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sábado, 4 de octubre de 2014

A vueltas con las balanzas fiscales

Ante todas las informaciones sobre las balanzas fiscales que han aparecido en los últimos días me gustaría plantear dos cuestiones. Por una parte, voy a tratar de aclarar algunas cuestiones metodológicas acerca su elaboración. En una segunda parte haré unos comentarios sobre la reciente presentación de los resultados de los saldos de las balanzas fiscales de Cataluña. También pondré de manifiesto que en la elaboración de estos saldos no se han seguido algunas de las recomendaciones del Comité de Expertos del Instituto de Estudios Fiscales (IEF) de 2006.
Metodología aplicada en la elaboración de las balanzas fiscales
Como ya he explicado en una entrada anterior se aplican en la actualidad dos enfoques para la elaboración de balanzas fiscales: el enfoque carga-beneficio y el enfoque de flujo monetario. El enfoque de flujo monetario persigue valorar el impacto de los ingresos y gastos públicos sobre la actividad económica de cada territorio, no pudiendo interpretarse el saldo, en ningún caso, como la aportación neta de un territorio a la redistribución interterritorial. El enfoque de carga-beneficio permite estimar el impacto redistributivo interterritorial entre el Gobierno central y las comunidades autónomas. Este impacto redistributivo se mide mediante la cifra del saldo fiscal de cada territorio (diferencia entre gastos e ingresos imputados). Cuando el saldo es negativo se concluye que ese territorio es contribuyente neto. Es frecuente que al montante de ese saldo se le denomine «aportación a la solidaridad interterritorial». La interpretación de un saldo positivo es justamente la contraria. Cuando estamos en el contexto de la financiación de las comunidades autónomas y del papel redistribuidor del estado, el único enfoque adecuado es el de carga-beneficio como ya dictaminó la Comisión de Expertos del IEF, de la que formé parte, en 2006.
Para defender la aplicación del enfoque de flujo monetario en el contexto de la financiación autonómica se han utilizado diferentes tipos de argumentos. Así, algunos autores catalanes defienden la aplicación del enfoque de flujo monetario porque el saldo obtenido es el «dividendo fiscal de la independencia». Estoy de acuerdo en líneas generales con esta afirmación, aunque luego introduciré alguna matización.
En efecto, si Cataluña fuera independiente su Gobierno no tendría que pagar, como es obvio, ninguna aportación al ente España-sin-Cataluña aunque tampoco tendría sentido elaborar balanzas fiscales entre esos dos entes. La matización que quiero introducir es que el saldo obtenido debería denominarse «dividendo fiscal bruto de la independencia». Dejando aparte los efectos indirectos de la independencia, existen efectos directos que afectan de forma inmediata a la cuantía de ese saldo. Pondré dos ejemplos. Primero, la recaudación del IVA en Cataluña sería substancialmente inferior a la que se obtendría en una situación de pre-independencia, ya que Cataluña exporta bastante más de lo que importa del resto de España. Segundo, los gastos generales de Cataluña (defensa, asuntos exteriores, etc.) se incrementarían de forma significativa con respecto a los realizados actualmente por la Generalitat de Cataluña.
Así como el anterior posicionamiento es claro, con frecuencia aparece en los medios de comunicación otro tipo de argumentación, más etérea y difusa, en favor de la utilización del enfoque de flujo monetario. Dado que el 88% del Parlamento de Cataluña ha aprobado el derecho a decidir la independencia, algún autor argumenta que el enfoque que interesa a Cataluña es el de flujo monetario. Hablando en román paladino, lo que se quiere decir es que, dado que Cataluña siente un desapego importante hacia España, Cataluña debe contribuir con muy poco, o nada, a los gastos generales del Estado. (Recuérdese que la diferencia substancial del saldo obtenido en Cataluña entre ambos enfoques son los gastos generales del Estado: la contribución de Cataluña a los gastos generales del Estado es prácticamente nula en el enfoque de flujo monetario, mientras que en el enfoque de carga beneficio la participación de Cataluña en estos gastos es proporcional a su población).
En el extremo opuesto, y siguiendo con esta argumentación, las comunidades con mayor apego a España deberían contribuir proporcionalmente con una mayor cuota a los gastos generales del Estado. Si tomamos como indicador los himnos autonómicos, la Comunidad Valenciana se situaría en cabeza del apego a España, ya que en su himno oficial se hace un llamamiento «a ofrendar nuevas glorias a España». Es decir, como comunidad muy apegada a España debería contribuir a los gastos del Estado en una proporción mayor que la que le corresponde según su población. Sin embargo, es posible que muchos valencianos se muestren ya agotados de ofrendar nuevas glorias a España, sobre todo después de comprobar que su comunidad es la peor financiada.
En mi opinión no tiene ningún sentido hablar de balanzas fiscales entre Cataluña y España-sin-Cataluña en una situación de independencia, mientras que en una situación como la actual tampoco tiene sentido hablar del enfoque de flujo monetario, en el contexto redistributivo interterritorial entre el Gobierno central y las comunidades autónomas.
Un aspecto controvertido sobre la elaboración de las balanzas es el relativo a la precisión con que se estiman los saldos en ambos enfoques. Algunos autores opinan que el enfoque adecuado es el de carga-beneficio aunque sus estimaciones son más imprecisas que las correspondientes al enfoque monetario, especialmente en los bienes de naturaleza mixta.
Tomemos como ejemplo las inversiones en la línea del AVE de Madrid a Barcelona. En el enfoque de carga beneficio se asignaría de acuerdo con la procedencia o destino de los pasajeros: en este caso la mayor parte de la asignación correspondería a las comunidades de Madrid y Cataluña. De acuerdo con el enfoque de flujo monetario la parte más substancial del gasto se asigna a la comunidad con mayor cantidad de inversión, que posiblemente será Aragón ya que es la comunidad en la que se han tendido más kilómetros de línea férrea del AVE. Centrémonos en Aragón. De acuerdo con el enfoque de flujo monetario todo el gasto del tendido de líneas en Aragón se asigna a la comunidad de Aragón. Dado que con el enfoque de flujo monetario se trata de reflejar el impacto económico que cada partida de gasto tiene en una comunidad autónoma, ¿recibe realmente Aragón todo el impacto de la inversión mencionada? Se puede dudar que esto ocurra así. Seguramente, la empresa, o empresas, que ejecutaron estas obras radiquen fuera de la Comunidad de Aragón; también es probable que las materias primas de mayor valor (los raíles, por ejemplo) y la maquinaria pesada provengan de fuera de Aragón y que buena parte de los trabajadores más cualificados no residan en Aragón. Eso sí, en las obras se habrán utilizado ciertas materias primas locales (arenas, gravas, etc.), así como servicios de hostelería. En resumen, seguramente la mayor parte de impacto económico del gasto de las líneas del AVE tendidas en Aragón corresponde a otras comunidades. En mi opinión es menos precisa en este caso la imputación que se realiza por el enfoque de flujo monetario. En general, en los gastos de naturaleza mixta (infraestructuras de transporte, cultura, etc.) es necesario en general utilizar indicadores en el enfoque de carga de beneficio. En el enfoque de flujo monetario también hay que utilizar indicadores en menor medida, aunque la asignación directa en ocasiones puede recoger de forma poco precisa, como hemos visto, el impacto económico en un determinado territorio. En cualquier caso, los bienes de naturaleza mixta no llegan al 5% del gasto total de la Administración Pública Central.
