 0,8%, y supone ya once trimestres consecutivos de avances, un crecimiento en tasa interanual del 3,4%. Claramente el ímpetu de la economía se mantiene aunque se modera la cifra interanual. Aun así, el paro aumenta en 11.900 personas, aunque no sería difícil que termináramos el año con una creación de empleo de 400.000 puestos. No olvidemos de dónde venimos.
Entre 2008 y 2013 la subida media del paro en el primer trimestre fue de 366.000 personas, y en 2011, un brutal aumento de 811.000 parados. Lo que es una pena es que, entre llamadas a derogarlo todo y a soluciones mágicas, se sigan poniendo escollos a la creación de empleo y, a pesar del crecimiento, quedemos por debajo de los 500-550.000 nuevos trabajos de potencial. España puede beneficiarse, como ocurrió en 2014 y 2015, de la situación global al atraer más inversión por su gran potencial y mayor confianza. No debemos entorpecerlo. Si seguimos pensando que las inversiones son para paralizarlas y las empresas para asfixiarlas, no bajará el paro. Pero seguro que crearán un “observatorio” para estudiarlo.

Vídeo: Charla en Foro Económico de El Diario Montañés (Santander)



Hay que acabar con el tsunami burocrático de las PYMES, tener claro que las subidas de impuestos son letales para la economía.

“Para reducir nuestro endeudamiento exterior, el alto desempleo y la bajísima transición que existe de pyme a gran empresa hay que hacer una revolución interna, que es abrir ventanas y puertas y mirar lo que están haciendo los líderes del mundo”, ha dicho, con el fin de poner en marcha medidas concretas que eviten “el tsunami administrativo y burocrático” al que se enfrentan las pymes cuando llegan a un nivel de facturación.
“Hay que hacer mucho más por la formación en emprendimiento. De los 4,5 millones de parados, la mitad no tiene preparación suficiente”. ¿Y qué hay que hacer? Lacalle propone “cambiar la mentalidad como hizo Reino Unido, Irlanda o Holanda para orientar la formación hacia el trabajo, para que los empresarios puedan reciclar a esas personas que han salido de sectores obsoletos en sectores de alta productividad, y para eso necesitamos darnos cuenta de dónde se está moviendo el mundo”.

¿Por qué la relación de la base monetaria y la inflación se ha visto afectada por el QE de la FED?

Billetes de 100 dólares

(OroyFinanzas.com) – La relación histórica existente entre la inflación y la base monetaria se ha visto afectada por las políticas de expansión cuantitativa (QE) impulsada por la Reserva Federal-FED (el banco central estadounidense), adentrándonos en nuevos escenarios económicos con resultados desconocidos. ¿Por qué no hay inflación con el aumento de la de la base monetaria en EE.UU.?
La baja tasa de inflación en los Estados Unidos es un rompecabezas, especialmente para los economistas que estudian la relación entre la inflación y los cambios en la base monetaria. En el pasado, los aumentos y disminuciones en la base monetaria influían en el incremento o disminución de la tasa de inflación. Y, debido a que la base monetaria es controlada directamente por el banco central -y no por bancos comerciales-, muchos sostenían que esa era la mejor medida para apreciar el impacto de la política monetaria en un país.
Si tomamos como ejemplo a los Estados Unidos, la base monetaria del país creció a una tasa anual de 9% -entre 1985 y 1995-, y luego se redujo al 6% en la siguiente década. Esta desaceleración del crecimiento monetario estuvo acompañado de una desaceleración en el ritmo de la inflación. El índice de precios al consumidor (IPC) subió hasta el 3,5% -entre 1985 y 1995-, para situarse en el 2,5% en los siguientes 10 años. Sin embargo, a partir de ahí, este vínculo entre ambos factores se cortó de forma abrupta porque desde 2005 a 2015, la base monetaria se elevó a una tasa anual del 17,8%, mientras que el IPC aumentó a una tasa anual de sólo el 1,9%.

Relación entre la base monetaria y la inflación en Estados Unidos

Para explicar este cambio tan llamativo es preciso examinar la relación entre la base monetaria y la inflación, y comprender la evolución y el papel jugado por las reservas que los bancos comerciales mantienen en la Reserva Federal.
Cuando los bancos conceden préstamos, crean depósitos para los prestatarios que éstos utilizan para realizar compras. Normalmente, estos nuevos depósitos se transfieren de un banco –el que concede el préstamo- a otro. Según se establece por ley, los bancos estadounidenses están obligados a mantener y actualizar sus reservas en la FED, en función de los depósitos concedidos. Por tanto, un aumento de las reservas permite a los bancos comerciales crear más depósitos y conceder más préstamos a los solicitantes, que lo emplearán en inversiones. Estas inversiones generarán un aumento del empleo y, con el tiempo, también influirá al alza sobre los salarios y los precios.
Para aumentar las reservas de los bancos comerciales, la FED utiliza históricamente operaciones en el mercado abierto, como la compra de bonos del Tesoro. Los bancos comerciales intercambiaban estos bonos, que generan un interés, por un depósito con la Fed que históricamente no devengan intereses. Esta operación sólo tenía sentido si el banco utilizaba estas reservas para respaldar los préstamos concedidos. Así que, por regla general, todas estas reservas han sido utilizadas para poder aumentar los préstamos comerciales.

