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miércoles, 25 de enero de 2017

El Banco de Inglaterra y el BCE tienen un problema de credibilidad






Los medios de comunicación de masas están preocupados por las sacudidas en 2017. Debería ser así. Si vieras apostado una libra (o un euro) este último año en un triple acumulado: que el Leicester City ganaría la ley inglesa, el Bréxit y luego Trump, habrías cobrado tu apuesta en millones. Las casas de apuestas no están ofreciendo en ningún lugar algo que ahora sería un “cuádruple” popular: i) Geert Wilders (Holanda, 15 de marzo), actualmente con un 20% en las encuestas; ii) Marine Le Pen, (Francia, 23 de abril), con un 25%; iii) Frauke Petry y Jorg Meuthe (Alemania, 27 de agosto), con un 13,5%; iv) Beppe Grillo, de Cinco Estrellas (Italia, fecha por determinar, tal vez octubre), con un 28%.
Para el BCE y el Banco de Inglaterra, que ya se enfrentan un con distintos problemas de credibilidad explicados a continuación, cualquiera de esas sacudidas podría resultar bienvenida. ¿Cómo así, podríais preguntar, dado que hicieron campaña por el “Remain” y evidentemente habrían estado encantados con Clinton?
Desde que sofocó las objeciones del Bundesbank a la QE al final de 2014, el BCE ha tenido libertad para aplicar cualquier política monetaria que desee. Sin embargo, los niveles de desempleo (aunque disminuyendo durante varios trimestres) siguen siendo preocupantes y varias partes del sistema bancario europeo no se sienten particularmente seguras. Sin embargo, muchos fondos de inversión y otros inversores altamente apalancados han tenido otro año decente haciendo apuestas bastante obvias sobre las respuestas políticas cada vez más predecibles ante diversos acontecimientos (Bréxit y Trump, tal vez no Leicester City).
Desde el primero de los rescates soberanos (Grecia, 2010) presionó duramente al principio a los parlamentos nacionales en busca de “reformas estructurales”. Cuando la “austeridad”, su sinónimo, se convirtió en una palabra maldita (en 2012-13), el BCE cambio de táctica y buscó la unión bancaria. Ahora que Alemania la ja bloqueado (sin ninguna posibilidad de ningún fondo común de depósito), el BCE ha vuelto a su habitual idea de la reforma estructural. Pero sus llamadas han caído en oídos sordos. De noviembre, el miembro del consejo del BCE,  Benoit Coeure, comparecía para preocuparse acerca del futuro del proprio euro:
Incluso en un sistema de dinero fiduciario, una mala credibilidad de los gobiernos acaba creando el riesgo de una erosión en la confianza en el último activo seguro: el dinero del banco central.
Embargo, el problema de credibilidad del BCE es modesto comparado con el del Banco de Inglaterra. Un libro reciente, All Out War: The Full Story of How Brexit Sunk Britain’s Political Class, del editor politico del Sunday Times, Tim Shipman, indica que las apuestas en ambos bandos de la batalla de Bréxit fueron tan altas que casi se vulneró la Convención de Ginebra, por supuesto a pesar de la fachada de educación que siguieron meticulosamente todos los actores en todos los momentos. Patrick Minford desempeñó al final un papel pequeño pero importante. Muchos habían sido escépticos cuando se publicaron las  previsiones del Banco de Inglaterra basadas en el “modelo de gravedad” de que un Brexit crearía una recesión. Minford sabían que estas no solo eran incorrectas, sino modelos “fijos” cuidadosamente inventados que pretendían influir en el referéndum. Este formó un grupo de solo quizá diez economistas que se calificaron a sí mismos como “economistas por el Bréxit” y disfrutó de una cobertura mediática importante. Ahora, más de seis meses después, el modelo está desacreditado y Carney ha tenido que sufrir llamadas de dimisión, no siendo la acusación ninguna falta de competencia, sino la quiebra de la neutralidad política del banco. A principios de enero, Andrew Haldane, exjefe de Supervisión Financiera, dio un discurso en el que reconocía que el Banco de Inglaterra es incompetente a la hora de previsiones económicas. Peor que sus previsiones sobre Brexit, destacaba Haldane, fue el fallo del Banco de Inglaterra en apreciar alguna señal de problemas de sistema bancario en 2007, incluso después de la quiebra del Northern Rock. Dado su puesto actual como economista jefe, los medios titularon como si Haldane estuviera jugando la carta del mea culpa. Dada la presión que afronta Carney y el menosprecio público sufrido por Haldane en 2013 por criticar las mediciones de solvencia bancaria de activos de riesgo de Basilea, tal vez sea también un movimiento en su carrera, siendo el texto que subyace: “mi jefe me obligó a hacerlo”.
Una amenaza menos reportada pero mucho más grave para la credibilidad ya dañada del banco son sus acciones con respecto a los márgenes de capital regulatorio mínimo de los bancos británicos inmediatamente después del referéndum. Esto sí pone en juego incompetencia. Como señalamos, dadas las agitadas aguas de las que se dirigió la economía británica, el banco decidió reducir las trabas de capital de todo los bancos en un 0,5%. Esto puso a cero el margen contra cíclico de capital o CCyB, por sus siglas en inglés. El texto real:
[Al banco] le preocupaba que los bancos podían responder a estos acontecimientos atesorando capital y restringiendo los préstamos. La reducción de la tasa de CCyB pretendía reforzar las expectativas FCP para que todos los elementos de márgenes de capital y liquidez fueran capaces de movilizarse para apoyar la economía real.
Aquí hay un problema serio. El banco parece haber aplicado el CCyB de manera incorrecta. Como ha explicado recientemente Kevin Dowd:
El propósito del CCyB es contrarrestar el ciclo financiero: al crearse crédito agregado, los mercados crecen y aumenta los riesgos; luego estalla el auge, los mercados caen y se aprecian los riesgos y consiguientemente se produce la quiebra. El CCyB debería aumentar en la primera fase para ayudar a ralentizar la euforia y luego caer en la segunda fase para aliviar la preocupación.
Si los problemas que tenía el banco existieran en el futuro, la decisión de julio debería haber sido aumentar el CCyB. La única justificación para rebajarlo habría sido que Reino Unido estuviera ya en una fase dos (una recesión) en junio de 2106. Dado que no lo estaba ni lo está ahora y además que el Banco de Inglaterra está mucho menos preocupado acerca de las perspectivas, debería aumentar inmediatamente el CCyB de todos los bancos.
La única razón posible para no hacerlo es el miedo a que esto ponga de manifiesto defectos de capital en los bancos de Reino Unido. Esta razón tiene sentido. También explicaría por qué estos dos poderosos bancos centrales maniobraron enfebrecidamente en contra del Bréxit. El sistema bancario está ahora tensionado tan cerca de su punto de ruptura que temen que incluso una onda en la represa pueda provocar unas cataratas del Niágara. El BCE y el banco de Inglaterra agradecerían una o más de las cuatro sacudidas. No hay nada como una nueva crisis para animar a los medios a olvidarse del anterior.
Adaptado de un artículo más largo en el Cobden Centre.

El artículo original se encuentra aquí.

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