En los bienes públicos de carácter nacional – a los que hemos denominado gastos generales del Estado- no se plantea ningún problema en el enfoque carga-beneficio ya que su territorialización se hace de acuerdo con la población de cada comunidad autónoma. En cambio en el enfoque de flujo monetario se pueden plantear casos curiosos. Veamos dos ejemplos. Si España compra un avión de combate a Estados Unidos, dado que es el Gobierno de España con sede en Madrid el que decide su compra y su pago, según el enfoque de flujo monetario «tradicional», todo el impacto económico lo recibe la Comunidad de Madrid. ¿Es esto razonable? Otro sinsentido del enfoque de flujo monetario «tradicional» es el caso de los gastos de embajadas. Como están situadas en el exterior las embajadas de España no se imputan a ninguna comunidad autónoma, con lo cual las cuentas se quedan sin cuadrar. Para evitar estos sinsentidos, en el Informe sobre metodología de cálculo de las balanzas fiscales (2006), elaborado por el comité de expertos del IEF, se recomienda que en el enfoque de flujo monetario los consumos intermedios militares (en la Contabilidad Nacional la adquisición de un avión de combate no es una inversión sino un bien intermedio) y que los gastos de embajadas de España se territorialicen a través de indicadores universales como la población.
Saldos fiscales de Cataluña
El pasado 21 de mayo el conseller de Economía de la Generalitat de Cataluña presentó los resultados correspondientes a 2010. El dato que resaltó de manera especial en su presentación fue el saldo de la balanza fiscal del año 2010 obtenido por el método del flujo monetario, pero neutralizando el ciclo económico. Así, La Vanguardia del día 22 de mayo titulaba la noticia de esta forma: «Catalunya mantiene el déficit de 16.500 millones con el Estado. La Generalitat cifra en el 8.5% del PIB el desequilibrio de la balanza fiscal de 2010». El pasado año, y en una presentación similar se destacó que en 2009 el saldo de Catalunya asciende a -16.409 millones de euros también calculado por el método del flujo monetario, neutralizando el ciclo económico. En la figura 1 se han reflejado estos dos saldos de Cataluña con respecto al sector público central (SPC).
Saldo fiscal de Cataluña con el sector público central
Antes de seguir adelante conviene aclarar en qué consiste la operación de neutralización del saldo fiscal por el ciclo económico. Con esta operación se trata de anular el efecto de la variabilidad en la situación financiera del sector público central para poder hacer comparaciones a lo largo del tiempo. Para neutralizar por el ciclo económico se asume un presupuesto equilibrado del SPC. Este supuesto para el año 2010 y, especialmente, para el año 2009 es altamente irreal. Aunque la neutralización de los saldos se ha hecho para realizar comparaciones a lo largo del tiempo, lo cual es perfectamente legítimo, en la difusión de los resultados se ha resaltado de forma especial el dato individual neutralizado del año 2010. En mi opinión es muy adecuado publicar datos neutralizados por el ciclo económico, pero cuando se resalta el déficit de un solo año el dato relevante es el dato calculado, es decir, sin neutralizar, que nos indica qué es lo que sucedió en 2010. En 2012 se procedió de forma similar al presentar los resultados obtenidos para 2009.
En la figura 2 se presentan los saldos reales (es decir, sin neutralizar) obtenidos por el método de flujo monetario. Estos datos se han tomado del documento elaborado por la Generalitat. En el año 2009 el saldo de la balanza fiscal fue de -792 millones de euros, pasando a -5.385 en 2010. Conviene destacar que en este estudio se ha aplicado el enfoque que hemos denominado «tradicional». Es decir, no se han seguido las recomendaciones del comité de expertos del IEF. Así, en gastos de defensa solamente se imputan los que se efectúan en Cataluña, lo que implica que no se le imputa la parte alícuota correspondiente a consumos intermedios militares. En el caso de la política exterior en los años 2008, 2009 y 2010 se asignan a Cataluña 1 millón de euros cada año, mientras que en 2006 y 2007 no se le asigna cantidad alguna. Por tanto, a Cataluña no se le asigna la parte alícuota correspondiente del gasto de las embajadas de España.
Saldo fiscal de Cataluña con sector público central
Como hemos visto en la primera parte, en el contexto de la financiación autonómica los únicos saldos relevantes son los obtenidos por el método de carga-beneficio. Veamos a continuación cuáles son los saldos reales, es decir, sin neutralizar, obtenidos por este (figura 3).
En el año 2009 el saldo de la balanza fiscal fue de 4.015 millones de euros (es el único dato positivo de la serie) pasando a -774 millones de euros en 2010. Quiero señalar que todos los datos que se han presentado provienen del estudio de la Generalitat. Sin embargo, en la presentación realizada por el conseller de Economía se han difundido solamente los saldos neutralizados, priorizando además los obtenidos por el método de flujo monetario. Esta forma de proceder puede confundir a la opinión pública. En este caso el primer confundido fue el presidente de la Generalitat. En efecto, según recogió la Vanguardia del 23 de mayo, al día siguiente de la presentación, el presidente de la Generalitat manifestó que disponer de un tercio del déficit fiscal en los 2 o 3 últimos años habría significado decir adiós a los recortes. El presidente debe de haber pensado que con un tercio de los 16.409 millones de euros en 2009 y de los 16.543 en 2010, es decir, con 10.984 se habrían podido evitar los recortes. La realidad es que en los años 2009 y 2010, en conjunto, la aportación de Cataluña ha sido negativa por un importe de 3.241 millones de euros, que han tenido que ser financiados con deuda del Estado.
Saldo fiscal de Cataluña con sector público central
Para finalizar señalaré que no me parece razonable relacionar los saldos de las balanzas fiscales obtenidos por el método de flujo monetario con la financiación autonómica, ya que estos saldos tienen un significado que nada tiene que ver con dicha financiación ni con el trato fiscal que el Estado dispensa a una comunidad autónoma.