La FED cambia las normas en 2008

Sin embargo, todo el escenario cambió en 2008, cuando una reforma legislativa permitió a la FED pagar intereses a los bancos por el exceso de dólares en las reservas que estos tenían depositados en la propia FED. Los bancos comerciales podían vender bonos del Tesoro y otros activos de dudosa calidad –como valores respaldados por hipotecas- a la FED, aumentando sus reservas y así ganar un dinero extra por el pago de estos intereses. Un negocio magnífico para los bancos que no dejaron escapar y que, a grosso modo, se podría cuantificar en unos 50 mil millones de dólares, más o menos. A cambio, esta nueva política concedió a la FED la capacidad -en 2010- de realizar compras masivas mensuales de bonos a largo plazo y de valores hipotecarios. La denominada flexibilización cuantitativa (QE) permitió a la Fed bajar los tipos de interés a largo plazo directamente, reflejándose un alza en el mercado de valores y, al mismo tiempo, recuperar los precios de las viviendas. El consiguiente aumento de riqueza de los hogares aumentó el gasto del consumidor y reanimó la construcción inmobiliaria. Y así, las empresas respondieron intensificando el ritmo de inversión.
Aunque el vínculo entre las reservas bancarias en depósitos con la FED y el aumento del gasto se mantuvieron, la magnitud de las mismas sí que cambió drásticamente. Si en el año 2007 se contabilizaban en menos de 1 billón de dólares, en la actualidad, nos situamos en más de 4 billones. Pero este aumento, en lugar de ser utilizado para facilitar y aumentar los préstamos tenía el propósito –a través de los QE- de reducir los tipos de interés a largo plazo para fomentar las inversiones y aumentar la riqueza de los hogares.

El misterio de la baja inflación en EE.UU.

Así que todo lo expuesto nos lleva de nuevo al aparente enigma de la baja inflación. El IPC general es, en realidad, un poco más bajo de lo que era hace un año, lo que implica una tasa de inflación negativa. Una razón importante es la disminución de los precios de la gasolina y otras materias asociados a la energía. El componente energético del IPC se redujo en los últimos 12 meses en un 19%. Así que si excluimos los precios de energía y algún otro producto volátil, tendremos un aumento del 1,8%. A esto hay que sumar que la apreciación del dólar ha reducido los costes de importación. Y así queda claramente reflejado si nos fijamos en la diferencia existente entre la tasa anual de inflación de los bienes (-0.2%) y la tasa establecida para los servicios que, en los últimos 12 meses, se sitúa en el 2,5%.
No obstante, la inflación subirá el año que viene por el comportamiento del mercado laboral, que alcanza un nivel de desempleo del 5,4%. La tasa de desempleo entre los que han estado desempleados por menos de seis meses – un indicador clave- se ha reducido a 3,8% y la tasa de desempleo entre los graduados universitarios es sólo del 2,7%. Como resultado, la contraprestación total por hora de trabajo está aumentando más rápidamente, la tasa anual se eleva a 3,1% en el primer trimestre de 2015, desde el 2,5% en el año 2014 y el 1,1% registrado en 2013. Este incremento en los costos salariales no aparece reflejado en la inflación general, debido a la compensación con los precios de la energía y los costos de importación, antes mencionados. Sin embargo, si estas influencias temporales desaparecen en el próximo año, la inflación general de precios comenzará a aumentar más rápidamente.
El riesgo de inflación está en alza, sobre todo si la FED continúa con su plan de mantener los tipos de interés real bajos hasta el 2016. Si la inflación no aumenta más rápidamente de lo que la FED espera, no hay que descartar que pudiera verse obligada a aumentar los tipos de interés rápidamente, con los consiguientes efectos adversos en los mercados financieros y, potencialmente, para la economía en general.
por Martin Feldstein en Project Syndicate


Los anticapitalistas actuales ignoran los problemas fundamentales del socialismo


 


La retórica antimercado y prosocialista está aumentando en los titulares (ver también aquíaquí y aquí) y pareciendo cada vez más en las redes sociales. Muchas veces estos opositores a los mercados no pueden explicar la diferencia entre organizaciones patrocinadas por el estado, como el Fondo Monetario Internacional y los mercados reales. Pero eso no importa porque los artículos y memes son a menudo populistas y están escritos de manera vaga, realizados intencionadamente de tal forma que desvíen fácilmente los ataques desinformados y las descripciones honradas de lo que están diciendo en realidad. Al final, todo puede reducirse a un mensaje: el socialismo funciona y es mejor que el capitalismo.
Aunque la mayoría proviene de la izquierda, la derecha no es inocente, ya que parece estar principalmente preocupada por promover su propia versión del populismo, que aparentemente no incluye una defensa de los mercados. “Construir muros más grandes en la frontera”, por ejemplo, no es una respuesta suficiente a “¡Todos los beneficios son malos!”
En lugar de rebajarse a este nivel o simplemente recurrir a “¡Lean a Mises!” debemos demostrar, otra vez, que el socialismo (incluso con líderes políticos bienintencionados) es imposible y lleva a consecuencias desastrosas.

