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martes, 31 de marzo de 2015

Acabemos con la reserva fraccionaria


Escrito el 04/10/2011
¿Qué les parecería a ustedes si le piden a un amigo suyo que les deje una plaza de garaje para guardar su coche y éste aprovechara para montar un rentacar con su coche y el de otros amigos incautos, alquilándolos los ratos que ustedes no hacen uso de él? Pues eso es exactamente lo que hacen bancos y cajas con el dinero que depositan en sus cuentas corrientes gracias al privilegio que a ellos, y sólo a ellos, les concede el poder político. Y de esto es de lo que quisiera hablarles: de la reserva fraccionaria y de los problemas que origina.
Porque el problema fundamental de nuestro sistema financiero no es que unos gestores más o menos capaces hayan arriesgado el dinero de sus accionistas invirtiéndolo en préstamos que, una vez estallado la burbuja y entrado la economía en crisis, es dudoso que vayan a recuperarse en la vida. Si ello fuera así, bastaría con liquidar las empresas quebradas y sin visos de recuperar su viabilidad. Los accionistas y los acreedores habrían perdido el dinero invertido, sí pero, ¿acaso no tienen riesgo todas las inversiones? Díganme una inversión sin riesgo que allí pondré mis ahorros -y, por favor, no me digan que la deuda pública-.
La cuestión es que lo que han arriesgado los gestores de bancos y, sobre todo, de esas cajas de ahorros semipúblicas de nuestro sistema  financiero —aquel que fue de la champions en los días de vino y rosas— no es el dinero invertido conscientemente por los accionistas y bonistas de estas entidades, sino el que han depositado en sus cuentas corrientes los señores clientes, ajenos al hecho de que el dinero de sus nóminas, según lo ingresaban en la ventanilla de su banco o caja, salía en dirección a un promotor en forma de préstamo hipotecario. Eso era antes, porque hoy en día ese mismo dinero va a títulos de deuda pública o, más recientemente, a préstamos al FROB para recapitalizar cajas de ahorro en apuros.
Y el problema entonces no es sólo de accionistas y acreedores, sino de muchas familias que, sin ser conscientes de que su dinero estaba siendo arriesgado en operaciones de crédito más o menos estudiadas, pueden verse de la noche a la mañana sin blanca si su banco o caja quiebra. Y todo ello por culpa de la reserva fraccionaria.
¿Qué es la reserva fraccionaria?
Expresado de manera muy simplificada, el sistema de reserva fraccionaria es el que permite a las entidades financieras dedicar a inversiones y préstamos el dinero que sus clientes depositan en sus cuentas corrientes, estando obligados únicamente a mantener una fracción de los mismos a modo de reservas mínimas para atender las disposiciones de efectivo de sus depositantes. Esta fracción es la que comúnmente se conoce como coeficiente de cajaEn la zona euro la fija el BCE desde 1999 y en la actualidad es tan bajo como un 2%.
No cabe duda de que se trata de un privilegio fruto de la alianza secular entre el estado y los bancos y cajas merced al cual éstos pueden incurrir en apropiación indebida, conducta tipificada en el artículo 252 del Código Penal, sin ser por ello perseguidos: «los que en perjuicio de otro se apropiaren o distrajeren dinero, efectos, valores o cualquier otra cosa mueble o activo patrimonial que hayan recibido en depósito, comisión o administración, o por otro título que produzca obligación de entregarlos o devolverlos».
El que los gestores de una entidad puedan dormir por las noches con tan sólo un 2% de los depósitos de sus clientes en caja se debe a que, por la ley de los grandes números, es muy poco probable que sus clientes demanden de forma simultánea una cantidad total superior a esa fracción. Y si puntualmente lo hacen, siempre pueden acudir a otros bancos, al mercado interbancario o, en última instancia, al banco central, para obtener temporalmente la liquidez necesaria. En todo caso, si todo marcha bien, al día siguiente habrá nuevos ingresos de sus clientes en sus cuentas corrientes que contribuyan a restituir la normalidad —y así poder devolver el préstamo a corto plazo.
El problema es cuando la cosa no marcha bien y las inversiones y préstamos, realizados con más criterio político que de negocio, no les han ido bien a las cajas de ahorros,  el resto de bancos se niegan a ofrecerles liquidez —se cierra el interbancario— y no son capaces de captar nuevos depósitos por muy alto que sea el tipo de interés ofrecido. Es entonces cuando al banco central se le acaba la paciencia e interviene: recapitaliza las entidades —que es un eufemismo para no confesar que las nacionaliza— y sustituye a sus gestores. Todo para evitar el mal mayor, ese fenómeno altamente improbable pero de altísimo impacto que es el temido y destructivo pánico bancario —el cisne negro en terminología de Nassim Nicholas Taleb.
Los efectos expansivos del crédito de la reserva fraccionaria
Pero aparte de ser un fraude, legitimado por el estado, pero fraude al fin y al cabo, la reserva fraccionaria interfiere gravemente en el mercado de dinero y de crédito, siendo una de las principales causas de los ciclos económicos de boom y depresión.
Esto lo explica excelentemente el profesor Huerta de Soto en su libro Dinero, crédito bancario y ciclos económicos. En esencia, los bancos y cajas actuando dentro del sistema financiero y operando con reserva fraccionaria, pueden multiplicar, en forma de créditos respaldados por nuevos medios fiduciarios, varias veces los depósitos iniciales de sus clientes. Todo ello partiendo de la nada.
Esta multiplicación de los depósitos es equivalente a la emisión de billetes de banco sin respaldo porque los depósitos a la vista son, a todos los efectos, sustitutos monetarios perfectos: los utilizamos a diario para que nos ingresen la nómina, para domiciliar recibos varios, para pagar con nuestra tarjeta de débito, o para extender talones. Dicho en plata, equivale a la falsificación de moneda pero sin consecuencias penales por obra y gracia del privilegio comentado.
Cuánto se multiplican dependerá del coeficiente de caja vigente, pero para hacernos una idea, si el coeficiente fuera del 10% se podría multiplicar hasta por 9 veces. Ni la impresora más veloz de la Casa de la Moneda es capaz de generar tanto dinero con tanta eficiencia.
Las consecuencias perniciosas de la reserva fraccionaria
La reserva fraccionaria origina, pues, la concesión de préstamos que no están soportados por el ahorro —recuerden que el ahorro es lo que hay disponible para prestar/invertir— de modo que esta expansión artificial del crédito nos lleva de nuevo a falsas estimaciones sobre los recursos realmente disponibles, induciendo errores de inversión generalizados.
Cuando se descubren los errores cometidos, sucede justo el proceso inverso a la multiplicación. (1) La liquidación de inversiones y devolución de los préstamos, (2) el incremento de la morosidad y los créditos impagados, (3) la mayor prudencia de los bancos a la hora de prestar y (4) la retirada de fondos de los depositantes, que prefieren mantener una mayor parte de su dinero fuera del sistema bancario, actuarán justo en sentido inverso, revirtiendo la expansión previa y produciendo una deflación contra la que nuestras autoridades monetarias llevan ya para cuatro años luchando con tanto denuedo como poco éxito.
En definitiva, si en mi último artículo criticaba la manipulación del dinero por parte del poder político por generar graves distorsiones en la economía real, no puedo sinocriticar el sistema de reserva fraccionaria y proponer su abolición —si bien de forma gradual y controlada— para evitar crisis venideras.
Antonio España