El Colapso Económico Planificado - HQ

Del petróleo y la revolución industrial

Peligro de tercera recesión en Europa. 

Daniel Lacalle.





“Even in the future, nothing works!” Rick Moranis.
Si hay algo revelador en la reacción negativa de los mercados a la intervención del pasado jueves por el  presidente del BCE, Mario Draghi, es que sigamos creyendo que el Banco Central Europeo puede hacer milagros. En este caso, pensar que Draghi va a comprar unos bonos privados (ABS) que hoy aún ni siquiera están emitidos y esperar que anuncie todavía más. Unos mercados “'opados' que no atienden a fundamentales ni riesgos específicos y sólo corren detrás del siguiente 'manguerazo' de dinero fácil. Como inversor, desde hace más de diez años me entristece ver a muchos gestores que sólo se lanzan a perseguir beta de banco central –el próximo chute-.
Hace ya meses advertíamos que “El plan Draghi no arregla Europa”  y que el estímulo del Banco Central Europeo era, además de innecesario, peligroso.
Los bancos centrales no suplen con el gas de la risa monetario los desequilibrios de los países.
Aferrarse al cuento de que “en EEUU Obama y Bernanke lo han conseguido”es engañoso cuando se niega a Europa la libertad económica, apertura, mercado libre y espíritu emprendedor del continente norteamericano y, sobre todo, porque en los análisis interesados de “lo que ha hecho Obama” olvidamos que la participación laboral se ha desplomado a niveles de 1978 y la recuperación de 'la impresora milagrosa' hubiera sido inexistente si no llega a ser por la revolución energética local, que ha llevado a EEUU a producir más que Arabia Saudí. Lean “Cómo el fracking ha salvado a Obama” aquí
Bajo crecimiento, baja inflación, tipos bajos, baja volatilidad… Alta deuda, alto desempleo y altísimos impuestos. Una combinación extrema de fragilidad que nos debe seguir preocupando
De hecho, la política expansiva compra algo de tiempo, pero los estados europeos, que se niegan de manera arrogante a reformar sus hipertrofiadas administraciones, se acomodan a los estímulos. Como ya ocurrió en 2009, en cuanto ven la más mínima señal de recuperación, frenan las reformas. Enhorabuena, ya crecemos al 1%, podemos descansar. Con esta actitud, en parte apoyada por los ciudadanos que siguen pensando que todo es gratis, los gobiernos se lanzan a garantizar el estancamiento durante unos cuantos años. Ya lo estamos viendo en Japón, donde tras aumentar la masa monetaria un 40% anual van encaminados al crecimiento cero.
El ejemplo más peligroso es Francia"El nuevo enfermo de Europa”, que tras anunciar tímidas reformas, inmediatamente rechazadas por elestablishment intervencionista, vuelve a las andadas con un presupuesto más deficitario y cuya recesión nos puede afectar en España de manera importante, ya que es nuestro principal socio comercial.
Bajo crecimiento, baja inflación, tipos bajos, baja volatilidad… Alta deuda, alto desempleo y altísimos impuestos. Una combinación extrema de fragilidadque nos debe seguir preocupando. Y tras dilapidar en la UE el 32% de su PIB en déficits “para crecer” desde 2008, aún hay quien pide “relajar” los objetivos para salir. No, la crisis de Europa no se ha acabado. Se ha disfrazado con el sirope de chocolate monetario.
En Europa se crean comités, programas, planes de estudio y todo el mundo ignora el elefante que impide el crecimiento. Un gasto público que supera el 49% del PIB de la Eurozona y que sigue creciendo. Y una llamada a los “ingresos perdidos” y “fraude” que recuerda mucho al cuento de la lechera. Lean este post. Una sobrecapacidad productiva del 24-25% heredada de los planes industriales y “de estímulo” casi soviéticos del periodo 2004-2010 y el bombardeo tributario continuado a los sectores que han sobrevivido a la crisis.
El expolio en impuestos ha llevado a la práctica desaparición de la clase media y la política de impedir a toda costa la implementación real de financiación privada y capital riesgo sigue dejando a las pymes sin financiación, además de sufrir el esfuerzo fiscal más alto de la OCDE. Mientras tanto, se le echa la culpa a unos bancos a los que se les exige sorber y soplar a la vez. Reducir riesgo y aligerar su balance, pero prestar a pymes, estados y familias como si fuese 2007.
Los ciudadanos no están inmunes a nuevos rescates financieros en unos estados que no quieren perder su control sobre sus sectores financieros. Nadie quiere que “sus bancos” adelgacen ni que su tamaño se reduzca y eso lleva a que una Europa hiper-bancarizada no termine de modernizar su sector financiero. En EEUU, la banca supone menos del 80% del PIB del país y financia a menos del 30% de la economía real. El resto es financiación privada y capital riesgo. En Europa, más del 80% de la economía real se financia por crédito bancario. El tamaño del sector bancario es más de tres veces el PIB de la Eurozona. Pues bien, el riesgo de rescates –si no se sale de la crisis de manera sólida- con dinero público sigue siendo alto, ya que la suma de accionistas y bonistas no llegan a un 8% de los pasivos (liabilities). Es decir, que incluso si se quisiera llevar a cabo un bail-in (que el rescate bancario lo paguen los inversores de dicho banco) en la mayoría de los casos no se cubriría ni un 8% de las necesidades de capital.
… Pero hay razones para ser más optimista.
Los riesgos son evidentes. La resistencia al cambio de la aristocracia del gasto público y de la Europa de “mis derechos, con tu cartera” es desesperante.
Sin embargo, Europa está saliendo de la recesión con superávit comercial. Muy importante. Atrás quedan las llamadas a “estimular la demanda interna” y hundir al país.
Los índices manufactureros (PMI) aún siguen en expansión, por encima de 50.
El crédito a empresas se está recuperando ya de forma clara y se prevé un crecimiento del 5% en nuevos préstamos en la UE27, según el BCE. Añadiendo la compra de activos antes mencionada, que supone sólo hasta fin de año unos 240.000 millones de euros, la recuperación de la actividad de financiación a empresas fuera de los sectores 'ladrilleros' va a ser evidente.
El expolio en impuestos ha llevado a la práctica desaparición de la clase media y la política de impedir a toda costa la implementación real de financiación privada y capital riesgo sigue dejando a las pymes sin financiación
La deuda de empresas y familias sigue cayendo y se encuentra a niveles de 2007. A pesar de todas las dificultades que aún pueden darse en la banca, el riesgo sistémico se ha reducido con las sucesivas ampliaciones de capital. Sí, los estados siguen gastando más de lo que ingresaban en el pico de la burbuja. Pero Europa no supone el enorme agujero de necesidades de refinanciación anual que era en 2010.
El empleo sigue siendo un problema enorme. Hundiendo la renta disponible de la clase media a impuestos no se va a reactivar el consumo, ni tampoco baja el paro con llamadas a “subir los salarios” por decreto del politburó, mientras se suben los impuestos, como si fuese automático. Una Unión Europea que dilapida casi un 1% de su PIB anual en “políticas activas de empleo” desde 2008 y destruye 4,5 millones de puestos de trabajo debería al menos ser humilde, reconocer el fracaso de esas medidas y reducir tributos a las empresas que sí nos van a sacar de la crisis.
Sí, Europa probablemente siga renqueando en ese mar de sobrecapacidad y planes industriales que paga usted, pero no estamos, ni de lejos, al borde de otra recesión. Eso sí, es una pena que los gobiernos se contenten con hacer pie en vez de nadar.