La necesidad de beneficios, precios y empresarios

El socialismo es la propiedad colectiva (es decir, un monopolio estatal) de los medios de producción. Reclama la abolición de la propiedad privada de los factores de producción. Salarios y beneficios son dos partes de la misma tarta y el socialismo dice que la porción del beneficio debería ser cero.
Los problemas teóricos inherentes del socialismo emanan todos de esta definición y no de las peculiaridades de su aplicación. Sin embargo, los defensores del socialismo definen “colectivo”, como sin intercambio de factores de producción. Y sin intercambio no puede haber precios, y sin precios no hay forma de medir los costes de producción.
En un mercado no intervenido, los precios de los factores de producción están determinados por su ayuda en la producción de cosas que quieren los consumidores. Tienden a ganar el producto marginal y como todo trabajador tiene alguna ventaja comparativa, hay una porción de tarta para todos.
Si los cambios tecnológicos hacen más productivos ciertos factores o si la educación y formación hacen más productivo a un trabajador, sus precios o salarios pueden aumentar hasta su nueva producción marginal más alta. A un empresario no le gustaría contratar o comprar un factor a un precio que exceda su producción marginal, porque el empresario incurriría entonces en pérdidas.
Las pérdidas empresariales son más importantes de lo que parecían muchos. No son solo golpes en l línea de flotación del empresario. Las pérdidas muestran que, en el mercado, los recursos usados para producir algo estaban mejor valorados que lo que estaban produciendo. Las pérdidas demuestran que se ha destruido riqueza.
Los beneficios dan la señal opuesta. Representan crecimiento económico y creación de riqueza. Una línea de producción rentable es una en la que lo que va a producir algunos bienes de consumo cuesta menos que lo que los consumidores están dispuestos a pagar por dicho bien de consumo.
Como tales, pérdidas y ganancias son más que solo incentivos importantes o cubiertas de un sistema conspiratorio de la clase capitalista: son la única forma de saber que se está creando riqueza en lugar de destruirla en alguna línea de producción.
Bajo el socialismo, solo hay un propietario que no puja por desviar los factores de ciertas líneas de producción hacia otras. Nadie es capaz de decir, con ningún grado de certidumbre, que una herramienta o máquina o fábrica pueda usarse para producir alguna otra cosa de una forma más eficaz. Nadie sabe qué producir o cuánto producir. Es un caos económico.

Sin mercados, no podemos saber qué o cómo producir

Pérdidas y ganancias guían y corrigen a los empresarios en el proceso de producir cosas que esperan que demanden los consumidores. Sin esta información, incluyendo los costes de producción concretamente, los empresarios no pueden realizar el cálculo económico, la estimación de la diferencia entre futuros ingresos y los costes de producción necesarios para obtener esos futuros ingresos.
A los trabajadores se les pone a trabajar en áreas en las que no tienen ventaja comparativa. Los granjeros se envían a las fábricas y los sastres a las minas. Los trabajadores están en líneas incorrectas de producción y tienen las herramientas erróneas. Todas las mañanas la economía parece como si los gnomos de Robert Murphy que reorganizan el capital acabaran de saquearlo.
La película polaca Brunet Will Call parodiaba situaciones como esta a lo largo de la misma, con bienes de consumo y capital en los lugares más improbables. Un carnicero saca de la nevera un cable para arrastrar un automóvil y se lo da al protagonista, que le paga con información sobre el paradero de un coche doble para niños para los gemelos recién nacidos de alguien (en la floristería, evidentemente).
Así que el fracaso del socialismo no está condicionado a la cultura, tiempo o lugar de las víctimas. El socialismo es defectuoso en su núcleo: la propiedad “colectiva” de los medios de producción. Como tal, no hay forma de aplicar una versión del socialismo que funcione e induzca el crecimiento en ningún lugar. Sin embargo, en la práctica, los problemas teóricos del socialismo generar perturbaciones civiles, que se resuelven con fuerza estatal y generan un peaje mortal más alto que ninguna guerra oficial nunca librada.
Sin el motivo del beneficio para producir, deben aplicarse cuotas. Con cuotas, incluso en los casos en los que los trabajadores no mientan acerca de su producción, el caos sigue reinando. Por ejemplo, si una cuota de producción de clavos se basa en el número de clavos, los trabajadores fabricarán un montón de clavos pequeños inutilizables. Una cuota de clavos basada en el peso animará a los trabajadores a producir clavos enormes, pero tampoco usables, una situación parodiada en esta caricatura en Krokodil durante la década de 1960.
Colas interminables se extendían por la URSS, llenas de gente en busca de zapatos aunque la producción de zapatos en la URSS excedía la de EEUU. El problema era que todos los zapatos eran demasiado pequeños, porque la producción de zapatos se medía por número, sin consideración por los tamaños o diseños que demandaban los consumidores.

El despertar del socialismo

Algunos casos son divertidos, otros no. Cerca de siete millones de personas murieron de hambre en la URSS solo en 1932-33 (estimación intermedia basada en datos manipulados). Los autores de El libro negro del comunismo (1999) estiman las muertes de cerca de 100 millones de personas como atribuibles a regímenes comunistas y socialistas. Es más de 200 veces el número de muertes de EEUU en la Segunda Guerra Mundial (y podría también alegarse que sus muertes son también atribuibles al socialismo).
Incluso hoy, en Cuba, el salario medio está en torno a los 20$ mensuales. En Corea del Norte los civiles son detenidos por docenas para ser ejecutados públicamente por el delito de ver televisiones sudcoreanas pasadas de contrabando dentro del país.
Cuando el pueblo está hambriento e infeliz, el estado no puede sobrevivir si sabe que otros están mejor. El estado usa propagada, información falsa y censura para hacer que una ciudadanía ya cautiva esté aún más confusa y sumisa.
Así que consideradme sorprendido al oír nuevas llamadas al socialismo en 2015: si el fuerte argumento del cálculo económico y el astronómico peaje en muertes no ha alejado a la izquierda del socialismo, no sé qué lo hará. La idea supone al mismo tiempo quiebra y muerte, tanto en la teoría como en la práctica.