Los ciclos económicos y su análisis teórico reciente

Keynes
El año 1929 pasó a la historia como el año del crack y del inicio de la Gran Depresión. En octubre de dicho año la Bolsa de Nueva York literalmente se desplomó, condenando a una nación primero, y al resto del mundo después, a un largo invierno económico de desempleo y deflación. Las razones para el inicio de esta crisis fue el pinchazo de una burbuja financiera y crediticiacuyos mismos orígenes arrancaban en los desmanes económicos surgidos después de la Primera Guerra Mundial y cuyo primer centenario hemos celebrado el pasado año.
la Bolsa de Nueva York literalmente se desplomó
Parece que el consenso sobre el origen de la Gran Depresión es casi unánime. Sin embargo, lo que resulta más difícil es alcanzar un acuerdo sobre los mecanismos que provocaron, no ya su transmisión a la economía real y desde EE.UU. hacia otros países, sino además su dilación en el tiempo. El shock fue tal que incluso, como igualmente ha ocurrido con la Gran Recesión de 2007-2008, hizo tambalear los cimientos de la ciencia económica, que hasta entonces estaba dominada por el paradigma neoclásico.
La incapacidad de dicho paradigma de dar respuestas a muchas preguntas, en particular cómo fue posible la depresión,originó un debate intenso sobre el origen y la transmisión de los ciclos económicos. El postulado neoclásico afirmaba que los mercados siempre estaban en equilibrio, por lo que es imposible considerar un ciclo económico más allá que un movimiento del output y del empleo ajustándose óptimamente a las nuevas condiciones económicas. En este sentido, y dado que los precios y salarios se ajustan automáticamente para vaciar los mercados, el desempleo solo era posible si era voluntario. Además, el hecho de que los mercados fueran eficientes y capaces de autorregularse, permitía suponer que cualquier intromisión en los mismos por parte de un Estado era cuando menos causa de ineficiencia.
Sin embargo, ¿cómo era posible que en 1933, y después de cuatro años de depresión los mercados no se hubieran ajustado?, ¿más de un 20 ó 30% de desempleo era voluntario? Keynes, y su Teoría General vinieron a decir que los mercados podían permanecer durante un tiempo en situación de desequilibrio. En su modo de entender la economía, Keynes consideraba que un mercado que se vacía, es decir, cuyos precios son el producto del equilibrio entre oferta y demanda, era un caso particular de lo que podemos observar en la realidad. En consecuencia, el estado natural de los mercados era de permanente desequilibrio a la búsqueda del deseado equilibrio. ¿Cuál era pues la diferencia entre Keynes y el neoclasicismo económico? Pues que para el primero los precios y salarios se ajustan lentamente. En consecuencia, cualquier cambio en las condiciones económicas subyacentes, por ejemplo un shock tecnológico o un cambio en la demanda agregada, generaba un desequilibrio que tardaría en ajustarse. Mientras, y en función de cómo fuera dicho shock, podríamos estar ante una recesión o expansión, inflación o deflación, etc. Surgía la primera visión moderna de los ciclos económicos. En consecuencia, como una economía podía por ejemplo permanecer en recesión durante un tiempo más o menos amplio, se justificaba la intervención del estado para restaurarlo cuanto antes. Se argumentaba que, dada la lentitud de ajustes de los mercados, en el largo plazo los costes de un ciclo contrario serían elevados, justificando su corrección inmediata.
Los ciclos económicos
Desde aquella primera teoría ha llovido mucho. Los neoclásicos reaccionaron durante las siguientes décadas a la dominación del paradigma keynesiano. La crisis de los setenta, de características muy diferentes a la de 1929, la incapacidad de las políticas keynesianas tradicionales de solucionar dicha crisis y la crítica al paradigma dominante en la ciencia económica de Robert Lucas (que señalaba la necesidad de incorporar a los modelos las expectativas de los agentes) modificaron al completo el análisis de los ciclos económicos, generaron una nueva perspectiva de la ciencia económica sobre los problemas reales y cómo enfrentarse analítica y teóricamente a ellos.
Los primeros en reaccionar a finales de los 70 y primeros de los 80 fueron los neoclásicos, desarrollando el modelo de ciclos económicos reales (Real Business Cycle, RBC). Estos modelos se basan en modelos matemáticos dinámicos y microfundamentados de equilibrio general donde los agentes deciden sus acciones a partir de las expectativas que poseen sobre los precios, tipos de interés y salarios, respondiendo óptimamente a cambios en las condiciones económicas actuales y esperadas. Aunque su éxito fue inmediato, sus problemas fueron más que evidentes desde el mismo inicio. Al suponer, de nuevo, flexibilidad en precios y salarios perfecta e inmediata, cualquier cambio en la demanda era instantáneamente ajustada por los cambios en dichos precios, lo que en otras palabras implicaba la incapacidad de la demanda para generar ciclos económicos. De este modo, la única fuente de ciclos en los modelos de RBC eran los shocks de oferta, los que en la literatura se vinieron a llamar shocks tecnológicos. Además, y dado que los precios se ajustan inmediatamente, el dinero no tiene efecto alguno en las variables reales, solo en las nominales (inflación y salarios nominales), por lo que cualquier intento de condicionar la economía mediante políticas monetarias eran en vano.
Así, las previsiones de dicho modelo para algunas variables, especialmente en las del mercado de trabajo, reflejaron claramente su debilidad. Además, la evidencia empírica rechazaba la inmediatez con la que los precios y salarios se ajustaban a los shocks de oferta o demanda, así como la neutralidad de las políticas monetarias. De este modo, poco tiempo después, aparecieron un nuevo intento de explicar los ciclos económicos, en lo que se podría llamar el contraataque keynesiano, los nuevos-keynesianos, o en inglés New Keynesian Models (NKM) (no confundir con post-keynesianos). La diferencia de estos modelos respecto a los RBC, es que presupone de nuevo que los precios y salarios no vacían inmediatamente los mercados, por lo que un shock de oferta, o de demanda (que en este caso sí tendría efectos) generaría un ciclo económico factible de ser corregidos por cambios discrecionales de la demanda a partir de la política fiscal, o de la oferta de dinero a través de la política monetaria. Su estructura es muy similar a la de los RBC, es decir, son modelos microfundamentados, de equilibrio general y dinámicos donde las expectativas son fundamentales para la toma de decisiones óptimas de los agentes.
Además de esas diferencias, otras no menos importantes se introducen, como por ejemplo el diseño de mercados de competencia imperfecta, reglas monetarias que endogeneizan la actuación de los bancos centrales. Además, estos modelos se desligaron inmediatamente de una tara que venía mostrando los modelos keyneasianos tradicionales: la inversión, y su igualdad con el ahorro, ya no es necesaria para explicar ni la existencia de ciclos de demanda, ni para justificar mercados en desequilibrios. Sólo los tipos de interés y su desviación del tipo de interés de equilibrio y un comportamiento de los consumidores óptimo con expectativas racionales es suficiente para justificar toda la literatura sobre ciclos de demanda y de políticas monetarias.
Los modelos NKM son actualmente los que han conseguido una mejor descripción sobre el proceso que inicia y determina un ciclo económico. Su uso es especialmente relevante en el estudio de la propagación de la inflación, el efecto de la políticas monetarias, y actualmente es la base de los modelos con los que los bancos centrales diseñan su política.
AutorManuel Alejandro Hidalgo Pérez
– Profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide.
– Licenciado en Economía en Sevilla en 1996, soy también Master in economics y PHd por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, 2008.
– Experiencia en varios campos de la economía: encargado de crear la Contabilidad Trimestral Regional de Andalucía en el instituto de Estadística de Andalucía, análisis y el estudio de la misma como investigador, analista y comunicador.
http://www.upo.es/econ/hidalgo/
@manuj_hidalgo