jueves, 2 de octubre de 2014

Política, dinero y banca | Hans-Hermann Hoppe

¿Qué significa marginalidad?

2 Octubre, 2014


¿Qué significa actuar “marginalmente” o pensar en términos de “marginalidad”? Los economistas utilizan a menudo la expresión. El Círculo de Mises en la Viena de entreguerras incluso tenía canciones con estribillos que incluían las palabras “utilidad marginal”.
Desde el primer día de mis cursos sobre principios, enseño a mis alumnos que la gente toma decisiones “marginalmente”. Por supuesto, esta declaración se recibe inicialmente con miradas de aburrimiento resignado o desesperación. Trato de aclararlo diciendo que si miramos una hoja de papel, el margen es simplemente el borde, no toda la hoja. Esta explicación tampoco hace mucho bien. El hecho es que los economistas están tan acostumbrados al pensamiento marginal que les resulta duro explicarlo a quien no ha escuchado antes hablar de él. Así que lo que hago es pasar rápidamente a algunos ejemplos.

La paradoja del agua y los diamantes

La aplicación más famosa del marginalismo es la solución de la llamada paradoja del agua y los diamantes, que parece haber hecho callar a Adam Smith en su La riqueza de las naciones.[1] El problema es este: ¿Por qué tienen los diamantes un valor de intercambio más alto que el agua, cuando lo diamantes son mera cursilería, mientras que el agua es esencial para la vida? ¿No debería la gente estar dispuesta a ofrecer más a cambio de una unidad de agua que de una unidad de diamantes?
Por supuesto, la respuesta es que ningún individuo está nunca en una situación de tener que elegir entre todos los diamantes en el mundo y toda el agua en el mundo. Una decisión concreta se tomamarginalmente. Si se le ofrece elegir entre una copa de agua y un puñado de diamantes, la mayoría de la gente escogería estos últimos, porque la utilidad marginal de esos diamantes concretos es mayor que la utilidad marginal de esa copa de agua concreta.
Algunos economistas describirían esta situación diciendo que los diamantes son más escasos que el agua, porque la demanda de diamantes en relación con su oferta es mucho mayor. Sí, el agua es más importante para el bienestar humano que los diamantes, pero hay tanta agua alrededor que incluso si desaparecieran 10 billones de litros no preocuparía a nadie. Por el contrario, si se desvanecieran unas pocas libras de diamantes, alguna gente estaría muy molesta.

Profesores frente a deportistas

La confusión clásica sobre uso y valor de intercambio resurge en tiempos modernos siempre que alguien lamenta: “¡Los maestros solo ganan una fracción de lo que ganan los deportistas profesionales! ¿A este país no le importa la educación más que los deportes?”
Repito que esas declaraciones no tienen en cuenta el hecho de que las decisiones se tomanmarginalmente. El hecho de que un maestro gane 25.000$ mientras que un jugador de béisbol gana 250.000$ no implica que nadie piense que el béisbol es más importante que la educación (¡aunque alguno pueda creer eso!) Lo que significa es que el primer empresario cree que los servicios de ese maestro concreto valen (como mínimo) 25.000$, mientras que el segundo empresario cree que los servicios de ese jugador concreto de béisbol valen (como mínimo) 250.000$.
Igual que con el agua y los diamantes, se trata de escasez relativa. La aptitud y habilidades necesarias para ser maestro son mucho más abundantes (en relación con las necesidades que tienen otros de servicios de enseñanza) que la aptitud y habilidades necesarias para convertirse en deportista profesional (en relación con la cantidad de deportes profesionales que los consumidores quieren ver). Si cincuenta maestros de instituto de EEUU elegidos al azar se despidieran repentinamente, el impacto en la educación sería inadvertido: podrían encontrarse sustitutos casi inmediatamente y en poco tiempo nadie advertiría el cambio. Pero si se despidieran repentinamente cincuenta jugadores de la NBA, a la liga le llevaría años recuperarse completamente de la pérdida.
Antes de abandonar el tema de la paga del maestro frente al deportista, dejadme que apunte una sutil contradicción de los críticos del capitalismo: La misma gente que nos recuerda una y otra vez que la renta de una persona no mide su valor intrínseco, son los que más se quejan sobre estas “prioridades” del país en lo que se refiere a los salarios. Pero si ya estamos de acuerdo en que el salario de una persona no tiene relación con el valor moral o la importancia social, ¿por qué el maestro (o la enfermera, el bombero, etc.) tiene derecho a más dinero que el deportista profesional?