Publicado originalmente el 27 de julio de 2015. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

Auges, declives y los límites de la economía



 




Steven Horwitz ha escrito sobre los límites de la teoría austriaca del ciclo económico (TACE). Indica tres límites de la TACE que él ve:
  1. [La TACE] no nos dice nada acerca de cuándo exactamente se quebrará el auge o los factores precisos que lo causarían.
  2. [La TACE] nos dice poco o nada de cómo evolucionará el declive.
  3. No toda recesión requiere la TACE como explicación, ni la TACE puede explicar todo acerca de cualquier recesión concreta.
Luego Horwitz propone que sigamos una aproximación más amplia para explicar los ciclos económicos, incluyendo el monetarismo, la incertidumbre de régimen y los efectos de la intervención. Ha señalado puntos importantes que pueden llevarnos a una discusión no solo sobre ciclos económicos, sino sobre la naturaleza de la economía y de la historia.

Límite nº 1: Tiempo y detalles

La economía solo puede decirnos que un auge engendrado por expansión del crédito no durará. No puede decirnos después de qué cantidad de expansión de crédito empezará la recesión o cuándo se producirá este evento. Todo lo que dicen los economistas y otros acerca de estos problemas cuantitativos y de calendario no forma parte de la economía ni de ninguna otra ciencia. Lo que dicen en el intento de prever eventos futuros hace uso de una “comprensión” concreta, el mismo método que practican todos en todos sus tratos con congéneres.
No podemos pedir más a una teoría concreta de lo que la ciencia puede responder, como esperar que el teorema de Pitágoras resuelva el color de un triángulo en lugar de la longitud de sus lados. Que a^2+b^2=c^2 no nos pueda decir cuál es el color del triángulo no es culpa del teorema, sino un límite de las matemáticas en general. La economía, como todas las ciencias, es limitada en lo que puede explicar.
Predecir los tiempos exactos de cualquier cosa está fuera del ámbito de la economía, aunque la TACE sí tenga algo que decir acerca de los factores que hacer que el auge se convierta en declive.
Una de estas explicaciones de estos factores está en la influyente “A Reformulation of Austrian Business Cycle Theory in Light of the Financial Crisis”, de Joseph Salerno:
Las demandas previstas para los productos de los proyectos de inversión de la etapa superior, aunque sean tecnológicamente operativas, no se materializan debido a la mayor escasez y precio del trabajo y capital complementarios necesarios para transformar rentablemente estos productos en bienes de capital de orden inferior. Al mismo tiempo y como parte del mismo proceso, otras empresas más abajo en la estructura de producción que produce materias primas, repuestos y equipos para el suministro, mantenimiento y reparación de fábricas y equipos que fabrican bienes terminados de consumo también incurren en mayores costes laborales, haciendo que recorten su capacidad.
En algún punto después de un auge alimentado por crédito, los coste de producción se vuelven prohibitivamente altos y los beneficios previstos se convierten en pérdidas apreciadas, llevan a una reevaluación de toda la economía de la cantidad y tipos de capital disponible y a devolver a la realidad el cálculo económico. Rn resumen, los “factores precisos” que busca Horwitz son la escasez y la evaporación de los beneficios ilusorios.
Puede que esto no sea tan preciso como les gustaría a algunos, pero es hasta dónde puede llegar la economía. Sin embargo, como teoría general, la TACE debe poder aplicarse a muchas circunstancias concretas. Esta tarea está en el ámbito de la historia económica. La TACE es como una herramienta, tal vez como un taladro cuyas brocas pueden cambiarse para realizar diversas tareas siempre que impliquen taladrar y mientras las brocas sean compatibles con el taladro. La TACE es una herramienta para el historiador que puede necesitar diversas ideas complementarias fuera del ámbito de la economía pura para dar una explicación completa y satisfactoria de un ciclo económico concreto.