Imagen| Von Mises

LA BATALLA POR LA CIENCIA MACROECONOMICA DE FINALES DEL SIGLO XX: RBC VS NMK





NKPC




En una entrada anterior (Los ciclos económicos y su análisis teórico reciente) hablaba del surgimiento en los 70 y 80s de una nueva Ciencia Macroeconómica como reacción a las dificultades de los modelos macroeconómicos existentes (especialmente keynesianos) para explicar lo que acontecía. En esta entrada ahondaré en los modelos que surgieron de esa “revisión” y dejaré planteado el camino seguido por la Macroeconomía a partir del cambio de milenio.
Como contaba en la entrada anterior, la Macroeconomía de los años 70 se enfrentó al reto de explicar las causas y consecuencias de la crisis del petróleo. Entre muchas de sus consecuencias, una de las más importantes fue la incapacidad de los economistas y de los gobiernos de elaborar y diseñar políticas económicas que dieran como resultado la estabilización de la economía, en particular el desempleo y la inflación. Esta incapacidad tuvo dos derivaciones. La primera de ellas fue la famosa crítica de R. Lucas, que en 1973 expresaba la necesidad de modificar los modelos macroeconómicos para que recogieran las expectativas de los agentes como un elemento más. Lucas argumentaba que al existir tales expectativas, los agentes adelantaban las consecuencias de las políticas económicas, y en consecuencia hacía imposible de usar los tradicionales modelos macroeconómicos estructurales. Al crearse estas expectativas en el ámbito del individuo, exige que los nuevos modelos macroeconómicos se basen en fundamentos microeconómicos. En segundo lugar, la tradición keynesiana resultó herida de muerte, permitiendo que la escuela neoclásica contraatacara después de varias décadas de ostracismo haciendo suyas las prescripciones derivadas de la Crítica de Lucas.
R. Lucas
Robert Emerson Lucas, Jr. economista estadounidense profesor de la Universidad de Chicago. Recibió el Premio Nobel de Economía en 1995. Principalmente conocido por ser uno de los autores de la Teoría de las expectativas racionales
El contraataque de la Escuela Neoclásica se materializó a principios de los ochenta en los modelos de ciclos reales (Real Business Cycles, RBC). Atendiendo a la Crítica de Lucas, estos modelos se basan en la existencia de expectativas racionales de los agentes. Sus acciones se basan en el análisis de cómo los agentes esperan el futuro y cómo les afectará, condicionando tanto el consumo como las horas de trabajo que los individuos ofrecen al mercado. En particular, estas expectativas son óptimas y “racionales” es decir, no se cometen errores al crearlas. Además, se supone que los precios y salarios se ajustan de un modo flexible, por lo que shocks de demanda y monetarios no generan cambios, siendo todo cambio motivado por los shocks de oferta (tecnológicos).
Dicho de un modo más simple, los modelos de RBC suponen que los ciclos son causados por shocks tecnológicos, o reales, y que afectan a la oferta agregada. Cuando uno de estos shocks aparece, los consumidores deciden modificar su estrategia de consumo no sólo hoy sino además en los siguientes períodos, además de modificar la cantidad óptima de horas en función de los salarios reales esperados. Este reajuste en las expectativas en función de los shocks reales son los determinantes del ciclo económico. Un detalle importante es que el ciclo se puede definir como un ajuste óptimo a unas condiciones cambiantes, lo que tiene una derivada importante: el ciclo no es resultado de un desequilibrio, sino el equilibrio en sí mismo en movimiento. Como la economía está en todo momento equilibrada, las políticas económicas no son necesarias, más si cabe cuando se supone que el desempleo viene motivado por una caída de las horas ofertadas por los individuos, es decir, es voluntario.
El hecho de que sólo los shocks tecnológicos generen ciclos económicos es una de las mayores críticas que se le hizo a los modelos RBC ya desde sus inicios, pues no hay evidencia de que tales shocks adquieran tal protagonismo. En segundo lugar, al suponer que el desempleo es consecuencia de un ajuste en la preferencias de los trabajadores y no de una caída de la demanda de empleo por parte de las empresas, se aleja de la realidad. En tercer lugar, los RBC consideran el dinero neutral y los precios y salarios perfectamente flexibles. Dado que los datos y la evidencia muestran que en el corto y medio plazo esto no es así, rápidamente surgieron nuevos modelos que integraban tanto rigidez en los precios como el dinero en el análisis de los ciclos económicos y que consideraban la posibilidad de nuevos tipos de shocks, como los de demanda. A pesar de esta gran debilidad, los RBC han tenido una difusión extraordinaria, aportando además a la nueva macroeconomía varios elementos hoy imprescindibles: los nuevos modelos macroeconómicos tienen su base en los RBC y el análisis de política económica se fundamentan en este nuevo modo de entender la macroeconomía.