Costo hundido

Una extensión lógica del pensamiento marginalista es la noción de costo hundido. Aquí el principio se resume normalmente en la expresión, “Lo pasado, pasado está”. Por alguna razón, la gente tiene una tendencia a tomar decisiones actuales inferiores por un intento equivocado de mitigar errores previos en la previsión.
Un ejemplo típico sería un hombre que va a un restaurante elegante y que, en un alarde de atrevimiento, pide un plato de 100$ a pesar de que el camarero le advierte de que es bastante picante. Tras probar el plato, el hombre se da cuenta de que es demasiado fuerte apara su paladar. De hecho, lo encuentra tan intolerable que normalmente lo dejaría. Pero como el hombre tendrá que pagar 100$ por él (suponemos que no puede devolverlo), se obliga a tomarlo para “no tirar su dinero”.
Aquí el error[2] es que nuestro hombre está olvidando que los 100$ están hundidos, Se coma el plato o no, tendrá que pagar al restaurante 100$ cuando se vaya. Su decisión anterior (pedir el plato) le obligó a esto y fue esa decisión la que de verdad le costó 100$. Ahora, con la comida picante frente a él, el hombre afronta una decisión consiguiente: ¿comer el plato o no? Si, por estipulación, el hombre preferiría quedarse con hambre a obligarse a comerla si fuera gratuita, entonces debería hacer aquí lo mismo, pues la decisión de comer o no el plato no conlleva consideraciones financieras. (Es decir, nadie espera aleteando a entregar al hombre un billete de 100$ por limpiar su plato).
Un ejemplo similar sería el de alguien que gasta 1.000$ en ser miembro de un gimnasio y luego se obliga a ir todos los días, aunque no lo haría si la inscripción le hubiera costado solo 100$. Repito, estos 1.000$ ya se han gastado:[3] el hombre debe decidir, cada día, si ir ese día o no. Cada decisión es marginal: el hombre no puede deshacer sus acciones anteriores. Ya no está en disposición de apuntarse o no al gimnasio.
Acabaré con un ejemplo final tomado de una experiencia real. Conozco a alguien que gastó mucho en renovar una casa, que resultaba tener un árbol  viejo y podrido a su lado. Cuando el vecino de la puerta de al lado le preguntó acerca de poner unos pocos cientos de dólares para eliminar el árbol (para que no cayera en ninguna casa), el propietario respondió aparentemente: “No, ya he puesto demasiado dinero en esta propiedad”.
Igual que en la justificación de la comida, esta explicación tampoco tiene sentido, porque no trata lo pasado como pasado. El dinero ya se ha gastado renovando la casa. Ahora, se trata de esto: ¿Gastar unos pocos cientos de dólares merece la reducción del riesgo de daño a la casa? Quizá sí y quizá no, no digo que el propietario tomara la decisión errónea. Pero la afirmación de que estadecisión debería estar influida  por cuánto “dinero total” se haya inyectado en el proyecto, aunque comprensible, se bien abajo en cuanto se analiza.

Conclusión

Uno de los principios básicos de la economía es que la gente toma decisiones marginalmente. Fundamentalmente, esta es una declaración positiva: La gente en realidad solo toma decisiones entre unidades marginales; nadie elige nunca entre “agua” y “diamantes”. Sin embargo, el principio marginal (y la doctrina relacionada de los costos hundidos) puede también ser prescriptiva cuando la gente toma decisiones basada en cadenas defectuosas de razonamiento.




[1] Algunos historiadores del pensamiento económico argumentan que Smith confundió el tema al apuntar la diferencia entre uso y valor de intercambio en un bien como el agua y luego seguir adelante sin más comentarios, a pesar del hecho de que los escritores económicos ya habían estado muy cerca de la solución moderna de la paradoja implícita. ¡De hecho el propio Smith tenía una explicación mucho más coherente en sus propias lecciones!
[2] Al comentar ejemplos como este, el filósofo Roderick Long apunta que no hay nada “irracional” en considerar “costos hundidos”. Si eso son lo que son los valores de alguien, pues esos son. (Por dar un ejemplo tonto, si alguien tuviera fuertes creencias religiosas de que se condenaría por ignorar los costos hundidos, sería perfectamente sensato comerse el plato). Pero en este caso, los costos no estarían realmente hundidos, porque la decisión actual de uno (comer o no el plato) conllevaría sentimientos futuros de angustia, culpabilidad, etc. Pese a complicaciones como esta, sigo creyendo que una explicación de los costos hundidos es útil a nivel introductorio. Bajo circunstancias normales, el economista pediría a la gente que dejara de sentir angustia o culpabilidad sobre costes que estén verdaderamente hundidos.
[3] Este escenario no debe confundirse con planes relacionados, ya que programas de pérdida de peso (por ejemplo) cobrarán una tarifa inicial muy alta y luego devolverán parte del dinero siempre y cuando el cliente logre ciertos objetivos de peso. En este caso, parte del dinero puede realmente recuperarse con decisiones actuales y por tanto, marginalmente, es sensato considerar las ramificaciones financieras de comer más o menos postre.