Límite nº 2: Más detalles

La segunda deficiencia listada era que la TACE no puede predecir cómo evolucionará el declive. Horwitz explica:
La teoría nos da una buena razón para pensar que los intentos de más inflación e intervencionismo para impedir la necesaria reasignación de recursos empeorarán las cosas, pero eso es todo. La TACE no es una teoría de las causas de la duración y profundidad de recesiones o depresiones, sino una teoría del auge insostenible. Es una teoría de por qué estamos en recesión para empezar, no una teoría de lo larga o profunda que será una recesión concreta.
La TACE, como teoría concreta en el campo general de la economía, trata con causas y efectos, no con fórmulas mecánicas. Si la causa de una recesión es una política monetaria expansionista que llevó a malas inversiones de capital y precios que no ajustados a las demandas o preferencias temporales de los consumidores, entonces la recesión acaba cuando se liquida el capital y se pone en líneas rentables de producción y cuando los precios se reconcilian con las verdaderas preferencias de las personas. Ambas cosas van de la mano: para que un bien de capital se reubique para otros usos, su precio debe cambiar, así como los beneficios previstos de la venta  de producción que el bien de capital puede ayudar a producir, que “incluyen su precio” para el bien de capital.
La cantidad de tiempo que tome esto y el tamaño de los cambios necesarios de precios dependen los detalles de la expansión de crédito y de la presencia de obstáculos en los necesarios ajustes de precios. Rothbard fue quien mejor lo expresó:
Pero está claro que prolongar el auge con dosis cada vez mayores de expansión del crédito tendrá un solo resultado: hacer más larga y penosa la consiguiente depresión. Cuanto mayor sea el ámbito de las malas inversiones y los errores en el auge, mayor y más larga será la tarea del reajuste en la depresión.
Y antes en el mismo capítulo de El hombre, la economía y el estado:
Debería estar claro que cualquier interferencia gubernamental en el proceso de depresión solo puede prolongarlo, empeorando así las cosas desde el punto de vista de casi todos. Como el proceso de depresión es el proceso de recuperación, cualquier parada o ralentización del proceso impide la llegada de la recuperación. Los reajustes de la depresión deben funcionar antes de poder completarse la recuperación. Cuanto más se demoren estos reajustes, más tendrá que durar la depresión y más se pospone la recuperación completa.
Lo bueno del TACE es que puede incorporar los efectos de la intervención, la incertidumbre de régimen y otras teorías concretas fuera de la economía. Si la TACE afirma que los precios tienen que ajustarse en la fase de corrección, todo lo que impida que se produzca esto indudablemente prolongará la fase de corrección. Las políticas de control del New Deal por supuesto, se ajustan a esto y por tanto la teoría económica sobre controles de precios es relevante para la tarea del historiador.
El propio diagnóstico de Mises de la crisis económica global (en The Causes of the Economic Crisis) proporciona un gran ejemplo de usar la TACE que él mismo desarrolló, junto con la economía de la intervención:
Tanto la falta de rentabilidad como el desempleo se han estado intensificando ahora mismo por la depresión general. Sin embargo, en este periodo de posguerra, se han convertido en fenómenos permanentes que no desaparecen del todo ni siquiera en el alza. Afrontamos aquí un problema nuevo, que no puede responderse solo con la teoría de los cambios cíclicos.
Y luego:
Todos los intentos de salir de la crisis mediante nuevas medidas intervencionistas son completamente erróneos. Solo hay una forma de salir de la crisis: Renunciar a cualquier intento de impedir el impacto de los precios de mercado sobre la producción. Renunciar a seguir políticas que busquen establecer tipo de interés, niveles salariales y precios de materias primas distintos de los que indica el mercado.
Sin embargo, no se pueden incluir los números de la expansión del crédito en una fórmula para conseguir la longitud y profundidad de la recesión. No se puede incluir ningún número en ninguna fórmula y conseguir consecuencias precisas de un proceso que implica acción humana. No hay constantes cuantitativas en la acción humana. La TACE proporciona el marco de causa-efecto para entender los ciclos económicos y llega tan lejos como puede llegar la teoría económica. Si esto es lo que quiere Horwitz de la TACE, está esperando más de una teoría concreta de lo que la ciencia en general puede ofrecer, repito.

Límite nº 3: La TACE es suficiente, pero no necesaria

La siguiente afirmación de Horwitz es interesante. ¿Hay recesiones que no puede explicar la TACE? ¿Es la TACE solo una de muchas explicaciones de los ciclos económicos y qué teoría se aplica a qué ciclo depende de los detalles?
Yo diría que no, pero después de discutirlo con algunos colegas, parece que realmente depende de la definición de un ciclo económico. Tomaré la definición del “auge y declivegeneral”. Si “ciclo económico” puede significar cualquier fluctuación en la economía, entonces por supuesto la TACE solo se aplica a un subgrupo de este fenómeno económico vagamente definido. De hecho, esa definición se aplicaría a todas las acciones e intercambios, porque “fluctuación” o simplemente “cambio” son inseparables del tiempo.
Rothbard hace un alegato convincente en America’s Great Depression de que los ciclos económicos y las fluctuaciones normales de negocios son fenómenos distintos. Uno está extendido y tiene una estructura bien definida, mientras que el otro es propio de un sector y puede ser el resultado de cualquier tipo de cambio en el mercado, como cambio de preferencia, de suministros, de expectativas, etc. Me parece que no necesitamos una “teoría del ciclo económico” como tal para explicar un producto que se pone de moda o deja de estarlo o las consecuencias de un desastre natural.
Dicho esto, la tarea de cualquier teoría del ciclo económico es explicar los errores empresariales. Es una característica de todos los ciclos económicos y no parece que sea parte del funcionamiento natural del proceso del mercado. Los empresarios hacen subir los precios de los factores de producción y cambian sus planes de producción en un intento de vender sus productos obteniendo un beneficio. Sin embargo, después de un tiempo, los beneficios se convierten en pérdidas y parece que todos cometen el mismo tipo de error.
Si solo un empresario comete un error, lo consideramos como fallo del empresario. Sus pérdidas disminuyen su capacidad de desviar más recursos a su proyecto. Si sufre demasiadas pérdidas, abandonará su proyecto completamente y los recursos se liberarán para que otros empresarios lo incorporen en sus proyectos rentables de producción.
Si muchos empresarios cometen el mismo tipo de errores, debemos considerar la posibilidad de que estén obteniendo mala información, que todos se han visto engañados. Asimismo, como los ciclos económicos parecen afectar a la economía en su conjunto, la causa debe ser algo que impregna a la economía en su conjunto.