Los nuevos modelos “New Keynesian” (NKM) aportan a los RBC varias novedades, de las cuales comentaré tres. En primer lugar se supone que los precios, y salarios entre ellos, no se ajustan automáticamente, retomando la tradición de los keynesianos sobre este asunto. Esta hipótesis tiene dos consecuencias. Una primera implica que va a existir una relación inversa entre cambios en los precios y en el output. Un shock de demanda que eleve la misma sobre un nivel previo sin ajuste rápido de precios generará un aumento del ouput pero también, un aumento de la inflación.
En segundo lugar, y asociado a lo anterior, los modelos NKM resuelven el problema del ajuste de precios mediante la introducción de la hipótesis de Calvo, según la cual en cada período sólo un porcentaje de empresas pueden modificar sus precios ante un cambio en las condiciones económicas. Una de las implicaciones más sorprendente de esta hipótesis es que la inflación actual va a depender tanto del output gap como de la inflación esperada. Surge así la llamada New Keynesian Phillips Curve (NKPC) diferente a las usadas en modelos anteriores, como la curva de Phillips adaptativa, y que suponía que la inflación actual dependía de la inflación pasada y del output gap.
En tercer lugar, la relación inversa entre output-gap e inflación es la herramienta que utilizan los bancos centrales para estabilizar la economía, siendo el modo en cómo este organismo se introduce en los NKM. Su actuación se formaliza a partir de una función de reacción del tipo de interés, Regla de Taylor, y según la cuál el tipo de interés, verdadero instrumento de política de los bancos centrales, se determina en función de la desviación de la inflación de un nivel de objetivo y del output-gap. Las preferencias del Banco Central se introduce también en el modelo, bajo la hipótesis de que éstos desean reducir de forma conjunta tanto la variabilidad del output-gap como de la inflación.
Durante al menos una década y media ambos modelos rivalizaron por explicar los ciclos económicos observados. Una de las mayores diferencias en el método de ambos modelos es que los RBC eran más deductivos (se basaban en el razonamiento de un modelos y posteriormente en comprobar si reproducía la realidad) mientras que los modelos NKM tienen un carácter algo más inductivo. Este hecho, quizás, ofreció una ventaja a los segundos para que, unido a que las críticas a los RBC eran más graves, se terminaran imponiendo en el mainstream de la Macroeconomía del cambio de milenio. Por otro lado, esta ventaja es la definitiva para que tanto gobiernos como bancos centrales hayan usado los modelos NKM para diseñar los efectos de sus políticas económicas.
En la siguiente entrada comentaré cómo a principios de siglo ambos modelos terminan convergiendo en un mismo programa científico para la Macroeconomía. Hablaremos de los modelos DGSE así como de un nuevo consenso macroeconómico, aunque éste tuviera una vida relativamente corta.
AutorManuel Alejandro Hidalgo Pérez
- Profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide.
- Licenciado en Economía en Sevilla en 1996, es también Master in economics y PHd por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, 2008.
- Experiencia en varios campos de la economía: encargado de crear la Contabilidad Trimestral Regional de Andalucía en el instituto de Estadística de Andalucía, análisis y el estudio de la misma como investigador, analista y comunicador.
http://www.upo.es/econ/hidalgo/
@manuj_hidalgo

¿Y SI NO RESCATAMOS A LOS BANCOS?

Escrito por Antonio Vegas

northern_rock


Aunque el odio a los banqueros se remonta a hace más de dos mil años, últimamente en la opinión pública española están calando ciertos mensajes contra los rescates bancarios: manifestaciones, concentraciones, prensa, etc. Sin duda, lo que ocurrió en el 2008 en Islandia, donde se decidió no rescatar a ningún banco, ha influido enormemente en la opinión pública española.
Por esto, con este artículo, pretendo explicar todo lo que ocurriría (y en especial en el caso de Bankia) si no se decide rescatar a los bancos, sino dejarlos caer y que quiebren, a fin de que no sean los ciudadanos los que paguen las malas prácticas de los banqueros, y que éstos no salgan “de rositas”.
  • Actividad “fraudulenta” de todos los bancos
Todos los banqueros del mundo, y desde hace miles de años, no se limitaban a guardar y a custodiar el dinero que los depositantes habían colocado en sus bancos. Los banqueros, viendo que había un montón de dinero en sus oficinas, que siempre estaba ocioso, porque la gente solo utilizaba una parte de sus ahorros, no podían resistir la tentación a “utilizar” el dinero de los depositantes.
Al principio (en torno a 390 A.C en Grecia) tal práctica estaba prohibida y muchos trapezitas (banqueros griegos) estaban perseguidos por ello. Así tenemos la siguiente y divertida anécdota.
Isócrates cuenta en su obra Trapezítico (entre 393 y 391 a. C) que su amigo Tunícides acudió al banco de Pasión a retirar su depósito; pero, sorpendentemente, Pasión, el banquero, le dijo que él no había depositado nada allí. El cliente no pudo creer lo que oía y, con gran sorpresa, le volvió a reclamar la devolución del depósito. Pasión, tras cubrirse la cabeza y llorar, reconoció la existencia de su depósito y que se había visto obligado a mentirle por dificultados económicas y que, por favor, se devolvería el depósito, si mantenía todo esto en secreto.