Publicado el 11 de agosto de 2004. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

20/08/2014 - Fernando Herrera

La simpleza de la teoría económica

La teoría económica es la ciencia que explica los fenómenos económicos. De la misma forma que Newton observó que una manzana caía de un árbol y buscó una explicación a dicho fenómeno que le terminó llevando a la ley de la Gravedad, otros pensadores observaron la existencia del precios para dicha manzana (o de la usura para los préstamos), y buscaron las explicaciones a dichos fenómenos. Así se fue conformando y se conforma hoy en día la teoría económica.
A diferencia de la caída de la manzana y de los demás fenómenos naturales, los fenómenos económicos tienen su origen en el ser humano y en su acción. En ausencia del ser humano, la manzana sigue cayendo al suelo. Sin embargo, en ausencia del ser humano, no hay precio para la manzana. No tiene sentido la teoría económica si no hay ser humano.
Por ello, la metodología de la teoría económica toma (o ha de tomar) como punto de partida al ser humano y su acción. Dicha metodología se llama praxeología, y modela al ser humano como un sujeto que actúa. Quizá el principal pivote sobre el que se sustenta la praxeología es el siguiente axioma: el hombre actúa cuando cree que la situación a la que va a llegar es mejor para él que la situación inicial. O, dicho de otra forma, cuando los "ingresos" que espera obtener de la acción superan a los "costes" en que espera incurrir.
A partir de esta axioma, indemostrable pero irrebatible, se podrían construir las teorías que explican los distintos fenómenos sociales (no solo económicos) que observamos a nuestro alrededor.
Aunque el axioma de partida pueda parecer sencillo e intuitivo, lo cierto es que su aplicación en la práctica es extremadamente problemática.
En primer lugar, los costes e ingresos a que se refiere, son costes e ingresos subjetivos. Solo el individuo que está actuando conoce (o cree conocer) los costes que lo supondrá la acción que está estudiando realizar, y los ingresos que de ella puede obtener. Pero es que estos costes e ingresos no son necesariamente económicos. Las motivaciones de la mayor parte de los individuos, e incluso de todos en la mayoría de las ocasiones, no tienen que ver con conseguir más dinero o gastar menos.
Son motivaciones que obedecen a nuestra religión, nuestra educación, el entorno, las costumbres...., todo lo que conforma nuestra escala de valores. Así pues, el científico social se enfrenta a que las magnitudes esenciales para comprender la acción del individuo le son completamente inaprehensibles. Ante una misma situación, dos individuos actúan de forma muy distinta, sin poderse prever de qué forma lo harán en ningún caso, y ello es porque perciben ingresos y costes completamente diferentes.
En segundo lugar, cuando el hombre actúa, lo hace creyendo que (subjetivamente) va a acabar en mejor situación que su punto de partida. Pero todos sabemos que los individuos nos equivocamos constantemente, por lo que puede perfectamente pasar que al final del acto el individuo esté peor, incluso desde su propio punto de vista subjetivo.
Finalmente, cualquier acción del individuo (esa estimación de ingresos y costes que la explica) depende de la información de que disponga y de su interpretación (una vez más subjetiva) de la misma. Con mayor información, cabe pensar que habrá más posibilidad de que su acción desemboque de la forma que él esperaba. A su vez, la decisión de obtener una mayor información es una acción sujeta también a la comparación entre ingresos y costes que se espere.
Como se observa, se trata de limitaciones muy grandes, incluso insalvables, a las que se enfrenta el científico social cuando trata de explicar los distintos fenómenos sociales que observamos: ¿Por qué triunfó el cristianismo? ¿Por qué la gente se casa? ¿Por qué hay guerras? ¿Por qué no hay sociedades anárquicas en la actualidad? ¿Por qué ha crecido tanto Podemos?
Son todas observaciones empíricas de la realidad social a las que el uso de la praxeología debería poder dar respuesta. Y, sin embargo, es muy difícil. Hay muchas opiniones al respecto de cada cuestión, pero resulta prácticamente imposible llegar a una explicación de base científica.
Afortunadamente para el científico económico, cuando se trata de explicar fenómenos de esta índole podemos hacer simplificaciones en el modelo de acción del ser humano que nos permiten llegar a teorías de una forma bastante fiable.
La primera simplificación que podemos razonablemente hacer está relacionada con los costes e ingresos. Si estamos analizando fenómenos económicos, se pueden descartar de la ecuación todos aquellos costes e ingresos que no sean en términos de bienes, sean tangibles o intangibles, monetarios o de otro tipo. Por supuesto, sigue habiendo la posibilidad de error, y sigue habiendo muchos individuos que tomarán sus decisiones considerando otro tipo de costes e ingresos (los llamados por Rothbard, "psicológicos").
Pero al ser estos costes e ingresos tan variados, el teórico económico puede asumir que no tendrán suficiente fuerza para cambiar las tendencias generales forzadas por una mayoría de individuos solo pendientes de costes e ingresos puramente económicos, subyacentes en todo caso también en las decisiones de los individuos que incluyen otro tipo de costes.
Por tanto, a efectos de teoría económica, el individuo actúa cuando cree que va a obtener un beneficio económico de su acción, que los ingresos van a superar a los costes de la misma. El individuo sigue pudiendo equivocarse, el individuo sigue siendo el único que puede percibir sus costes e ingresos, el individuo sigue interpretando la información de forma subjetiva. Pero esa simplificación es decisiva para poder avanzar en el ámbito científico de la economía.
Gracias a esa simplificación, podemos explicar las acciones económicas del individuo en términos de los precios que observa en el mercado, y tiene sentido el cálculo económico como mecanismo de decisión. Y a partir de la teoría del precio, a su vez montada sobre la teoría del valor, se van construyendo las teorías que explican los distintos fenómenos económicos.
Otras simplificaciones subsiguientes también facilitan enormemente el desarrollo de la teoría económica con la praxeología. Por ejemplo, la asunción de que existe un bien generalmente aceptado en los intercambios (el dinero) facilita enormemente la realización de cálculo económico (a su vez, otra acción con sus costes y beneficios) hasta el punto de que se puede asumir que su uso para la toma de decisiones es generalizado (aunque, una vez más, haya gente que no lo use).
Dado que la mayor parte de las transacciones en nuestra sociedad son con dinero, la simplificación anterior no debería separar los resultados del análisis de lo que ocurre en la realidad. Sí, puede haber transacciones no monetarias, pero no alterarán significativamente las teorías desarrolladas con la asunción de que no existen.
También es de gran importancia la consideración del empresario, pues éste sí es una figura en la que se puede simplificar la comparativa de costes e ingresos reduciéndolos exclusivamente a los monetarios. Gracias a ello podemos desarrollar, por ejemplo, la teoría del control de precios.
Se acusa muchas veces a los economistas de utilizar modelos demasiado irreales del individuo, que lógicamente dan lugar a teorías absurdas. En este artículo se pone de manifiesto que eso no ocurre con la praxeología. Aquí el punto de partida es el individuo con toda la riqueza de matices que supone su acción: ingresos y costes psicológicos, posibilidad de error, subjetividad de las apreciaciones. La simplificación para el economista no procede de olvidar dichos aspectos, sino de considerar como primera aproximación que, dado que cada una de esas componentes va a ser muy específica en cada individuo, no podrán cambiar el sentido general marcado por la interacción de los precios.
En suma, podríamos decir que las teorías económicas desarrolladas mediante praxeología tienen cierto "ruido", que se puede corregir añadiendo el consabido "ceteris paribus" al enunciado del teorema. Pero este parece un precio bajo a pagar a cambio de la simplificación (la "simpleza") que hace posible el desarrollo de la ciencia económica.