La TACE da una explicación necesaria y suficiente para auges y declives generales

Los economistas austriacos han encontrado la respuesta: Hay algo que marcha mal en los mercados del crédito. Todas las demás explicaciones son insuficientes, porque solo la expansión monetaria a través de los mercados del crédito puede explicar las malas inversiones y el exceso de consumo generalizados.
Cualquier otra causa de supuestas malas inversiones debería limitarse a unos pocos empresarios como mucho, cuyos errores son corregidos rápidamente por las pérdidas. Estas pérdidas no son generalizadas, sino centradas en quienes cometieron los errores. Las intervenciones públicas (aparte de las intervenciones monetarias), los cambios tecnológicos, los cambios de preferencias y los desastres naturales todos entrarían en esta categoría.
Cualquier causa sugerida relacionada con el nivel general de precios, como un desequilibrio entre la oferta y la demanda monetarias, no llega a la raíz del problema, porque el problema implica un cambio intertemporal a lo largo de las etapas de producción. En la fase de corrección de un ciclo económico deben producirse cambios tanto reales como nominales. Los bienes reales de capital de reasignarse de de proyectos no rentables de producción más larga  a proyectos rentables más cortos y a consumo de capital real producido en la fase del auge.
Pero una explicación del desequilibrio puramente monetaria solo puede hablar de los cambios en los precios nominales o de los cambios en la oferta monetaria (normalmente aumentos) que se dice que son necesarios para devolver al dinero al equilibrio. Por supuesto, un aumento en la oferta monetaria a través de los mercados del crédito solo reiniciaría el ciclo económico, de acuerdo con la teoría austriaca, así que las dos teorías del ciclo económico están necesariamente en conflicto. A este respecto, el intento de Horwitz de integrar las dos o al menos darles el mismo valor parece una fantasía.

Análisis detallado de Friedman y Schwartz y la teoría del desequilibrio monetario

Horwitz parece querer que miremos atentamente a Friedman y Schwartz (“Una explicación completa desde una perspectiva liberal clásica tendría que incluir el trabajo de Milton Friedman y Anna Schwartz”), pero no debería considerarse la ideología política cuando se estima la veracidad o incluso la usabilidad de alguna teoría económica.
La línea de pensamiento monetarista lleva a Horwitz a confundir un “exceso de oferta de dinero” para una expansión del crédito como la causa de un ciclo económico. Un simple aumento en la oferta de dinero que no se canalice por los mercados del crédito no causaría un auge y declive generalizados. Joseph Salerno se ocupa de esto en su reciente artículo “A Modest Proposal for Reining in the “Unorthodox” Fed”:
Incluso una inflación simple puede tener efectos devastadores sobre la economía real, como han demostrado los episodios de finanzas bélicas inflacionistas. El gasto militar financiado con creación de dinero promueve sistemáticamente la producción de bienes presentes a costa de bienes de capital y falsifica el cálculo monetario, causando sobrevaloración de beneficios. Estos efectos generan consumo de capital y un declive en los niveles de vida. Sin embargo, al contrario que el proceso inflacionista causado por la expansión del crédito bancario, la inflación simple no mostrará los característicos “efectos de autoinversión” que señalan el ciclo económico.
Horwitz también menciona la obra de Ohanian sobre la Gran Depresión como candidata a la integración en nuestra “explicación completa desde una perspectiva liberal clásica”, pero debe señalarse que incluso la visión de Ohanian es incongruente con el análisis de Friedman y Schwartz. Ohanian señala las intervenciones de Hoover en el mercado laboral como culpables de la gravedad de la depresión. Estas políticas se pusieron en vigor dos años antes del mayor arranque de quiebras bancarios y colapso de la oferta monetaria en 1931. Friedman y Schwartz sugieren que esta gran disminución en la oferta monetaria fue la causa principal de la duración y profundidad de la Gran Depresión.
Ohanina les alude tácitamente cuando dice que “cualquier explicación monetaria de la Depresión requiere una teoría de una falta de neutralidad monetaria muy grande y extendida”. De hecho, los monetaristas y Ohanian parecen tener teorías en conflicto, mientras que la explicación de Ohanian se ajusta bien a la explicación de la Gran Depresión de Mises-Rothbard (señalado aquí).
Por tanto Horwitz tiene un buen consejo para nosotros: deberíamos integrar múltiples teorías cuando hacemos historia. Solo añadiría la advertencia: “mientras las teorías sean correctas, relevantes para el episodio histórico y compatibles entre sí”. Si la TACE es un taladro, tal vez la teoría del desequilibrio monetario sea una broca incompatible que solo pueden usar los taladros monetaristas.