Tetradracma, moneda griega de la época de Pasión.
Luego, con el paso del tiempo, tal actividad se volvió habitual (fue practicada durante el renacimiento italiano, a lo largo del imperio romano, durante el período de esplendor en los mejores bancos sevillanos y catalanes, en los bancos holandeses, etc.) y se terminó reconociendo la legalidad de la reserva fraccionaria (que los bancos pudiesen disponer de los depósitos de sus clientes para sacarles rentabilidad, mientras estos estaban ociosos).
  • Los bancos crean dinero “de la nada”
La Economía ha logrado demostrar que el utilizar el dinero depositado lo que provoca es una multiplicación del dinero, pues mientras los depositantes piensan que su dinero está disponible (aparece en su cuenta corriente), otros están disfrutando de él, como por ejemplo, las empresas a las que el banco les ha concedido un crédito. Además, si todos los depositantes fuesen en masa a solicitar su depósito (como el amigo de Isócrates) se llevarían la sorpresa de que sólo hay el 2% del dinero que se depositó y el banco, al no poder hacer frente a sus pago, se declara en bancarrota y todos pierdan el dinero que creían tener.
Como vemos en este ejemplo, imaginemos que el banco central imprime 1.000 € en billetes y se los da a una persona, por ejemplo, a Isócrates. Isócrates lo lleva al banco A para guardarlo y gestionar su dinero desde ahí. El banco A deja guardado 200 € y los otros 800 € se los da a una empresa, a la que le acaba de conceder un crédito. Esta empresa, se lleva sus 800 € de dinero concedidos al banco B, que guarda 160 € y presa 640 € a otra empresa distinta. Y el proceso se repite así sucesivamente, de forma que 1.000 € se convierten en 5.000 €: 1.000 € en reservas y 4.000 € en préstamos.
Como observamos en este gráfico, la parte de abajo es el dinero realmente existente en el sistema: el EMP (efectivo en manos de público, es decir, los billetes y monedas que todos manejamos), y las RB (reservas bancarias, es decir, el porcentaje de los depósitos que los bancos guardan). La parte de arriba refleja el dinero total, el real y el creado por el sistema financiero: el EMP, las RB y los préstamos que se han concedido. Observamos que este sistema permite ampliar enormemente la actividad económica, pero es muy inestable, igual que un castillo de naipes.
Una forma de incrementar aún más el efecto multiplicador de los bancos, es el de incentivar o el de impedir que la gente tenga efectivo y lo coloque todo en depósitos. Por ejemplo, algunos países se están planteando la eliminación del papel-moneda y que todo se haga a través de transacciones bancarias.
Otro ejemplo que podemos citar es el que acaeció en la ciudad alemana de Wörlg, conocido como “The Wörlg experiment”. Se trataba de sustituir el papel-moneda actual por otro en el que cada mes había que colocarle un sello al billete (que costaba dinero) para que siguiera siendo legal. De esta forma se incentivaba el no acumular dinero durante mucho tiempo. Sorpendentemente, fue una de las pocas ciudades que vivió una expansión económica en un contexto de crisis mundial: la crisis de 1929.

Ejemplar de un billete de Wörgl
Bien, pues lo mismo que le ocurrió al amigo de Isócrates cuando fue a pedir su depósito a Pasión ha vuelto a pasar un montón de veces a lo largo de la historia. Estados Unidos, en la gran depresión, vio quebrar a casi todos sus bancos al no poder hacer frente a sus pagos; Argentina en el año 2001 tuvo que prohibir la extracción de dinero del banco (“corralito”); en la crisis del 2008, el gobierno estadounidense, decidió no rescatar al tercer banco de inversión y desapareció; igualmente, en el 2008, Islandia decidió no ayudar a su sistema financiero, provocando la quiebra de todos sus bancos y cajas de ahorros; el pánico bancario (bank run) que se produjo en el 2007 en el Nothern Rock británico; y muchos ejemplos históricos durante el imperio romano, el renacimiento italiano, etc.
Por eso, en el mundo reciente existen los bancos centrales, que son organismos que controlan el dinero, de forma que, cuando hay una crisis y los bancos se quedan sin fondos, el banco central inyecta dinero a los bancos para impedir las quiebras en cadena. Los bancos centrales funcionan fundamentalmente para eso. Además, para impedir un pánico bancario, la mayoría de los gobiernos, en esta crisis financiera actual, decidieron dos cosas: asegurar los depósitos a los clientes e inyectar dinero en los bancos.
Además, un gran número de países se han comprometido con los Acuerdos de Basilea, que buscan incrementar el capital de alta calidad de los bancos, para reducir las probabilidades del quiebra del sistema financiero y hacerlo más seguro. Se busca que los bancos tengan al menos un 8% de todos sus activos en capital de alta calidad. Además, de ese 8%, al menos un 2% debe ser core capital, es decir, capital de calidad máxima, compuesto por reservas y el dinero aportado por los propios socios del banco.