21/08/2014 - David de Bedoya

Un poco de luz al debate del ahorro

España tiene un problema de ahorro. Y es un problema grave que se incrementa al acompañarlo de, digamos, la demografía o el apalancamiento operativo que ha demostrado nuestra economía con el desarrollo de industrias excesivamente intensivas en mano de obra. Pero por sí solo es un serio problema. En perspectiva, España tiene una tasa de ahorro del consumidor de 8% frente a la tasa media de ahorro de 13% de los países de la zona euro. De hecho, si nos comparamos con aquellas economías cuyas tasas de ahorro pasadas permitieron un gran crecimiento, nos encontramos con que la tasa de ahorro media en Japón entre 1980 y 2000 fue superior al 15% y la de Suiza, China o Singapur ascienden todas hoy por encima del 17%.
Frente al dato objetivo de la baja tasa de ahorro, la escasa riqueza financiera de las familias y empresas del país en comparación con otras economías a las que deberíamos querer parecernos, el análisis difiere en las consecuencias. Así, para algunos la menor tasa en España implica un mayor consumo actual y una expansión de la demanda agregada. Para otros, indica simplemente que no aparecen proyectos que encajen en la preferencia temporal del ciudadano medio. Así, los primeros ven con buenos ojos el sacrificio de cierta riqueza futura por la creación de algunos empleos en el presente mientras que los segundos aceptan cierta deflación en el presente por mayores tasas de crecimiento en el futuro.
No obstante, si bien sobre las consecuencias sobre la falta de ahorro en España se ha escrito suficiente, no ha sido así sobre lo que está causando esa carencia de ahorro. O, más bien, no se ha escrito de manera sintética comentando cada uno de las variables que influyen en la industria del ahorro. Pues tal vez lo primero que haya que aclarar es que estamos ante una industria, una industria gigantesca, la industria del ahorro. Que al igual que la del consumo tiene sus sectores, sus jugadores, sus incentivos y sus palancas de crecimiento. Que tiene su oferta, su demanda, sus nichos, su regulación, su cadena de valor y sus propios sectores auxiliares.
El análisis de toda la industria del ahorro, así entendida, no puede abarcarse en un artículo. Pero tal vez, simplificando sobremanera, sí podemos reflexionar sobre el consumidor de productos de ahorro, el oferente y la cadena de valor de la industria. Tal vez así sí podamos brindar algo de luz y abrir el camino a futuras reflexiones sobre el problema del ahorro en España.
Así las cosas, comencemos con los oferentes. Y me gustaría, en concreto, fijarme en aquellos que mueven mayor volumen de ahorro. Pues son los que cuentan con un cliente más genérico, con una tasa de penetración mucho más alta y, tal vez, tienen un carácter más cíclico que otros oferentes (si bien esto es más discutible). Estamos hablando de los 121.143.694.000 M€ que gestionaban los nueve mayores gestores de fondos de España en abril de 2014 (retiramos a Bestinver del ranking de top 10 al no ser comparable ni por tipo de producto ni por tipo de cliente). Esto supone no sólo cerca del 12% del PIB si no, también, el 71,21% del total de patrimonio gestionado en fondos de inversión en España. Hablamos, asimismo, de los 78.365.351.000 M€ que gestionaban las diez mayores gestoras de fondos de pensiones en España a marzo de 2014, lo que supone el ~8% del PIB y el 83% del total.
Estos oferentes son generalistas. Esto es, su negocio no es la gestión de fondos de pensiones o la gestión de fondos de inversión. Estamos hablando de BBVA, Santander, Invercaixa, Sabadell, Kutxa... No son jugadores cuyo negocio esencial sea la gestión de activos (como sí lo podrían ser, verbigracia, Bestinver, BPA, GVC Gaesco, Banco Madrid, Intermoney, ATL y Metagestión, entre otros). Y aunque puedan tener un potentísimo departamento de Asset Management – como así tienen el BBVA y el Santander – el nivel de recursos que destinan al mismo y el know-how que desarrollan en el mismo no es comparable al de un especialista. Sí, probablemente tengan más escalabilidad, pero es un tema de volumen. Probablemente puedan establecer comisiones superiores al 1% del patrimonio gestionado con una estructura de costes más plana, y como negocio ser francamente rentables, pero sólo gracias al volumen al estar muy apalancados operativamente.
Esto provoca que, desde la central de estas entidades, se le haya prestado poca atención al área de gestión de activos. Sobre todo teniendo en cuenta que si este top 9 en abril de 2014 ascendía a 121 MM€, en diciembre de 2007 era 120 MM€ y llegó a ser 80 MM€ en diciembre de 2012 (el peor momento de la industria en la crisis). Estos vaivenes lastraron las TIRs internas del sector y provocaron el desapego de las centrales. Al final, el mayor valor añadido que tiene, digamos, la gestora del Banco Popular para un inversor que apueste al volumen y que quiera toda la gestora es una red de oficinas comerciales enorme con alta penetración en España, con una amplia red de empleados en toda la Península y el compromiso del departamento de la distribución de tu producto por toda su red.
Si a esto le añadimos que muchas gestoras quieren colocar sus productos a través de una red comercial, tenemos esquemas de arquitectura libre en los que un solo banco distribuye productos de muy diferentes gestoras. A parte de los propios. Al final, el que tiene que colocar el producto financiero tanto al agricultor manchego como al pescador asturiano o al taxista madrileño no tienen el suficiente conocimiento de la multitud de productos que distribuye como para recomendar al cliente cuál le conviene. Pero es que tampoco está incentivado, pues estos esquemas generan tan poca plusvalía para el comercializador que la captación de patrimonio para gestión por parte del agente de oficina casi no amplía el bonus del empleado.