Publicado originalmente el 29 de abril de 2016. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

TREVIJANO.CONFERENCIA EN BARCELONA

A la recesión por un sillón





Ayer recibimos la enésima "propuesta de mínimos” desde Compromis, que volvía a calcar el programa de soluciones mágicas e inviables de Podemos. La sorpresa llegó cuando el PSOE, un partido supuestamente serio con una historia de 22 años gobernando España, anunciaba que estaba de acuerdo con 27 de los 30 puntos.
Bueno, la sorpresa o la “no sorpresa”, porque se ha llegado a un punto en el que en nuestro país se dice una cosa y la contraria y se llama consenso. “Además, coincide con el acuerdo con Ciudadanos”, replicaba el portavoz del partido socialista. ¿En qué? Pues en nada, pero intentarlo vale un buen sillón y muchos puestos a repartir, luego “ya se verá”.  
Pedir prestado más, y a la vez hacer impago. Una combinación letal que, a buen seguro, hará que todos los inversores se lancen a comprar nuestra deuda.
Ese documento de despropósitos con el que sorprendentemente están de acuerdo “al 90%” incluye, entre mensajes inconcretos y brindis al sol del tipo “reindustrializar”, los viejos dogmas del populismo nacional. Eliminar el compromiso con la reducción del déficit y a la vez reestructurar.
Pedir prestado más, y a la vez hacer impago. Una combinación letal que, a buen seguro hará que todos los inversores se lancen a comprar nuestra deuda. Tú préstame mucho más, que verás la risa cuando no te pague. Eso sí, que sea barato, no vayas a ser usurero. Pueden esperar sentados. “Reformar el art. 135 de la Constitución, priorizar el gasto social y reestructurar la deuda”.
Recordemos que el artículo 135 solamente refleja lo que ya es un compromiso del pacto de estabilidad.  Pero además, el gasto social en España no solo se ha priorizado sino que no se ha reducido en estos años a pesar de la caída de ingresos tributarios por la crisis. Las cifras oficiales de gasto en sanidad, muestran que en 2015 se destinan casi 4.000 millones de euros más que antes de la crisis (61.238 millones en 2007, 64.130 millones en 2015).
El gasto en educación por alumno se ha mantenido y España sigue invirtiendo un 14% más que la media de la OCDE, con los últimos datos oficiales. De hecho, el gasto social total ha aumentado un 17% en los últimos cuatro años. El presupuesto para 2016 asume 249.166 millones de euros, más de 35.200 por encima de la cifra de 2011 y superior a la de 2007. Todo ello con un nivel de desempleo inferior al de 2010.
Ese gasto se ha priorizado a pesar de la caída de la recaudación por pinchazo de la burbuja inmobiliaria, el déficit estructural, y el hecho de que los beneficios de las empresas no aumentaron en el periodo. ¿Y cómo van a “priorizar” nuestros amigos el gasto social? Veamos su historial. Paralizando inversiones. En las ciudades “del cambio”, más de 6.000 millones de euros y 165.000 empleos potenciales menos.Aumentando impuestos a empresas y eliminando deducciones, para destruir aún más la inversión productiva. E incumpliendo el déficit.
Incrementando la rigidez derogando todas las reformas desde 2010 y aumentando la burocracia, para hacer aún más complicado que las empresas contraten y que se creen nuevos puestos de trabajo, en un país donde aún estamos por debajo de la media de nuestro entorno en facilidad de crear empresas y donde tenemos algunas de las cuotas sociales más altas de la OCDE.
Las propuestas con las que dicen que “coinciden en un 90%” incluyen, como no podía ser de otra manera, los viejos cuentos de la Renta Básica, aumentar gastos corrientes. Estamos hablando de un aumento de gasto mínimo de 25.000 millones de euros. ¿Y cómo van a financiar esos gastos? Con el cuento de subir los impuestos a “los ricos”. Lo explicaba aquí, la entelequia de “subir impuestos a las rentas altas” se convierte, como ha ocurrido allá donde gobiernan, desde Navarra a Valencia, desde Grecia a Portugal, en más impuestos para todos y encima, peores ingresos.
Porque la media de error en estimaciones de ingresos esperados ha sido del 50% históricamente. Como explican los propios inspectores de Hacienda “de unos estudios previos sin fundamento surgen propuestas inadecuadas e imposibles” (enero 2015)¿Aumentar gastos, saltarse –más- el objetivo de déficit y encima “reestructurar” –hacer impago? La entelequia de pensar que, dejando de pagar la deuda o reestructurando, vamos a poder gastar más y encima endeudarnos barato es uno de los unicornios más divertidos –si no fuera peligroso- de los inflacionistas del populismo nacional.
Por supuesto que existen casos de reestructuración de deuda. Lo que nunca se ha dado, porque es una soberana estupidez, es una reestructuración acompañada de más gasto y más déficit, que es más deuda. La evidencia es clara. Nunca se ha dado esa combinación. Reestructuración implica, siempre, enormes recortes. Lo explicaba aquí. Según el estudio de 275 casos de impago, las consecuencias son un impacto negativo en el crecimiento del país de un 0,6% a un 1,2% mínimo, un desplome del crédito concedido del 40% de media al perder la confianza internacional, y la quiebra generalizada de pymes porque se seca el crédito.
Lo que nunca se ha dado, porque es una soberana estupidez, es una reestructuración acompañada de más gasto y más déficit, que es más deuda. La evidencia es clara. Nunca se ha dado esa combinación
La pérdida de acceso a los mercados internacionales es inmediata y no solamente del Estado, sino las empresas, que encuentran costes más caros, plazos más cortos… si hallan financiación. Y el que piense que esto no pasa porque “el Banco Central Europeo apoya”, que se dé un paseo por Atenas.  Sin embargo, esta colección de propuestas de 'terror-gore', que han criticado –con todo detalle- economistas de todo tipo de sensibilidades desde que Podemos lanzó su batería de programas de Economía-Ficción, ahora encuentra coincidencia en un 90% en un partido serio... Por un sillón.
Y es que cuanto más nos acercamos a horas cruciales, más evidente es que muchos parecen encantados de recuperar las fórmulas que nos llevaron al borde de la quiebra con el subterfugio de la inexistente “austeridad” que no ha sido más que moderación presupuestaria. El problema es que, con esta batería constante de exigencias de “mínimos” desde la nada, porque exigir gastar lo que no hay es nada, se mueve casi todo el arco parlamentario hacia propuestas cada día más alucinantes, y que nos llevarán de nuevo a un shock de deuda.
Hacen falta nuevas elecciones. Muchos ciudadanos votaron con unas ideas de moderación, de líneas rojas y compromisos que han sido demolidos durante el proceso de jugar a las sillas musicales. No haber alcanzado pactos sobre propuestas inaceptables, lejos de ser un fracaso, es un éxito de la democracia. El votante ya está bien informado sobre donde y a qué políticas va a ir su voto. Nadie podrá decir que no estaban avisados.
Porque los mismos que fingen defender el estado de bienestar desde la irresponsabilidad presupuestaria son los que lo hundirán con propuestas mágicas inviables.
Porque los mismos que fingen defender el estado de bienestar desde la irresponsabilidad presupuestaria son los que lo hundirán con propuestas mágicas inviables.  Lo triste es que una parte de los ciudadanos crean que no se puede estar peor y que la razón por la que esas medidas siempre han fracasado en el pasado es porque no las han aplicado ellos. Lo que buscan no es la prosperidad, sino el estancamiento, para erigirse en “benefactores” de las migajas. Siempre lo digo. El objetivo del populismo no es reducir la pobreza, sino beneficiarse de gestionar el asistencialismo.