Clasificación del capital bancario
Como vemos en el siguiente gráfico, estas son las exigencias para el sistema financiero mundial. El azul representa el porcentaje que los bancos deben tener de capital de máxima calidad (reservas y dinero aportado por los socios). El rojo representa el capital de calidad un poco más reducida que el core capital (por ejemplo, aquí incluiríamos las participaciones preferentes). El verde representa el capital de calidad media que debe tener el banco como porcentaje de sus activos.
En el 2018 se aumentarán las exigencias para los bancos. Además de lo ya exigido los años anteriores, deberán reservar un 2,5% de sus activos en capital de máxima calidad, para establecer un colchón que dificulte las posibilidades de quiebra (conservation buffer). Y, además, si el crecimiento del crédito de la entidad es muy elevado, tendrá que establecer un segundo colchón adicional por el mayor riesgo que pueda acarrear la expansión del crédito y prevenir las crisis económicas (cuntercyclical buffer).
Observemos las cifras. El 98% del dinero aproximadamente es ficticio y si todo el mundo fuese a retirarlo del banco todo se iría al garete. Los Acuerdos de Basilea lo que hacen es aumentar los fondos de los bancos para que sea más difícil la quiebra de un banco. Ahora ya no sólo tendrán un 2% del dinero, como antes, sino que tendrán un 10% de los activos totales para hacer frente a un pánico bancario. Pero no olvidemos la cifra: aun así, todavía un 90% del dinero no tendrá sustento real.

Veamos ahora qué tal están las entidades financieras en lo que respecta a core capital.
La línea roja representa lo mínimo requerido por la Unión Europea, que es el 9%. Observamos que casi todos los bancos incumplen el requisito, sólo podríamos salvar a Banca March a Kutxa Bank y a duras penas a Unicaja, BBVA, BBK y Caja Vital. El dato es alarmante, casi ninguna entidad puede avalar el 9% de sus activos totales, en forma de capital de calidad.
Veamos ahora qué tal está el sistema financiero europeo.
Suiza es el país que mejor situación tiene, con un 17,5% de media de core capital. Y la mayoría de los países europeos lo tienen por encima del 10%, incluso Grecia con un 11,8%. Sin embargo, España, Italia y Portugal, no llegan al 10% desvelando las dificultades de sus bancos. Recordemos que unos cuatro bancos españoles suspendieron los tres de estrés realizados en 2011; el otro banco que suspendió fue griego.

Por ejemplo, en el caso de Bankia, la inyección del más de 20.000 millones de euros  se produce tras reconocer que, para que la entidad pueda alcanzar el 9,5% de core capital, que era el objetivo, le eran necesarios 19.000 millones de euros de capital puro.

(Haga click para ampliar)
En el último balance publicado por Bankia (31/12/2011), observamos en el gráfico, que tiene 160.000 millones en depósitos, 539,8 millones en fondos de pensiones, 2.064 millones en activos materiales (oficinas, casas, etc.) y 180.000 en créditos concedidos. Además, el BCE tiene depositado en Bankia casi 20.000 millones de euros. Asimismo,  Bankia tiene unos 7.400 millones de euros en deuda pública.
¿Qué ocurriría si el Estado español decide no rescatar a Bankia, no la hubiese nacionalizado ni inyectado dinero en ella? En primer lugar, se vería que Bankia por sí sola no podría cumplir el mínimo que se le exige por parte de la UE decore capital, pues la entidad ya llevaba varios ejercicios reteniendo sus beneficios como provisiones y reservas sin mucho éxito.
Recordemos, además, que Bankia es un banco que nace de la fusión de 7 Cajas de Ahorros en apuros, con grandes problemas derivados del ladrillo.
Todo esto originaría una desconfianza creciente en la entidad, que podría terminar muy probablemente en la suspensión de pagos de la misma con las siguientes consecuencias:
–          Bankia sólo podrá hacer frente a un porcentaje muy reducido de los depósitos, en torno a un 20% (a lo sumo). Con lo cual los ahorradores perderán, en este caso, un 80% de su dinero como poco. En cifras: se podría perder unos 128.000 millones de euros. Y como los depósitos están asegurados por el Estado español, el Estado tendría que aportar 128.000 millones de euros.Esto sería ya lo que nos faltaba para acabar de destruir las finanzas públicas.
–          Habrá una entidad financiera menos en España (recordemos que actualmente sólo quedan 14, tras el elevado número de fusiones que está habiendo), con lo que habría un comprador menos de deuda pública, pudiendo elevar la prima de riesgo unos cuantos puntos más. Recordemos que Bankia es un comprador de deuda pública española, y tiene en sus balances más de 7.400 millones de euros de deuda española.
–          Asimismo, se perderán los fondos de pensiones.
–          El BCE perderá los 20.000 millones de euros prestados a Bankia.
–          Como otros bancos tiene un gran número de depósitos en Bankia, la quiebra de Bankia ocasionaría pérdidas en depósitos a otros bancos, perjudicando la situación del sistema financiero español (y europeo, aunque en menor medida), y pudiendo llevar a otros bancos a la quiebra, ocasionando un efecto en cadena.
–          Se originaría una desconfianza en el sistema financiero español brutal, con enormes salidas de capitales, aumento de la prima de riesgo y posibilidad de existencia de un corralito.
–          Se reduciría la actividad económica española, pues todo el dinero creado por Bankia, por el efecto multiplicador que vimos anteriormente, se disiparía. En otras palabras, las empresas perderían gran parte de sus créditos.
En definitiva, la quiebra de un banco sería la destrucción de una gran parte de la riqueza de nuestra economía, afectando a todo. Para que os hagáis una idea, el presupuesto del Estado español está en torno a los 350.000 millones de euros; los activos de Bankia ascienden a 305.820 millones de euros. La quiebra de Bankia originaría unas pérdidas para la economía española iguales que la quiebra del propio estado, y si tenemos en cuenta que podría originar corridas bancarias en otros bancos, sería una noticia más negativa la quiebra de Bankia que la quiebra del Estado español.
Por ejemplo, fíjense en lo que ocurrió en Islandia. El gobierno decidió no rescatar a los bancos, y quebraron todos, no quedó ninguno. El gobierno aseguró todos los depósitos de los islandeses (a cambio de establecer un “corralito”, es decir, a cambio de la promesa de que no acudieran a recoger todos sus depósitos), pero el resto se convirtió de la noche a la mañana en cero: créditos a empresas, fondos de pensiones, depósitos de extranjeros, etc. Además, esto supuso que Islandia pasase de un superávit del 5,4% en 2007 a un déficit del 13,5% en 2008, del 9,1% en 2009, del 10,10% en 2010 y del 4,4% en 2011.
Además, un mes después de la quiebra bancaria la corona islandesa perdió el 68% de su valor y la inflación se disparó al 20% encareciendo enormemente la vida de los islandeses (desde el 2008 hasta ahora las cosas en Islandia son un 50% más caras que antes), mientras la economía se contraía un 7%. Y todo eso, a pesar de las ayudas del FMI, Rusia y los países nórdicos. El país ha sufrido la emigración más grande en 150 años. Y todo no termina ahí, el Reino Unido y Holanda han denunciado al país por impago de enormes cantidades de deuda que tenía pendientes.