Al final, los grandes crecimientos en patrimonio bajo gestión que se han visto en la industria (como el del Sabadell los últimos meses, el del Popular o el de Banco Madrid) se han producido tras el cierre de acuerdos a largo plazo de distribución de productos de un solo gestor por parte de toda una red comercial con incentivos al empleado adecuados. No obstante, sin estos incentivos el empleado no distribuye.
Y, ¿por qué sólo con este paraguas de acuerdos a largo plazo se han establecido incentivos correctos para la distribución? Fundamentalmente porque estos acuerdos permiten que el banco declare una plusvalía por el valor del contrato el primer año más posibles earn-outs durante los años de duración del contrato por superar objetivos. Además del ahorro del IVA en el contrato si se arma una óptima estructura fiscal. Entonces, la central del banco se fija de nuevo en el área de gestión de activos y comienza a captar ahorro y a fomentarlo.
Sin embargo, si de la oferta no provienen las ganas por captar ahorro por problema de incentivos y de rentabilidad bajo el esquema de arquitectura libre que predomina en España, tal vez pudieran provenir de la demanda, que tirase de la oferta para que ella sola desarrollase unas plataformas rentables.
Tal vez sobre este punto sí se ha escrito en España con cierta profundidad. En primer lugar, se ha profundizado en cómo está estructurado el IRPF (en los tramos del ahorro), así como la fiscalidad de los rendimientos de ciertos instrumentos de ahorro (planes de pensiones y PIAS).
Es cierto que el régimen fiscal del ahorro en España (sobre todo en función del vehículo de inversión elegido) puede acabar esquilmando buena parte del capital ahorrado. Pero no es éste el único ni el principal problema al que el cliente presta atención a la hora de adquirir un producto financiero.
El primer ingrediente, como es de esperar, es la rentabilidad ofrecida, después las garantías y, finalmente, la disponibilidad del capital. Habitualmente el cliente de productos de ahorro se fijaba en esas tres variables. Sin embargo, los últimos informes del sector apuntan a que el cliente cada vez demanda mayor información sobre el producto: en qué está invertido, por qué, durante cuánto tiempo, bajo qué estrategia de inversión, etc
Preguntas que, sin duda, en un esquema de arquitectura abierta es casi imposible que sean respondidas por el director de la sucursal del barrio y que, incluso cuando una entidad distribuye sólo tres productos, generan un problema enorme de asimetría de información entre el distribuidor y el consumidor. Problema que debiera solucionar la regulación según nuestras normas, pero que la experiencia vivida con ciertos productos financieros en el pasado nos ha enseñado que la regulación no evita el problema.
Así las cosas, tenemos un cliente tipo que demanda productos muy concretos, gran cantidad de información, rentabilidad, disponibilidad y que se preocupa por la fiscalidad y un distribuidor en la sucursal que tiene un abanico enorme de productos que ofrecer pero que no tiene ni información ni incentivos para obtenerla de todos ellos. Lo que acaba llevando la negociación entre distribuidor y consumidor al mismo punto: renta fija o depósitos a plazo, dos productos con los que el distribuidor se siente cómodo y que el consumidor conoce. Pero dos productos cuyas rentabilidades son tan bajas y que no permiten beneficiarse al ahorrador del carácter exponencial del interés compuesto, lo que no facilita que con estos dos productos se capte tanto ahorro como el que se podría captar con fondos de inversión o planes de pensiones.
Si a todo ello le añadimos que la regulación ha complicado sobremanera la cadena de valor de la industria (el negocio de custodia y de depositaría institucional ha visto cómo sus costes regulatorios y de personal aumentan drásticamente en los últimos 5 años, obligando a los bancos a externalizar estas áreas a grandes jugadores como la CECA en España o BNP a nivel internacional), ralentizando las sinergias verticales y todo ello ante unos años que no han sido fáciles para la gestión de activos (ni para la gestión de fondos ni de pensiones, como se ha visto en la evolución de patrimonio de prácticamente todos los jugadores, desde BBVA hasta PYMCO), nos encontramos ante una industria repleta de problemas operativos que poco a poco va solucionando y que, a su vez, está fuertemente condicionada por las políticas fiscales impulsadas desde cada Estado en aras de fomentar o castigar el ahorro y de fomentar o castigar a la industria del ahorro.
Y en España, con una nueva normativa fiscal que dificulta el camino de vehículos de inversión alternativos (los que surgen tras un LBO, por ejemplo), con un manto protector bancario que impide el crecimiento de la banca en la sombra (pues mientras un unitrancher exige para un high-yield un interés del E+10% un banco sindicado puede bajar debajo del E+6%) y con un consumidor acostumbrado a que no importa el riesgo que asuma en la inversión pues acude a la sucursal con la mentalidad de que le garantizan todo el patrimonio (incentivo perverso que contagia al consumidor: la idea de que como el depósito está garantizado no me preocupo ni por el depósito ni por todo lo demás). Al final, un camino empedrado que hace imposible que la industria del ahorro florezca con grandes patrimonios gestionados en nuestro país. Con una gran diversificación y con un potenteknow-how.
Apéndice
Muy distinto es el caso de los grandes ahorradores o de los ahorradores con gran cultura financiera. En estos casos, si bien no ha lugar ahora a la explicación, la industria del ahorro tiene sus nichos y satisface bastante bien la demanda de sus clientes. Y recientemente leíamos cómo la financiación no bancaria de empresas del IBEX había alcanzado su récord. Eso sí, suculento negocio que los bancos poco a poco están perdiendo (y clientes que poco a poco están perdiendo) y que todo esfuerzo de lobby será poco para recuperarlo.