CAINISMO POLÍTICO

http://juanramonrallo.com/


El nivel de sectarismo y propaganda política es apabullantemente corruptor y antisocial. Por ejemplo, Alberto Garzón, persona por lo demás de educación exquisita, publica lo siguiente: la derecha está en contra de la confluencia de izquierdas porque beneficia a las clases populares:

Ergo: “la derecha” (una horquilla que abarca entre siete y diez millones de españoles) tiene como propósito perjudicar a las clases populares. O, por ser todavía más claros, en España hay hasta diez millones de personas que son potenciales enemigos de clase. ¿Creen que propaganda como ésta favorece en algo la concordia y armonía social?
Imaginemos que revertimos las declaraciones de Alberto Garzón y se nos ocurre afirmar lo siguiente: es coherente que los votantes de izquierdas estén a favor de la confluencia Podemos-IU porque, como son unos iletrados/unos parásitos/unos desalmados (escojan ustedes el exabrupto preferido), apoyan la peor de las opciones posibles. De nuevo, ¿verían razonables este tipo de afirmaciones? ¿Contribuirían en algo a facilitar la convivencia pacífica y cooperativa? No, pero eso es exactamente lo que está afirmando Garzón, pero no sobre la izquierda sino sobre la derecha.
Ahí tienen la política en estado puro: un ejercicio de enfrentar y dividir a la sociedad para aunar lealtades con las que tomar el poder y ejercerlo contra quienes no se someten a ti.

SIN CRÉDITO



Desde que arrancara la crisis, los bancos centrales de todo el planeta han tratado de reanimar la economía incentivando a familias y empresas a que volvieran a endeudarse a los ritmos de la burbuja. Un profundo error, pues el propósito de todo sistema financiero no debería ser el de dar ciegamente “más crédito”, sino el de otorgar sensatamente “buen crédito” con independencia de si éste es mucho o poco. Pero, más allá del criticable objetivo de la política monetaria, lo que sí parecía incuestionable eran los medios necesarios para alcanzar ese objetivo: según se nos decía, la forma de promover el endeudamiento de familias y empresas apenas pasaba por que los bancos centrales flexibilizaran el acceso al crédito mediante menores tipos de interés; de ahí, por ejemplo, que Mario Draghi haya llegado a apostar por colocarlos en territorio negativo.
Sin embargo, la receta no ha funcionado: así, por ejemplo, la última encuesta realizada por el Banco Central Europeo a las entidades financieras comunitarias durante el primer trimestre de 2016 ha vuelto a poner de manifiesto que el principal obstáculo para que el crédito crezca a tasas más elevadas continúa estando en la resistencia de familias y empresas a endeudarse a pesar de la mayor laxitud crediticia. ¿Y por qué semejante resistencia? Un problema común en gran parte de Europa es que los agentes económicos siguen estando muy endeudados: y quien ya está sobreendeudado no quiere, ni puede, endeudarse más. Otro problema, éste más específico de España según la propia encuesta del BCE, es que nuestras familias y empresas están observando el futuro con menor confianza que varios trimestres atrás, lo que las lleva a extremar su prudencia y a rechazar endeudarse. En suma, dentro del contexto económico actual, el motor del endeudamiento no son los bajos tipos de interés, sino la solvencia y las expectativas de futuro de los ciudadanos. Los tipos de interés artificialmente bajos de Mario Draghi no contribuyen a aumentar el buen crédito, sino acaso a que se otorgue algo más de peor crédito.
Por ello, si queremos normalizar nuestra situación financiera, no necesitamos de manguerazos extraordinarios de liquidez por parte del BCE, sino de estabilidad institucional y macroeconómica que afiance las expectativas, de más ahorro que reduzca la deuda privada y de mercados mucho más libres que aumenten las oportunidades de inversión. Olvidémonos de recortar tipos y empecemos a recortar el peso del Estado en nuestras economías.