Datos macro de Islandia

Tras la “Guerra de Divisas” llega la “Muerte del Dinero”

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«El mundo está cada día más cerca del final del juego», advierte Rickards, que acaba de escribir la secuela de “Currency Wars”.
James Rickards

Durante el invierno de 2009, James Rickards, abogado, gestor de fondos y asesor en mercados de capitales del director de Inteligencia Nacional y de la Oficina del Secretario de Defensa estadounidense, participó en un juego de guerra patrocinado por el Pentágono en el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins (APL). El objetivo del juego era conocer las posibles consecuencias de una guerra financiera global. Dos años más tarde, Rickards publicó “Currency Wars: The Making of the Next Global Crisis”, libro que se convertiría en un superventas en Estados Unidos.

Tras participar en ese simulacro de guerra financiera en las instalaciones secretas del Laboratorio de Análisis de Guerra del APL, Rickards formuló un análisis histórico de la política monetaria internacional a lo largo del siglo pasado, así como una valoración tanto de los factores y políticas que condujeron a la debacle de 2008 como las que fueron adoptadas posteriormente. Lo anterior llevó a Rickards a concluir que una crisis financiera global más peligrosa que la ya sufrida no sólo se estaba fraguando sino que era inevitable. Así, en “Currency Wars” Rickards trazó la ruta al fatídico desenlace del caos financiero internacional que resultaría de la primera guerra de divisas de este siglo: la caída del dólar como divisa de reserva mundial y la eventual sustitución del dinero fiduciario por la vuelta al patrón oro.
«El mundo está cada día más cerca del final del juego» advierte Rickards, que acaba de escribir la secuela de “Currency Wars” titulada “The Death of Money, The Coming Collapse of the International Monetary System”.
The Death of Money, The Coming Collapse of the International Monetary System (book cover)
The Death of Money, The Coming Collapse of the International Monetary System (Penguin Random House / Disponible el 8 de abril de 2014).
Disponible a la venta a partir de abril de 2014, “Death of Money” retoma las alarmantes predicciones contenidas en “Currency Wars” y realiza un análisis en profundidad sobre cómo el funcionamiento del sistema monetario internacional podría colapsar y qué nuevo sistema podría surgir para reemplazarlo.

Mientras que “Currency Wars”, explica Rickards, «miraba a la macroeconomía global a través de la lente de los tipos de cambio, incluyendo los períodos en que estos estaban vinculados al oro y el más reciente período de tipo de cambio fluctuante, “The Death of Money” lo hace de manera más amplia teniendo en cuenta no sólo los tipos de cambio y el dólar, sino también la política fiscal y la necesidad de un cambio estructural en EE.UU., China, Japón y Europa». Además, añade Rickards: «“Currency Wars” presentaba un amplio uso de la historia para desarrollar sus principales argumentos sobre el dólar y el oro, mientras que “The Death of Money” se fundamenta menos en la historia y más en el análisis dinámico».

Aunque para algunos la economía mundial parece envuelta en un manto de calma relativa y los mercados financieros acogen con entusiasmo las tasas de interés cero y las políticas de relajamiento monetario emprendidas por la Reserva Federal estadounidense, Rickards advierte sobre la prevalencia de tendencias que confirman su pronóstico de una tormenta inminente.
Las soluciones monetarias amenazan con socavar la confianza en el papel moneda.
Como anunció en 2011, Rickards cree que las políticas de la Reserva Federal destinadas a importar inflación a la economía estadounidense continuarán algunos años más, hasta bien entrado 2015 y, tal vez, más allá (con objeto de evitar la deflación propiciada por una depresión económica y el inherente “desapalancamiento”). Rickards también apunta a otros procesos que estarían contribuyendo a la pérdida de confianza en el dólar como moneda de reserva mundial: «La política fiscal de Estados Unidos, la acumulación de oro por parte de Rusia y China, la impresión de dinero de Japón y Reino Unido y el surgimiento de grupos regionales como los BRICS».

Según Rickards, el carácter inexorable de la próxima tormenta financiera global se debe a que «el mundo se enfrenta a problemas estructurales, pero los está tratando de resolver con soluciones coyunturales. Un problema estructural sólo se puede resolver con soluciones estructurales, incluyendo cambios en la política fiscal, en la política laboral y en la regulación y creación de un clima de negocios positivo. El tipo de soluciones monetarias que se están implementando no son una respuesta a los problemas estructurales a los que nos enfrentamos. Las soluciones monetarias amenazan con socavar la confianza en el papel moneda. Al final, la combinación de problemas estructurales sin abordar y una política monetaria imprudente invariablemente conducen ya sea a una deflación extrema, a una hiperinflación atroz, a la “estanflación” o a un colapso de la confianza en el dólar».
Espero que la economía mexicana supere a la economía de EE.UU. en los próximos años.
Si la estabilidad del dólar está en riesgo, ¿cómo encajan otras regiones clave en el análisis de Rickards? Consultado sobre México, el segundo socio comercial de Estados Unidos, Rickards augura:

«Las economías de México y Estados Unidos están estrechamente vinculadas a causa del Tratado de Libre Comercio y la inmigración. Y así seguirá siendo. Sin embargo, EE.UU. va a ser menos importante en el futuro para México, y China cobrará mayor importancia. EE.UU. verá un aumento de la inflación en los próximos años debido a su política monetaria imprudente. México debería ser capaz de evitar la inflación debido a sus exportaciones de energía y a su mano de obra relativamente barata. El resultado será un fortalecimiento gradual del peso mexicano contra el dólar estadounidense, algo que ya está ocurriendo. México también será un imán importante para la inversión china. En resumidas cuentas, anticipo que la economía mexicana superará a la de EE.UU. en los próximos años. México comenzará a desvincularse en cierta medida de EE.UU. para vincularse más estrechamente al resto del mundo, especialmente con Europa y China».
El euro es la divisa más potente del mundo y seguirá fortaleciéndose.
Frente al dólar, Rickards también es optimista sobre la Unión Económica y Monetaria europea (UEM), por lo que insiste en que «el euro es la divisa más potente del mundo y seguirá fortaleciéndose».
Sin embargo, algunos analistas señalan que una mayor apreciación del euro podría amenazar la integridad de la zona euro. ¿Por qué Rickards no lo ve así?

«La mayoría de los analistas no entienden el comportamiento dinámico del euro. Asumen erróneamente que si el crecimiento es débil, el desempleo es alto y los bancos son insolventes, la divisa también tiene que debilitarse. Esto no es cierto. La fuerza de una moneda no depende del estado actual de la economía, sino de las tasas de interés y los flujos de capital. En estos momentos, Europa tiene altas tasas de interés en comparación con EE.UU. y Japón, y está recibiendo grandes flujos de capital de China».

¿Cree que Alemania defenderá el euro a cualquier precio?

«Alemania se beneficia más del euro que cualquier otro país, ya que facilita la compra de las exportaciones alemanas a sus socios comerciales europeos. Los ciudadanos de toda Europa están a favor del euro, ya que les protege de las devaluaciones que habitualmente experimentaban sus antiguas monedas. Ningún país saldrá del euro. Nuevos miembros se irán adhiriendo cada año. Alemania hará lo que sea necesario para defender el euro y la UEM. Basándonos en todo esto, el euro va a ser mucho más fuerte».
España ha realizado con éxito ajustes estructurales para dejar atrás sus principales problemas, a diferencia de Estados Unidos donde no se han abordado los problemas estructurales y están por venir ajustes económicos dolorosos.
¿Y España? Aumento de los niveles de pobreza, ingresos per cápita a nivel de 2003, deuda próxima al 100% del PIB, desempleo masivo… ¿No es una moneda fuerte lo contrario de lo que necesita el país?

«Las dificultades a las que España se ha enfrentado en los últimos cinco años son parte de un ajuste estructural necesario para que el país pueda competir con mayor eficiencia. La mayor parte de este ajuste ya se ha completado y España está preparada para un buen crecimiento en los próximos años. Los costes laborales unitarios han disminuido más de 20 % desde 2008, lo que hace que el mercado laboral español sea más competitivo con el resto del mundo. El desempleo es duro, pero le brinda a España una enorme reserva de mano de obra sin explotar disponible ahora que nuevo capital entre en el país. El aumento de la tasa de actividad entre los desempleados permitirá que la economía española crezca mucho más rápido de lo que sus datos demográficos generales sugieren. El euro ha dado a España una moneda fuerte, que es muy atractivo para los inversores extranjeros. Ford y Peugeot han anunciado recientemente nuevas inversiones importantes en España y se podrían esperar más. El capital chino también está dispuesto a invertir en infraestructuras españolas. España ha realizado con éxito ajustes estructurales para dejar atrás sus principales problemas, a diferencia de Estados Unidos, donde no se han abordado los problemas estructurales y están por venir ajustes económicos dolorosos».

Teniendo en cuenta el impacto en cuestiones de seguridad nacional que supone el análisis de Rickards y la mera posibilidad de que la estabilidad del dólar peligre, se podría esperar que una muy preocupada comunidad de inteligencia estadounidense llamase la atención a los responsables políticos. No es el caso, afirma Rickards:

«Varias agencias gubernamentales, institutos de investigación y empresas privadas han seguido haciendo simulaciones en forma de guerras financieras y ataques a los sistemas de los mercados de capitales desde aquel ejercicio en 2009, y he sido asesor y participante en muchos de ellos. Sin embargo, estas comunidades vinculadas con la seguridad nacional y los actores privados que han realizado sus propias simulaciones han tenido muy poco impacto en las políticas que llevan a cabo el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal. El Departamento de Defensa y la comunidad de inteligencia están preocupados por la futura estabilidad del dólar, pero el Departamento del Tesoro está menos preocupado. Esto ha creado cierta tensión entre aquellos que ven el peligro y no puede hacer mucho al respecto y los que pueden afectar a la política de dólar, pero no ven el peligro».
La Reserva Federal puede causar deflación o inflación, pero no puede general un crecimiento económico real y estable.
En cualquier caso, Rickards sostiene que si sus predicciones se cumplen (y en su opinión es sólo cuestión de tiempo), el colapso del dólar conllevaría a un nuevo “reset” mundial en el que el oro recobraría su histórico protagonismo como patrón del sistema monetario internacional. De ahí que, en definitiva, lo que ocurra después del fin del dinero fiduciario dependerá de quién esté mejor posicionado en cuanto a reservas del metal precioso.
¿Se puede evitar el punto de no retorno en el camino hacia la “muerte del dinero”?

«El punto de no retorno puede haber pasado ya», lamenta Rickards, «pero las consecuencias aún no se han desatado».

Para Rickards, el futuro de la todavía principal economía del mundo, y por ende, del sistema monetario internacional, depende de decisiones paradójicas: «La Reserva Federal se ha arrinconado por sí sola. Si se toman medidas para la reducción de compras de activos, la economía entrará en una recesión con consecuencias deflacionarias. Si no lo hace, a la larga socavará la confianza en el dólar. Ambos resultados son malos, pero no hay buenas opciones. Este es el fruto de quince años de manipulación del mercado por parte de la Reserva Federal que comenzó con la crisis rusa de Long-Term Capital Management L.P. (LTCM) en 1998. La Reserva Federal puede causar deflación o inflación, pero no puede general un crecimiento económico real y estable».